martes, 5 de diciembre de 2006

Reseña: Omega

Omega.

Jack McDevitt.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría. Col. Solaris ficción # 79. Madrid, 2006. Título original: Omega. Traducción: Elena González. 446 páginas.

Hace bien poco, en la reseña de Placeres Prohibidos, hablaba de los dos tipos de libro que parecen existir: los que tan sólo buscan entretener y los que buscan hacer pensar. Pero me he dado cuenta de que existe un tercer modelo, combinación de los dos anteriores: los libros que a la vez que te hacen pasar un muy buen rato te invitan a reflexionar. Omega, sin duda alguna, pertenece a esta tercera categoría y me ha parecido un libro estupendo.

Hay quien achaca a McDevitt el que sus libros, o al menos los pertenecientes a esta serie de la Academia, están todos cortados por un mismo patrón y que comparten todos una misma estructura. Y es cierto, no hay porqué negarlo: se produce un fabuloso descubriendo galáctico, se envía a investigarlo, se descubre que está a punto de ser destruido y en un crescendo de emoción se suceden las aventuras / rescates / dramas / pérdidas / triunfos de los protagonistas en unos finales que suelen dejar sin aliento al lector. Y en esta novela no es diferente. Sí, la estructura es similar a los anteriores, pero es que lo que importa es lo que cuenta y cómo lo cuenta; la estructura en sí es casi una excusa.

En este caso se trata del descubriendo de una civilización en un planeta lejano que está a punto de ser barrido por una de las Omega, las nubes destructoras que recorren el espacio en lapsos de unos 8000 años. Por supuesto hay que enviar una misión a rescatarla, pero el doble problema es el escaso tiempo con el que se cuenta para hacerlo y el que la misión en ningún caso debe interferir con el normal desarrollo de los habitantes; esto es, los humanos no pueden mostrarse abiertamente a los extraterrestres.

Se produce entonces una carrera contrarreloj y el libro se abre en varios frentes, a cada cuál más interesante. McDevitt vuelve a mostrarnos que es el heredero natural de aquellos autores que abanderaban el sentido de la maravilla y no para de sorprendernos página tras página con sus habilidades descriptivas e imaginativas. Pudiera parecer que el modelo debería habérsele agotado ya a estas alturas, pero nada más lejos de la realidad. Las aventuras y desventuras de los protagonistas, el futuro devenir de esa civilización alienígena, los destinos de las personas que se lanzan a su salvación… atrapan la atención del lector impidiendo que suelte el libro hasta no conocer el desenlace de las múltiples líneas que el autor maneja magistralmente.

Es ésta una ciencia ficción hecha a la antigua, con el sabor de los clásicos, muy alejada, quizá, de los cánones que mandan entre la nueva oleada de autores de moda. Pero tal vez por eso mismo tiene un sabor especial. Es como reencontrarse con un viejo amigo al que no sabías que echabas tanto en falta.

Es aventura en estado puro, pero es a la vez una lectura que invita a la reflexión sobre el propio ser humano. Una vez más se utiliza la ciencia ficción para reflejar problemas de nuestra propia sociedad trasladados a ese futuro de viajes estelares. Conceptos como la solidaridad, la ayuda desinteresada al que es diferente, el amor al prójimo, la entrega a una causa justa, los egoísmos que muchas veces llevamos dentro sin siquiera darnos cuenta, la burocracia intrínseca a la raza humana, el valor más allá de la obligación, la entrega sin contraprestaciones, el trabajo por y para los demás, el odio y el amor… están muy presentes a lo largo de toda la novela, que se cierra con dos líneas, dos preguntas, extraídas del diario de uno de los protagonistas, que hacen que uno se quede pensando, quieto, con la hoja terminada pero todavía abierta, sin poder cerrar el libro hasta haber intentado dar tu propia respuesta a ambas cuestiones. Cuestiones, por otra parte, perfectamente aplicables al mundo que nos está tocando vivir ahora mismo y que hablan mucho del miedo a lo extraño, a lo diferente.

Aventura, reflexión, una buena escritura y muchas buenas ideas. ¿Se puede pedir más? No lo sé; pero a mí, creo que es fácil deducirlo, McDevitt me sigue encantando con cada libro que nos ofrece y esta vez no ha sido una excepción. Quiero más.