viernes, 6 de abril de 2007

Reseña: Fábulas 6. Tierras natales.

Fábulas. Tierras natales.

Guión: Bill Willingham.

Dibujo: David Hahn, Mark Buckingham y Lan Medina.

Reseña de: Jamie M.

Planeta DeAgostini. Barcelona, 2007. Título original: Fables: Homelands (contiene los número 34 a 41 de la edición original en comic-book).

Sexto tomo recopilatorio de las andanzas de las “fábulas” en nuestro mundo (cuarto de Planeta), se abre con una historia en dos partes, titulada “Jack sé listo”, que cuenta a qué se dedicó Jack (el de las judías) cuando abandonó Villa Fábula tras obtener la alcaldía el Príncipe Azul. A pesar de que obviamente se trata de lo que los americanos llaman un “fill in”, o sea, unos episodios de “relleno” con un dibujante invitado para dar tiempo al habitual a cumplir los plazos de entrega sin resentirse en su arte, la historia no deja de ser curiosa, aunque no está a la altura del resto de la serie, empezando por un dibujo resultón pero algo plano, y terminando por un guión más flojo de la habitual. Es original la forma en que está contado, en pequeños capítulos narrados en primera persona por diferentes personajes, dando cada uno de ellos su visión particular sobre Jack y su empresa, y creando así un complejo puzzle en que todas las piezas terminan encajando, pero el problema es que tal empresa deja un poco indiferente (la creación de un estudio de cine y el rodaje de una trilogía espectacular basada en las andanzas, reales e inventadas, del propio Jack).

A partir de la tercera entrega, la historia se reconduce y empieza propiamente el “Tierras natales” que da título a todo el volumen. Vuelve el habitual Marck Buckingham, con ese dibujo tan preciosista y lleno de detalles, fiel heredero de Bachalo, aunque hace ya mucho tiempo que abandonó su sombra y, me atrevería a decir, lo superó en cuanto a narración y comprensión de las viñetas. En la historia el Chico de Azul, quien también abandonara Villa Fábula en el anterior tomo, cruza una de las puertas y se interna en las Tierras natales en busca de su perdido amor y de una “cura” para su amigo Pinocho. Su periplo, de mundo en mundo y de peripecia en peripecia, le llevará finalmente a enfrentarse y a desvelar la identidad del malvado Adversario, aunque el resultado final de su misión no sea del todo el esperado. Retoma aquí Willingham toda la poesía, la emoción y el firme dominio de los cuentos que ya demostrara en las anteriores entregas, y aprovecha además para presentar e introducir en la trama a nuevos personajes que, sin duda, darán mucho juego.

Entre medio, justo en un momento álgido de la aventura, con el Chico de Azul en un peligro certero, se incluye un nuevo episodio de descanso para el dibujante que, sin embargo, está mucho más pegado a la historia de Villa Fábula y a las tramas que se nos habían ofrecido con anterioridad y donde, además de suscitarse nuevos misterios, se descubrirá finalmente quién era el espía que tenía el Adversario infiltrado entre las fábulas. El dibujante cumple con oficio el encargo y deja paso de nuevo a la historia de las Tierras natales para las espectaculares revelaciones y sucesos que tienen lugar a continuación.

En definitiva, si estás siguiendo ya Fábulas este es un tomo que no puedes perderte, y si no lo estás haciendo no sé a qué esperas. Fantasía en estado puro, jugando con los personajes de los cuantos antiguos y modernos, y dándoles una visión nueva, pero fiel a la esencia que cada uno de ellos ha mantenido a lo largo de los años. Recomendable, sin duda.