miércoles, 31 de diciembre de 2008

Convocatoria: Certamen de cortos de Scifiworld

Nos hacemos eco de la siguiente nota:

==

El Certámen Internacional Scifiworld de Cortometrajes de Género Fantástico, que cuenta con la colaboración de Eset Nod32 ya tiene nombre y póster.

SHOTS es el nombre elegido para encabezar el cartel, ilustrado por Javier Trujillo, que muestra a Johnny Putrido preparado para realizar su cortometraje.


Los premios de SHOTS son:
- Premio al Mejor cortometraje que será otorgado por el jurado seleccionado para tal efecto y recibirá un trofeo y la cantidad de 1.000 euros.
- Premio al Mejor guión que será otorgado por el jurado seleccionado para tal efecto y recibirá un trofeo y la cantidad de 600 euros.
- Premio Scifiworld.es que será otorgado por los usuarios del portal Scifiworld.es y recibirá un trofeo y la cantidad de 400 euros.


En enero se darán a conocer los miembros que compondrán el jurado del Certámen.

Recuerda que puedes enviarnos tu cortometraje hasta el 15 de Febrero de 2009. Puedes consultar las bases en http://scifiworld.es/noticias.php?id_noticia=3141

SHOTS ya está en marcha. ¿A que esperas para participar?
----------------------------
Para más información:

SCIFIWORLD
www.scifiworld.es
cortos@scifiworld.es

sábado, 27 de diciembre de 2008

Reseña: El tejido de la espada

El tejido de la espada.

J. M. Pallarés.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Minotauro. Barcelona, 2008. 701 páginas.

Leer una fantasía inteligente, bien escrita y con una trama coherente e interesante siempre es una gozada. Leer El tejido de la espada es un placer de ese tipo, acrecentado por el hecho de que el autor es un paisano y se le nota su apego a la tierra de sus ancestros. Es esta una obra que rezuma amor por las palabras y por las historias bien contadas. Y es un amor que se contagia.

Dividida en tres partes, la novela se mueve en muy diferentes registros según la situación lo requiera, aunque el dilatado proceso de escritura (comenzada en 1980, acabada en 2007) hace que se note quizá en exceso el cambio producido en las ideas y el desarrollo de la trama desde sus inicios a los derroteros que sigue una vez retomada años después. Así, en la primera parte, con un comienzo frenético, que sumerge al lector directamente en la acción, en una cazaría de monstruos, aparecen algunos personajes que aparentemente van a gozar de un gran protagonismo, pero que posteriormente, como si no calzasen en la nueva dirección que ha tomada la acción, desaparecen sin más. Llama la atención de igual manera, como la enorme importancia que el destino parece guardar a las espadas Acíbar y Nictálope, queda después diluido en otros derroteros que se ajustan más al título del libro. Al igual que resalta como la narración quizá más típica del género del grupo de aventureros de esta primera parte se convierte a partir de la segunda en algo mucho más elaborado y ambicioso.

De todas maneras, la narración es tan fluida, todos los detalles y revelaciones de encuentran tan bien encajados, tan bien introducidos, que en ningún momento la historia se resiente, sino que se experimenta como un crecimiento, como una ampliación de horizontes para poder ofrecer algo más grande que lo que en principio parecía tener en mente Pallarés, y eso que sale ganando el lector, con una obra profundamente enriquecida e interesante. Quizá se eche en falta la vuelta de algún personaje que se antojaba muy atractivo en principio, pero los que se van sumando al elenco no desmerecen a los iniciales y pronto el lector se deja llevar por la acción, plenamente inmerso en la lectura hasta el punto de que es difícil soltar el libro. Es, de alguna forma, adictiva.

Uno de los principales aciertos de la novela, al menos para mí, es el escenario en que se desarrolla. Pallarés ha creado (o recreado) en la Baylía de Brumalia un trasunto de la Baylía de Cantavieja, tierra de los recuerdos de su infancia y juventud teñidos sin duda por el amor y la felicidad añorados. Pero el autor va mucho más allá y puebla de gentes y personajes fascinantes unos lugares que por momentos parecen míticos, entretejiendo hábilmente realidad y fantasía, introduciendo al lector en un mundo aparentemente paralelo o superpuesto a nuestro medievo, con reminiscencias a tiempos anteriores como la aparición de la legendaria Legión Perdida, donde existen hombres y mujeres lobo, los árboles caminan (aunque los roblones de Pallarés nada tienen que ver con los ents tolkienianos) y en el arte de la forja de las espadas se pueden introducir en estas armas poderosos hechizos protectores o terribles maldiciones.

El autor, buen conocedor del folklore y los cuentos tradicionales, así como experto en la Edad Media, escribe una historia que bebe, o se embebe, de las historias orales, de los juglares, de los relatos contados a la luz de una hoguera, de la épica poética… Y ofrece al lector una historia que mezcla tragedia y triunfo, enfrentamientos fraticidas, intrigas, conspiraciones y traiciones, seres fantásticos nada “tópicos” (roblones, licaones, lobisones, márgolas…), amores que se antojan imposibles, ambiciones desmesuradas, la búsqueda de la libertad, emocionantes luchas individuales y colectivas, y grandes personajes, haciendo especial énfasis en alguno de los femeninos, pues La Baylía es un mundo dominado por las dos matrías de brujas, poseedoras de poderes mágicos que exigen de ellas grandes sacrificios, aunque siempre existan modos de burlar el precio…

El tejido de la espada es la historia de Germán Heredia, del destino aciago que su madre, la bruja Liduvina, ha puesto sobre él como forma de alcanzar sus egoístas objetivos, de cómo luchará por librarse de las invisibles ataduras que le abocan a convertirse en algo que no desea; y es la historia de sus hermanos, a cual más dispar y peligroso a su manera; del ascenso de las Hermanas del Dolor, las brujas que han de sustituir en el orden natural de las cosas a la matría de Liduvina, las Señoras de la Niebla, para mantener el equilibrio del poder en un mundo cambiante, y de cómo la madre de Germán se resisitirá a dicho cambio; de la supervivencia del País del Olivo, donde viven los descendientes de aquel ejército romano perdido en una sociedad que trata de recrear de alguna forma los recordados usos de Roma; de cómo todos ellos se encuentran amenazados por los devas, los seres mágicos que gobiernan disciplentemente desde La Quinta

Es esta una historia enorme, pero que se hace corta y de cuyas 700 páginas no sobra ni una, que se lee con auténtica fruición, casi con avidez. Destaca por su excelente escritura, por el dominio del lenguaje, de las palabras (se agradece el glosario final) del que hace gala Pallarés; por el amor que se palpa en la creación de cada personaje y en el cuidado con el que está retratado el paisaje, que adquiere casi la importancia de un protagonista más. Y sin embargo, todo ello carecería de importancia si no hubiese una buena historia detrás, y aquí no es que sea buena, es que es excelente. Con unos diálogos estupendos donde se masca la tensión del relato, los enfrentamientos y encuentros, con el tono justo, preciso, que se deslizan con armonía en el conjunto de la narración; con los debidos momentos de relajación entre la acción; con las debidas dosis de romance (pero un romance diferente, tenso, pleno de enfrentamiento, de lucha); con aventura por doquier y con una estupenda batalla final para decidir el destino que, después de todo, tal vez no se encuentre escrito en piedra.

Leer El tejido de la espada es, en definitiva, una gozada de esas que se dan muy pocas veces a lo largo del año (o de varios años). Muy recomendable. Lástima que el autor haya comentado en alguna entrevista que no tiene previsto escribir una continuación, al menos en un futuro cercano o medio, a pesar de que el final no solo lo permitiría sino que casi lo promete. Es este uno de esos libros que no quieres que termine, que estás deseando que no llegue el momento de pasar la última página a la vez que deseas alcanzar ya el desenlace, conocer el final… Después de todo, tal vez sea mejor que Pallarés no escriba una continuación, dejar al lector con el buen sabor de boca y con el recuerdo de los buenos ratos de lectura que sin duda El tejido de la espada produce. Me atreveré a decirlo una vez más: muy recomendable.


sábado, 20 de diciembre de 2008

Reseña: Nudo de sangre

Nudo de sangre

Agustín Sánchez Vidal

Reseña de: Amandil

Espasa Calpe-Círculo de lectores, Barcelona, 2008. 555 páginas.

Aunque han pasado ya varios días desde que terminé la lectura de Nudo de Sangre aún no tengo del todo claro si, en general, considero la novela una buena o una mala lectura. Mi duda surge del hecho de que hay dos niveles distintos dentro de la misma que causan en un mi efectos completamente contrarios. Por un lado la trama es francamente mala, lineal, predecible y llena de personajes planos y llenos de tópicos. En cambio, por otra parte, es una buena obra de divulgación histórica y se nota que el autor se ha documentado profusamente y con buena gana.

Así que ese es mi dilema. A ver si desarrollando un poquito más esta reseña llego a un veredicto sobre la marcha. Vamos a ello.

Nudo de sangre cuenta la historia de un ingeniero militar español, Sebastián de Fonseca, a mediados del siglo XVIII. Por una serie de circunstancias pasadas, su familia, pese a ser de rancio abolengo ha caído en desgracia y ahora apenas son una sombra de lo que llegaron a ser en el pasado. Además su relación con la Orden Jesuita, recién expulsada del reino por orden de Carlos III, les ha puesto de nuevo en la picota y Sebastián se las ve y se las desea para prosperar en su carrera militar. Como no podía ser de otro modo su familia tiene un enemigo acérrimo, el marqués de Montilla, que se las tiene jurada y que ejercerá por toda la novela de malo típico cuyo único papel en la trama es molestar, incordiar y amagar con matar al protagonista.

La cuestión es que por un azar del destino Sebastián se ve involucrado en una serie de asesinatos relacionados con un misterio que ha de permanecer oculto y que, ¡oh sorpresa!, acaba pillándole de lleno a él y a su familia. El misterio parece estar relacionado con la conquista española del Perú y con la llegada de un misterioso barco de color negro a las costas de Cadiz a mediados del siglo XVI. Lo que trajo esa nave, una mujer, es el centro de la trama, ya que ella portaba consigo un "quipu" que resulta ser un mapa que lleva directo hasta el tesoro de los Incas, oculto en la ciudad perdida de Vilcabamba. La familia de los Fonseca estuvo relacionada con esa mujer y ha ido heredando desde entonces un crónica escrita por Diego de Acuña, un caballero que ejerció de traductor rn tiempos de la Conquista y que vivió de cerca la epopeya de los hermanos Pizarro y la desaparición del imperio Inca. En ese relato, que llega a convertirse en una novela dentro de la novela, se dan las pistas que han de seguirse para encontrar la ciudad misteriosa.

Tras percatarse Sebastian del peligro que corre y comenzar a descubrir, con ayuda de su tío, que su familia está relacionada con todo el asunto de los incas, opta por viajar hasta Perú para detener los asesinatos, desvelar el misterio y llegar hasta el tesoro. Para ello se embarca rumbo a las Américas como polizón y sufre una serie de infortunios y aventurillas que terminan poniéndole en contacto con Umina, una mestiza inco-española que resulta ser la última descendiente de la familia real Inca y que ha viajado hasta España para hacer prevalecer sus derechos al trono y denunciar los abusos que los criollos (blancos nacidos en América) cometen contra la población nativa.

Umina, exoticamente hermosa, se alia con Sebastián para desvelar el misterio del quipo y de la crónica de Diego de Acuña al tiempo que se enfrentan al malvado marques de Montilla y a un nuevo enemigo, socio de aquél, el todavía más pérfido Alonso Carvajal y Acuña, quien pretende destruir a Umina y a su familia al tiempo que se hace con el tesoro, explota a los indígenas y quema y destruye todo a su paso. Y, encima, en el pasado, se intentó casar con la mestiza para hacerse con sus tierras y reclamar para sí cualquier derecho sucesorio que pudiese aportarle más beneficios si cabe.

Ya en tierras americanas Sebastián, Umina y el guardaespaldas de esta, Qaytu (convenientemente torturado en el pasado por Alonso Carvajal) comienzan el penoso viaje de Lima a Cuzco y de allí a Vilcabamba, descubriendo por el camino nuevas pistas y aliados que les permitirán llegar hasta el último bastión de los incas dónde deberán hacer frente al terrible destino que les aguarda.

Como he dicho anteriormente esta novela de aventurillas es forzosamente lineal por el estilo que el autor, Agustín Sánchez Vidal, ha utilizado. Los pretendidos destellos del pasado, condensados en las lecturas a ratos de la citada crónica, no generan nuevos misterios ni dan más trasfondo a los sucesos que les van pasando a los protagonistas. Son paréntesis explicativos que aportan historia pero nada más, revelan datos necesarios y ya. En cambio, dónde deberían surgir buebos giros en la trama o trasfondos evocadores y emocionantes, en la aventura de Sebastián y Umina, acudimos a una sucesión completamenente predecible y sencilla (la narración, por momentos, parece de tebeo, con descripciones tan sencillas que más parecen esbozos que otra cosa) de acontecimientos encadenados sin mucho arte y estilo. De A a B y de ahí a C, sin emoción más allá de cruzar un puente de cuerdas, una inspección y lo mal que se pasa cruzando la cordillera de los Andes.

A este estilo más bien "humilde" hay que sumar (o restar) unos personajes planos, vacíos y llenos de tópicos que no consiguen ser creíbles y se convierten en vehículos de diálogos de serie de televisión española actual con frases y giros sacados de algún diccionario de autoridades para aportar un cierto aire del siglo de Oro. Sebastian, Umina y Qaytu son, cada uno a su modo, una representación arquetípica del "héroe sencillo que descubre que, en realidad, es un gran señor de antaño", la "princesa guapa, lista, valiente, sensual y mujer de hoy" y el musculoso "con gran corazón, victima de abusos terribles y leal con sus amigos hasta más allá de lo creíble". De los malos mejor ni hablar, son malos de manual infantil: malvados, sanguinarios y crueles. Al lector no le queda ninguna duda de que se merecen cualquier sufrimiento y adversidad que les suceda. No hay sitio en ellos para la ambigüedad ni la duda.

Así que tenemos una trama lineal, con unos personajes simples y llenos de tópicos en una historieta que no aporta nada nuevo al género de la novela histórica con misterio ancestral. En este aspecto el libro es muy flojo.

En cambio no podemos decir lo mismo de la ingente labor de documentación que Sánchez Vidal ha desplegado durante varios años para dotar de un trasfondo lo más exacto posible a su relato. Desde el primer capítulo se percibe claramente que el autor ha pretendido mostrar la época, sus usos, costumbres y modos de hablar del modo más exacto posible. Del mismo modo en todo lo referente a la cultura Inca se agradece el esfuerzo explicativo y, hasta cierto punto, divulgador que el narrador vuelca con gran claridad en el libro. Teniendo en cuenta que el misterio de los quipus (sistema de nudos utilizado por los incas como sistema de escritura) es del todo desconocido para el lector medio (y me atrevo a decir que también para el avanzado), hay que reconocer que al terminar el libro se ha adquirido una más que satisfactoria explicación sobre el modo en que aquella cultura precolombina solucionó el problema de la comunicación escrita. Sorprende, asimismo, el cariño que se nota en todo el relato a la hora de abordar lo relacionado con el mundo pre-hispánico y de la zona del Perú sin emitir juicios contra unos u otros más allá de los que son un eco del discurso del padre dominico Bartolomé de las Casas.

Nudo de Sangre, por lo tanto, es una obra divulgativa sobre los incas que utiliza una historia sencilla y, a ratos, mediocre para justificar una serie de lecciones magistrales sobre navegación, historia pre-colombina y cultura del siglo XVIII hispánico, muy en la línea de otro autor español como es José Luis Corral (por cierto ambos autores son profesores en la misma Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza ¿coincidencia?).

martes, 16 de diciembre de 2008

Reseña: La ciudad de las llamas

La ciudad de las llamas.

Larry Niven y Jerry Pournelle.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría de Ideas. Col. Solaris ficción # 110. Madrid, 2008. Título original: The Burning City. Traducción: Inmaculada Pérez Burgos. 478 páginas.

Lo menos malo que puedo decir de La ciudad de las llamas es que me ha producido una decepción total. Y como aviso para aquellos seguidores de la ciencia ficción que no gustan de la fantasía, decir que esta novela pertenece efectivamente a este último género a pesar de la colección en que ha sido publicada, quizá para aprovechar el tirón del “nombre” de sus autores y su habitual cultivo de la SF. De la pareja Niven / Pournelle el lector espera ideas atractivas, cierta especulación científica, algo de conservadurismo político y mucha aventura. ¿Pero qué se encuentra aquí?: una aventurilla con una forma de narrar deslavazada, inconexa y atropellada, absurda por momentos y muy poco consistente. Una forma de narrar, por otra parte, que deja muchas dudas sobre la calidad de la traducción, toda vez que otros libros de este tándem no caen en semejantes despropósitos (aunque también puede ser cosa de la edad, quién sabe).

La cosa no empieza mal, situando la acción en un tiempo indeterminado en una ciudad aislada del resto del mundo por tierra, con cierto comercio marítimo lastrado por las especiales peculiaridades del lugar y donde la magia existe, pero se encuentra en franco retroceso al borde de la desaparición. Cual intento de ucronía o de dotar no se sabe muy bien por qué de un trasfondo histórico – geográfico a la historia se llega a citar el hundimiento de la Atlántida o el contacto con civilizaciones precolombinas; detalle que más que crear credibilidad en la mente del lector tan solo consigue, como explicaré más tarde, aumentar la sensación de absurdo de todo lo que se está narrando.

La ciudad de las llamas es, básicamente, la historia del crecimiento de niño a hombre de Whandall Placehold y su rebelión contra el destino inmutable que la vida le ha deparado. En Tep, un lugar donde no se puede hacer fuego en el interior de las casas salvo cuando Yangin-Atep deja caer sobre la ciudad su maldición destructiva, todo está escrito y nada cambia. Todo es cíclico. Todo el mundo conoce su lugar en la sociedad y sabe que nada puede hacerse para modificarlo. Y los periodos en que las llamas se apoderan de algunos de los habitantes del lugar, dejando un reguero de frenética destrucción a su paso, no sirven como un proceso de “limpieza” y resurgimiento, sino de paulatina caída en la decadencia a la que nadie parece dispuesto a poner remedio.

En esa sociedad rígidamente estructurada (casi fracturada) entre los Señores (que viven apartados), los kinlesanos (los trabajadores) y los lordkianos (los zánganos que se aprovechan de los anteriores) no hay espacio para cambios de estatus. Y cada vez que alguien intenta salirse de su papel, evadirse de la ciudad, los avatares de la vida terminan por devolverlo derrotado a Tep para ocupar una vez más su lugar. Whandall, creciendo indolentemente en su condición de lordkiano, viviendo de la caridad de los Señores (aunque para los mantenidos tan solo se trate de sus derechos), abusando de los kinlesanos y enfrentándose en absurdos combates territoriales con otros lordkianos, se sentirá profundamente insatisfecho e intentará por todos los medios ser más de lo que el destino le depara (más que nada porque no le queda otro remedio).

El problema es que todo en el libro es algo absurdo. La sociedad que Niven y Pournelle nos presentan es inviable en la forma en que se describe. Los personajes están mal dibujados (desdibujados sería lo correcto), cuando no son directamente incoherentes, con unas acciones y reacciones incomprensibles (o mal explicadas) y unos diálogos entrecortados, confusos y poco desarrollados.

El libro estructura esta lucha contra el destino cual de si un viaje iniciático, tanto exterior como interior, del protagonista se tratara, teniendo que cambiar sus ideas preconcebidas al tiempo que cambia la localización de lo narrado, primero en la propia ciudad, después fuera de ella en las rutas de las caravanas que muestran un mundo mucho más grande, y finalmente de vuelta a Tep para ofrecer un poco de moralina. Y por el camino una trama excesivamente engordada, con situaciones que producen cierto sonrojo por lo mal resueltas y otras que hay que releer para intentar interpretar lo sucedido por lo mal narradas que están (volvemos al tema de la traducción). El crecimiento y llegada a la madurez de Whandall, como metáfora quizá de la liberación de los prejuicios que atan a la humanidad y le impiden trascender unos límites autoimpuestos, se ve lastrada continuamente por una narración torpe y atropellada, con demasiados saltos, aceleraciones y ralentizaciones de la acción, con excesivos trucos sacados de la manga y con personajes secundarios mal resueltos que en ningún momento dan sensación de profundidad alguna, con unos comportamientos acartonados y poco naturales que lastran demasiado las escenas.

Y como decía más arriba, el intento de los autores de imprimir una impronta de realidad histórica a la trama choca frontalmente con la utilización anacrónica de demasiados elementos que difícilmente casarían con el periodo de hace muchos milenios en que se quiere hacer creer al lector se sitúa la acción, como la existencia de esos barcos mercantes de vela, las herramientas fruto de una metalurgia altamente desarrollada, los historiadores itinerantes, esas tribus amerindias que parecen sacadas de una peli del oeste o las rutas comerciales con tierras muy lejanas con las que sin embargo se mantiene un estrecho contacto. Quizá el intento de situar geográficamente la localización de Tep en lugares conocidos por el lector estadounidense (California, La Brea, el Parque Nacional de los Pináculos) profusamente descritos aunque no por sus nombre actuales, sea de interés para éstos, pero no hace sino volver a instalar la incredulidad en el lector ajeno a su conocimiento, antojándose tan solo una excesiva y colorista ambientación sobre lo que era un buen punto de inicio.

No, lo reconozco, no me ha gustado La ciudad de las llamas. Y lo peor no es que no me haya gustado, no; lo peor es que en muchos momentos me ha parecido una novela absurda, aburrida y mal escrita (o traducida). Los autores, capaces de lo mejor y de lo peor, se decantan esta vez por esto último, y el libro defrauda sobre todo porque es inevitable compararlo con obras anteriores de Niven y Pournelle al alimón y sale perdiendo por goleada. Eso sí, decir que ya existe una continuación, The Burning Tower, pero conmigo que no cuenten para leerla.



martes, 9 de diciembre de 2008

Reseña: Odisea

Odisea.

Jack McDevitt.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría de Ideas. Col. Solaris ficción # 111. Madrid, 2008. Título original: Odyssey. Traducción: María Arozamena Quijano. 379 páginas.

Una vez más McDevitt factura una ciencia ficción moderna con pleno sabor clásico. Una Space Opera que aúna sin rubor una trama interesante, aventura en estado puro y especulación tanto científica como sociológica. Después de unas cuantas novelas expandiendo el universo creado en Las máquinas de Dios, asistiendo al descubrimiento de antiguas civilizaciones galácticas de las que ya solo quedan restos o de incipientes sociedades apenas desarrolladas, en esta ocasión el autor plantea la posibilidad del contacto con unos extraterrestres con un nivel tecnológico superior al humano.

Los avistamientos de unas luces o artefactos de origen desconocido que recibirán el nombre de Jinetes Lunares disparan los rumores sobre la existencia de estos seres, y la muy cuestionada Academia, en un momento en que se plantean fuertes recortes a su presupuesto de exploración espacial, se propone organizar una expedición para confirmar o negar su realidad y dar respuesta al significado de los extraños avistamientos.

De esta manera, McDevitt recupera a viejos conocidos, como Priscilla Hutchins, atada a un despacho, agobiada por la burocracia y las luchas políticas, y anhelando volver a pilotar naves y visitar mundos lejanos; o el famoso y un tanto huraño periodista Gregory MacAllister, que, en su papel de escéptico contrario al gasto en programas espaciales, se unirá a la expedición —aparentemente una simple estrategia de relaciones públicas para mejorar la imagen de la Academia y garantizar sus fondos— más que nada para desacreditar sus objetivos. A su lado, nuevos personajes que permitirán al autor profundizar en el significado que para la humanidad en general puede tener el posible contacto con inteligencias alienígenas y las reacciones dispares que el mismo provoca.

Como es habitual en este autor, fiel a su personal esquema narrativo y por tanto sin demasiada sorpresa para el lector, todo se complica y lo que se antojaba casi como un viaje turístico visitando diversos sistemas solares donde se han registrado avistamientos, se convertirá sobre la marcha en una nueva y desesperada misión. Cierto es que Odisea es una novela algo más “tranquila”, más reflexiva, que la mayoría de sus antecedentes, menos frenética quizá, pero con la emoción garantizada.

Y, como también es habitual en McDevitt, esta aventura galáctica, se ve magníficamente complementada con un cierto toque “hard” en forma de hábiles e interesantes especulaciones sobre el futuro, la investigación tecnológica y la exploración espacial, fácilmente extrapolables, sin embargo, a nuestro presente. La introducción en la trama del Proyecto Orígenes, un hipercolisionador construido en un sistema lejano y cuya puesta en marcha es más que cuestionada por su posible peligro, permite al autor reflexionar sobre la propia realidad del lector, sobre la arrogancia con la que el ser humano trata a lo que le rodea con miras de corto plazo, con ínfulas de propietario y con una ambición, con un “todo vale” que puede poner en riesgo el futuro de la propia humanidad al buscar tan solo un beneficio inmediato, el bienestar de unos pocos, el conocimiento a cualquier precio, sin tener en cuenta al resto de “acompañantes” en ese viaje.

En otro plano, los extractos literarios, los titulares periodísticos y las citas de diversos medios de algunos de los personajes que abren y cierran cada capítulo, le permiten al autor, además de enriquecer el trasfondo mostrando que hay un mundo mucho más amplio más allá de la aventura principal que se está narrando, rellenar huecos para entender ciertos comportamientos de los protagonistas o reflexionar sobre otros temas de importancia social como el factor religioso o lo lícito del gasto en tareas como la exploración espacial —sin un beneficio directo aparente para el público general— mientras tantos pasan apuros en la propia Tierra.

Al plantear, precisamente, la posibilidad de la existencia de otras civilizaciones tecnológicamente desarrolladas con las que la humanidad podría o no establecer contacto, McDevitt introduce el tema de la difícil comunicación entre los que buscan objetivos divergentes. Si ya nos cuesta comunicarnos entre nosotros, cómo hacerlo con unas inteligencias y mentalidades radicalmente diferentes, ¿es posible siquiera? ¿Qué descubriríamos si lo consiguiéramos? Si no estamos solos en el universo, ¿es lícito pensar que todo nos pertenece para hacer con ello lo que nos de la gana? Preguntas que son perfectamente trasladables a nuestra pequeña “parcela” y a los vecinos con los que la compartimos muchas veces sin tenerlos en cuenta.

Es así Odisea una simbiosis perfecta entre aventura y reflexión, tan amena que solo cuando se cierra el libro se da el lector plena cuenta de la profunda carga introspectiva que ofrece. Para mí siempre es un gustazo leer a este autor y esta serie. Y por el momento, por suerte, todavía me queda Cauldron.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Reseña: El Principito

El Principito.

Antoine De Saint-Exupéry.

Reseña de: Aníbal Klondike.

Ed. Salamandra. Barcelona, 2008. Título original: Le Petit Prince. Traducción: Bonifacio del Carril. 95 páginas.

Hace poco, pululando por una librería, me topé con esta nueva edición de El Principito. Prácticamente igual a la que había en casa, pero con las ilustraciones –obra del propio autor- en color, y las páginas todavía blancas, vírgenes, aún no leídas. La compré, por supuesto, ya que el viejo libro amarillento que siempre estuvo en casa, y que tantas veces he leído, allí se quedó, mientras que yo tuve que abandonar el nido. Y éste es un libro absolutamente imprescindible en cualquier biblioteca. Así pues, éste será mío. Sólo mío. Mi tesoro.

Porque es un tesoro. ¡Y me costó cuatro perras! Cuántos libros que no valen nada te cuestan un dineral, y esta maravilla ahí estaba, en un rincón… si los libreros supieran… habría pagado millones.

Así pues, tras leerlo una vez más, me quedó esa agridulce sensación maravillosa que te queda cuando lees libros como este. Y decidí compartir mis impresiones con ustedes. Porque una reseña realmente esto no es. Qué se puede decir a estas alturas, después de tantos años, de El Principito. ¿Quién no lo conoce? ¿Cómo decir de la manera apropiada que es uno de los mejores cuentos jamás escritos? Yo, desde luego, no lo sé. Pero para mí, sin duda alguna, lo es.

Y es que El Principito lo tiene todo: personajes inimitables, aventuras y situaciones fascinantes, un protagonista profundamente entrañable. Es alegre y melancólico a la vez, es absurdo y sin embargo admirablemente cuerdo, es tantas cosas, que mil palabras no bastarían para describirlo, porque no existen palabras. Porque hay muchos libros que comparten esos adjetivos, pero ninguno es como El Principito.

Creo que su autor, el tan desconocido Exupéry, sabía lo que decía. Él en verdad fue piloto, y estuvo en el desierto, y creo que también tuvo una rosa… Desapareció con su avión, dejando atrás el misterio de su muerte y el fabuloso cuento de la vida.

No sé si es un cuento para niños. Al leerlo te preguntas: ¿Lo escribió un adulto para los niños, o un niño para los adultos? ¿O un adulto para adultos? ¿O todo eso a la vez? Tal vez esté escrito para aquellos adultos que han olvidado que fueron niños. En cualquier caso, no creo que importe, porque todo el mundo debería leerlo. Y no una vez sino cientos, miles de veces. Tal vez piensen que exagero; hubo un tiempo en el que yo también creí que no se debía leer dos veces un mismo libro, con la cantidad de libros que quedan por leer… era como perder el tiempo, malgastar la vida. Sin embargo hay libros que lo merecen. Y éste es uno de ellos.

Cuando no encuentren su lugar en el mundo, lean El Principito. Cuando crean haberlo encontrado, lean El Principito. Cuando les abrume la soledad, lean El Principito. Si no saben dibujar un cordero, lean El Principito. Si tienen un jardín lleno de rosas, lean El Principito. Es un libro especialmente indicado para aquellos reyes, vanidosos, bebedores, hombres de negocios, faroleros, y geógrafos, o, por qué no, guardabosques que no conocen, o han olvidado, la belleza de una –una sola- puesta de sol, o el brillo estremecedor de una estrella solitaria sobre el desierto que les rodea.

En fin, a todos ellos, que son todos ustedes: cuando el mundo moderno de los adultos, cuando todos sus importantísimos asuntos, cuando todas sus preocupaciones les impidan reconocer una serpiente boa que digiere a un elefante, lean El Principito. Tal vez aprendan entonces a distinguir las cosas que realmente importan.


martes, 2 de diciembre de 2008

Presentación: Día de perros, de David Jasso

Nos hacemos eco de la siguiente convocatoria:

==

El próximo jueves 4 de diciembre, a las 20:00 horas, Hegemon Ediciones presentará en la Fnac de Pza. España de Zaragoza su nuevo lanzamiento: Día de Perros .


Además de los editores contaremos con la presencia del autor, David Jasso . Por supuesto, estáis todos invitados a una presentación que será, sin duda, especial ya que contaremos con dos "presentadores" de lujo; Antón Castro (crítico literario del Heraldo de Aragón) y Roberto Malo (escritor y animador sociocultural).

Podéis ver un trailer del libro aquí.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Reseña: El ladrón mago

El ladrón mago.

Sarah Prineas.

Reseña de: Lyrenna.

Montena. Serie Infinita. Barcelona, 2008. Título original: Magic Thief. Stolen. Traducción: Matuca Fernández de Villavicencio. Ilustraciones: Antonio Javier Caparo. 303 páginas.

Connwaer es un ladronzuelo que sobrevive en Crepúsculo, la parte “mala” de la ciudad de Wellmet; una noche mete la mano en el bolsillo de un viejo que pasa a su lado, pero lo que obtiene no son monedas o joyas, sino una piedra. Pero, por supuesto, no se trata de una piedra normal y corriente, sino de una locus magicalicus, el equivalente en el mundo de la novela a la tradicional varita mágica. Así comienza todo; el mago Nevery, sorprendido de que su locus magicalicus no haya fulminado al instante al muchacho decide, sin muchas ganas, tomarlo bajo su manto para ver si es que también él es mago. Y la aventura está servida.

A través de una trama sencilla (que no simple) veremos como el descenso del nivel de la magia en Wellmet ha propiciado el regreso del exilio de Nevery y, por ende, ha favorecido la circunstancia del aprendizaje de Connwaer en los entresijos mágicos. Pero primero el joven deberá sortear dos importantes obstáculos. Primero debe aprender a leer y escribir, para lo que acudirá a estudiar a la Academia; y aquí es donde una empieza a temerse que la historia empiece a derivar hacia los muy trillados caminos del joven estudiante de mago, con sus problemas, las clases, los enfrentamientos con compañeros y/o profesores y demás (y a todos nos viene a la mente otro joven mago con gafas y cicatriz en la frente, ¿no?), pero, por suerte, hay que agradecer a la autora que no se demore en este tema y pase enseguida al segundo obstáculo, que se convierte así en la parte vital del relato.

Y este no es otro que la búsqueda por parte de Conn de su propia locus magicalicus, la piedra que debe focalizar sus hechizos y sin la cual ninguna persona puede ser considerada como mago. La búsqueda contrarreloj de su piedra se convierte en el centro de la vida del joven, mientras a su alrededor la magia va cesando poco a poco, sin que nadie se explique la razón, sea la misma natural o provocada por oscuros intereses humanos.

La locus magicalicus de Conn se trasforma así en la piedra angular (nunca mejor dicho) de la narración. Estas piedras son, como ya he dicho, los equivalentes de las más tradicionales varitas mágicas. De esta manera el mago necesita la presencia física de su piedra para canalizar los efectos de un hechizo recitado. Como se ve, el sistema de la magia en Wellmet es muy típico, cambiando simplemente el “vehículo” a través de la que la misma se manifiesta. Otra cosa es la naturaleza de la magia en sí, una discusión de importancia a lo largo de la novela, ya que para descubrir por qué está desapareciendo habrá que saber primero de dónde procede.

La historia de esta doble búsqueda: la de la locus magicalicus de Conn y la de los motivos de la paulatina desaparición de la magia, se sigue a través del relato en primera persona de joven aprendiz, matizado y complementado con fragmentos del diario del mago Nevery, confrontando así la autora las visiones muchas veces casi antagónicas de ambos protagonistas, desvelando una cierta incomprensión del preceptor hacia su pupilo. Además, sin que aporten realmente nada extraordinario, pero sí como un pequeño guiño de complicidad con el lector, una especie de juego, la autora ha incluido en algunas de las páginas del diario pequeños mensajes escritos con runas por Conn, y que se pueden descifrar fácilmente gracias al “alfabeto” rúnico incluido al final del volumen.

A lo largo de la narración irán apareciendo otros personajes que darán color a la historia, como Benet, el guardaespaldas y hombre para todo contratado por Nevery, y que se mostrará poseedor de la personalidad más contradictoria del libro (y por tanto, quizá también la más interesante y poco aprovechada); o como el Underlord, señor de la zona conocida como Crepúsculo, quien desea la captura de Conn por motivos indeterminados que parecen venirse arrastrando desde el pasado de ambos; o Rowan, la joven enigmática que acoge bajo sus alas a nuestro protagonista a su llegada a la Academia; o, por supuesto, el resto de magos de la ciudad; o la Duquesa que rige los destinos de la misma… Es cierto que ninguno de ellos se encuentra especialmente bien caracterizado ni posee una gran profundidad sicológica; pero a través de pequeños retazos se puede intuir que todos tienen una historia personal a sus espaldas; especialmente en el caso de Nevery y las causas que motivaron el exilio del que ahora regresa, o de Conn y su antigua vida en las calles ejerciendo de ladrón.

Tiene esta edición el acierto de incluir una serie de dibujos al inicio de cada capítulo que permiten situar la acción entorno a un lugar o personaje determinado, según a quién o a qué corresponda cada ilustración.

El ladrón mago es una lectura amable, con una trama sencilla, lineal, pero interesante, y que queda perfectamente cerrada a pesar de que ya exista una nueva entrega de lo que se antoja una larga serie. Destinada a un público adolescente, libre de cualquier lectura escabrosa o de mensajes morales que vayan más allá del siempre aleccionador consejo de que con el debido esfuerzo se puede vencer al destino y, en este caso, salir de las calles para convertirse en algo mejor. Hay matices de gris, los buenos no son unos santos (al fin y al cabo el protagonista es un ratero de poca monta cuando se inicia la acción), pero al final todos encuentran sus sitio. Puede ser recomendable para jóvenes y para adultos que no hayan dejado de serlo.


martes, 18 de noviembre de 2008

Reseña: La noche quedó atrás

La noche quedó atrás.

Jan Valtin/Richard Krebs.

Reseña de: Amandil.

Seix Barral - Círculo de Lectores, Barcelona, 2008. Título original: Out of the night. Traducción: Julio Bernal. 794 páginas.

La noche quedó atrás ha sido presentado desde su publicación en 1941 como un alegato contra los totalitarismos de toda índole y a favor de la libertad del individuo. Ese modo de resumir la obra aunque no anda desencaminado no refleja realmente lo que Jan Valtin quiso mostrar al mundo por medio de esta autobiografía. Es una crítica despiadada contra el totalitarismo, cierto, pero además es un documento imprescindible para desmontar desde su misma raíz muchas de las mentiras y falacias creadas desde el poderoso aparato propagandista de la URSS desde los años veinte hasta la mismísima caída del bloque oriental en la década de los noventa del pasado siglo.

La obra se desarrolla en dos planos paralelos y que, en ocasiones se entremezclan. Por una parte el meramente histórico, en el que se nos narran los hechos en los que el protagonista fue parte integrante como revolucionario alemán al servicio del Partido Comunista y del Komintern (nombre adoptado por la Tercera Internacional o Internacional Comunista). Por otra se nos muestran aspectos privados, no vinculados con su activismo político, como su amor por el mar, sus deseos de ser capitán de un carguero, su enamoramiento y su deseo de formar una familia en unos tiempos poco favorables a ello. Estos van a ser los dos motores que moveran todo el relato desde sus orígenes en 1918 hasta su abrupto final al huir de las garras de la GPU (el servicio secreto soviético, antecesor del celebérrimo KGB) en 1938. Y serán los puntos dónde ambos planos colisionen dónde el lector asistirá a los más profundos y terribles momentos de angustía del autor. Lugares de la obra dónde el protagonista deberá decidir entre él mismo y sus anhelos vitales o mantenerse firme atado a sus ideales revolucionarios y a la ciega obediencia a los dictados del partido.

Es importante señalar que muchos de los detractores de la obra de Valtin (pseudónimo de Richard Krebs) han remarcado que es imposible que el autor protagonizase o participase en todos los eventos que jalonan las páginas del libro e incluso que conociese en persona a la gran cantidad de personalidades que cita. También se ha acusado al libro de exagerar las partes negativas del comunismo internacional y de haber tratado de dañar conscientemente y con maledicencia la imagen de la URSS tras haber desertado de las filas del Komintern huyendo a EE.UU. (en opinión de intelectuales de corte comunista). En definitiva se ha querido tachar esta autobiografía de pura propaganda anti-comunista, evitando de un plumazo entrar a valorar si los hechos narrados (muchos de ellos auténticos actos terroristas) fueron o no reales tal y como son descritos con todo detalle en el libro. Pero no entraremos aquí a valorar la precisión histórica o la exacta verosimilitud de lo que el autor desgrana. Quede, pues, como aviso a navegantes.

El relato comienza con un joven Valtin, asistiendo en septiembre de 1918 al motín de la Armada alemana con base en Bremen. Allí, con apenas catorce años, e imbuido del cansancio propio de todo el país tras cuatro años de guerra, se une a las filas de las Juventudes Espartaquistas y, comienza una carrera como revolucionario que le llevará a integrarse en el Partido Comunista Alemán. Tras haber servido lealmente y con gran valor en los convulsos momentos que siguieron a la caída del Kaiser y el advenimiento de la República de Weimar, Valtin es integrado en la sección marítima del Komintern (en ese momento el organismo "internacional" pero en manos soviéticas encargado de expandir la revolución proletaria por todo el mundo) y comienza su periplo como correo, organizador y líder agitador por puertos de medio mundo. Entonces su fervor sinceramente revolucionario le hace creer que se puede exportar la experiencia rusa por los cinco continentes y no duda en anteponer la dictadura del proletariado a cualquier otra consideración de índole personal o "egoista" y "pequeñoburguesa".

El relato esta lleno de momentos de duda en los que la natural tendencia a la rebeldía de Valtin le hacen plantearse seriamente si está obrando correctamente o si realmente está trabajando a favor de la revolución mundial. Especialmente cuando, según va ganando experiencia y va ascendiendo en el escalafón, es testigo directo de como desde las filas comunistas se comienza a atacar a los denominados "falsos revolucionarios" o directamente traidores, entre los que se incluyen a los anarquistas (enemigos del estado proletario), los troskistas (enemigos de la verdadera naturaleza del movimiento bolchevique) y, finalmente, a los socialistas (dominados por su esencia burguesa y faltos de agallas para llegar a la verdadera revolución). El protagonista asiste, lleno de temores y fijando su voluntad a la necesidad de creer que "el partido no se puede equivocar" y que "lo más importante es la revolución comunista", a momentos en los que debe aceptar la muerte de sinceros comunistas, desviados de la hortodoxia fijada en cada momento desde Moscú, obligándose a creer que, realmente, "se lo merecían". Huelga decir que Valtin, finalmente, será engullido por el Urano comunista.

El libro, desde este punto de vista histórico, se divide en tres partes bien diferenciadas.

La primera remarca los inicios revolucionarios y el deseo de hacer real el sueño de llevar a todo el planeta la revolución comunista que puso fin tanto al régimen de los Zares como al posterior gobierno menchevique en Rusia. Es la parte más idealista del relato y en la que el autor más cómodo se siente ya que muestra la etapa "romántica" de su militancia. Es aquí dónde descubrimos los modos de trabajo del Komintern, las redes que tegió a lo largo de los siete mares y como la mayor parte de las actividades comunistas comienzan a enforcarse desde la perspectiva, no de la revolución mundial, sino de servir a los intereses estratégicos de la URSS.

La segunda se centra en los años finales de la democracia en Alemania y la lucha para hacer caer la República de Weimar, aliándose para ello con los pujantes nazis de Adolf Hitler. Desgrana Valtin como ambos movimientos coinciden en su aborrecimiento por la democracia y no dudan en unir sus fuerzas (figurada y literalmente) para desestabilizar el sistema desde dentro y destruir al Partido Socialista Alemán y al Zentrum (el conglomerado político que incluía a católicos, conservadores y liberales), para, posteriormente luchar entre ellos por el control de Alemania y la instauración de un regimen comunista o nacionalsocialista. Simultaneamente se nos seguirán mostrando, en una especie de paréntesis, sus actividades en el extranjero (Francia, Reino Unido, Bélgica, Suecia, Dinamarca, Holanda) y como comienza a obrarse el cambio en el Komintern de la mano de la figura de Stalin. Ya no se persigue ningún tipo de movimiento mundial sino simple y llanamente servir a la URSS como extensiones de sus ejércitos. La GPU, hasta entonces relativamente ajena al Apparat político internacionalista, pasa a controlar el movimiento, comenzando las purgas, asesinatos, desapariciones y "destierros a Siberia" que se convertirían en lo habitual en años posteriores.

Finalmente, la tercera se centra en los años de lucha desde la clandestinidad contra el victorioso nazismo en Alemania. Es la parte del libro más oscura y en la que con más claridad se muestran las auténticas cloacas tanto del comunismo como del nazismo. Valtin no ahorra detalles a la hora de describir sus terribles jornadas de interrogatorios a manos de la Gestapo y como, siguiendo órdenes del Komintern, finge rendirse y reconocer la "verdad" del régimen de Hitler para unirse a las filas nazis como un agente doble. Pero tampoco oculta los manejos de los líderes del partido para servir a Stalin sacrificando para ello a quien hiciese falta en todo momento. Es en esta parte final cuando se ve en toda su crudeza como cualquier atisbo de romanticismo o idealismo ha sido borrado de todos los niveles del Komintern y del comunismo en general. Valtin describe claramente como desde Moscú se da la orden de cambiar de estrategia en el escenario internacional, aliándose ahora sí con los socialistas en los conocidos como Frentes Populares para, posteriormente, infilitrarse y terminar por controlar por completo el "frente obrero" (cita expresamente los casos francés y español), destruyendo en ese momento a todo aquél considerado "peligroso" por los agentes de la GPU. Se puede decir, en definitiva, que el autor destapa tanto el salvajismo nazi como el comunista, reconociendo que formó parte de aquello movido en todo momento por la "lealtad a la causa y al partido" aunque tuviese que taparse la nariz en más de una ocasión.

El libro concluye, a modo de epílogo, con la descripción de su caída en desgracia en el Komintern al enfrentarse abiertamente con el máximo líder alemán al servicio de Stalin y que será, durante todo el relato, algo así como el tercer personaje en importancia tras el propio Valtin y Firelei. Nos referimos a Ernst Wollweber quien pasará de ser el primer líder revolucionario alemán en 1918 al sanguinario jefe comunista que no dudará en entregar a los nazis a todos aquellos camaradas que pudiesen hacerle sombra dentro del Partido Comunista.

Pero al inicio de esta reseña se remarcó que el libro se movía en dos niveles distintos. El segundo, el personal, está protagonizado por la relación amorosa entre Valtin y la joven Firelei. De su relación realmente romántica y leal, rompiendo la dinámica del "amor" de puerto y prostitutas de buen corazón y simpatizantes con el comunismo, surgirán las mayores dudas contra la obra revolucionaria del autor. Firelei no es comunista, de hecho es apolítica. Se nos muestra como una mujer alegre y jovial, tremendamente vital y movida por impulsos emanados de su naturaleza bondadosa y propensa a perdonar y dar segundas oportunidades a todo el mundo. Es una idealista a su modo, pero en las antípodas del estricto sentimiento del deber proletario de Valtin. Cosnciente de las injusticias del mundo pero deseosa de cambiar las cosas de otro modo. Es una auténtica fuerza luminosa frente a gris mundo de dónde proviene el autor.

Este contraste entre el luchador y la "doncella" dara pie a una historia de amor que, por momentos, está a punto de dar al traste con las más profundas convicciones revolucionarias del protagonista. Ante la fuerza del proletariado se opone, como surgido de la nada, el amor hacia Firelei y su oferta de fundar una familia, tener hijos, y vivir apaciblemente disfrutando de los momentos que una existencia tranquila y predecible. La duda se instala por unos instantes en las que son, a mi juicio, las páginas más reveladoras del libro ya que muestran el verdadero dilema que toda persona inmersa en una "causa" se plantea antes o después: ¿Mi vida o la causa?

Finalmente, la lealtad al Partido se impone y será Firelei la que se vea arrastrada a una vida de revolucionaria contra su voluntad aunque, movida por su amor por Valtin, asumirá su nuevo papel intentando ser útil, engañándose a sí misma y tratando de convencer a su pareja (más adelante marido) para que lo abandone todo a la menor oportunidad. Su situación se verá embrollada con el nacimiento de su hijo coincidente con la victoria nazi en Alemania y el pase a la clandestinidad del Partido Comunista. Y será entonces cuando, realmente, las dudas se instalarán definitivamente en el protagonista ya que comienza a anteponer su mujer y su hijo al partido y sus consignas y, finalmente, será esta la causa de su desesperada ruptura con el Komintern y una revolución en la que hacía años que había dejado de creer.

En definitiva asistimos durante las casi ochocientas páginas del libro tanto a una lección de Historia como a un relato de intriga, acción, luchas políticas, dsengaño ideológico y amor condenado. Pero con la gravedad y la certeza de que no es una obra de ficción sino una sucesión de hechos reales que nos plantan, sin anestesía de ningún tipo, ante acontecimientos que desnudan la realidad "revolucionaria" de un tiempo no tan lejano. Es imposible quedar indiferente ante esta obra y lo que en ella se cuenta.
Añadir imagen

lunes, 17 de noviembre de 2008

Reseña: El niño robado

El niño robado.

Keith Donohue.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Grijalbo. Barcelona, 2008. Título original: The Stolen Child. Traducción: Ignacio Gómez Calvo. 383 páginas.

Partamos de una premisa un tanto incoherente: un niño es robado y suplantado por un “trasgo” que a partir de ese momento vivirá como humano la vida que le correspondía al raptado. El niño, a su vez, se transformará, no se sabe muy bien cómo, en trasgo, obteniendo por el camino unos poderes sobrenaturales, para pasados unos cien años robar y suplantar a otro niño, volviendo a ser humano y viviendo la vida que correspondía al nuevo raptado. Entonces nos encontramos que los “tragos” no existen como tales, tan sólo son niños robados de sus hogares, estancados en su crecimiento físico, que no mental, y que durante todo el tiempo de su miserable existencia ocultos en el bosque tan sólo sueñan con volver a ser “humanos” y poder crecer.

Tal vez es que me hago mayor y tengo ya demasiado “callo”, tal vez es que la cosa es tan ridícula como suena, pero lo cierto es que no le veo el sentido a la suplantación. Si al final el niño robado va a crecer de nuevo como humano solo que mucho tiempo después no entiendo el cambio. Si ya eres humano, ¿para qué vas a mal vivir durante cien años para volver entonces a ser humano? No tiene sentido. Al menos en el mito original lo que se intercambia es un bebe humano por un bebe trasgo, pero aquí ambos son adolescentes humanos. Para llegar al mismo sitio no hacía falta tanto enredo. Claro que entonces, seguramente, Donohue se hubiera quedado sin novela, porque precisamente todo el meollo de la trama de El niño robado gira en torno a los recuerdos que suplantado y suplantador conservan de sus vidas anteriores; unos recuerdos que les atormentan y que de alguna manera les llevarán a ambos al imposible intento de recuperar aquello que han perdido.

Así el lector se va a encontrar con que Henry Day, un niño de unos seis años, es raptado y suplantado por los trasgos. La novela diverge desde ese punto en dos historias paralelas, narradas ambas en primera persona. En la primera el “nuevo” Henry Day, creciendo como humano, se siente como un ladrón robado, con unos enormes remordimientos por estar viviendo la vida que le correspondía a otro, al tiempo que no puede evitar la nostalgia y el anhelo de descubrir qué fue de su auténtica vida y familia, de la que solo le quedan pequeños retazos que de vez en cuando acuden a su mente; algo que le impulsará en una existencia contradictoria a una búsqueda de sus raíces que no le permitirá disfrutar plenamente de su nueva existencia. En la segunda historia, el auténtico Henry Day, perdido su nombre tras el rapto y atormentado por los recuerdos de sus primeros años de vida, no conseguirá aclimatarse del todo a su nuevo ser como trasgo, no podrá “olvidar” como el resto de sus nuevos compañeros y vivirá una existencia dividida, trágica casi, donde el intento de recuperar, aunque solo sea en su mente o a través de la escritura, lo perdido centrará gran parte de su tiempo y esfuerzos.

Es El niño robado una historia triste, destinada sin duda a tocar el corazón del lector. Una historia de pérdidas (y de perdedores) en la que los protagonistas, a pesar de los triunfos obtenidos en sus respectivas vidas, se antoja que nunca podrán alcanzar la felicidad. El anhelo de lo perdido, inalcanzable ya, amarga su existencia y condiciona todo lo que van consiguiendo tras el cambio. En una lectura moral es como si el autor quisiera recomendar encarecidamente a sus lectores a mantener los pies en el suelo, aceptando los triunfos del día a día, las pequeñas alegrías, olvidándose de anhelos imposibles por encima de sus posibilidades y destinados sin duda al fracaso. Hay que aceptarse cada uno a si mismo como es, parece decir, y no como uno piense que podría haber sido.

De hecho, la especie de “happy end” con el que se cierra el libro gira precisamente sobre ello. Un final que pone a cada cual en su sitio y permite al lector girar la última página con satisfacción y la mente tranquila, consciente de haber leído una historia “bonita”, con el punto justo de sensibilidad y drama, con unas gotitas de crueldad, con sus buenas dosis de tristeza y emoción como para agradar a cualquiera. El niño robado se muestra así como una novela “fabricada” para agradar a un público muy amplio, parte cuento de hadas y parte historia de misterio, sensiblera sin ser “ñoña”, con un puntito perverso, dulce sin edulcorante, y triste con un final de esperanza para no remover las conciencias. Para un público, en definitiva, a quien la aparente incoherencia de la que hablo al principio no le importa en absoluto y seguramente ni siquiera reparara en ello.

Hay más lecturas, desde luego. El autor desvela un mundo crepuscular, el fin de una era. La fantasía y los seres fantásticos se van viendo arrinconados cada vez más por el crecimiento de la sociedad humana, por la realidad cotidiana; los trasgos se ven abocados a la extinción, cada vez más cercados por las construcciones humanas y sin una razón para su existencia. Algo se está apagando y cuando se apague del todo el mundo será un lugar más triste y solitario. El menguante bosque en el que viven los trasgos, cada vez más amenazado por las urbanizaciones y los excursionistas domingueros, es metáfora tal vez de la fuerza arrolladora con que el racionalismo ha acabado con los mitos y leyendas.

Está también el anhelo de la infancia, el sueño de una inocencia perdida, quebrada por el crecer, abandonada con los años. Un espejo deformado con el que mirar por encima del hombro y preguntarse dónde se fue todo aquello que se vivió una vez. A través de una prosa muchas veces poética el autor imprime en sus páginas una melancolía por los tiempos pasados que no han de volver y que siempre se antojan mejores. Una agradable nostalgia que propicia que el propio lector eche la vista atrás y se cuestione lo vivido.

Es una novela cargada de simbolismos, como el hecho de que tras el rapto del niño humano, el mismo deba ser sumergido en las aguas de un río, de las que emergerá ya convertido en trasgo dispuesto a afrontar su nueva condición y vida. Como el mismo bosque que va retrocediendo. O como la visita al mar donde terminan todos los caminos... Desde luego, hay mucho que escarbar y descubrir en las historias divergentes hasta la confluencia de los dos Henry Day.

Sin duda, como ya nos adoctrina la solapa, el boca a boca puede hacer que la novela triunfe en un mundillo donde estas historias de alguna forma amables con su justo toque trágico, que en realidad se leen con el piloto automático conectado, que ofrecen una mínima reflexión sin llegar a remover conciencias y que el lector puede cerrar con la satisfacción de ver que todo termina en su sitio, son los que copan las listas de éxitos. Y, además, ya se han vendido los derechos cinematográficos, baremo según parece imprescindible en la actualidad para demostrar la “bondad” de un texto literario. ¿Qué más se puede pedir? ¿Coherencia? ¿Para qué? ¿Quién la necesita hoy en día? El niño robado en verdad no es un mal libro, simplemente es uno más de los que se disputan el espacio en las estanterías de best sellers al uso. Y casi seguro que triunfará en ventas, pero ¿por los motivos correctos?

Lanzamiento: Porta Coeli I, la Orden de Sta. Ceclina

La editorial Edebé acaba de poner a la venta Porta Coeli I: LA ORDEN DE STA. CECLINA, de Susana Vallejo. Se trata de la primera entrega de una tetralogía fantástica dirigida a un público joven y adulto.

“Porta Coeli I" fue finalista del premio Jaén 2007 de Alfaguara de literatura juvenil y "Porta Coeli III" del premio Edebé 2007.

Para hacerse una idea del ambiente y del aire que respira el libro existe un trailer que podéis encontrar aquí:

Página de la editorial Edebé:

http://www.edebe.com/portacoeli/

Página de la autora (con mucha más información sobre la serie):

www.susanavallejo.com/portacoeli

La tetralogía se compone de las siguientes entregas:

Porta Coeli I: LA ORDEN DE STA. CECLINA

A principios del s. XIV, Bernardo, un sabio erudito y antiguo guerrero, recibe la visita de un viejo compañero de armas, Nuño, que afirma haber encontrado un unicornio y otros monstruos extraños. En su investigación de lo que parece imposible, pronto se les une Yebra, una chica de los bosques acusada de bruja.

Juntos descubrirán las criaturas que empiezan a poblar nuestro mundo. Pero ¿de dónde provienen?, ¿qué relación tiene Yebra con ellos? ¿acaso realmente ella posee poderes extraordinarios?

La respuesta se encuentra oculta en el monasterio de la orden de Santa Ceclina; una orden de monjes guerreros que siempre ha defendido la lógica y la razón, y que sin embargo esconde sus propios secretos.

El hallazgo del “Porta Coeli“, un libro misterioso y prohibido, llevará a los protagonistas a una aventura más allá de este mundo.

Ya a la venta.

Porta Coeli II: COSECHA NEGRA

La Inquisición y la Peste amenazan el Mundo. Sólo una mujer puede salvarlo . Una novela ambientada en Toledo, durante el convulso s. XIV.

Próximamente

Porta Coeli III: EL PRINCIPIO DEL FIN

Una joven descubre sus poderes e inicia la revolución en un Mundo anclado en el pasado. Una historia que se desarrolla en la actualidad.

Próximamente


Porta Coeli IV: LA LLAVE DEL SECRETO

Acosado, el Mundo esconde el secreto que puede cambiar el destino de la humanidad. Una novela ambientada en un futuro cercano.

Próximamente

domingo, 9 de noviembre de 2008

Reseña: Guerra Mundial Z

Guerra Mundial Z.
Una historia oral de la Guerra Zombi.

Max Brooks.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Almuzara. Córdoba, 2008. Título original: World War Z. An Oral History of Zombie War. Traducción: Pilar Ramírez Tello. 459 páginas.

La Tierra ha sufrido una terrible y devastadora “Guerra Mundial” contra un enemigo implacable e inhumano: la plaga zombi. La humanidad ha resultado, a duras penas y con un alto coste, vencedora en la contienda, y ahora ha llegado el momento de echar la vista atrás y recapitular sobre todo lo sucedido. Relatado como una serie de entrevistas que el propio autor ha llevado a cabo entre supervivientes de todo el orbe, el libro irá desvelando uno a uno todos los pasos de este horrible drama: desde el origen de la plaga, su imparable expansión, la guerra total y el inicio de la reconstrucción siempre con la mirada puesta en la posible aparición de nuevos brotes.

El acierto de Guerra Mundial Z es, sin duda, su estructura, en la que a través del testimonio de un buen número de testigos directos del desarrollo de los hechos se irá conformando un gran tapiz, hebra a hebra, historia a historia, en el que cada nuevo hilo añadido irá conformando una colorida y terrible imagen de todo lo acaecido en el mundo durante esos angustiosos años. La suma de las partes revela así una historia más completa y global que si el autor se hubiera limitado a un relato menos “coral” más centrado en unos pocos protagonistas o en un grupo asediado por los zombis como suele ser más típico en este tipo de relatos. El todo en este caso es mucho más grande que la suma de las partes.

A lo largo de las diferentes fases, Brooks aprovecha para ir criticando sin demasiados tapujos la realidad de nuestro propio mundo, de los distintos estamentos, tanto políticos como militares o científicos, que rigen nuestro devenir diario y nuestro futuro. En una narración que va desgranando uno por uno todos los errores que abocaron a la humanidad casi a su extinción, el autor muestra cómo la ceguera, la ambición o la simple inoperancia y estupidez de aquellos que podrían (y deberían) evitar muchos desastres les impiden actuar hasta ya sobrepasado el momento en que su actuación en vez de ser parte de la solución se convierte en parte del problema (el episodio del falso medicamento para prevenir y curar el contagio es ciertamente revelador de la naturaleza humana). Hasta que el mundo no se encuentra al borde del precipicio no se pone las herramientas necesarias en manos de aquellos que pueden hacer un buen uso de ellas.

Esta estructura de entrevistas, que le permite a Brooks, en efecto, ofrecer al lector una visión global del desarrollo del conflicto, acarrea sin embargo uno de los pocos defectos que se pueden achacar a la novela y es que entre un grupo tan enormemente heterogéneo de entrevistados, todos parecen expresarse igual. Desde el médico rural chino al piloto de las fuerzas aéreas estadounidenses, pasando por un profesor palestino o un antiguo comandante australiano de la Estación Espacial Internacional todos parecen tener, a pesar de su diferente extracción social y geográfica, un mismo tono. Y tratándose de la transcripción de un buen montón de entrevistas orales esto no debiera haber sido así.

Salvado este escollo sin demasiada importancia, y aceptando que tal vez el autor haya deseado dar un estilo unificado a todo el libro sacrificando algo de verosimilitud en aras de una mejor comprensión, lo cierto es que la narración atrapa con fuerza el interés desde su mismo principio. Ser testigo de como se van desarrollando los acontecimientos, observar la solidaridad entre las gentes comunes mientras los poderosos se empeñan en proteger sus prerrogativas y los desalmados buscan hacer dinero aprovechándose de las desgracias o los miedos del prójimo, ver como las respuestas a la crisis son al principio tan inoperantes como suelen ser en nuestra realidad es francamente revelador y no hacen sino que el lector empatice más con lo narrado, por muy fantástico e irreal que sea.

Y es que con un relato “fantástico”, ágil y con mucho ritmo gracias a su fragmentada estructura que casi se podría considerar de micro relatos, con unas reacciones muy humanas ante los hechos, con mucho sentimiento y emoción, sin obviar en ningún momento las críticas evidentes a nuestros “poderes”… Brooks ofrece un libro muy ameno, casi adictivo, en el que con un trasfondo tan increíble como el de los zombis, consigue retratarnos de forma admirable con todas nuestras miserias y triunfos.

La verdad es que nunca he sido seguidor de las historias de zombis (ni en la literatura ni en el cine ni en el cómic), ya que son unos “bichos” que siempre me han parecido singularmente absurdos, pero Guerra Mundial Z, con toda su carga crítica perfectamente imbuida en un entretenido relato de marcado carácter bélico, ha conseguido atraparme y hacerme disfrutar durante, casi, toda su lectura. Es cierto que al final pierde algo el ritmo. Es cierto que algunas de las situaciones, muchas de las soluciones y unas cuantas de las reacciones pecan de inverosímiles cuando no directamente de increíbles. Es cierto que no todos los entrevistados tienen unas intervenciones del mismo calado o interés… Pero también es cierto que la narración global se disfruta pasando páginas casi sin que uno se de cuenta, sumergiendo al lector a fondo en lo relatado, implicándole emocionalmente y entregando por el camino unas cuantas reflexiones interesantes sobre nuestro propio mundo. No es esta tanto una historia de zombis como una historia de humanos, con todo lo que ello conlleva. Recomendable.