viernes, 8 de mayo de 2009

Reseña: El Príncipe de la Noche

El Príncipe de la Noche.

Guión y dibujo: Swolfs. Color: Sophie Swolfs.

Reseña de: Jamie M.

Ediciones Glenat S.L. Colección Integral. Barcelona, 2009. Título original: Le Prince de la Nuit. Traducción: Aliénor Benoits y Pedro Riera. 296 páginas.

Cuando los hombres abjuran de los valores y de los ideales que hicieron nacer y evolucionar a su civilización… Cuando se producen los grandes tumultos, las grandes catástrofes, las epidemias…

…Entonces, él irrumpe de la oscuridad para participar en la labor de destrucción, para exigir su parte del sangriento botín y corromper a las almas vulnerables… Porque es la hora…

¡Del Príncipe de la Noche!

Así comienza, en un lugar indeterminado de la Francia medieval, una aventura a través de los siglos, donde los primogénitos de la estirpe de los Rougemont, generación tras generación, tendrán que enfrentarse en desequilibrado combate con el más poderoso y descarnado de los vampiros: Vladimir Kergan. Será a principios del siglo XX, en 1930, y en el París de entreguerras cuando Vincent Rougemont tendrá que hacerse cargo, muy a pesar suyo, del destino de la familia y entablar la lucha final contra su ancestral enemigo, una lucha que solo puede terminar la extinción de su propia estirpe o con la muerte del vampiro.

La presente edición en un volumen integral de El Príncipe de la Noche recoge los seis álbumes originales, recopilando de una tacada los dos ciclos (1994-1996 y 1999-2001) que componen el total de la serie (aunque el final deja abierta la puerta para un nuevo ciclo que, de llegar a existir, todavía no está entre los planes actuales de Swolfs). La reducción del tamaño de las planchas del original “álbum europeo” a este formato más pequeño que podría motivar cierta pérdida de detalle en la reproducción, se ve ampliamente compensada por el ajustado precio (24,00 €) que permite acercarse a la obra a un público mucho más amplio.

Swolfs crea una historia de entretenimiento puro que se apoya en la más clásica idea del vampirismo, bebiendo de la fuente del Drácula de Bram Stoker y totalmente alejada de la actual ola de vampiros “guays” atormentados por su condición y que tratan de buscar su redención. Kergan es el prototipo de vampiro clásico: amoral, sangriento, bestial, seductor manipulador, megalomaniaco… y tiene los mismos puntos débiles que aquel: debe dormir en un ataúd con tierra de su lugar natal, la luz le mata, teme a los crucifijos y demás parafernalia religiosa siempre que el que la enarbole tenga verdadera fe en lo que representan, tiene ciertos poderes metamórficos y mentales… A través de los siglos, Swolfs ha creado un relato ciertamente atractivo entre el eterno enfrentamiento entre el bien y el mal, aunque en este caso el bien esté algo diluido entre las pasiones humanas y sus debilidades.

La narración va saltando del hilo principal, el París de 1930, a tiempos anteriores para mostrar al lector las vidas de aquellos entre los Rougemont que tomaron sobre sus hombros la tarea de acabar con la existencia de Kergan, a pesar de que muchos de ellos dudaban de su misma existencia. Un enfrentamiento terriblemente desigual que producirá emocionantes episodios sirviéndose de la amplitud de épocas en las que se mueve la acción: desde combates medievales a espada hasta amagos de persecuciones automovilísticas, pasando por las más diversas situaciones y escenarios, en un relato que no se priva de nada, desde unos bien dosificados toques de erotismo hasta la inclusión de unos nazis en alza interesados en lo paranormal en la convulsa Europa de entreguerras.

El dibujo de Swolfs, de estilo realista, cargado de detalles sin hacerse recargado, siempre eficaz y atractivo, cobra especial espectacularidad en los paisajes de la campiña francesa y en sus castillos y moradas nobiliarias, en las ciudades visitadas, en los bosques, en las ruinas antiguas, así como en la recreación de ese París nocturno de callejas sombrías en el que se mueven los protagonistas, mostrando una amplia y agradecida labor de documentación (labor que el autor agradece al final de cada álbum a determinadas personas cuya colaboración, imprescindible para dar ese aire de realismo a la obra, se ve así de alguna forma recompensada). Un dibujo perfectamente complementado por la paleta cromática de Sophie Swolfs que marca con sus cambios de tonos los diferentes momentos de la historia.

Una historia de vampiros clásica, destinada al puro entretenimiento del lector y que sin duda lo consigue. Recomendable para los amantes de los seres paranormales y para cualquier degustador de un buen cómic francobelga.