martes, 23 de febrero de 2010

Reseña: Los jardines de la luna

Los jardines de la luna.
Malaz: el libro de los caídos.

Steven Erikson.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría. Col. Solaris Fantasía # 74. Madrid, 2009. Título original: Gardens of the Moon. Traducción: Miguel Antón Rodríguez. 510 páginas.

Después de haber sido publicado primeramente por Timun mas dividido en dos volúmenes en una edición que pasó con más pena que gloria ―el público se preocupó más de las horribles portadas elegidas que del libro en sí―, el clamor popular, sobre todo en los foros de Sedice, ante una obra que los aficionados entendían imprescindible, ha llevado a La Factoría a embarcarse en la aventura de publicar una novela ya editada ―y fracasada―, primera parte de una saga anunciada de unos 10 libros ―de los que ya van publicados nueve―, respetando esta vez su carácter unitario y, parece, triunfando en el empeño.

Abre esta edición una introducción del autor ―escrita para el décimo aniversario de la novela― echándose flores, lamentándose de lo difícil que era en aquellos tiempos publicar literatura fantástica “de calidad”, cómo tuvo que luchar contra viento y marea, contra los elementos, los editores y sus retrógrados estándares sobre la fantasía, y denigrando muy solapadamente por el camino a aquellos lectores que no “comprendan” su libro sin pensar que tal vez el problema estuviera en él como escritor primerizo y no en ellos. Y es que, en efecto, este es un libro complejo, pero se antoja que no tanto intencionadamente, que también, sino como resultado de fallos de un novelista ambicioso pero primerizo, que ha querido abarcar demasiado y se ha encontrado con unos cuantos escollos que no ha sabido solventar de la manera más adecuada. Sin embargo, ¿qué es mejor? ¿Pecar de ambicioso y no llegar del todo a los objetivos planteados o conformarse con una fantasía más de andar por casa, más sencilla y por tanto de satisfacción más rápida para el común de los aficionados? Yo, desde luego, siempre agradeceré la ambición y reconozco que los resultados de Los jardines de la luna, aunque fallidos en ciertos aspectos, están muy por encima de mucha de la fantasía de usar y tirar tan en boga en la actualidad.

Al comienzo del libro ―que no de la historia, pues para eso tendremos que esperar a otros volúmenes de la serie― el Imperio de Malazan se enfrenta a importantes cambios. El emperador ha caído y con él una forma de entender la política; la nueva Emperatriz, Laseen, debe asentar su reinado sobre una política de continuas conquistas expansionistas que mantengan la maquinaria bélica, y por tanto social, en movimiento, en un intento a su vez de ocultar cierto malestar dentro de sus fronteras y de tener ocupadas a una serie de tropas cuya fidelidad es más que cuestionable. En su campaña contra las Ciudades Libres de Genabackis, aprovechará el final victorioso del sitio de la ciudad de Pale para enviar a una unidad que sospecha rebelde, los Abrasapuentes, a una misión suicida dentro de las murallas de Darujhistan. Pero tal vez ellos no estén tan dispuestos a morir como a la emperatriz le gustaría. Mientras tanto, después de abandonar Pale, la amenaza de Engendro de Luna, la fortaleza flotante del enigmático Anomander Rake permanece en los cielos de la ciudad aparentemente por motivos propios e inescrutables.

Pronto los personajes se van amontonando más y más, al tiempo que el número de tramas se multiplica y se cruzan por en medio los dioses ―o seres enormemente poderosos en todo caso― hasta que el número de “pelotas” que Erikson intenta mantener en el aire es excesivo y comienzan a caérsele literariamente de las manos. Todos los personajes que aparecen, pequeños y grandes, tienen su propia agenda de intereses privados, todos buscan sus propios objetivos y, aunque muchos terminan confluyendo, se antoja excesivo camino para el destino al que terminan llegando muchos de ellos ―si es que no desaparecen antes sin más mención por el camino―. Es palpable que el autor ha trabajado mucho en el mundo y en el trasfondo, pero quizá el intento de meterlo todo de golpe y porrazo sea demasiado. La novela se encuentra plagada de soldados, nobles, guerreros, magos, espías, oficiales, ladrones, hechiceras, mendigos, asesinos, príncipes, niñas malcriadas, seres extraños... y todos parecen exigir la misma atención del lector aun cuando su aportación a la trama sea prácticamente irrelevante en proporción al interés recibido y que después de crear todo un entramado a su alrededor desaparezcan casi de súbito a la espera, es de suponer, de aparecer en próximas entregas. Todos los personajes son de alguna forma “protagonistas”, aunque luego su aportación se demuestre escasa en esta ocasión en particular.

A su vez, la novela se encuentra llena de profusas descripciones de lugares que no van a volver a aparecer ni a tener la menor importancia en la trama; hay personajes a los que se les dedica páginas y páginas para construirles una personalidad, unos objetivos, para que luego ni siquiera vuelvan a aparecer; líneas narrativas que reciben una atención enorme, antojándose que van a a tener una trascendencia vital para que luego desaparezcan y no se vuelva a saber de ellas. Erikson ha querido abarcar demasiado, no ha sido capaz de desestimar nada de lo que había creado su fértil imaginación y todo se traduce en un batiburrillo en el que una labor de poda hubiera sido más que de agradecer. Se nota en exceso la mano de un escritor todavía novel, con muchas ganas de crear algo grande, pero al que todavía faltan recursos para plasmar en plenitud todo lo que bulle en su cabeza. Resulta irónico que uno de los principales «poderes» implicados en la narración, instigador en todo momento en las sombras, es el de Odonn, dios del azar, al cual parece haberse encomendado el autor confiando en llevar a buen puerto una narración que a veces se le escapa de las manos.

En Los jardines de la luna hay muchos temas de interés. Hay variadas subtramas de carácter político, hay mucha intriga palaciega, un montón de antecedentes y referencias históricas, bastantes batallas con gran movimiento de tropas y mucha refriega y pelea individual, hay conspiraciones dentro de conspiraciones, hay traidores que no se sabe para quién trabajan, hay combates mágicos de muy alto nivel en medio de los asedios y enfrentamientos mágicos de pelea de barrio, cuerpo a cuerpo, hay un montón de misterios que resolver, un buen número de seres poderosos que descubrir ―o incluso desenterrar―. Hay mucho de todo y, por desgracia, todo revuelto; aunque hacia mitad del libro la trama se vaya clarificando bastante, despojándose de ciertos lastres y haciéndose más y más interesante.

Dicen los que han leído las siguientes novelas de la saga que esta primera entrega es la más floja de todas, lo que promete mucha diversión en el futuro si se revela cierto que ha conseguido evitar los fallos aquí encontrados. El autor, después de años creando su mundo ―primero como trasfondo para un juego de rol y luego ya como obra literaria― abruma al lector con demasiados datos, con demasiados protagonistas. Erikson tiene muy claro dónde quiere llevar las cosas, pero todavía no ha encontrado la voz que le permita mostrar con la debida claridad estilística la complejidad de su mundo. Ha creado un complot ―varios en realidad― de tan amplias ramificaciones que el lector gasta toda su atención en mantener la vista en quién está dentro y fuera en cada momento, quién es el ejecutor y quien la víctima ―papel que, además, puede cambiar en cualquier instante―, en vez de en la trama en sí misma. Es todo tan laberíntico que muchas veces se corre el riesgo de perder el hilo sin saber lo que es importante y lo que no, quién está haciendo qué y por qué y para quién.

Además, quizá esos ocho años que el autor dice haber estado trabajando en el primer manuscrito de la serie y los 10 ―casi 11― años transcurridos desde su publicación original hasta esta edición en España, hayan propiciado que su propuesta no parezca, desde nuestra óptica actual, tan original, innovadora y rompedora como se nos quiere presentar. Series como la de la Compañía Negra, la archifamosa Canción de Hielo y Fuego o la recomendable Nacidos de la Bruma beben sin duda de una misma intención y objetivos: todas muestran un rico trasfondo, en todas se vislumbra un enorme e influyente pasado, una Historia en la que apoyarse. En la Compañía Negra, como sucede en parte aquí, los protagonistas son los restos de una unidad de élite que van dando bandazos a manos de la magia. Como en Canción de Hielo y Fuego hay en esta novela también gran cantidad de personajes, pero su tratamiento es más realista y más caracterizador de cada individuo, y no produce confusión, como sí sucede en Los jardines de la luna en ocasiones. Mientras Martin parece más preocupado de dotar de vida independiente a sus gentes, haciendo que sea fácil reconocer a cada uno enseguida, Erikson parece centrado en desarrollar su mundo y su historia, siendo los protagonistas los vehículos necesarios para hacerlo, aunque a veces su desarrollo quede en un segundo plano supeditado a la narración. En Nacidos de la bruma el sistema de magia es tan vital como aquí, pero se encuentra mejor explicado y desarrollado. Erikson se muestra como un estupendo creador de escenarios y de tramas, pero con una narrativa que se antoja todavía titubeante, a la que le faltan recursos para solventar ciertos problemas y que entorpece un tanto la novela. Toda la primera parte es una sucesión incesante de datos que abruma al lector ―aunque no sea especialmente difícil de seguir― que se va aclarando conforme avanza la narración y el autor de centra más en los personajes y en unas pocas tramas, colocando el foco definitivamente sobre unos cuantos de ellos y dispersándose menos.

Es esta es una novela, y lo digo como un acierto, en la que es realmente difícil señalar quiénes son los buenos y quiénes los malos ―aunque el autor guíe descaradamente las simpatías hacia los Abrasapuentes―. Y es que en un momento dado todos se antojan bastante negativos, muy humanos en sus reacciones ante las circunstancias adversas. Todo está cubierto de un gris oscuro que tiñe las intenciones y acciones de todos los protagonistas. No hay en la novela auténticos héroes ni malvados villanos. Las razones de esos supuestos villanos se hacen razonables y comprensibles, los supuestos héroes son capaces de llevar a cabo horribles atrocidades. Son gentes que van a lo suyo, embarcados en una interminable guerra que ni siquiera sienten como propia, la mayoría cansados de que jueguen con su destino, de ser marionetas de poderes superiores, y que solo sacan a relucir su heroísmo ―si es que lo hacen― cuando se ven obligados por las circunstancias que no han buscado ni dominan. Los dioses van a su bola sin que en ningún momento se llegue a comprender porqué hacen lo que hacen, cuales son sus objetivos ―si es que los tienen― o si se trata de mera diversión; se muestran totalmente caprichosos, crueles, iracundos... como niños pequeños disputando por unos juguetes que, como suele pasar, terminan rotos en medio de la disputa.

Erikson imagina un sistema de magia complejo y fascinante, pero fracasa a la hora de plasmarlo y transmitírselo al lector, con escenas confusas y mal resueltas. Basado en diferentes líneas o escuelas llamadas «sendas», cada cual con su propio nombre y caracterísiticas que dependen de las diferentes fuentes de energía que empleen sus adeptos ―aunque no queda muy claro lo que diferencia a unos usuarios de otros―, aparenta como si no estuviera totalmente desarrollado o explicado, le falta una chispa de coherencia que lo sustente. Se intuye que el autor lo tiene muy trabajado, pero no consigue aplicarlo satisfactoriamente. Sin embargo se hace obvio que puede dar mucho de sí en futuros libros. Además se ha tomado la molestia de crear un mundo de fantasía sin las ya habituales y tópicos seres fantásticos no humanos: elfos, enanos, gremlins, draconianos, orcos, trolls... Creando sus nuevas razas “antiguas”, que tienen su propia y original idiosincrasia y buenas razones de ser.

Los jardines de la luna es una obra francamente ambiciosa que naufraga en ciertas parcelas y que se antoja no alcanza las alturas a las que Erikson aspiraba. Sin embargo, aún fallida en ocasiones, es muy superior a gran parte de los productos y franquicias que pueblan las estanterías de «Fantasía» de las librerías. Es mejor haberlo intentado y no haber conseguido del todo el objetivo que ni siquiera haberlo intentado, haberse conformado con una obra menos compleja y más del montón. Este es un libro que, sin duda, requiere mucha atención y una lectura prolongada, pero que, tomado como presentación de un mundo, una historia y unos personajes, resulta los suficientemente satisfactoria como para quedar a la espera de las siguientes entregas en las que, libre de la necesidad de dar a conocer toda su creación, el autor podrá centrarse más en lo importante y dejar a un lado líneas estériles. Desde luego se antoja triste que una serie de este calado hubiera pasado sin pena ni gloria en nuestro país, así que se agradece el arrojo de La Factoría. Habrá que esperar a la ya anunciada segunda novela, Deadhouse Gates, para ver si el autor mantiene el pulso, supera a la presente y consigue atrapar definitivamente a los lectores. Puliendo un poco ciertos defectos, sin duda Erikson puede lograr una gran obra ―y no solo en número de páginas, se sobreentiende―.

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Reseña de otras obras del autor:


Las puertas de la Casa de la Muerte. Malaz: el libro de los caídos 2.

Memorias del Hielo. Malaz: el libro de los caídos 3.



11 comentarios:

Earendilion dijo...

Magnífica reseña. Desde luego subirá puestos en mi tremenda pila.

Yago dijo...

Gracias, pues espero que te guste.

Y no me hables de la pila, que la mía es cada vez más numerosa y no para de crecer (claro que eso también es culpa mía, así que no debiera de quejarme).

Saludos

Chemari-Wan dijo...

Yo quedé HORRIPILADO ante el asombroso númeor de faltas de ortografía que presenta la edición.
http://guardiandelcapitulo.blogspot.com

Yago dijo...

Interesante tu reseña, aunque negativa en exceso según mi punto de vista ;-)

Debo decir, sin embargo, que para desgracia de los que sí poníamos las tildes en "solo" cuando es solamente o en los pronombres "este" o "esta", según la actual gramática de la RAE los mismos ya no la llevan (la tilde, quiero decir) salvo cuando se presten a confusión manifiesta. Así que en concreto esos fallos en concreto que achacas a la edición en verdad no lo son. Hay otros muchos, como letras que faltan o guiones mal puestos; pero esos, no.

De todas maneras, coinciendo en lo muy confusa que es la novela, a mí me ha dejado el sufieciente bien sabor como para al menos darle una oportunidad al siguiente libro. Ahí sí que se la juega el autor conmugo: si ha mejorado, seguiré adelante; si persiste en los mismos errores, dejaré correr la serie...

Saludos.

Chemari-Wan dijo...

Muchas gracias por la puntualización, Yago. En mi blog ya he añadido tu corrección.

Por lo demás, pues picaré con el siguiente libro, claro, por aquello de "algo tendrá el agua cuando la bendicen"...

Ignatius dijo...

Pero entonces ¿el libro se sostiene por sí mismo o viene a ser una "presentación" de algo más amplio?

Por que si es otra Canción de Hielo y Fuego no me lo compro ni me lo leo hasta que no esté todo publicado en español.

Yago dijo...

Es el típico libro, principio de serie, en el que la "trama principal" del mismo queda más o menos cerrada, pero que deja muchos cabos sueltos para continuarlos más adelante. En concreto hay algún personaje que hace mutis por el foro sin aparecer más aquí y al que supongo, o más bien espero, el autor volverá más adelante, y parte de los protagonistas al final de la novela se encaminan hacia una nueva misión que parece ser sobre lo que tratará el segundo volumen.

Además como la historia comienza por la mitad de una Historia más grande, supongo que algunos de los libros posteriores serán en realidad "precuelas" a este.

En definitiva, la novela se puede leer individualmente y "termina". Pero está claro que quedan muchas preguntas al pasar la última página. No sé si me explico.

Saludos.

Vic dijo...

A mi me gustó bastante, iba avisado sobre lo complicado de la lectura pero tras leer la Compañía Negra pues... vamos, que, más o menos, es del mismo palo. Me gustó y tengo ganas de leer el siguiente libro. Os veo muy criticos...

Yago dijo...

Bueno, Vic, a mí La Compañía Negra (si hablamos de su primer libro, como este es el primero de Malaz) me parece bastante más "sencillo" que este. Tiene ciertas analogías, sí, pero muchos menos personajes y tramas entrecruzadas (aunque sola sea porque tiene muchas menos páginas).

Y ya digo que caeré con el segundo, pero que muy bien lo tiene que hacer, ahora que ya está el mundo y los personajes establecidos, pues el hombre puede ser el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, pero nadie dice que tropiece con la tercera, ¿no?

Lander Maguregi dijo...

El final no deja muy claro el sentido.del "Azath",que podria ser,un ser que irradia justicia ?Por qué Rallick y Vorcan?siempre pillo del todo los libros que leo pero este me ha dejado un poco a medias...si alguien es tan amable de explicarme mejor el final estatia muy agradecido...por lo demas,lo mismo digo,tengo el segundo libro esperando en la mesilla y aver que me cuenta.
Un saludo!

Anónimo dijo...

Los azath son entidades, o una sola entidad que se ocupa de mantener un cierto equilibrio en el mundo, apresando a seres poderosos como lo fue el jaghut... en el segundo libro (casi al final de este) se explica con mayor detalle.