martes, 27 de diciembre de 2011

Reseña: La Casa de Cadenas

La Casa de Cadenas.
Malaz: el libro de los caídos 4.

Steven Erikson.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría. Col. Fantasía. Madrid, 2011. Título original: House of Chains. Traducción: Marta García Martínez. 735 páginas.

Contrariamente a lo acostumbrado en entregas anteriores, la primera parte del libro, durante casi doscientas páginas, se compone exclusiva y linealmente de la historia de Karsa Orlong, en el norte de Genabackis y años antes de los acontecimientos actuales, un guerrero de la tribu uryd de los  teblor, raza que ha permanecido aislada durante años en el altiplano Laederon, desciende a las llanuras del sur comandando un diminuto grupo con sangrientos objetivos en lo que se va a convertir en un largo viaje de auto conocimiento. Las aventuras del caudillo teblor se convierten así en un extenso prólogo que enlaza certeramente con ciertos sucesos relatados previamente. La profunda evolución del personaje a lo largo de las muchas páginas del volumen es un claro ejemplo de la buena caracterización que —tomándose su tiempo, eso sí— el autor va aplicando a sus creaciones. Y es que una vez más queda claro que todo se encuentra conectado y Erikson va demostrando que no deja hilo suelto en su tapiz. 

Engarzando directamente con el final de Las puertas de la casa de la muerte, tras la Cadena de perros, la consejera Tavore ha sido enviada a Siete Ciudades para acabar con el Torbellino, con la vidente Sha’ik y con todos sus seguidores acantonados en el corazón del sagrado desierto de Raraku, donde se gestan numerosos complots y traiciones. A partir de esta segunda parte el relato se abre a la habitual multitud de protagonistas, subtramas e historias periféricas con un montón de enfoques y puntos de vista, haciéndose tan «coral» como habían sido las tres anteriores entregas. Viejos conocidos como Felisin, Heboric, Apsalar, Azafrán, Tavore, el capitán Keneb, ciertos abrasapuentes supervivientes o parte de los implicados —en ambos bandos— en la Cadena de perros —Korbolo Dom, Temul, Menos y Nada, Leoman de los Mayales...— se unen a «nuevos» personajes como el propio Karsa Orlong, a Onrack o Trull Sengar quienes, visto el cierre del libro, es de esperar que tengan un importante papel en el futuro de la serie, y a un buen número de ascendientes que, como Cotillion y Tronosombrío, empiezan a mostrar sus cartas.

Dentro del corpus general de Malaz, La casa de cadenas, obviando un tanto la larga introducción de la historia de Karsa Orlong, se antoja como un libro de transición, utilizado para atar cabos y tomar aire ante lo que se barrunta que viene a continuación. Da la impresión de que Erikson está soltando «lastre», limpiando la casa, y preparándolo todo para lo que ha de llegar. Muchas de las cuestiones que habían quedado en el aire anteriormente comienzan a obtener respuesta, muchos misterios empiezan a desvelarse y muchos personajes empiezan a adquirir su verdadera dimensión. De modo frustrante, sin embargo, muchas de estas revelaciones tan solo sirven para arrojar más sombras sobre el futuro desarrollo de la trama, para acumular dudas y adquirir nuevas preguntas.


Con un ritmo más lento del habitual y mucha menos acción bélica, es cierto que se trata del volumen menos «épico», aunque no menos complejo, de los cuatro publicados hasta el momento. En muchos estadios de la narración da la sensación de que todos los personajes se limitan a estar en tránsito de un sitio para otro, viéndose inmersos en diversas situaciones a cual más complicada, pero sin realmente resolver nada. Los protagonistas viajan, se encuentran y se separan, se enfrentan, se alían y se enemistan, luchan, hacen complicados planes..., pero en el fondo no se siente, casi hasta el final, que la trama general avance de verdad.

Sin embargo el secreto de la serie se encuentra en que su lectura requiere prestar en todo momento mucha atención a los pequeños detalles que van sumándose como diminutas teselas a un gran mosaico. Hay que estar muy atento, tanto en la lectura del propio libro como teniendo fresco el recuerdo de la de los anteriores, a breves apariciones cargadas de significado, a frases sueltas que vuelven para desvelar grandes secretos, a personajes enigmáticos de esporádica presencia, a la multitud de representantes de razas exóticas y poderosas que empiezan a pulular cada cual con su particular objetivo... No son novelas para leer a ratos perdidos ya que requieren una especial implicación. Pero todo el esfuerzo merece la pena cuando las piezas van encajando en el inmenso puzzle que Erikson está construyendo aunque el dibujo todavía se muestre bastante difuso a los ojos del lector.

Es parte de la propia idiosincrasia de la serie el no mostrar demasiado, el sugerir más que confirmar, el guardarse secretos con los que poder negociar y sorprender posteriormente; tal y como el autor no duda en poner en la propia narración en mente de uno de sus personajes: “Era, reflexionó con humor amargo, la naturaleza de todos los implicados en aquel juego ocultar todo lo posible de sí mismos a los demás, a los aliados además de a los enemigos, dado que tales apelativos tenían la costumbre de cambiar sin avisar”. Tal es también, en efecto, la naturaleza de los libros de Malaz, tramas en las que sumergirse buceando en busca de una revelación que de respuesta a tantas preguntas encontrándose sin embargo con sorpresas que no se estaban buscando.

La novela, imprescindible dentro de la historia general y memorable aunque tan solo fuera por la creación del personaje de Karsa Orlong, es tan intrincada de seguir como las anteriores, más que nada por el montón de saltos entre protagonistas y por muchas acciones y referencias sin explicación. El batiburrillo en que se ha convertido todo el tema del uso de la magia y sus derivados sigue mostrándose tan complicado, inescrutable y confuso como viene siendo habitual, pero ya se da por bueno, como uno más de los misterios de la trama, y se disfruta sin más de sus espectaculares efectos sin intentar comprender los orígenes —mucho se ha explicado en efecto, pero muchos son también los flecos—. Sin duda un sistema coherente subyace bajo las sendas y las casas de la baraja, pero parece que uno de sus atractivos va a ser el irlo descubriendo muy poco a poco y sobre la marcha.

El complejo tapiz que se va tejiendo ante los ojos de los lectores adquiere cada vez un mayor colorido, aunque la imagen general esté todavía lejos de mostrarse. La cuenta de los caídos sigue aumentando ya que, a pesar de un final casi anticlimático y menos espectacular que los anteriores, la ración de muertos es también considerable en esta ocasión. La lectura de La casa de cadenas, árida y frustrante en ocasiones, enigmática en todo momento, si por algo destaca es por la conexión que el autor ha conseguido establecer entre cada libro como parte de una historia mucho mayor que sus partes. Para leer con paciencia y con mucha, mucha atención a los detalles.

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Reseña de otras obras del autor:


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Junto con la primera ley, de lo mejor escrtio actualemnte en literatura epica fantastica o como quieran llamarla. Toda una delicia ver como evolucionana los personajes, entran y desaparecen, escrtito de manera quizas algo intrincada.
Pero si se logra entrar en la historia...de las que no se olvidan. Saludos y muy buena esta pagina.

Por cierto no me deja poner una direccion, me dice que no es valida por ser los caracteres superiores. Si le intento poner el logo de wordpress, tampoco. La direccion es htp://plared.wordpress.com. Por si quereis comprobar por que pasa esto. SAludos

Yago dijo...

Sí, hay que esforzarse un poco por entrar en la historia, pero merece la pena ;-)

Y de lo de la dirección, ni idea; no sé por qué no te deja ponerla. Me extraña porque otras direcciones de wordpress las ha aceptado sin problemas.

Por cierto,muy interesante tu blog de cine, merece la pena hacerle una visita