Ciclo de la Luna Roja III.
José Antonio Cotrina.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Editorial Hidra. Bilbao, 2011. 831 páginas.
Llega a su esperado desenlace el ciclo de la Luna Roja,
un cierre que ha estado a punto de truncarse por la renuncia de Alfaguara a publicar esta tercera parte, siendo
—afortunadamente— recogido el testigo por la Editorial Hidra, dando así la oportunidad a los lectores de conocer el destino de los supervivientes de la más reciente cosecha de Sanheim. Doce muchachos fueron atraídos a Rocavarancolia hace ya casi un año, en la víspera de todos los santos,
y allí, en medio de la ignorancia y la confusión, comenzó una criba en
la que algunos perecieron y el resto cambiaron, a la espera del acto
final.
Ahora, el tiempo ha llegado, la Luna Roja
se enseñorea del cielo ocultando cualquier otra luz, los cambios se
aceleran y pronto cada uno de los muchachos deberá aceptar su destino.
Todas las cartas están repartidas y solo queda conocer el desenlace de
la partida o romper la baraja y rebelarse contra lo que Rocavarancolia
espera de ellos. La soterrada conspiración está a punto de desvelarse y
habrá que elegir un bando para la batalla que se avecina inevitable.
Todas las «figuras» se encuentran en posición, es el momento de resurgir
o de hundirse en el olvido —algo que la ciudad no está dispuesta a
permitir—. De nuevo ha llegado la hora de los prodigios y los portentos,
y los muchachos de la cosecha, con sus nuevas habilidades, deben
decidir de qué lado están y qué van a aportar a la lucha. Y no solo
ellos, sino también los miembros del Consejo Real
y los escasos habitantes de Rocavarancolia que habían permanecido
ocultos hasta el momento deben alinearse para el combate. El tiempo de
la indecisión y las dudas ha terminado.
El
autor se toma un inicial respiro para recapitular lo sucedido y dar
tiempo a los protagonistas para asimilar lo que han vivido hasta el
momento, aceptando —o no— los cambios que la Luna Roja
ha provocado en sus cuerpos y mentes —algo que incluso llevará a
algunos a renegar de su nombre dándose a sí mismos otro más acorde a su
novedosa personalidad y poderes—. Los jugadores empiezan a ser muy
conscientes de lo que está en juego y se dedican a explorar los límites
de sus «dones» —o maldiciones—. La Luna Roja ha traído un nuevo ángel
negro que tendrá que aprender a volar y a usar su magia; un nuevo
demiurgo que deberá acceder a sus hechizos; un nuevo piromante que
dominará el fuego de forma sorprendente; un trasgo y una vampira y una
loba... que deberán dominar los apetitos que su nueva condición
despierta en ellos; y los antiguos seres también se remueven
impacientes. Mientras tanto todas las piezas van re-situándose en el
lugar correcto del tablero para obtener la mejor posición con la partida
ya mediada. Las lealtades son cuestionadas, las amistades son
desafiadas, los amores son desterrados, las esperanzas son aplastadas,
los bandos son definidos —aunque la traición se mantenga tan latente
como siempre—, las armas son afiladas, la magia es liberada, las fuerzas
se ponen a prueba...
Entonces, cuando todavía quedan más de dos tercios de la novela, Cotrina
da rienda suelta a la acción sin permitir apenas tiempos de descanso ni
a personajes ni a lectores. No hay apenas refugio donde retirarse para
lamerse las heridas, y si se obtiene un «santuario» pronto se verá que
la estancia allí no es una solución en absoluto mientras el mundo se
fragmenta en derredor. Es asombroso cómo, desatada la batalla, el autor
consigue mantener la tensión y la emoción durante tantas páginas, sin
que decaiga el interés en momento alguno. En una serie de «finales»
sucesivos que parecen alcanzar una resolución tan solo para precipitar
de nuevo los acontecimientos, con breves periodos de aparente calma que
se aprovechan para incluir nuevas revelaciones sobre el conflicto en
marcha o sobre el pasado de la ciudad, todas las líneas van a quedar
satisfactoriamente cerradas, y cuando llega el último capítulo, a forma
de epílogo, no queda sino lanzar un suspiro satisfecho y lamentar que
todo haya acabado.
Cada personaje tiene su momento, y aunque el mayor protagonismo recae sobre Bruno
y aquellos que se encuentran a su lado, todos aparecen para aportar su
granito de arena a la trama, unos más pequeño y otros mucho más grande,
pero ninguno queda olvidado, cada cual con una personalidad perfectamente
definida y diferenciada. Algunos tienen poco o nada que decir, y se
antoja que su papel se había ya agotado en anteriores entregas; sin
embargo, Cotrina no deja atrás a nadie y todos obtienen el broche ideal a
su aventura. La propia Rocavarancolia
vuelve a brillar con luz propia, presta a resurgir o a desvanecerse en
el intento, soñando con viejos tiempos, con antiguos oropeles, dispuesta
a devorar a sus habitantes en busca de un último estallido de gloria.
Las viejas rutas se están abriendo, los caminos hacia otros mundos se
despejan. Es el momento de la ciudad, de renacer en toda su portentosa
crueldad bajo los designios de nuevos gobernantes o perecer en el
intento, pero... ¿serán estos dirigentes los supervivientes de la cosecha o será Hurza el Comeojos? ¿Podrá éste traer de vuelta a su hermano Harex y darle el poder para dictar el futuro del Reino y de todos sus mundos vinculados? ¿Traerá la magia el final de la magia?
En
un lugar donde el amor está casi prohibido, los muchachos van a aceptar
finalmente sus sentimientos, para bien y para mal, asumiendo la
debilidad que la atracción por otros comporta en una ciudad que ahoga
toda ternura, que utiliza cada distracción para lanzar otra puñalada,
para causar dolor donde debiera haber consuelo. Con un tono aún más
oscuro que las anteriores si cabe, con enorme despliegue de magia,
combates y muerte, la historia guarda varios giros y sorpresas que
descolocan al lector y le mantienen atrapado en la lectura a pesar del
elevado número de páginas de esta entrega.
Cotrina ha conseguido con La sombra de la luna
el cierre perfecto para una de las sagas juveniles que está sin duda
destinada a convertirse en uno de los referentes del fantástico patrio.
El cambio de editorial puede perjudicar, sin duda, la difusión de la
obra, pero cualquiera que desee disfrutar de una emocionante aventura,
de magia a raudales, de auténticas intrigas, de conspiraciones a gran
escala, de dolorosas traiciones, de amores desgarradores —y es que según
dicen en Rocavarancolia
no cabe el amor y ni los finales felices—, de lágrimas a flor de piel,
de sacrificios desinteresados, de luchas sangrientas, de venganzas
mezquinas, de crueldades sin límite y de heroicidad sin tacha... debe
adentrarse en las calles de la ciudad. Se trata de una lectura
apasionante, que se aparta de cliches y tópicos aún manteniendo el tono
juvenil sin renunciar a nada, que oculta sus posibles fallos en medio
del caos que personaliza la propia ciudad y sus habitantes; una novela
que emociona, que sorprende y que da tristeza terminar.
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Reseña de otras obras del autor:

4 comentarios:
Tenía muchas ganas que llegara esta última parte. Suerte que superó el problema de la editorial. En cuanto pueda leérmelo os digo que me ha parecido, pero ya los dos anteriores apuntaban alto.
Un saludo
Solo puedo añadir que, al menos por lo que yo esperaba, no defrauda en absoluto.
Y sí, toda una suerte que Hidra tomara el testigo y no nos dejara con las ganas de conocer el desenlace ;-)
Pues ahora que está terminada la serie me compraré el segundo y este último y así me los leo de tirón.
¿Sabes si Hidra se hará cargo de posibles reediciones de los dos primeros volúmenes?¿O cada editorial mantiene los derechos sobre sus respectivas partes?
Aprovecha, aprovecha, que merecen la pena.
Y sí, Hidra ha reeditado los dos anteriores a la vez que publicaba este tercero y, de hecho hasta donde sé, ha añadido a cada uno un capítulo inédito.
Saludos
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