domingo, 27 de mayo de 2012

Reseña: Insomnia

Insomnia: Relatos para no dormir.

Una antología de NOCTE, seleccionada por J.E. Álamo.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Grupo AJEC. Col. Penumbra # 4. Granada, 2012. 202 páginas.

Si durante los últimos años ha existido en España un grupo pujante dentro de la producción literaria fantástica ese, sin duda, ha sido el de los escritores dedicados mayormente, aunque no en exclusiva a cultivar el género del Terror. Y precisamente en torno a ellos NOCTE —la Asociación Española de Escritores de Terror— ha sido el perfecto aglutinador para dar salida a sus inquietudes y proyectos, llevando ya un  buen número de años promocionando a sus socios. En esta ocasión el escritor y traductor J.E. Álamo ha seleccionado una serie de relatos, ninguno inédito pero todos remarcables, de las plumas más destacadas del género para ofrecer un volumen breve pero intenso. Un volumen que sirve, sin duda, para hacerse una buena idea de la enorme variedad temática y de la amplitud de ideas y tendencias que se pueden abordar sumergiéndose en la fantasía oscura.

Se abre el volumen con un interesante Prólogo a cargo de Juan Ángel Laguna Edroso, actual presidente de la Asociación, donde se hace hincapié, entre otras interesantes disquisiciones, en la cualidad de que todos los cuentos han cosechado ya las mieles del éxito en certámenes varios o en su publicación original, dando cuenta así de su calidad y convirtiendo a esta en una magnífica oportunidad para poder degustarlos reunidos para la ocasión, en vez de tener que perseguirlos en sus dispersas localizaciones.

El primero de los relatos, Bola de mierda, de Emilio Bueso, versa sobre las reflexiones de un perdedor, de un cobrador del turno de noche en un parking que ve como su vida es un mero fracaso. Cuando un anciano le entregue un imposible pase de aparcamiento su existencia va a cobrar un cariz realmente extraño. Una historia que hunde sus raices en nuestra Guerra Civil y que sirve para reflexionar sobre la venganza más allá del paso del tiempo.

La noche de la sangre, de David Jasso, conjuga la fantasía de seres sobrenaturales con el horror de la víctima predestinada al sacrificio. Con una magnífica prosa consigue transmitir todo el sentimiento de horror e impotencia ante un destino ineludible al tiempo que el necesario giro final juega con las expectativas del lector ante la sorpresa ya esperada que cambia en el último momento. Una de las más destacadas entre las joyas del volumen, sin duda.

La apertura slagar, de Santiago Eximeno y Alfredo Álamo, demuestra que el humor, negro obviamente, no está reñido con el miedo. En un mundo donde el ajedrez parece ser el deporte rey, un sanguinario ser se dedica a asesinar a algunos ajedrecistas dejando tras de sí en la escena del crimen un tablero con las piezas dispuestas siempre en la misma jugada. La investigación del más reciente de los asesinatos, con una sorpendente revelación, da lugar a una irónica narración con monstruo incluido.

En Yamata-No-Orochi, Sergio Mars ofrece su propia incursión en el universo de los mitos de Cthulhu lovecraftianos. En torno a ciertas exploraciones submarinas, el protagonista se va a ver poderosamente llamado por algo que yace en las profundidades. Si bien la ambientación está bastante lograda y la prosa es impecable, lo cierto es que no consigue transmitir la sensación de desasosiego de ese horror intemporal e indefinido, cósmico, del maestro de Providence. Buen cuento si no estuviera basado en lo que está basado.

Le sigue Schlitze, de Javier Quevedo Purchal. Los circos siempre han sido un buen caldo de cultivo para el horror, y más los payasos tristes. Homenajeando a La parada de los monstruos (Freaks), película de Tod Browning de 1932, el autor aprovecha para plantear una historia de amor retorcido y macabro en un marco dominado por la avaricia del dueño de la feria. El mayor espectáculo del mundo desnudado de glamour y convertido en un show donde todo vale para hacer dinero y donde el «truco» queda finalmente en evidencia pero nunca debe ser desvelado. Emotivo y escalofriante a la par que irónico.

En Hacia el sur, Juan de Dios Garduño se atreve a ofrecer un final alternativo a la novela de cierto escritor de gran éxito, ganadora del Pulitzer en 2007, que da un nuevo giro, mucho más ominoso y pesimista, al cierre de aquella. La negación total del optimismo y la esperanza en un relato que quizá no deja de ser una anécdota o elucubración post lectura que aporta más bien poco, pero se lee con agrado y complicidad, sobre todo si sabes a qué está haciendo referencia.

El contador de personas, Roberto Malo. Un curioso oficio, contador de espectadores en salas de cine para evitar que la dirección venda más entradas que las declaradas a las productoras de las películas proyectadas. Mientras espera el principio de la sesión y va contanto a la gente que entra poco a poco, el protagonista reflexiona sobre su propia vida, sobre su poca fortuna a la hora de conseguir pareja, sobre las posibles existencias del resto de espectadores hasta que las luces se apagan y debe esforzarse por ver quién va entrando. Malo ofrece uno de sus típicos relatos con giro radical final que justifica haber llegado hasta allí. Quizá no sea lo mejor del autor, gran maestro de las distancias cortas, pero sin duda muestra todas sus mejores características: el estilo llano, directo, esa cotidianidad cercana que se troca en algo casi surrealista, el humor socarrón, muy irónico, personajes muy humanos que de pronto se llenan de extrañeza, y la sorpresa final.
En Todo es empezar, Pedro Escudero hace acompañar a los lectores a Samuel en su primer día en su nuevo trabajo en el cementerio. Un trabajo poco atractivo quizá, aparentemente sencillo y tranquilo pero para el que no obstante y de forma  irónica se necesita mucha mentalización y coraje. No todo es lo que parece en un lugar no tan seguro y tranquilo como la gente se piensa. Un trabajo que se mete dentro.

En Comer, de Óscar Bribián, una llamada a la policía de madrugada va a deparar una desagradable sorpresa a los agentes que acudan a su llamada. Una vivienda abandonada, donde solo rondan okupas o drogatas, oculta el horror inesperado. Rituales extraños y restos orgánicos dan paso al horror. El realismo del procedimiento policial hace fluir una historia de atmósfera opresiva, donde la sorpresa final se espera, se intuye, pero no se consigue adivinar.

Sed, de Fermín Moreno González, presenta una Zaragoza declarada en cuarentena debido a que repentinamente el agua de sus tuberías se ha vuelto venenosa, de la que por tanto nadie puede entrar ni salir, y con sus habitantes dejados de la mano, abandonados a su propia suerte. Cuando la sed empieza a extenderse, cuando beber se convierte en un imperativo para la supervivencia, ¿cómo reaccionarán los ciudadanos? ¿Hasta qué extremos serán capaces de llegar? ¿Se perdonarán las viejas deudas o, al contrario, se verán magnificados los viejos rencores? Una pena el poco verosímil punto de partida, difícil de asimilar, que lastra el disfrute de lo que luego es un buen cuento, donde lo realmente importante es la forma de reaccionar de ciertas personas ante una situación extrema.

En Premiere, de Rubén Sánchez Trigos, una película alemana requiere para su proyección algo tan infrecuente como la presencia de un acomodador ciego, quien, además, terminada la misma debe quemar la cinta. Y es que la película se encuentra aparentemente maldita: ¿Sobrevivirá alguien al visionado de El círculo cuando el equipo de rodaje ha fallecido misteriosamente? ¿O se trata tan solo de una ingeniosa campaña de marketing?

Siguiendo con la temática cinematográfica en La senda infinita, de José María Tamparillas, una entrevista a un viejo director de cine trae a la luz viejos fantasmas con el recuerdo del rodaje «maldito» de una última película con un montón de incidentes que tuvieron su cúlmen con la muerte del actor principal. Un relato costumbrista en cuanto a su presentación y terriblemente irónico en el retrato de un tiempo y una industria que estaban cambiando.

El último relato de la selección es Secuencia, de J.E. Álamo. El dueño de un bar de costumbres fijas se sorprende cuando un cliente al que cree no conocer parece desenvolverse como si fuera un habitual del local, anticipándose incluso a los actos y palabras del dueño. ¿En qué misterio se hayan ambos envueltos y cómo puede modificarse lo inamovible? Un relato sobre venganza y justa retribución o sobre la simple mezquindad humana que le hace a uno preguntarse cómo reaccionaría de encontrarse en la misma situación que los protagonistas..

Se cierra la antología con una serie de notas bio-bibliográficas de los autores participantes y unas breves líneas que ellos mismos escriben para explicar algún detalle de la génesis y gestación de sus cuentos, de su inspiración o la forma de escribirlos. De carácter más que nada informativo igual habría sido más lógico incluirlos acompañando al relato que complementan, y no sueltos, y desordenados, al final.

En conjunto Insomnia encierra, sin duda, una muestra de calidad sobresaliente de lo que se viene cociendo en el terror patrio de unos años atrás a esta parte, relatos con gran variedad, eclécticos, con elementos sobrenaturales y sin ellos, con monstruos fantásticos o simplemente humanos, cada uno con su propia voz, sus propios intereses, sus propios enfoques y su propia filosofía. Tal vez no terminen de cumplir al cien por cien el homenaje a Narciso Ibáñez Serrador que encierra subrepticiamente el subtítulo del volumen, ese Relatos para no dormir, y no consigan desvelar a sus lectores al extremo de hacerles perder el sueño, pero lo cierto es que cumplen a la perfección el objetivo de inquietar, de causar tensión y desasosiego, de sobresaltar, de hacer mirar las sombras con otros ojos, con recelo, sin saber lo que esconden. Una muy buena recopilación de fantasía oscura, terror, horror o como se tenga a bien llamarlo.