martes, 26 de junio de 2012

Reseña: Juicio final. Sangre en el cielo

Juicio final.
Sangre en el cielo.

César García Muñoz.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

B de Bolsillo (Ed. B). Col. Top Digital. Barcelona, 2012. 317 páginas.

En contra de lo que suele ser habitual en nuestro actual mercado editorial la novela que nos ocupa ha conseguido su edición en papel tras su éxito en formato digital en la iniciativa B de Books de la editorial. En Top Digital se han incluido, por el momento, cinco obras que han destacado dentro de la oleada inicial de las propuestas en libro electrónico puestas a disposición del público. La que nos ocupa en concreto, Juicio final, es una novela cercana a la ciencia ficción catastrofista o al thiller de intriga tecnológica, donde una vez más el destino de todo nuestro planeta corre peligro amenazando con la total extinción de la raza humana. Un grupo de políticos, científicos y militares pondrán manos a la obra para tratar de evitar el fatal desenlace, mientras los civiles intentan sobrevivir por la cuenta que les trae. Nada nuevo bajo el sol, pero lo importante es la forma de contarlo.

Así que todo comienza cuando Mike y Steven se encuentran trabajando en la reparación de un tejado en una pequeña localidad del desierto y una brutal tormenta eléctrica descarga sobre ellos —aunque luego se sabrá que ha sido un fenómeno a nivel mundial— con fatales, y mortales en muchos casos, consecuencias. Los feroces rayos dan paso días después a la súbita aparición de una cúpula de color rojo que cubre todo el cielo del globo terráqueo, envolviendolo en su totalidad y aislandolo del exterior. A partir de ese momento, mientras la tensión crece entre la población mundial, se van a suceder los intentos tanto de destruir la cúpula como de entender a qué responde el fenómeno, cuál es su origen, sus causas y las intenciones tras su presencia, intentando dilucidar si se trata de algo natural o provocado artificialmente.

Centrando la acción de forma principal en los EE.UU. —aunque con menciones abundantes a otras localizaciones del orbe—, el autor construye la acción sobre una base coral, siguiendo a un  buen puñado de personajes, tanto involucrados en la investigación y ataque a la cúpula como simples civiles, espectadores ignorantes de lo que está sucediendo, en una historia que no da tregua en momento alguno, con una prosa simple pero muy efectiva que hace que el libro se lea prácticamente de un tirón.

Dentro de lo fantástico de la propuesta, el autor mantiene un buen tono de verosimilitud en todo lo planteado, dando una explicación «plausible» al suceso —sin olvidar que nos encontramos ante una obra de ciencia ficción, la explicación está ahí; luego cada lector puede elegir tragar o  no con su planteamiento y desenlace— y mostrando unas reacciones que, aunque en todo momento pecan de arquetípicas —el ex soldado de las fuerzas especiales que lo deja todo por la llamada del deber, el general obsesionado en utilizar todo el arsenal disponible sean cuales sean los efectos perniciosos para la propia Tierra, los científicos racionalistas en busca de una explicación, el presidente dubitativo, el fanático religioso a la espera del «rapto» que arrastra  a su propia descendencia en su locura, la mujer obsesionada por sus hijas...— y, sin duda, de exageradas en pos del dramatismo, son en todo momento comprensibles e, incluso, compartibles en ciertas circunstancias. ¿Cuántas veces nos hemos quejado de esas novelas o películas que ofreciendo un enigmático e irresistible punto de partida la fastidian luego al intentar explicarlo? Aquí la explicación puede requerir más o menos suspensión de la incredulidad, puede parecer demasiado fantástica o antojarse que la participación de ciertos elementos científicos son más o menos verosímiles dentro de la pura especulación, pero lo cierto es que al final no chirría en exceso y no deja dudas pendientes.

El autor, siempre en pos del espectáculo, no incluye engaños ni situaciones absurdas en extremo. Dentro de las dos líneas generales en que se divide la historia, la de aquellos que se encuentran directamente involucrados en luchar científica o militarmente contra el fenómeno, y la de los civiles que ven irremediablemente trastocada su vida, lo que hay es lo que se ve, y aunque se hace obvio que la vertiente «civil» del relato sin duda podría haber sido obviada al no aportar nada directamente a la resolución del enigma planteado —todo el periplo de Eva Maguiere, la ex-esposa del experto submarinista Nathan Maguiere, se podría considerar un mero añadido dramático—, también es cierto es que en este tipo de propuestas son estas situaciones las que ofrecen un cierto contexto al conjunto, al tiempo que le permite al autor reflexionar sobre las distintas reacciones de los seres humanos ante las situaciones extremas, situaciones que sacan lo mejor pero también lo peor de los individuos.

La novela es un auténtico pasapáginas, que no parece buscar sino el puro entretenimiento, dotada sin duda de cierto carácter best sellero. Los personajes son en general y con muy puntuales excepciones, para qué negarlo, bastante planos, apenas caracterizados psicológica o personalmente; meros vehículos para llevar adelante la acción, que es lo que realmente parece interesar a García Muñoz. Cualquiera de ellos retrotrae enseguida a otras tantas novelas, películas o series de TV de contenido catastrofista, donde lo importante es lo que está sucediendo y no tanto quien lo está sufriendo. En el pequeño lapso temporal, apenas una decena de días, que transcurre entre el inicio del fenómeno y el final de la novela el autor no permite ningún descanso a sus personajes, llevándolos de un lado para otro en una carrera contrarreloj por destruir la cúpula y salvar sus propias vidas junto con las del resto del planeta.

El formato elegido recuerda así poderosamente al de una película palomitera de contenido catastrofista —desde Independence Day a 2012 pasando por El día de mañana—, con capítulos muy cortos siguiendo un heterogéneo número de puntos de vista para ofrecer una visión amplia de los sucesos, algo que sin embargo, como ya se ha comentado, también impide profundizar en demasía en el carácter de los protagonistas.

Juicio final, sangre en el cielo, es una novela de longitud engañosa, ya que, a pesar de sus estándar 300 y pico páginas, se lee de un tirón apenas en un par de horas, entreteniendo si uno se deja llevar libremente por la acción, aceptando la premisa de inicio, y dando luego paso sin problemas a la siguiente lectura. Con una prosa tan ágil como sencilla y efectiva, con un buen número de tópicos, con momentos que parecen pertenecer a un guión de película hollywoodiense, sin grandes introspecciones ni profundidades psicológicas, lo cierto es que el misterio planteado y la amenaza sobre toda la Tierra consigue atrapar la atención y distraer como poco por un par de horas —dependiendo de lo rápido que lea cada uno, por supuesto—. Ideal para desconectar un rato intrascendente o para una de esas bochornosas tardes de piscina.