lunes, 23 de julio de 2012

Reseña: Acorralado

Acorralado.
Crónicas del Druida de Hierro 2.

Kevin Hearne.

Reseña de: Jamie M.

Timun mas. Barcelona, 2012. Título original: Hexed. Traducción: Rocío Monasterio Briansó. 298 páginas.

Segunda entrega de la serie, si alguien pensaba que tras el final del anterior volumen las cosas se le iban a poner más fáciles a Atticus O’sullivan que se lo vaya pensando de nuevo. Su éxito ha puesto su nombre en boca de todo el mundo paranormal y cantidad de peticionarios van a ir a buscarlo para que les ayude con sus problemas con otros dioses (con Thor en el papel de aquel a quien todo quieren ver muerto). Y sin duda eso, aunque sin duda molesto, no va a ser lo peor. Kevin Hearne factura un fantasía urbana con un toque desenfadado y en cierto modo diferente que no se libra de ciertos tópicos, pero lidia con ellos de manera muy efectiva. En las Crónicas del Druida de Hierro hay de todo lo habitual en su nicho: vampiros, hombres lobo, brujas, dioses ancestrales, demonios, seres mitológicos, golems, magos (o un druida, en su defecto), policías que se inmiscuyen, armas encantadas, muchos combates y el toque sobrenatural que caracteriza al género. Además, el autor ofrece un protagonista carismático, el druida que da nombre a la saga, al que ha sabido rodear de un interesante elenco de secundarios.

Si en la anterior entrega, Acosado, Atticus parecía haberse deshecho de sus problemas y tan solo le faltaba firmar la paz definitiva con los restos del aquelarre de brujas que tanto le amargara la vida, pronto va a descubrir que no puede dar nada por sentado, que sus supuestos aliados no tienen porqué ser sus amigos, y que en el mundo sobrenatural, cuando queda un hueco de poder pronto van a llegar nuevos interesados en ocupar el sitio. Así, al sufrir un atentado mágico contra su persona va a tener conocimiento por las malas de que una nueva hermandad de brujas quieren ocupar la posición que detentaban sus anteriores enemigas. Unas enemigas con las que no tendrá otro remedio que hacer un receloso frente común si no quiere que su “territorio” se convierta en la posesión de otros.

La novela adolece, como ya le sucediera a la anterior, de una estructura bastante “episódica” en la que, cual si de un videojuego se tratara, parece indispensable superar una etapa para poder acceder a la siguiente. Sin embargo el autor le imprime una amenidad y un dinamismo que hace que se lea de un tirón sin pararse a dirimir si es un fallo o un acierto. Un nuevo grupo de brujas, unas bacantes, un demonio suelto que tal vez no sea tal, cierta diosa iracunda, los policías que meten sus narices donde menos interesa, el vecino cotilla... son problemas con los que Atticus va a tener que ir lidiando uno por uno si quiere salir con bien del lío en que se ha visto envuelto. Y tal vez lo mejor sería echar a correr y poner quilómetros de por medio, pero sin embargo eso es algo que el druida no llega a plantearse realmente por su auto impuesta obligación de sanar la tierra devastada en el combate de libro anterior.

El autor pone mucho humor en casi todas las situaciones, incluso en las más dramáticas, aunque sin llegar a convertir la obra en ninguna comedia. Los punzantes razonamientos de su perro Oberon sobre toda cuestión que se le ponga a tiro o sus intentos de emular a ciertas figuras legendarias de la historia bélica de la humanidad dan mucho juego en contraposición a la seriedad de las situaciones en que suelen verse envueltos. Los intentos de Atticus de conseguir que un vampiro inmortal utilice una jerga más moderna y abandone el rimbombante hablar de siglos pasados son para él ciertamente frustrantes y enternecedores a partes iguales, además de muy divertidos para el lector. Aprovecha también cierto toque de humor para dar una “explicación” al tema de que Atticus lleve casi en todo momento su espada mágica a cuestas y nadie pareciera cuestionárselo demasiado.

Nuevos personajes, como cierta pareja aparentemente irreconciliable de rabino y sacerdote, dotan de mayor profundidad al “universo” de la serie, trayendo a la luz órdenes secretas, sectas y otros grupos subterráneos del mundo paranormal. Sigue aprovechando la riqueza de panteones existentes y trae a primer plano al Coyote de los nativos americanos como un secundario de mucha importancia, un truhán traicionero y simpático que se hace querer a pesar de sus engaños. En este crecimiento del elenco de personajes y escenario, Kearne profundiza en la rica historia del druida (ya que dos mil años vivido dan realmente para mucho), trayendo de su pasado a ciertas enemigas con las que ya se había cruzado brevemente, sin llegar a saber realmente de quienes se trataban, durante el transcurso de la II Guerra Mundial en dramáticas condiciones.

Convierte, sin embargo, a la nueva aprendiz, Granuaille, en poco más que una sexy “chica de los recados”, con apenas un papel importante (más allá de aprender latín, dar algún consejo y quitarse de enmedio para dejar obrar al druida). Una lástima, pues después de la anterior entrega parecía destinada a un protagonismo mucho mayor, algo que esperemos pueda verse plasmado en posteriores entregas.

Para dar una mayor dimensión a lo narrado la muerte, y no tan solo la diosa celta a la que se encuentra “atado”, va a rondar a Atticus en todo momento. Y ya que el druida está protegido de, casi, todo mal por su pacto con Morrigan, sus enemigos van a tener que intentar causarle dolor llegando hasta sus conocidos y amigos, pero ¿será él capaz de protegerlos a todos?

Acorralado es una novela francamente entretenida, con mucho ritmo, aunque no demasiada profundidad, divertida y dramática con singular equilibrio; una fantasía urbana que deja satisfecho y con ganas de leer las continuaciones. Como segunda entrega, se nota una mayor consistencia en la trama, el intento de una mayor complejidad, al no tener que tomarse su tiempo para presentar a los personajes y el escenario, entrando directamente en faena desde el principio; tal vez su final no sea tan espectacular como el de la anterior, sino que se toma más tiempo en dejar las cosas preparadas para lo que ha de venir, pero ciertamente deja más que satisfecho. El final, cerrado, deja evidentemente unos cuantos flecos pendientes (como la historia de ciertas manzanas que promete y mucho), pero nada demasiado grave ni realmente relacionado con la trama principal desarrollada en la novela. Quedan abiertas puertas y, también, el deseo de saber lo que hay al otro lado.

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