lunes, 27 de agosto de 2012

Reseña: El dragón, Rashômon y otros relatos

El dragón, Rashômon y otros cuentos.

Akutagawa Ryûnosuke.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Quaterni. Madrid, 2012. Título original: Akatagawa Ryûnosuke tanpenshu. Traducción: Mariló Rodríguez del Alisal y Clara Mie Cánovas. Recopilada, anotada y comentada por: Jay Rubin para el volumen “Rashômon and Seventeen Other Stories”. 422 páginas.

Quaterni ofrece en una bella edición una selección de los más representativos relatos de uno de los más afamados autores japoneses de principios del siglo pasado, Akutagawa Ryûnosuke (1892-1927). Un libro que transmite cariño y cuidado ya desde sus cubiertas «enteladas» y que toma como base la recopilación que Jay Rubin hiciera para el mercado anglosajón, Rashômon and Seventeen Other Stories, para ofrecer no obstante una traducción directa del japonés de esos diecisiete cuentos. Diecisiete cuentos que ofrecen una visión general sobre la obra de Akutagawa desde sus inicios hasta su temprano y trágico final, mostrando algunos de los relatos que quedaron inéditos tras el suicidio del autor. Unos relatos que varían desde los primerizos con un tono histórico fantástico y un irónico humor hasta el desesperanzado realismo autobiográfico —corriente imperante en aquella época en las letras japonesas— de sus postreros escritos que destilan melancolía y tristeza. La edición ordenada cronológicamente respecto a su publicación original permite captar a la perfección la evolución tanto temática como de estilo del autor, mientras va abandonando paulatinamente el pasado y los elementos más sobrenaturales para terminar situando la acción en su presente con un realismo y una sinceridad desgarradores, máxime conociendo de antemano el que fuera trágico desenlace de su breve vida.

La edición española ofrece dos secciones bien diferenciadas, hasta el punto de numerar la primera con números romanos y la segunda con arábigos en un detalle más de los muchos que hacen de esta una edición realmente cuidada. La primera sección, antes de sumergir al lector en los cuentos propiamente dichos, es una auténtica «guía» de lectura a la obra de Akutagawa, compuesta de varios epígrafes y que incluye desde indicaciones sobre la Pronunciación y orden de los nombres japoneses hasta una Cronología muy de agradecer, que permite situar al autor en torno al momento histórico y los relatos en su contexto vital, con interesantes referencias a las circunstancias en las que se desenvolvía el propio autor. A la misma le sigue un muy interesante y esclarecedor ensayo de Mariló R. del Alisal —co-traductora de la obra—: Dragón de agua y aire, sobre la vida, pensamientos y filosofía de Akutagawa, así como las diversas influencias recibidas tanto religiosas como literarias, y su importancia posterior dentro de las letras japonesas. Cierra esta especie de introducción las Anotaciones de Jay Rubin a la recopilación que él mismo realizara y en la que, como ya he dicho, se ha basado Quaterni para realizar la española, con unas pequeñas notas dedicadas a cada relato que ayudan a situarlo en su contexto histórico, explicando alguna de sus peculiaridades o aclarando las referencias más autóctonas y alejadas de nuestra tradición occidental para que no se pierda ninguno de los giros o se pueda situar debidamente a los personajes.

A su vez, ya entrados en la parte literaria, los cuentos se encuentran repartidos en cuatro epígrafes según su adscripción temática y temporal, desde los más fantásticos o los crudamente realistas, aunque de una forma u otra sobre todos ellos planee la problemática sobre el aceptarse a uno mismo tal y como se es, a pesar de todas las dificultades y los tropiezos inevitables.

En Un mundo en decadencia, los seis primeros cuentos sitúan el escenario en el periodo Heian, e incluye alguno de sus más afamados relatos, incluidos los dos que dan título al volumen: el muy atmosférico, cruel y rompedor —socialmente— Rashômon, y el costumbrista —japones— e irónico El dragón, junto al escalofriante y aleccionador El biombo del infierno, auténtica joya del volumen, sobre los sacrificios de los que es capaz de realizar un artista para llevar a cabo su obra. Cabe añadir que Rashômon y En la maleza de un bosque, que versa sobre un asesinato y una violación y las muy diferentes versiones de los testigos del suceso, darían lugar a la película, homónima del primero, de Kurosawa en 1950.

El lector se encuentra aquí con auténticas fábulas morales con muy diversos mensajes: Sobre no desear más de lo que razonablemente se puede obtener, sobre la decepción de conseguir lo que se desea o del inconformismo que lleva a no conformarse realmente nunca con nada como en La nariz, donde la consecución del anhelo lleva a la decepción y al deseo de volver al anterior status quo. O cuestiones sobre la auténtica naturaleza de la verdad, como en la citada En la maleza del bosque, típico ejemplo de aquel “en un crimen cinco testigos tendrán cinco versiones diferentes de lo sucedido” y que hace cuestionarse la realidad de la observación. O reflexiones sobre la locura y el individualismo extremo como en El hilo de araña.O la lección aterradora de no dejarse arrastrar por las obsesiones o las pasiones hasta su más desgarrador desenlace en la macabra El biombo del infierno, donde los hombres devienen en monstruos sin necesidad de ningún elemento fantástico o sobrenatural.

Bajo la espada reúne tres cuentos que reflejan el turbulento periodo posterior, con grandes movimientos bélicos tanto internos como con la cercana China, y con la presión, social y política, que significaba la presencia en las islas de los misioneros que intentaban implantar el cristianismo en las islas. La duda religiosa —y metafísica—, la división interna entre las tradiciones ancestrales japonesas y la nueva corriente cristiana de difícil reconciliación, llevan a poner en la balanza el martirio propio ante la enfermedad de un vástago en O-Gin, con una desgarradora decisión y un duro juicio para la sociedad de la época. En un periodo convulso las diferentes fuerzas se ven personificadas en Lealtad ante otra decisión difícil, sino imposible, de tomar cuando el compromiso y el deber se encuentran divididos entre dos receptores, dos señores, que exigen acciones divergentes e irreconciliables; el honor, la cordura, la vergüenza por el posible fallo conforman una fascinante visión sobre la psicología del samurai.

En Tragicomedia moderna, acercándose ya a su propio presente pero sin terminar de renunciar al elemento fantástico, se encuentran tres cuentos que demuestran la maestría del autor en torno a la comedia irónica y agridulce, y donde ya empezaba a vislumbrarse, como en Puerros, un muy pragmático «romance», la presencia del propio autor dentro de sus relatos interpelando de forma directa a sus lectores. Contradictoriamente a los relatos que el lector va a encontrarse en el siguiente epígrafe, y a lo que las circunstancias vitales de Akutagawa pudieran augurar, estos se encuentran cargados de un humor visceral, surrealista y un tanto kafkiano. Piernas de caballo vuelve a hacer inciso en los defectos físicos y en la necesidad de aceptarse a uno mismo tal y como es cuando al «morir» un hombre se descubre que ha sido un error y no debiera haber fallecido, con lo que hay que devolverlo a la vida; por desgracia, en el interín sus piernas se han estropeado por lo que se decide injertarle las de un caballo, únicas disponibles a mano, algo que le provocará serios problemas en su retomada existencia. La Historia de un hombre al que se le cayó la cabeza es apenas una anécdota divertida precisamente sobre un militar al que le sucede tal cosa, pero en la que el autor envuelve, sin embargo, una importante reflexión sobre los principios y decisiones que se han de tomar en el día a día.

Ya llegando al último tramo del volumen, La historia personal de Akutagawa recoge textos de la «madurez» del autor, cuando las presiones del mercado y de sus propios compañeros de profesión le llevaron a escribir obras más autobiográficas aunque fuera escondiéndose bajo otros alter egos en sus personajes. Son estas unas obras tristes, conmovedoras y demoledoras en muchas ocasiones, que reflejan una vida difícil, de duro aprendizaje, con grandes decepciones familiares —La enfermedad del niño o Crónica de difuntos— y muchas exigencias, cargadas de nostalgia y melancolía, que dan fe de su erudición e influencias occidentales y de una presión que finalmente no pudo resistir, como ejemplifican a la perfección sus dos obras póstumas aquí incluidas, Vida de un necio, un intenso repaso a su propia vida en 51 imágenes o cuentos ultracortos y el desgarrador y premonitorio Engranajes, auténtica nota de despedida —o velada llamada de auxilio— del autor al mundo.

Fascinantes relatos que permiten conocer, además, el periplo vital de su autor, tan contradictorio y atormentado, entendiendo el contexto en que cada uno de ellos fue escrito, con cuentos llenos de comedia que no esconden sin embargo el drama al que parecía abocado Akutagawa, al tiempo que permiten acercar al lector occidental una interesante visión sobre la cultura e historia japonesa —son muy de agradecer las anotaciones que acompañan a los textos— y de la región en general. Una atractiva edición que acompaña a una agradable lectura gracias, entre otras cosas, al esfuerzo de Quaterni de haber realizado una traducción directa del japonés para perder lo mínimo en la traslación. Realismo mágico, tragicomedia, historias de fantasmas, relatos autobiográficos... Mucho es ciertamente lo que ofrece la antología para poder descubrir a este autor clásico —al menos en su país—.