jueves, 6 de septiembre de 2012

Reseña: La mejor venganza

La mejor venganza.

Joe Abercrombie.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Alianza editorial. Col. 13/20. Madrid, 2012. Título original: Best Served Cold. Traducción: Javier Martín Lalanda. 927 páginas.

La acción de esta novela se sitúa en el mismo universo fantástico medieval de la anterior trilogía del autor, La Primera Ley, poco tiempo después de que terminara la de aquella aquella, pero en puridad no se la puede considerar como una continuación, sino que se trata de una aventura totalmente independiente que comparte escenario —aunque cambie de continente— y alguno de los personajes. Sin embargo, por muy cierto que sea que no es en absoluto imprescindible, no deja de ser recomendable haber leído las obras precedentes, tanto por el mero disfrute de las mismas, como por estar al tanto de algunas de las referencias a sucesos pasados que viene bien conocer de primera mano aunque solo sea para estar al tanto de los «antecedentes históricos». La mejor venganza —título que en español pierde bastante de la ambigüedad del original—, vuelve a ofrecer una sangrienta y descarnada historia, con menos dispersión de puntos de vista y algo más localista, pero igual de apasionante y emocionante que las anteriores. La venganza es un plato que se sirve frío, un plato que «cocinado» por Abercrombie adquiere sin duda un sabor especial... crudo, sangriento y peligroso.

La mercenaria Monzcarro «Monza» Murcatto, la Carnicera de Caprile, la Serpiente de Talins, líder de las Mil Espadas, es traicionada, ante el temor que le causa su creciente popularidad, por su contratador,  el duque Orso, quien aspira a convertirse en rey de Styria. Llevados a una encerrona, su hermano Benna es asesinado y ella es dada por muerta. Pero, contra todo pronóstico, gracias a las «técnicas» experimentales de un extraño curandero sobrevive a sus muy graves heridas, no sin arrastrar terribles lesiones y dolores que la acompañarán ya para siempre, y jura dedicar el resto de su existencia a vengarse de las siete personas que de una manera u otra participaron en la traición. A lo largo de un sangriento camino irá reuniendo en torno a ella a un heterogéneo grupo de guerreros, criminales, ex-convictos, envenenadores y gentes de muy diferente ralea, quienes van a ir aportando cada cual sus muy diferentes habilidades a la tarea.

El autor recupera para la ocasión a ciertos personajes secundarios de la trilogía original, como el norteño Caul Escalofríos, quien busca una nueva existencia tras abandonar el Norte con la intención de convertirse en una mejor persona; la ayudante de torturador Vitari, retirada de su anterior actividad y exiliada en Styria; o el alcoholizado ex capitán de mercenarios Nicomo Cosca, lejos de sus viejas glorias arrastrando con más pena que gloria su maltrecho cuerpo en busca de la próxima botella .Junto a ellos, además de algún otro «cameo» como un guiño a los lectores de La Primera Ley, un buen número de nuevos actores, llenos de peculiaridades y siempre dotados para causar la muerte de sus adversarios, como el insidioso envenenador Morveer y su siempre hambrienta aprendiza Day.

Es un grupo que se va a mantener siempre en un tenso e inestable equilibrio, unidos por el oro, y siempre dispuestos a traicionar, como buenos mercenarios, a su contratador cuando un nuevo postor aumente el pago. Entre ellos se van a establecer unas tensas relaciones llenos de celos, de rivalidades, de alianzas reticentes donde no se fían en absoluto los unos de los otros —y bien que hacen— lo que les va a llevar a cumplir reticentemente con su parte y, por tanto, a avanzar en su tarea más a trompicones que de manera ordenada.

Como una piedra lanzada a la tensa superficie de un lago las hondas que van a producir los anhelos justicieros de Monza van a desencadenar consecuencias insospechadas, llegando finalmente a influir incluso sobre el destino de tierras y reinos. Es cierto que todo tiende al caos, y el plan más perfecto puede liarse de la manera más peliaguda, y divertida, llevando a resultados inesperados. La acción abusa, sin embargo, quizá en un intento del autor de ofrecer el «más difícil todavía», de un excesivo buscar el camino más complicado y retorcido para eliminar a cada objetivo, cuando se antoja que, con los mismos elementos, habría planes mucho más sencillos y fáciles de ejecutar que los finalmente elegidos y ejecutados. Hay planes que se antojan excesivamente rebuscados, tensando la credibilidad de lo narrado.

Como gran acierto, Abercrombie tiene la habilidad de ir modificando la percepción que el lector tiene de los hechos conforme va avanzando la acción y se van desvelando ciertas peculiaridades del pasado de los personajes —vital importancia tienen los flash backs que abren cada parte del libro—. No todo es lo que parece ni mucho menos. Como ya sucediera en La Primera Ley, este sigue siendo un mundo cruel, sucio, duro, lleno de una enorme variedad de tonos de grises, donde los protagonistas hace mucho ya que perdieron la poca «inocencia» que pudieran haber tenido. Un mundo donde se vive y se mueve por la espada —o armas incluso más insidiosas, como el traicionero veneno—, lleno de violencia y de víctimas colaterales por las que nadie parece sentir lástima. Y es que toda moneda tiene dos caras, y todas ellas muestran una mientras la otra permanece oculta; así son los personajes de La mejor venganza, enigmáticos, conflictivos, complejos, carnales, llenos de dudas internas, modelados por las violentas circunstancias... No son precisamente simpáticos y cualquier esperanza de redención que se pudiera intuir para ellos se ve enseguida sepultada por un acto execrable, por una crueldad imperdonable que, sin embargo, parece inevitable, el único camino a seguir. Personajes que evolucionan, que cambian conforme se enfrentan a la crudeza de su objetivo, que luchan contra las circunstancias que los arrastran muchas veces sin ellos desearlo.

Al igual que sucediera con el inquisidor Sand dan Glokta en las obras precedentes, el autor gusta de construir y ofrecer al escrutinio del lector personajes con deficiencias y grandes taras, tanto físicas como psíquicas, como la misma Monza y las terribles secuelas que va a arrastrar en cuerpo y mente, o como Amistoso, el autista guardaespaldas, ex convicto, y su obsesiva necesidad de reducir todo lo que le rodea a números.

Es este un libro con un humor quizá menos directo que sus predecesores, tal vez porque la venganza es un tema muy serio y los que se dedican a ella no tienen tiempo para chazas; sin embargo sí que se incluyen un buen número de situaciones, diálogos y personajes divertidos, siempre teñidos, desde luego, de un habitual tono grotesco, negro y satírico. Un libro, como era de esperar, cargado de mucha violencia y gráficas descripciones de crueldad y muertes, combates, tortura, salpicones de sangre y muchos asesinatos por supuesto. Con una sexualidad que se muestra a flor de piel, no demasiado explícita en sus descripciones, pero muy presente en conversaciones y pensamientos además de en «acciones»; el sexo, casi como mero intercambio carnal, es tomado como una moneda más, como una palanca para conseguir lo deseado, o, en todo caso, como una molestia que no termina trayendo sino complicaciones y celos.

Poco a poco se desvela que la venganza no es una tarea sencilla ni carente de indeseadas consecuencias. No es precisamente una tarea limpia y parece no tener nunca fin cuando se entremezcla con los juegos del poder y la visión idealizada —para lo bueno y para lo malo— que el populacho tiene de aquellos que les gobiernan y que le lleva impulsivamente tanto a entronizarlos como a derribarlos de su pedestal dependiendo de veleidosas, y muchas veces incomprensibles, corrientes de popularidad. La memoria es corta y muchas veces el héroe de ayer es el villano de hoy, y viceversa.

Se trata de una buena historia, tal vez menos memorable, menos elaborada que la de su trilogía predecesora, pero que igualmente atrapa de principio a fin. Una historia de trama compleja a pesar de su «linealidad», llena de giros que mantienen la atención en vilo, siempre a la espera de la próximo sorpresa, que comienza de una forma casi intimista, personal, con un pequeño grupo cumpliendo su misión, para terminar de forma épica con la socorrida, y agradecida, gran batalla. Con una trama imaginativa e inteligente, cada nueva víctima ofrece un nuevo enfoque en el tono del relato, y quizá lo peor que se le podría achacar es la presencia de cierto personaje destinado a convertirse de forma algo anti climática en el deus ex machina que resuelva de forma inesperada cierto callejón sin salida y que no termina de encajar con el tono general del relato.

Y para terminar, una rotunda conclusión: cuando se asesina a alguien es mejor comprobar que se encuentra realmente muerto, si no, las consecuencias para los implicados y todos aquellos que les rodean, tengan algo que ver o simplemente «pasen por allí», pueden ser devastadoras. Por supuesto, como era de esperar con tan espinosos mimbres, no existe nada remotamente parecido a un «final feliz» para la aventura. Por muy fría que se sirva, la venganza no deja de ser un plato amargo condimentado de frutos estériles. Fantasía heroica oscura, realista y brutal.

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Reseña de otras obras del autor:



2 comentarios:

Lorena dijo...

Hola,
Hacía mucho que leía comentarios de este autor y cuando encontré este libro en la librería lo compré sin dudarlo.
Lo puedo resumir en una palabra: horrible. Uno de los peores libros que leí en mi vida. Es sencillamente un montón de violencia sin sentido. No hay trama, todos los personajes son lo mismo y el autor solo describe varias veces la misma masacre cambiando algún que otro detalle.
Primer y último encuentro con este autor.

Yago dijo...

Hola Lorena.

Veo que diferimos radicalmente con la opinión sobre esta obra. Te tengo que dar la razón en lo de la "violencia sin sentido" (¿hay algún tipo de violencia que tenga sentido?), en cuanto hay mucha y muy explícita en el libro (en general, en todos los de Abercrombie). Como digo al final de la reseña: "Fantasía heroica oscura, realista y brutal". Conozco a más personas a las que la imposibilidad de empatizar con los personajes, su amoralidad y su imposibilidad de redención, junto a la violencia desatada, les ha llenado de rechazo. En ese sentido es un libro duro.

Sin embargo, debo disentir profundamente con todo lo demás. El libro tiene una trama perfectamente estructurada en torno a los anhelos de venganza de la protagonista y la implicación en la misma de sus "aliados". Aliados, por otra parte, que no pueden ser un grupo más heterogéneo, cada cual bien diferenciado, con sus propia personalidad, intereses particulares y formas radicalmente distintas de reaccionar ante lo que va sucediendo.

En cuanto a los diversos asesinatos, muchos de los cuales terminan, efectivamente, en una masacre indiscriminada, no podrían ser también más diferentes uno de otro. De hecho, creo que es uno de los defectos del libro; el intento de buscar formas originales y distintas de llevarlos a cabo cuando lo anterior había funcionado (si tienes un experto envenenador y lo has utilizado con éxito, ¿por qué elaborar un complicado plan para clavarle un puñal en la espalda a la siguiente víctima y no utilizar lo que ya ha obtenido resultados positivos? [Es un ejemplo, no digo que suceda así en el libro]). Cada asesinato es diferente, hasta tal punto que varios de ellos ni siquiera podrían considerarse tales.

En fin, es lo bonito de los libros, que cada cuál tiene su opinión de ellos, y lo que a unos les gusta a otros les produce rechazo.

Saludos