lunes, 3 de septiembre de 2012

Reseña: Refugio del Viento

Refugio del Viento.

George R.R. Martin / Lisa Tuttle.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones Gigamesh. Col. Gigamesh ficción # 48. Barcelona, 2012. Título original: Windhaven. Traducción: Antonio Rivas. 341 páginas.

Tomando como punto de partida un tema «clásico» y ciertamente recurrente dentro de la ciencia ficción, como es el de una nave generacional que, por causas diversas, debe hacer un aterrizaje de emergencia en un planeta que no era su destino y en el que los supervivientes deben establecer una civilización limitada que no llega a emular tecnológicamente a la de origen, Martin y Tuttle escribieron en su momento tres historias, recopiladas luego en un solo volumen que es el que nos ocupa, en torno a la figura de una joven que deseaba tanto algo que cambió todo su mundo para conseguirlo. De alguna manera viene a demostrar que mucho antes de Canción de Hielo y Fuego, Martin ya escribía excelentes historias —aunque, sin duda, no tan voluminosas—, como en esta ocasión en que lo hace acompañado de la menos conocida —al menos en nuestro país— Lisa Tuttle, en una historia algo más intimista que Gigamesh ha tenido el acierto de recuperar dado que su anterior edición de Martínez Roca era más que inencontrable en la actualidad.

En Refugio del Viento, un mundo oceánico con un puñado de islas dispersas como única tierra firme donde intentar recrear la civilización, el duro clima ventoso, las condiciones atmosféricas, las fuertes corrientes y los mares poblados de peligros, como las escilas, llevó a los colonos a adaptar la vela solar de la nave espacial accidentada en un buen número de alas plateadas con las que un puñado de valientes, los voladores, pudieran surcar los cielos y mantener las comunicaciones entre los nuevos asentamientos: llevando noticias y mensajes, transmitiendo las canciones y los cuentos y manteniendo, simplemente, el contacto entre comunidades remotas. Muchas generaciones después los voladores se han convertido en una casta aparte, llenos de prestigio, de privilegios y de arrogancia, tan admirados por un sector de la población como denostados por otro, unas figuras llenas de romanticismo, protagonistas de historias y canciones que loan sus hazañas y el riesgo de sus misiones, pero que también llenan de envidia los corazones de los menos favorecidos.

En una sociedad que ha devenido casi en feudal debido a la ausencia de metales que permitiera mantener una civilización industrial, Maris, hija de pescadores, anhela poder volar con las alas de plata, pero su origen la ata al suelo; al menos hasta que es adoptada por Russ, un volador, y obtiene su deseo, aunque tan solo hasta que el hijo legítimo de éste, su primogénito de facto, cumpla 13 años, momento en que ella deberá cederle las alas sin importar sus sentimientos ni sueños. La tradición manda y Maris no puede oponerse a la fuerza con la que sus leyes están escritas, ¿o tal vez sí? Por razones ciertamente egoístas, se enfrentará al inmovilismo de su sociedad hasta conseguir que la acepten en sus filas, algo que sin embargo llevará consigo importantes repercusiones sociales y políticas en las que no había pensado y con las que deberá convivir.

El libro está compuesto por las tres historias, sucesivas cronológicamente, pero casi independientes, que los autores dedicaron a Maris y su «cruzada». Se trata de historias sencillas a la par que emotivas, libres de complejidades narrativas o de tramas paralelas, en las que los autores se «limitan» a seguir a Maris en tres etapas muy diferentes que de alguna manera responden a su vez a la clásica estructura de presentación —juventud—, nudo —plenitud— y desenlace —vejez—, con tres encrucijadas vitales donde la elección de camino podría modificar el destino de muchos. Unas narraciones con un creciente tono de melancolía, con el trasfondo de una forma de vida que de alguna forma está abocada a desaparecer, llevándose con ella una buena parte de sueños, que tiñe escenario de tonos crepusculares. Cada ala perdida es irreemplazable, cada volador que deja de volar aumenta el aislamiento de las islas.

Todo el relato se encuentra cargado de lírica, de poderosas y emocionantes imágenes en las escenas del vuelo contra los elementos, con personajes muy humanos con los que no es en absoluto difícil empatizar —tanto entre los que quieren cambiar las cosas como entre los más inmovilistas—. Las alas, cada vez más escasas debido a que las perdidas en diversos accidentes no pueden ser sustituidas, pasan de padres a hijos, sin dar la opción a alguien ajeno a soñar siquiera con conseguir formar parte del grupo. Y sin embargo, eso es lo que Maris se va a atrever a hacer, cuestionándose el valor de las tradiciones que la obligan a ella a ceder las alas de su padre adoptivo a su hermanastro Coll, hijo legítimo del volador, quien ni siquiera las desea ni muestra la habilidad de la joven con ellas. Y es tal la habilidad de los autores que es imposible no sentir, y compartir, sus anhelos.

Bajo el ropaje de lo difícil de conseguir los sueños y lo difícil de mantenerlos una vez conseguidos, se desarrolla en el fondo el eterno conflicto de la lucha de clases, de la cuestión si debe ponerse por encima la valía o la herencia. Algo ejemplarizado a la perfección no solo en Maris, sino también en su hermanastro, quien sueña con ser juglar, algo para lo que se encuentra muy dotado, pero no se atreve a desafiar a su padre ni a romper las cadenas de la tradición.

Y es bajo ese disfraz de aparente sencillez con una sola línea narrativa a seguir donde subyace una importante carga temática que invita a la reflexión: El cuestionarse las propias convicciones, el ser flexible ante las opiniones de los demás. El peligro del elitismo promovido por el inmovilismo de las tradiciones, que conlleva la arrogancia de esa «nobleza» auto mantenida en el tiempo, reacia a aceptar entre «los suyos» a nuevos miembros provenientes de entre los terranos, provenientes de fuera del tronco de las familias de los voladores. El triunfo de la perseverancia frente a todo obstáculo. La lucha por situar la justicia por encima de la comodidad y la costumbre, que lleva a hacerse responsable de los propios actos, sean cuales sean las repercusiones.

Una vez que se gana la batalla hay que lidiar con las consecuencias que trae la victoria, por inesperadas que sean, cuando la situación creada parece encaminarse en un nuevo rumbo que va mucho más allá de lo inicialmente planteado, superando cualquier expectativa. Hay que reconocer la responsabilidad y seguir luchando a pesar de que las propias convicciones digan lo contrario. No se puede esperar cambiar algo para uno mismo, acomodarse a la situación, y esperar que todo lo demás siga igual, pues cada acción tiene sus repercusiones, y aquellos que las originan no pueden o no deben hacerse a un lado. Martin y Tuttle le plantean a Maris —y al lector— la elección entre hacer lo cómodo o lo correcto, entre conformarse con lo que se tiene una vez obtenido lo deseado o seguir trabajando para obtenerlo para otros.

Refugio del Viento ofrece un relato absorbente, emocionante, delicioso y delicado en ocasiones, imaginativo, evocativo y cautivador en todo momento. Una historia de lo que cuesta conseguir los sueños y de lo mucho más que cuesta mantenerlos. Un relato de amistad y lealtad a través de las dificultades. Una lectura muy satisfactoria, aunque sin duda más cercana al intimismo reflexivo de Muerte de la luz que a la épica bélica de Canción de Hielo y Fuego. No hay batallas, ni apenas enfrentamientos más allá de los de los voladores contra la naturaleza. Sí hay bastante de política, de opiniones y formas distintas de ver el mundo, de lucha entre poderes que buscan utilizar a los otros como herramientas, sojuzgarlos para que sirvan a sus designios. También hay poesía, un canto a la libertad, a la justicia y la hermandad. Es, sin duda, un libro hermoso, recomendable para disfrutar con calma, paladeándolo hasta encontrarle el gusto, sin prisas, adecuándose al ritmo tranquilo del relato.