domingo, 23 de septiembre de 2012

Reseña: Tormenta solar

Tormenta solar.
Una odisea en el tiempo 2.

Arthur C. Clarke / Stephen Baxter.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría de Ideas. Col. Solaris ficción # 159. Madrid, 2012. Título original: Sunstorm. Traducción: Isabel Blanco González. 319 páginas.

Siendo esta novela continuación «directa» de El ojo del tiempo, lo cierto es que, aparte de las obligadas referencias a sucesos de la anterior y de compartir una de las protagonistas, ambos libros poco tienen que ver el uno con el otro. Si en El ojo del tiempo, con un tono de pura aventura, el lector podía encontrarse con un viaje a un planeta al que se han trasladado misteriosamente distintas parcelas temporales y geográficas de la Tierra con personajes relevantes de nuestra propia Historia, en Tormenta solar lo que va a descubrir es un relato contrarreloj sobre una amenaza planetaria que significaría el fin de nuestra existencia, con una trama menos «aventurera» y un contenido mucha más especulativo. En ese sentido, pocas de las preguntas que quedaban pendientes al final de la primera novela van a ser contestadas en esta, dejadas quizá para la tercera entrega.

La presente historia se desarrolla en una realidad paralela ligeramente divergente de la nuestra, con, por ejemplo, una mayor rapidez en la exploración espacial del Sistema Solar y en el inicio de su colonización. Algo imprescindible para poder desarrollar ciertos aspectos de la trama posterior.

Bisesa Dutt es devuelta a la Tierra, a Londres, el 9 de junio de 2037, tan solo un día después de haber sido «abducida» de la misma y habiendo vivido cinco años en el planeta Mir. Llega justo a tiempo de ver cómo el mundo sufre una importante tormenta solar, acompañada de un pulso electromagnético de tal magnitud que se convierte en una terrible catástrofe mundial, con gran cantidad de muertos, heridos y daños materiales al desconectarse todos los aparatos y máquinas eléctricas causando apagones, pérdida de los sistemas de comunicación, accidentes aéreos... Sin embargo, dos científicos que trabajan en la Luna advierten que dicha catástrofe puede no ser apenas nada comparada con el cataclismo que se avecina a cinco años en su futuro. Siobhan McGorran, astrónoma real, deberá hacer frente al problema, poniéndose al frente de un grupo de expertos que deben aportar soluciones al problema, aunque las mismas parecen ser muy limitadas.

La Humanidad se enfrenta a la extinción global, ¿serán capaces los distintos gobiernos de ponerse de acuerdo y remar en la misma dirección para intentar salvar lo que se pueda? ¿O, por el contrario, volverán a manifestarse las tradicionales tensiones —políticas, religiosas, territoriales...— que hacen que cada país o facción intente sus propias soluciones?

Surge así la posibilidad de llevar a cabo un mega proyecto que aunará los mayores esfuerzos, pero ¿será suficiente? Se trata de una obra de ingeniería espacial de dimensiones nunca vistas y que requiere de un esfuerzo conjunto difícil de alcanzar. Los implicados tendrán que enfrentarse a enormes problemas y desafíos tecnológicos; cada paso adelante supone un nuevo reto, una nueva teoría que superar, un nuevo material que descubrir y fabricar, un nuevo desarrollo técnico imprescindible..., la tensión es máxima y cualquier fallo o retraso puede resultar fatalmente letal. Se produce así una tensa carrera contra el tiempo, esos cinco años de plazo hasta que se produzca la catástrofe. No hay posibilidad de prórroga, si no se llega preparados a la cita todo habrá terminado.

En medio de la búsqueda de soluciones, hay cierto anglocentrismo en toda la novela. Y es que, a pesar de las menciones a otras naciones, los personajes británicos y estadounidenses, con ciertas «elecciones» más que cuestionables —¿el rey de Gran Bretaña en «ese» papel? ¿de verdad?—, son los que se llevan la parte del león. Como homenaje al propio Clarke hay una emotiva escena desarrollada en Sri Lanka y sus maravillosos monumentos y ruinas arqueológicas. NO falta también cierto elemento de crítica social, con las grandes fortunas del globo intentando buscar una forma de salvarse a sí mismas mientras los demás, como siempre, tienen que remar contracorriente.

La novela cuenta con todos los componentes de lo que sin duda podría convertirse en típico guión de una de las película catastrofistas a las que tan acostumbrado está el cine estadounidense; cuestión precisamente por la cual, es de suponer, los autores no se privan de meter unas cuantas pullas a Hollywood y su general falta de rigor científico a la hora de encarar este tipo de superproducciones. Y es que aquí, sin avasallar con excesos técnicos o tecnológicos ni con explicaciones excesivamente complicadas, se advierte el intento de que todo lo descrito —las teorías y sus presuntas aplicaciones— sea acorde a la realidad, lo más verídico posible, lo que acerca el relato al subgénero hard.

Dentro del mismo, la novela es de alguna manera un canto algo nostálgico a los grandes sueños de la exploración espacial y la colonización del Sistema Solar; además de al «invencible» espíritu de supervivencia de la especie, a la resistencia de la humanidad a desaparecer sin lucha. Es esta una novela de especulación de «grandes ideas», que utiliza temas muy queridos de la ciencia ficción más clásica para incorporarlos en mayor o menor medida a la trama: la estación espacial en órbita sobre nuestro planeta, la colonización de otros planetas del Sistema Solar incluyendo la base lunar permanentemente habitada por científicos, la construcción de una catapulta electromagnética en nuestro satélite para hacer más barato el transporte de ciertos materiales, el proyecto de ascensor espacial que permite una salida más económica hacia el espacio, la Inteligencia Artificial que acompañe a los humanos en su desarrollo de igual a igual...

Y, sin embargo, y a pesar de la intensidad y la sensación de catástrofe inminente que el texto busca en todo momento, a veces el mismo se antoja en exceso un «informe» —enormemente pedagógico eso sí— con una algo impersonal relación de los sucesos que van acaeciendo. La prosa es directa, funcional, sin florituras ni artificios, efectiva. Los personajes son apenas fachadas, actores dispuestos a recitar sus diálogos y salir por el foro, sin profundidad y con la mínima caracterización —y casi mejor, que para un momento de introspección madre-hija que hay resulta de lo más forzado, al igual que cierto «romance» que nada aporta sino distracción a la trama general—. La propia Bisesa tiene poco peso, a pesar de la gran importancia de sus intervenciones, y poco de su anterior personalidad se muestra aquí. Bien está que se encuentre algo traumatizada por la experiencia, pero poco queda de la mujer decidida y luchadora que el lector conociera en Mir.

La elección de hacer una novela coral, con muchos y cambiantes puntos de vista para abarcar toda la crisis, tampoco ayuda a la hora de profundizar en ciertos apartados que habrían sido muy interesantes y que se encuentran apenas desarrollados —el aspecto terrorista-religioso, por ejemplo—. Cierto es que entrar a conciencia en ciertos aspectos, secundarios si cabe, podría haber «engordado» la novela más allá de una longitud razonable y deseable.

Tormenta solar pertenece de pleno, pues, a lo que antaño se llamara «literatura de ideas», con muy interesantes propuestas y especulaciones, y con los justos y necesarios mimbres para sostener el entramado teórico-científico y el sentido de la maravilla buscado por los autores. Es una novela emocionante y entretenida, pero que nadie busque introspección psicológica o grandes y perdurables personajes. La trama de los Primogénitos y sus excesivamente complicados y retorcidos planes, retomada de la anterior entrega, sirve además para preparar, supuestamente, el camino a la tercera novela de la saga, que recibe precisamente el nombre de la raza alienígena como título: Firstborn. Esperemos que La Factoría no tarde tanto en publicar como el tiempo que ha pasado entre la que nos ocupa y su predecesora, y que para entonces se resuelvan aquellas cuestiones que quedan en el aire en esta ocasión (como la supuesta relación con el universo de 2001 y sus secuelas que deja entrever su portada y hasta ahora no termina de verse por ninguna parte).

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Reseña de otras obras de los autores:

    El ojo del tiempo (Una odisea en el tiempo 1).

Clarke, Arthur C. con Frederik Pohl:


Baxter, Stephen: