viernes, 5 de octubre de 2012

Reseña: El Atlético Invisible

El Atlético Invisible.
Una novela del Mundodisco.

Terry Pratchett.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Plaza & Janés. Barcelona, 2012. Título original: Unseen Academicals. Traducción: Gabriel Dols Gallardo. 459 páginas.

—Opino que el fútbol se parece mucho a la vida.
—Muy cierto, sheñor, muy cierto. Uno hace lo que puede y luego todo shon patadash en los huevosh.

Fútbol. O lo adoras o lo odias, y a muy pocos deja indiferente. Sin embargo, contra lo que pudiera parecer, este libro no va sobre el fútbol, no estrictamente, no al menos en lo importante. Va, como siempre en Pratchett, sobre la propia vida y el alma humana, aunque el protagonista sea un «trasgo» realmente peculiar. A lo largo de los años y los muchos libros dedicados al Mundodisco —este es el trigesimo séptimo—, el autor ha reflejado con su ácido humor multitud de temas que fácilmente se podían superponer con una sonrisa algo tensa sobre nuestra realidad. En esta ocasión su irónica visión va a diseccionar con acierto y diversión un tema tan polémico y que levanta tantas pasiones y discusiones estériles como es el «balón de pie».

Pero que nadie se preocupe si es de los que no les gusta el llamado deporte rey, que como es su costumbre, Pratchett no deja títere con cabeza e incluye a lo largo de la novela un buen número de subtramas tan, o más, interesantes que la principal, para dejar a todos sus lectores satisfechos: El mundo de la moda con sus candilejas, sus brillos y sus falsedades; el determinismo genético y el libre albedrío; las deliciosas empanadas con receta secreta de Glenda, la cocinera nocturna de la Universidad; la estratificación en clases de la sociedad; una historia de amor, muy a lo Romeo y Julieta —¿o son dos historias de amor? ¿O tres?—...

En la Universidad Invisible, entre tabla y tabla de quesos y otros «refrigerios», un «pequeño» problema ha venido a trastocar su funcionamiento. Los académicos deberán jugar un partido de fútbol si quieren conservar cierta propiedad, heredada bajo rigurosas condiciones tiempo ha, y que les garantiza una buena parte de sus ingresos. Si quieren conservar sus nueve comidas diarias y todos sus postres, los magos se verán en la necesidad de formar un equipo compuesto de profesores, alumnos y personal no docente de la Universidad y ganar al menos un partido ¡sin usar magia!

Pero lo primero es ver qué es eso del balón pie, conocer sus reglas, mezclarse con sus seguidores, asistir a algún partido, palpar el ambiente, meterse en el lío, y aprender a jugar, por supuesto. Además, Lord Vetinari parece empeñado en que el juego desarrolle unas reglas fijas y los magos han sido los «elegidos» para conseguirlo. ¿Serán capaces de lograrlo unos académicos a los que no define precisamente su capacidad atlética? ¿Podrán domesticar un «deporte» salvaje y callejero, ilegal, tan violento como popular, y llevarlo a un nivel «civilizado»?  

El fútbol, eso sí, se perfila como la excusa perfecta para profundizar en ciertas reflexiones sobre el sentimiento de pertenencia a un grupo, a una comunidad o a unos «colores», sobre el irracional comportamiento de las masas y los elementos que permiten la cohesión social, sobre el odio al diferente por el mero hecho de serlo, sin una base racional, y el juicio apresurado basándose en las apariencias, sobre la entronización de ciertos personajes por una serie de valores equivocados, sobre la pervivencia de las «tradiciones» por el mero hecho de ser lo que siempre han sido con una férrea resistencia al cambio, sobre el poder de la prensa y el nacimiento de las retransmisiones deportivas, las rivalidades entre instituciones académicas, los prejuicios y la discriminación, el racismo, el amor y la amistad incondicional, el sentido de la vida y la búsqueda del respeto ajeno, entre otras muchas. Y siempre con ese humor característico de Pratchett: brillante, limpio, divertido y ácido.

En el centro de todo el relato se encuentra Huebo, un «trasgo» algo especial, cuyo viaje de autoconocimiento, su búsqueda casi desesperado para obtener «valía», va a depararle —a él y a los que le rodean— algunas sorpresas inesperadas que van a poner en cuestión muchas cosas que se daban por escritas en piedra por la sociedad de Ankh-Morpork. Y a su alrededor gente tan interesante como Glenda, quien sabe lo que le conviene a los demás y hace unas empanadas cuyo secreto solo ella conoce, o su amiga Jul, tan hermosa como indecisa e ingenua, o Trevor Problemas, tan hábil con una lata con sus pies como decidido a nunca jugar al fútbol por una promesa hecha a su difunta madre, y Ponder Stibbons, acaparador involuntario de títulos dentro de la Universidad, bien acompañado del resto del cuerpo académico, salvo del decano que ha elegido ser archicanciller de una institución rival y va a darle más de un disgusto a Mustrum Ridcully, y con el bibliotecario de reflejos celéricos con un par de brillantes intervenciones...

Es esta una historia en la que el débil puede sobrepasar el fuerte, el hábil al matón, aunque en ciertos momentos no se sepa exactamente quién es quién. La historia de cómo el balón utilizado en el juego pasó de hacer clonk al caer al suelo a hacer gloing al ser botado. De cómo el amor puede triunfar contra las mayores adversidades y las convenciones de la sociedad. De cómo la manipulación puede traer algunas consecuencias positivas, aunque no esté a la altura de cualquiera..

Lord Vetinari, siempre tan artero, quiere «domesticar» un juego salvaje y brutal, incivilizado, y lo va a hacer como es su costumbre por medio de «terceros», sin implicarse ni «mojarse» en la resolución del problema, consiguiendo que al final todos hagan lo que él deseaba desde un principio sin que sean —la mayoría— conscientes de que han sido sutilmente dirigidos.

Amor —tranquilos, son romances pasados por el tamiz de Mundodisco—, moda, Historia antigua, luchas de clase... Y por supuesto hay balon-pié, o algo que se le parece bastante al menos, y habrá sin duda un partido desesperado, de resultado incierto, del que dependerán muchos destinos.

Si debiera encontrar un defecto en la novela, quizá fueran algunos «tiempos muertos» en la narración y el que llama la atención que algo tan popular, con tanto arraigo, con tanta rivalidad entre barrios, con tanta implantación social y de tan aparente importancia, no hubiera sido nombrado siquiera en ninguna de las anteriores novelas situadas en Ankh-Morpork, sobre todo en aquellas protagonizadas por la Guardia. Es el problema de seguir creciendo sobre la marcha, añadiendo por un lado elementos novedosos que no existían hasta entonces, como el servicio postal o el renovado sistema bancario, pero por otro aquellos que por antiguos ya debieran haber sido citados y que no obstante y contradictoriamente no se habían visto hasta el momento. Problema insoluble y menor, sin duda, y que tampoco tiene más solución que tirar hacia adelante.

El Atlético Invisible es una divertida y mordaz novela del Mundodisco, que lanza su diseccionadora mirada sobre el mundo del fútbol y la moda, perpetrada con un tono entre ácido y dulce, entre satírico y cariñoso, como antes ya lo hiciera sobre la política, la prensa o la banca. Sin, quizás, descollar a la misma altura que alguno de sus predecesores inmediatos, se trata de un libro de madurez de insospechada complejidad que invita a la relectura.


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