domingo, 23 de diciembre de 2012

Reseña: Entre extraños

Entre extraños.

Jo Walton.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

RBA libros. Col. Literatura fantástica # 4. Barcelona, 2012. Título original: Among Others. Traducción: Francisco García Lorenzana. 361 páginas.

Es esta novela un particular canto de amor por la Literatura y el género fantástico, una sincera y emotiva declaración de gratitud por las bibliotecas, por las librerías y por la existencia del fandom. A un mismo tiempo, es una auténtica guía de lectura de los libros «imprescindibles» del género de los años 70 del siglo pasado, cuando algunas de sus más celebradas plumas publicaban algunas de sus mejores obras. Entre extraños ha sido galardonado con el Premio Hugo, el Nebula y el British Fantasy; algo que, aunque no es garantía de nada por sí mismo, sí ejemplifica que es una obra que ha «llegado» a mucha gente. Se trata de una novela sobre la transición a la edad adulta de una joven que busca su lugar en un mundo en el que siente que no encaja del todo; una historia sobre lo que significa crecer en un ambiente ajeno, sintiéndose entre extraños, con unos gustos diferentes de aquellos que la rodean, embarcada en una búsqueda vital, y mágica, de su auténtico «ser» mientras deja atrás la adolescencia. El crecimiento y la formación de la personalidad de una joven de quince años que ha sido extraída traumáticamente de todo lo que conocía y tiene que ponerse bajo la tutela de un padre al que no había visto nunca, encontrando su solaz y refugio en los libros.

Narrado en forma de diario personal, la historia se abre con una pequeña escena situada en 1975, que de alguna manera sirve para poner en antecedentes al lector de los parámetros en que se va a mover el relato, discurriendo luego toda la narración entre septiembre de 1979 y febrero de 1980, versando básicamente sobre lo que sucede después del gran evento, cuando el enfrentamiento ha pasado y alguien tiene que recoger los pedazos y seguir viviendo con lo que le ha quedado. Es así un libro de supervivencia, de sobreponerse cuando las circunstancias vienen mal dadas y mantener la esperanza a pesar de todo el dolor, el sufrimiento y la incomprensión.

Morweena PhelpsMori—, quinceañera galesa del sur, es una lectora compulsiva, que va a plasmar en un diario sus vivencias. En medio de la narración de su día a día, y a través de pequeños detalles, el lector irá conociendo la triste historia de cómo su hermana gemela murió en un oscuro episodio, que a ella le dejó lisiada de su pierna izquierda obligándola a depender de un bastón, durante un enigmático enfrentamiento con su madre, descrita como una malvada y loca bruja —en sentido literal de la palabra—. Tras ello, Mori escapó de su casa terminando «exiliada» lejos de todo lo que conoce, en Inglaterra a cargo de un padre, Daniel, del que nunca había visto siquiera una imagen, y siendo ingresada por sus tres tías —hermanastras de Daniel— en Arlinghurst, un elitista internado en el que tendrá que hacer frente al ostracismo del resto de internas, mientras busca su lugar en el mundo, un grupo de personas afines que compongan su karass, algo que encontrará en los libros y en cierto club de lectura.

Surgiendo tras una historia de «hadas» diferente de lo habitual, el dramático episodio previo de cómo quedó lisiada va surgiendo muy lentamente, mediante pequeñas revelaciones y fragmentos de recuerdos hasta conformar el cuadro completo. Un cuadro, sin embargo, que genera ciertas dudas. Mori siempre ha podido ver a las hadas —o a aquellos seres que ella y su hermana llamaban «hadas»— e interactuar con ellas en cierta medida. Siempre han estado ahí para ella, llenando de magia su infancia y adolescencia. Una magia tan «retorcida» como sencilla. Llena de implicaciones y de saltos de fe, sin reglas fijas más allá de la intuición del practicante, con enormes ramificaciones y consecuencias imprevisibles que se extienden adelante y atrás en el tiempo. Una magia que puede modificarlo todo para conseguir sus objetivos, pero dando la oportunidad también de negar que haya tenido ningún efecto que no se pueda explicar por otras causas. Una magia tan etérea como las hadas que Mori ve, inaprensible e inexplicable, que se sirve de las coincidencias para actuar, de forma que nunca se sabe realmente si ha funcionado o si es que simplemente las cosas tenían que ser, y siempre han sido, de esa manera.

Así, ciertos detalles que subyacen en la historia, un diario al fin y al cabo, llevan a cuestionarse la existencia «real» de magia y de hadas o de si no se tratará tan solo de la fantasía de una adolescente con mucha imaginación y pocos amigos. Walton camina acertadamente en todo momento en el filo de la navaja. Frases dejadas caer como al descuido abren la narración a diversas interpretaciones, ofreciendo a sus lectores la posibilidad de que elijan la que más les satisfaga. ¿Es meramente un recurso defensivo de una joven con un rico mundo interior ante el rechazo de lo que la rodea o todo sucedió realmente como Mori lo describe? ¿Son las hadas reales o tan solo la metáfora de los amigos con gustos afines que está buscando? Al fin y al cabo, el lector tan solo va a conocer su versión de los hechos, sin más narrador que ella.

No es este un libro de «acción», ni siquiera de aventuras —aunque algo, sin duda, haya—. La mayor parte del relato discurre, de una forma casi intimista, con Mori yendo del internado a la biblioteca, y de allí a la librería, o a la cafetería, o al bosque, o a visitar a la familia que le queda en Gales, mientras hace partícipe al lector de sus lecturas compulsivas, de las opiniones que las mismas le suscitan y de las reacciones que le genera el sentimiento de estar viviendo entre desconocidos, en un ambiente ajeno, una etapa vital de su vida como son los quince años. Un tiempo de cambios, físicos y mentales, el paso a la edad adulta con todo lo que conlleva, sintiendo que de alguna manera no encaja en el sitio en que se encuentra: Una galesa de los valles en medio de las chicas inglesas de clase alta, con su elitista manera de hablar y pensar, enfrentándose a las peculiares, y a veces inexplicables, reglas del internado —lo que produce una serie de reflexiones ciertamente irónicas y divertidas—.

A pesar de su desubicación, o gracias a ella, Mori es una chica de gran personalidad, decidida, inteligente —destaca en todas las materias, salvo en matemáticas—, introspectiva, pragmática —a veces demasiado, pudiendo «racionalizar», e incluso justificar, ciertas cosas que a cualquiera parecerían imperdonables—, con firmes opiniones, y gran imaginación. A través de sus ojos, o de su pluma, Walton ofrece un canto a la tolerancia, a respetar al que es diferente por cualquier motivo, ya sea meramente físico, mental —de forma de pensar— o religioso. Y también a la superación de los obstáculos, de las dificultades de la vida, y de optimismo frente a todas las desgracias, de amor a la vida a pesar de la dureza de la misma en  muchos momentos.

La autora juega a la perfección con la melancolía intrínseca al relato con la nostalgia de los lectores de aquella época y los posteriores ‘80. Es una novela evocativa, llena de sentimiento, y de guiños cómplices. Y es que, aunque tiene muchas virtudes y aciertos como relato de una joven aprendiendo a conocerse a sí misma, creando su lugar en el mundo y relacionándose con una familia ciertamente disfuncional, no hay duda de que aquellos lectores que tengan la suerte de compartir la gran cantidad de referentes que aparecen mencionados disfrutarán en mayor plenitud de la lectura que quienes no lo hagan.  También es cierto que en los tiempos que corren es relativamente sencillo el acceso a los autores y obras citados, salvo los más «descatalogados».

Mori no se ahorra en ningún momento sus opiniones personales, sobre sus propios gustos, filias y fobias —reflejo sin duda de las de la propia Walton— acerca de Tolkien, Le Guin, Clarke, Zelazny, Lewis, Delany, Vonnegut, Asimov, Tiptree, Silverberg, Heinlein, Priest, Brunner, Dick, Herbert, McCaffrey... pero también T.S Elliot, Shakespeare, Platón, Mary Renault, Dickens... Cualquier lector que pertenezca o haya pertenecido a ese grupo tan indefinible como es el fandom, reconocerá fácilmente temas «eternos» puestos en boca de los protagonistas, que participan de un club de lectura de literatura fantástica: ¿Dónde están las fronteras dentro de los difusos márgenes entre ciencia ficción y fantasía? ¿Se puede meter a ambos en un mismo saco? ¿Es mejor ideas o estilo, o por qué no ambos?  ¿Es el fantástico un género meramente escapista o una invitación a la reflexión sobre el propio presente y el futuro? ¿Era Heinlein, o su obra, fascista?...

Entre extraños es un libro que puedo afirmar sin temor que he disfrutado de principio a fin, con valores eternos, muy bien escrito —o traducido—, posiblemente merecedor de los premios que ha recibido, muy agradable e introspectivo, y que no dudaría en recomendar leer..., pero ante el que también debo reconocer que se me hace difícil ser objetivo, sobre todo cuando en muchos momentos de la lectura parecía que Mori me estaba hablando directamente a mí, describiendo situaciones, opiniones y sentimientos que podría considerar míos —en cuanto a lo literario, ya que obviamente no soy una mujer, nunca estuve en un internado ni, por desgracia, jamás he sido capaz de ver a las «hadas»—. Sin duda, es otra clase de magia...

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