sábado, 29 de junio de 2013

Reseña: Semillas amargas

Semillas amargas.
Tríptico de Asclepia I.

Ian Tregillis.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Random. Barcelona, 2013. Título original: Bitter Seeds. Traducción: Gabriel Dolls Gallardo. 446 páginas.

El problema de las sinopsis de contraportada breves e impactantes es el de crear altas ―y posiblemente desencaminadas― expectativas que pueden llegar a defraudar al no cumplir de manera exacta las expectativas: “En los albores de la Segunda Guerra Mundial las fuerzas nazis cuentan con superhombres y las británicas con demonios de la naturaleza. Pronto, un hombre normal y corriente se verá atrapado entre los dos bandos”. Dicho así, uno se pone a imaginar enfrentamientos épicos, hombres voladores derribando aviones y destrozando con sus manos tanques y fortificaciones, demonios destruyendo ejércitos completos y arrasando ciudades..., pero no llega a ser, del todo, el caso, ya que Tregillis ha elegido un enfoque un tanto más «intimista» para plasmar su historia. Es esta una ucronía con sabor diesel punk, una Historia bélica alternativa con toques de fantasía oscura ―y si alguien está pensando en los inicios de Hellboy, salvando las muy evidentes distancias, no estaría tan desencaminado―.

Con el trasfondo bélico de la II Guerra Mundial presente, la trama de la novela se centra en un número limitado de protagonistas en una ambientación que tiene más que ver con el espionaje y las misiones encubiertas, tipo comando o de infiltración, que en los enfrentamientos superheroicos o las grandes batallas. Es una guerra soterrada, paralela a las grandes acciones y movimientos de tropas, subrepticia, secreta para la mayor parte de los combatientes en ambos bandos. Eso no quiere decir que no haya espectaculares escenas de acción ―las hay―, sino que las mismas se centran en la actuación de unos pocos individuos y no en grandes compañías de tropas o armamentos.

Raybould Marsh es un agente secreto de la inteligencia británica que, en plena Guerra Civil Española, recibe el encargo de sacar de la península a un científico al servicio de los alemanes que desea «desertar» y que podría revelar sorprendentes secretos sobre unas nuevas «armas» que el ejército nazi está probando en el conflicto español. Cuando finalmente Marsh logre contactar con este individuo, será tan solo para ver cómo es asesinado en circunstancias inexplicables. De la misión tan solo conseguirá rescatar un maletín muy deteriorado que contiene fragmentos de documentos y restos de una película que dan cuenta de una historia difícil de creer. Cuando la II Guerra Mundial finalmente se desate, las nuevas armas y su aplicación al conflicto van a hacer que la Historia se desarrolle de forma algo diferente a cómo la conocemos.

Y es que en el bando alemán, un «iluminado» científico, el doctor Von Westarp, lleva ya años experimentando en niños huérfanos, con diversas manipulaciones médicas y mediante impulsos eléctricos dirigidos a sus cerebros, para elevar su potencial y conseguir que desarrollen dones como la presciencia, la inmaterialidad, piromancia, invisibilidad, telequinesis... La presencia entre ellos de dos hermanos de origen gitano, Klaus y Gretel, dará al traste con la política de pureza racial del Reich, al no poder renunciar a sus valiosas aportaciones, poniendo de relieve la hipocresía de muchos de los mandos nazis.

Al otro lado del Canal una sección secreta de la inteligencia británica, que recibirá el nombre de Asclepia ―dando nombre también a la trilogía― responderá a la amenaza que estos super hombres y mujeres suponen convocando a su lado a una serie de «brujos» que, tras largas tradiciones familiares, son capaces de articular una lengua primordial y comunicarse, mediante ritos de sangre, con los eidolones, seres fuera del tiempo y del espacio poseedores de devastadores e incontrolables poderes.

Con toques de intriga, de ciencia ficción y de fantasía sobrenatural, Semillas amargas presenta, enfrentados en el conflicto bélico, una Alemania nazi cientifista contra una Gran Bretaña mitológica y mágica. El superhombre conseguido mediante experimentos e implantes quirúrgicos, cables y baterías eléctricas conectadas directamente al cerebro, frente al precio de la sangre que exige la ayuda de seres primordiales que tan solo buscan su propia satisfacción. Se desarrolla entonces una guerra oculta al enemigo ―y muchas veces al propio bando―, subterránea, apoyando en secreto los grandes movimientos de tropas, influyendo en las batallas un tanto en la distancia ―los superhombres alemanes son escasos y poco probados, y no pueden multiplicarse por los distintos frentes―.

La historia se convierte en un pulso entre los intentos de los superhombres alemanes de decantar el destino de la guerra a su favor y los intentos, cada vez más desesperados, de los brujos británicos de evitarlo, apoyándose incluso en poco fiables aliados. El desarrollo de los acontecimientos bélicos cambia sustancialmente debido a las intervenciones de unos y otros, variando en gran forma los parámetros que siguieron en nuestra realidad. Sin embargo, Tregillis, en vez de buscar una descripción generalista del conflicto, se decanta más por cierta introspección, prefiriendo centrarse en unos pocos individuos, aquellos que a la postre van a decantar la balanza hacia uno u otro lado, y en su evolución moral debido a las decisiones que deben tomar o en los actos particularmente crueles en que se ven envueltos, sobre todo en el bando británico, quienes tendrán que poner sobre el tapete el concepto del «mal necesario»: ¿Hasta dónde se puede llegar éticamente para ganar al enemigo? ¿Está justificado sacrificar a unos pocos para salvar a otros muchos? ¿Cuándo se hace demasiado alto el precio? ¿Es menos terrible ese sacrificio cuando se trata de anónimos desconocidos que cuando implica a familiares o amigos?

El autor va a llevar a sus protagonistas hasta el extremo, forzando su moralidad más allá de sus principios ―quien los tuviere ya de partida―, haciéndoles tomar decisiones imposibles que podrían destruir sus conciencias. Y todo ello, según van a ir descubriendo, fruto de una sutil manipulación de la que ninguno podrá escapar.

No se trata, en absoluto, de una lectura optimista. El tono narrativo es mayoritariamente sombrío, tirando a negro. Hay mucha desgracia, muerte y sufrimiento ―al fin y al cabo es una guerra, pero los poderes implicados complican aún más la ecuación―, y Trelligis no ofrece ni un resquicio de luz a tanta oscuridad ―y cuando parece que aparece ya se encargará de taparlo―. Los protagonistas se deslizan por una pendiente moral que les llevará a realizar actos impensables que manchan irreparablemente sus almas, cuestionando las motivaciones últimas que podrían llevarles a un grado de desesperación tal que les impulse a cometer semejantes atrocidades. Y es que, ¿cuándo se ha hecho todo lo «necesario» para vencer al contrario, cuánta humanidad se ha perdido por el camino?

Los personajes deben avanzar a través de todas las atrocidades de la guerra, de grandes sacrificios enfrentados a mezquinas ambiciones. Cuestionándose a cada paso el sentido de la responsabilidad, de aceptar las consecuencias de los actos y decisiones tomadas más allá de lo que les dictan sus conciencias o de lo correcto de poner el bien común por encima del bien individual con un inmenso coste personal.

Entre secretos, politiqueos, infiltraciones, persecuciones y huidas desesperadas, traiciones y arriesgadas misiones, la novela avanza en un crescendo, empezando presentando a los protagonistas con pequeñas acciones para ir poco a poco aumentando las apuestas y las vidas en juego. Conforme se va llegando al final, hay algunas decisiones, sobre todo estratégicas, que van a decidir el resultado de la guerra, algo cuestionables y que se escapan de la comprensión, cambiando malo conocido por malo por conocer cuando tal vez se podría haber resuelto con otras soluciones; también se echa en falta cierta espectacularidad en ciertas escenas o una mayor implicación directa de los superhombres en el frente de combate más allá de la «gira» en que se ven envueltos. Pero bien podría argumentarse que, al tratarse de la primera entrega de la serie, posiblemente el autor buscara más establecer el quién es quién y la nueva situación geopolítica en Europa que la acción desatada o una total coherencia.

Como primera parte del Tríptico de Asclepia, la novela se cierra razonablemente bien, con el fin de la contienda, pero dejando a los protagonistas embarcados hacia nuevos destinos y con una situación más que explosiva en el continente.