viernes, 5 de julio de 2013

Reseña: Las tejedoras de destinos

Las tejedoras de destinos.

Gennifer Albin.

Reseña de: Jamie M.

Alfaguara. Madrid, 2013. Título original: Crewel. Traducción: Montserrat Nieto. 428 páginas.

Destinada a las estanterías de la Literatura juvenil YA o, lo que es lo mismo, para “adultos-jóvenes”, conforme avanza la novela, y se van alcanzando algunas explicaciones, se puede afirmar que la tan de moda distopía ronda la escena, y aunque los toques de ciencia ficción a lo Matrix quizá no sean suficientes para justificar la adscripción al género, al menos, en su hibridación con la fantasía, intentan una explicación más allá de la simple magia. Temas como la manipulación del espacio-tiempo, el de la preservación de la juventud para prolongar la vida sin que se pueda aventurar la edad real de alguien, el viaje mediante una suerte de “teletransporte” o el de la “lectura” mecánica de mentes, apoyan bastante esta sensación, sobre todo si se junta a la explicación de lo que Arras, el mundo donde se desarrolla la acción, es en realidad (algo que hay que descubrir leyéndolo, claro). 

Adelice es una joven con un gran don que sus padres han intentado durante toda su vida que mantenga oculto. Ella es capaz de ver y tejer la urdimbre de la realidad, del espacio y el tiempo (siempre hacia el futuro, eso sí), arrancando o modificando los hilos del telar, afectando las vidas de las personas y a su entorno. Sin embargo, precisamente en el peor momento, comete un error, y será llevada a Coventri oeste donde se la instruirá para convertirse en una tejedora.

La narración sigue el relato de la protagonista en primera persona, con lo que el lector sólo va a conocer lo que la propia protagonista principal conoce, descubriendo todo un mundo nuevo a través de sus ojos. Algo, sin embargo, que también favorece que los demás personajes solo estén caracterizados a través de lo que de ellos transmite Adelice, quedando alguno, por desgracia, un tanto “plano”.

La protagonista es una joven de dieciséis años bastante confusa sobre cómo debe actuar. En realidad no sabe qué esperar de su vida ni tiene unas metas hacia las que avanzar. Parece que en todo momento, hasta prácticamente el final de la novela, está tan sólo reaccionando a lo que le sucede, sin tomar decididamente las riendas de su vida y limitándose a dejarse llevar por los acontecimientos. Se nos presenta como una joven que desde la infancia ha sido educada por sus padres para pasar desapercibida, pero sin que le explicarán el porqué debía hacerlo, ni ella se lo preguntara.

Adelice se mantiene en equilibrio inestable entre su inteligencia y su ingenuidad. Su desconocimiento de la situación en la que se ha visto embarcada, cuando por fin es llevada al conventri bajo las peores circunstancias, hace que se sienta bastante perdida; sin embargo su fuerte personalidad, su lengua demasiado rápida y afilada, y su escaso don de gentes, conspiran contra ella para que no pueda encontrar amigos ni aliados que “dulcifiquen” su existencia, con lo que es muy difícil establecer una vía de actuación que la saque del ostracismo, además de que consigue poner en su contra a toda persona poderosa con la que se cruza.

Y es que pronto es lanzada sin preparación alguna a las procelosas aguas de la política, tanto la interna del coventri con su lucha intestina por el poder, como a la externa de todo Arras, con la posibilidad de observar las injusticias que el sistema instaurado perpetra sobre sus ciudadanos. Y es que Arras es un mundo ciertamente especial y peculiar, construido sobre mentiras y cuyos habitantes viven bajo una despiadada tiranía aparentemente sin siquiera saberlo. La Corporación domina a las tejedoras y las tejedoras dominan el tejido de todo el mundo. La actuación sobre el “hilo” de una persona puede modificar su comportamiento, borrar o cambiar sus recuerdos, o simplemente hacerlo desaparecer. Todo el tejido productivo, el clima, los cultivos, el transporte..., depende de la actuación de las tejedoras e hilanderas, algo que saben perfectamente los hombres en el poder.

Eso ha fomentado una sociedad férreamente controlada, con una brutal segregación por sexos, donde las mujeres se encuentran oprimidas y dominadas en todo por los hombres, y donde incluso chicos y chicas crecen en barrios separados, y donde la Corporación detenta la potestad de decidir si las mujeres pueden o no mantener relaciones (por ejemplo, las tejedoras deben mantenerse célibes), con quién deben casarse y el número de hijos que deben tener. Un gobierno totalitario hasta el milímetro, con la capacidad de erradicar del tejido de la realidad a cualquier disidente rebelde o persona molesta, consigue que el pueblo viva en una especie de bendita ignorancia de lo que en realidad sucede. Cada persona tiene su lugar, y el mal comportamiento o la “desviación” de lo establecido es “lobotomizado” de tal forma que nadie recuerde que ha tenido lugar.

Conforme avanza la trama, Adelice va constatando más de estas injusticias y descubriendo nuevas aplicaciones de su “don”, la historia se ve salpicada. de forma ligera en esta ocasión, con el inevitable triángulo que propicia la tensión romántica. Una atracción que sustenta en la presencia de Erik y Jost, y que se resuelve bastante pronto en los pensamientos de la protagonista, así que no hay un gran misterio ahí. Erik es todo un playboy, guapo, elegante, arrogante y se mueve dentro de los círculos de poder de Coventri oeste, aunque ciertos toques de inesperada delicadeza parecen indicar que no todo es cómo sugiere su apariencia. Jost es el jefe de los mayordomos del lugar, atractivo, rudo, en apariencia sincero, fuerte y rebelde, pero que bajo su estoica fachada parece ocultar demasiados secretos. No obstante, dentro de un ambiente de eterna sospecha dentro del coventri, la autora juega a la perfección la baza de en cual de los dos puede o no confiar la joven, si es que puede hacerlo en ninguno de ellos.

A pesar de ser una novela declaradamente feminista, lo cierto es que no hay grandes personajes femeninos en los que apoyarse, siendo, en general, los masculinos, buenos y malos por igual, bastante más interesantes. Es complicado denunciar la opresión femenina cuando la mayoría de la mujeres de la novela no sólo están conformes con ella, sino que la apoyan activamente, cuidándose mucho de salirse de su papel y limitándose a aspirar a una vida de lujo, glamuor y maquillaje que las lleve a que su foto aparezca en la portada del “Boletín” (al parecer, única revista permitida por el “régimen”). Cierto es que cualquier desviación del status quo podría ser fácilmente erradicada cortando los hilos del telar, pero se antoja que al menos las tejedoras podrían hacer algo más por modificar la situación, limitándose sin embargo a perpetuarla. Lo cierto es que la denuncia de la cosificación de las mujeres, de la visión que de ellas se presenta como meros "objetos bonitos", no termina de funcionar.

Hay que advertir también que Las tejedoras de destinos es la primera entrega de una serie y que, por tanto, “no termina”: Más bien al contrario, justo cuando todos los parámetros de la situación en que se ha encontrado Adelice hasta el momento dan un vuelco enorme y todo parece derrumbarse a su alrededor, el libro (que no la historia) finaliza dejándola encarando un azaroso futuro. Un futuro que deberá ser narrado en Altered, previsto (en su publicación original en inglés) para octubre de 2013.