miércoles, 14 de agosto de 2013

Reseña: Un mal necesario

Un mal necesario.
Tríptico de Asclepia III.

Ian Tregillis. 

Reseña de: Santiago Gª Soláns. 

Random. Barcelona, 2013. Título original: Necessary Evil. Traducción: Gabriel Dolls Gallardo. 541 páginas.

El cierre de la trilogía del Tríptico de Asclepia, empieza con una breve exposición de la historia de Gretel desde que es «vendida» junto con su hermano al doctor Von Westarp, quien los va a utilizar como objeto de sus investigaciones «médico-tecnológicas», hasta el cierre de La guerra más fría con ese inesperado cliffhanger que daba una sorprendente vuelta de tuerca a la historia. Y de allí la acción de Un mal necesario se sitúa de nuevo en 1940, en plena II Guerra Mundial, cuando los tejemanejes del capitán de corbeta Liddell-Stewart empiezan a interferir en las maniobras de Asclepia para hacer frente a la amenaza de los superhombres alemanes que podrían darle al Reich la supremacía sobre Europa. Tregillis ofrece un cierre a la altura del resto de la serie, imaginativo y sorprendente, a través de una ucronía oscura con un sustrato de intriga bélica que envuelve una historia de amor enfermizo y desesperado. El destino del mundo está en juego y todo parece depender de que los actores implicados confíen en las acciones de una vidente desequilibrada que tan sólo parece buscar su propio provecho. ¿Serán capaces de llevar a cabo los sacrificios requeridos por muy duras que sean las consecuencias para sus conciencias?

Si no se han leído las dos anteriores novelas sería muy recomendable no leer de antemano la sinopsis de ésta, pues merece mucho la pena no conocer de forma previa el final de La guerra más fría. Además, Un mal necesario no es, en absoluto, un libro independiente, sino que requiere imprescindiblemente la lectura de las predecesoras para su total comprensión y disfrute. Advertidos quedan.

La historia ya está lanzada, así que Tregillis no da un momento de respiro ni de recapitulación, sino que embarca a sus lectores en una nueva serie de giros argumentales que han de llevar a sus protagonistas a encauzar el rumbo de la II Guerra Mundial y a salvar al mundo de la terrible amenaza de los eidolones, algo de lo que muy pocos de ellos son conscientes. Esta frenética actividad consigue también que se pase como de puntillas sobre ciertas inconsistencias en la descripción de la vida en el Londres de la época, así como de la existencia de ciertas paradojas irresolubles o de decisiones precipitadas y algo incongruentes ―¿de verdad aceptaría Mars, o cualquiera, en tiempos de guerra esas órdenes de un desconocido en medio de la noche?―, que quedan hábilmente camufladas y, al fin, perdonadas en una trama aventurera de acción realmente subyugante.

Parece que, después de décadas manipulando el destino, los complejos planes de Gretel están a punto de cosechar sus frutos. La casi enfermiza obsesión que ha movido su vida queda expuesta a la vista, sin rebajar un ápice la frialdad de sus manipulaciones, pero haciendo que de alguna forma adquiera un atisbo de humanidad; cruel y patética, asocial y aterradora, la vidente descubre el coste de su juego para modificar el destino y quizá no fuera en absoluto un precio que estuviera dispuesta a pagar. 

Marsh se demuestra como un hombre tan absolutamente enamorado que sería capaz de hacer cualquier cosa, cualquier sacrificio por terrible que fuera y por mucho dolor, propio y ajeno, que supusiese causar. En su intento de mantener a sus seres queridos con vida va a tener que tomar unas decisiones moralmente cuestionables.

Es de destacar la enorme labor de planificación que el autor debió llevar a cabo aún antes de empezar a escribir siquiera el primer libro. Como un puzzle en tres dimensiones ―más bien en cuatro, como queda claro― algunas de las piezas de apariencia deslavazada que habían ido apareciendo en las anteriores entregas encuentran su lugar, dando a la historia su auténtica dimensión. Los hilos que quedaban sueltos terminan bien atados y los detalles inexplicados encuentran su solución ―que sea aceptable o no, dependen del juicio de cada lector―. Todo termina encajando sin traicionar la naturaleza de lo narrado con anterioridad.

Sin volver a contar, en absoluto, la misma historia desarrollada en el primer libro desde un nuevo punto de vista, sí que hay escenas de esa primera entrega, Semillas amargas, que son expuestas desde un nuevo enfoque, de forma que acontecimientos ya conocidos adquieren, bajo esta nueva luz, un diferente significado y lectura. Frases aparentemente dichas al azar, incoherentes; encuentros inexplicables ―e inexplicados― con misteriosos personajes que parecían no tener cabida en la trama; detalles inconexos o manipulaciones sin una finalidad comprensible; mensajes crípticos... cobran al fin sentido.

Con un ritmo rápido y ágil, la historia se enreda sobre sí misma, localizándose principalmente en diversos escenarios de Londres, pero saltando también a Berlín, a la granja de von Westarp y hasta Egipto o las islas Shetland. Como principal novedad narrativa destaca la primera persona utilizada para las escenas de Liddell-Stewart, intercalada en el narrador en tercera persona que sigue ―como fuera regla en las dos primeras entregas― al resto de personajes, principalmente Marsh, pero también un buen número de intervenciones de Gretel o Will.

Sin olvidar que el objetivo es el entretenimiento, el tema subyacente a lo largo de toda la trilogía, como indica el título de la novela que nos ocupa, se sitúa aquí en el centro de los focos: la justificación, o su intento, de ese mal necesario que se ve obligado a aceptar quien busca en teoría un bien mayor sin encontrar otro camino. Un mal necesario, eso sí, que se lleva un buen pedazo del alma de los implicados y que acaba con cualquier atisbo de su conciencia, convirtiéndolos tal vez en los monstruos que buscaban combatir. Plantea Tregillis una y otra vez la pregunta de cómo se puede engañar a sí mismo un ser humano para cometer tales atrocidades y seguir adelante con su vida, cómo llega a afectarle, cómo a veces resulta tan sencillo ver la proverbial paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio... Surge así de forma natural del intenso relato una exploración de la naturaleza humana en circunstancias extremas. La desesperación, el amor, la familia, la confianza y la lealtad, el optimismo, la negación, la crueldad, el sacrificio, la traición... 

Un mal necesario posee, tras un trepidante y explosivo acelerón, un final agridulce. Las semillas amargas plantadas hace ya tiempo han dado, como no podía ser de otra forma, un fruto igualmente amargo y duro de digerir, y la historia alternativa que allí se planteaba, de superhombres, brujos y demonios que cambiaban el devenir de la II Guerra Mundial tal y como la conocemos en nuestra realidad, obtiene aquí un cierre totalmente coherente y satisfactorio, quizá no inesperado, pero sí tan triste y duro como hermoso. 

Mención aparte merece la edición española por parte de Random, publicando los tres volúmenes de la trilogía en un lapso de apenas cinco meses, con tapa dura con sobrecubiertas, agradable tamaño de letra y un precio realmente atractivo. Una edición que facilita leer la serie completa en un breve tiempo, sin esperas apenas, casi de corrido, permitiendo así disfrutar de toda la obra sin que se lleguen a olvidar detalles importantes en la espera entre un libro y otro. Quizá hubiera sido más deseable que se hubiera elegido un mismo traductor para los tres libros, pero es un detalle que no enturbia en absoluto una magnífica edición. Chapeau.

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