lunes, 16 de septiembre de 2013

Reseña: Esa dulce sonrisa que te dejan los gusanos

Esa dulce sonrisa que te dejan los gusanos.

Alberto García-Teresa. 

Reseña de: Santiago Gª Soláns. 

Amargord ediciones. Col. Cana negra Microrrelato # 7. Madrid, 2013. 92 páginas.

Nos encontramos ante un título más que descriptivo ―y apropiado― para esta colección de narrativa ultra breve. Cuentos que van descarnando el hueso, liberándolo de toda protección, de piel, de músculos y tendones, desvelando con dolorosa ternura el rictus que deja el sentimiento del horror y la muerte. Con esta obra, junto a Un escarabajo de siete patas rotas, de Santiago Eximeno, Amargord ediciones inicia la colección Microrrelato, integrándola dentro de la ya existente Cana Negra, en la que irán incluyendo recopilaciones de ficción brevísima con un toque oscuro como Medidas diferentes, de David Jasso, Mosquitos en tu alcoba, de Nuria C. Botey y Bestiario, de Jacques Fuentealba.

Alberto García-Teresa es un poeta laureado y ampliamente traducido, y, tal vez por ello, me esperaba algo más de poesía en estas obras cuando lo que el lector se va a encontrar es una prosa directa, depurada y dura. Es verdad que algunos de los cuentos no están exentos de cierto lirismo macabro, de metáforas tenebrosas e imágenes impactantes, pero también lo es que el autor se recrea más en la virtudes de una escritura sin exceso de florituras yendo directamente a la yugular. 

Para la ocasión ha reunido una colección de reveladores relatos ultra cortos, que van desde apenas dos líneas a no más de una treintena los más «largos», que, tratando multitud de temas, buscan más que nada el sorprender a sus lectores no tanto con el habitual «giro» que ofrezca nueva luz sobre lo narrado, sino ofreciendo visiones tenebrosas de situaciones aparentemente inocentes. Cuentos que dan voz a la mente del sociópata, del asesino, de cerebros desequilibrados que buscan explicar qué puede haber detrás de los más incongruentes crímenes, de situaciones irreales, de zombies, necrófagos, fantasmas y otro tipo de seres sobrenaturales, y de gusanos paladeando su comida. 

Microrrelatos que buscan provocar una reacción en el lector, forzando la reflexión y la duda, con decididas pinceladas de crítica social ―a veces, brochazos excesivamente gruesos―, políticamente muy concienciados con un mensaje que eclipsa en ocasiones la factura evocativa de su «ropaje», al no ser el vehículo más habitual, aunque no menos idóneo, para ciertos pensamientos.

El autor se decanta firmemente por el horror, por la sangre y las vísceras, aunque no renuncia a un toque de ternura cuando es más necesario. Son cuentos que juegan con los elementos que bordean la oscuridad en los rincones de la mente a los que apenas les quitamos el polvo porque preferimos mantenerlos en penumbra. Cuentos inquietantes y perturbadores, enfermizos, estremecedores, sugerentes, tiernos... Microrrelatos divertidos, que arrancan sonrisas, y sombríos, que producen escalofríos, conviven uno detrás de otro, forzando al lector a dejarlos reposar al terminar cada uno, para poder paladear con mimo lo que García-Teresa entrega en tan breves palabras.

Junto a pequeñas y delicadas, aunque horripilantes, joyas, unos pocos pecan de un excesivo cripticismo, de ser guiños privados de cara a personas afines y conocidas. Algunos son abiertamente surrealistas, bordeando intencionandamente el chiste; otros profundizan en el horror de lo cotidiano. Todos beben de una ironía con un cierto desencanto, de una constatación de la egoísta condición de la naturaleza humana para con el prójimo, y contienen un mensaje que sigue dando vueltas en la cabeza cuando se cierran sus páginas tras el punto final. 

Píldoras breves para sobrellevar la vida ―y la muerte―, con un toque de irreverencia y mucha ironía, algo de tristeza, y una pequeña invitación sangrienta a la reflexión, con mucho horror y locura. Sólo para mentes fuertes y paladares acostumbrados a ciertas delicatessen que nunca indigestan, pero confunden ―y hacen pensar―.