sábado, 15 de febrero de 2014

Reseña: Batalla de reyes

Batalla de reyes.
Profecía de Merlín, I.

M.K. Hume.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Grijalbo. Barcelona, 2014. Título original: Prophecy: Clash of Kings. Traducción: Gabriel Dols Gallardo.509 páginas.

Después de su trilogía dedicada al Arturo más «histórico», M.K. Hume decidió con esta nueva serie echar la vista atrás y retroceder un poco en el tiempo para ofrecer su particular visión de los orígenes y adolescencia del más conocido mentor del aquel: Myrddion Merlinus, más conocido en la tradición como el «mago» Merlín. Y lo hace decantándose en su faceta de sanador y estudioso por encima de su versión de hechicero. Alejándose de planteamientos más «fantásticos» la autora busca un enfoque de ficción histórica para su versión, buscando más el realismo que la magia, aunque introduciendo con estricta dosificación elementos sobrenaturales como el don de la profecía que se despierta en el joven de forma dramática. Es este un relato de crecimiento, de la forja del carácter de un adolescente apasionado por el saber, de las circunstancias que lo vana ir modelando, de los tiempos convulsos en que crece, de las decisiones que se ve obligado a tomar, de los muchos aspirantes a rey en la Britania y el Gales pre artúricos y de sus múltiples enfrentamientos. En definitiva, de los primeros pasos de un muchacho hacia el hombre que habría de convertirse en leyenda.

Principios del siglo V. Tiempos revueltos entre las muchas tribus que se disputan la posesión de las tierras de los celtas. Tras el abandono de las legiones romanas de las islas británicas, una inestable paz se extiende bajo el reinado de Vortigern. Sin embargo, su desconfianza hacia su propia gente y sus segundas nupcias con Rowena, de ascendencia sajona, hace que se rodee de un buen número de guerreros procedente del continente, estableciendo unas tensas relaciones entre celtas y sajones. La vuelta del exilio de Ambrosio para reclamar su derecho al trono, las ambiciones de los hijos del primer matrimonio de Vortigern, Vortimer y Catigern, y la insatisfacción de los recién llegados sajones que aspiran a conseguir sus propias tierras, harán estallar en pedazos la inestable paz propiciando el «choque de reyes» del título original.

En la costa de las tierras de los deceanglos, a la vista de la isla de Mona, lugar de exterminio de los «últimos» druidas, se encuentra la villa de Segontium. Allí, rechazado por su propia madre que lo acusa de ser fruto de la semilla del demonio y criado por su abuela que lo ama con locura, crece un tanto marginado Myrddion Merlinus, bisnieto de Melvig ap Melwy, rey de los deceanglos. Su único solaz son sus tareas como aprendiz de la sanadora Annwynn en las artes de la curación, para las que pronto demuestra gran habilidad. Pero, por un giro del caprichoso destino, parece que su futuro no es precisamente halagüeño, al convertirse en víctima propiciatoria de las ambiciones del poderoso Vortigern. Sin embargo, Myrddion está destinado para la grandeza.

Según una profecía, para mantener su reinado, el gran rey de los britanos norteños de Cymru debe reconstruir la fortaleza de Dinas Emrys, pero a pesar de todos sus empeños, recién reconstruida su torre se derrumba. Sus consejeros hechiceros, cubriéndose las espaldas para mantener sus privilegios, le dicen que para que los muros se mantengan en pie, debe mezclar la sangre de un medio demonio con los cimientos de la obra, algo que desatará una «imposible» búsqueda que, sin embargo, terminará con la captura de Myrddion, marcado con tal estigma desde su nacimiento por su propia madre. El intento de sacrificio humano despertará el don profético del muchacho, poniendo en movimiento una serie de acontecimientos que marcarán el futuro devenir de las islas, sumiéndolo en la violencia y los enfrentamientos.

A la hora de articular su particular versión del personaje y su época Hume se decanta por un acercamiento «historicista» de un periodo con muy pocas fuentes fiables, deudoras más de las leyendas que de auténticos anales fidedignos, con un enfoque de visión realista del mito pre artúrico y de todo lo que lo rodea. La autora, dada la escasez de datos verificables, busca en todo momento conseguir al menos la veracidad de lo narrado, ofreciendo una versión lo más realista posible de, por ejemplo, las fuerzas implicadas en los diversos conflictos, con un número certero y limitado de tropas, alejándose de la tentación de incluir inmensos ejércitos para poner en su justo lugar las cifras de los combatientes en una guerra de la época. Los hechiceros y adivinos, consejeros de los grandes reyes, supuestos hombres sabios que influían en gran manera en las decisiones más importantes, se muestran en sus debilidades, con más engaños que auténticos poderes. Curanderos con escasos conocimientos reales y charlatanes que sólo buscan su propio provecho con malas praxis o poniendo la vida de sus pacientes en manos de los dioses correspondientes. Falsos hechiceros y profetas, magos que usan más de la prestidigitación y el palabrerío que de auténticos poderes.

Los lectores asisten así a la historia de un Merlín adolescente, pero un adolescente que crece en una época medieval llena de enfrentamientos y guerras, de superstición, de muertes violentas. Una época en la que había que madurar muy deprisa, sobre todo si eras un muchacho odiado y marginado por todos los de tu edad, y considerado un medio demonio por todo el mundo. Myrddion es un sanador, un estudioso, un hombre de ciencia, con facilidad para aprender y que gusta de investigar las causas de las cosas, que se aleja de supersticiones, y que aplica conocimientos clásicos de medicina a sus tareas. Aún poseyendo el don de la profecía, del que de alguna manera reniega, la versión de Hume se aleja de la más extendida del Merlín hechicero de grandes poderes mágicos, buscando apartar los velos de los mitos y leyendas que envuelven al personaje para dotarlo de una personalidad «real», para humanizarlo. Presenta a un Myrddion muy «despierto», dotado de gran intelecto y buenas dotes de observación, con inclinaciones científicas y un amor tan grande por la vida que le lleva a ayudar incluso a sus peores enemigos.

A través de un eficaz trabajo de documentación, integrándolo con habilidad en la narración, Hume refleja las usos, costumbres y modos de vida cotidianos entre las gentes de la época: los cultivos, la gestión de las haciendas, el papel de las mujeres, el ritual de presentación de los recién nacidos, los ritos funerarios y mortuorios, los diferentes enfoques religiosos, desde un residual druidismo a un incipiente cristianismo visto todavía con mucha desconfianza, pasando por los diversos panteones de los celtas, sajones, pictos y otras tribus cercanas, y las reminiscencias de la cultura romana, conformando una mezcolanza que habla mucho de la tolerancia imperante entre todos ellos...

Hume usa una prosa un tanto «distanciada», entre la crónica histórica y la pura ficción, con grandes muestras de «didactismo» sin caer en el mal del abuso de datos y fuentes. Integra bien el conjunto, pero en determinados momentos da cierta sensación de desapego, de docudrama. La dramática escena del engendramiento de Myrddion ―la perfecta explicación racional para la leyenda de Hijo del Demonio que siempre ha arrastrado la figura del Merlín mitológico que aparece en el ciclo artúrico más clásico― está narrada con tan poca implicación emocional que al lector le cuesta empatizar. Luego la cosa mejora, y mucho, aunque el «distanciamiento» no llega a desaparecer del todo.

El lector no se va a encontrar con la profusa descripción de grandes batallas, no va a verse salpicado por la sangre ―aunque ciertos fragmentos no se encuentran en absoluto exentos de épica― o asistir a grandes duelos; sino que Hume le ofrece un análisis casi de crónica histórica con los movimientos, avances y fintas de los diferentes aspirantes a reinar, con una vista a «ojo de pájaro» de todo lo que está sucediendo. La presencia de Myrddion como sanador entre los heridos permite a la autora «hurtar» buena parte de los combates, describiendo más bien sus demenciales resultados. Eso no quiere decir que la guerra no esté casi siempre presente, sino que en muchas ocasiones se presente mediante el uso de inteligentes elipsis.

Hay, es cierto, escenas de enorme brutalidad y violencia, generalmente en torno al trato recibido por algunas de las mujeres de alguna manera implicadas en la acción, y de inesperada nobleza entre los supuestos enemigos. Sin llegar a un feminismo militante, sí que se nota cierto maniqueísmo en la definición de las relaciones entre hombres y mujeres, en las descripciones de las decisiones y acciones de los personajes y del mundo en el que se mueven. Un discurso que «choca» un tanto con el entorno en que se mueven, aún proviniendo de algunas sociedades con marcado carácter matriarcal ―o eso se supone―.

Por momentos el relato se aleja de Myrddion para retratar los convulsos tiempos que se están viviendo. Las batallas entre sajones y celtas; entre Vortigern y sus hijos Vortimer y Catigern; las maniobras de Ambrosio, hermano de Úter Pendragón; las ambiciones de tierras de los hermanos sajones Hengist y Horsa, y su aplicación de inteligentes y novedosas maniobras militares; el asedio de Glevum... se encuentran profusamente descritas, acompañadas además de ciertos dibujos y planos con los esquemas de las contiendas ―que, eso sí, quizá hubiera sido más conveniente situar al final de su capítulo correspondiente y no antes, porque pueden llegar a «chafar» alguna sorpresa―.

A un tiempo, hay otras muchas pequeñas historias dentro del relato general: la relación del joven con su bisabuelo, la creciente locura de Branwyn, el destino de Olwyn, abuela de Myrddion, y de su segundo marido Eddius, la rebelión de los sajones, el cautiverio de Rowena... Entre ellas destacan las escenas con pinceladas de la vida de Gorlois, el Jabalí de Cornualles, con su jovencísima esposa Ygerne, viviendo su felicidad en Tintagel, conociéndose primero y criando a sus dos hijas después, ajenos a lo que el futuro ―al menos según la leyenda artúrica, que aquí no se alcanza todavía ese punto― les depara.

Batalla de reyes se cierra en un punto de inflexión de la historia en un momento cargado de posibilidades. Un horizonte totalmente diferente se abre ante Myrddion y muchos cambios, incluso geográficos, parecen avecinarse en su vida. Será interesante observar por dónde se desarrollan los nuevos derroteros de la trama. Y para eso tocará esperar más bien poco para el siguiente volumen, Muerte de un Imperio, pues Grijalbo ha anunciado su intención, en una maniobra comercial muy de agradecer, de publicar cada libro con apenas un mes de diferencia sobre el anterior, de manera que en tres meses se pueda obtener la trilogía completa sin largas esperas.

4 comentarios:

Ángel dijo...

Pues yo, desde luego, no compraré el siguiente. Estoy acabando éste solo por cabezón, porque no me está gustando nada. Y todo por ese "distanciamiento" del que hablas, que yo diría directamente desapego: que es como si a la autora la historia no le importase nada, ni los personajes... No sé es como estar leyendo un prospecto de un medicamento, nada tiene "chispa". Supongo que al final lo que ocurre es que no me interesa mucho el "docudrama", el intento de racionalización del personaje y su situación, y ese huir de la parte fantástica y mítica de la historia. Habrá a quien le guste; a mi no.

Santi dijo...

Sí. Supongo que ese es precisamente el riesgo que ha corrido la autora la escribir el libro así, que la "crónica histórica" no termina de implicar en lo narrado y habrá lectores a los que no les vaya nada.

Por eso hice bastante hincapié en el tema, porque tratándose de Merlín supongo que muchos irán buscando una cosa y se van a encontrar con otra.

Saludos y gracias por pasarte por aquí.

MARISELA PEREZ dijo...

Hola: me he tropezado con este blog y me ha gustado, así que me veréis por aquí. Yo soy una amante delos libros de Mary Stewarth por lo que no creo que éste me guste mucho. Merlín es un personaje entrañable para mí y ya en La Cueva de Cristal lo describió la autora como un niño despierto, al que le gustan las ciencias, pero que se encuentra con unos dones naturales que le han sido dados y, en esa convulsa época, decide usarlos.
Sigo leyendo....gracias por este blog tan lindo

Santi dijo...

Hola Marisela.

Bienvenida y gracias por pasarte por aquí y por tus amables palabras.

Saludos