sábado, 5 de abril de 2014

Reseña: Ácronos antología steampunk vol. 2.

Ácronos antología steampunk vol. 2.

VV.AA. Coord. Josué Ramos.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Tyrannosaurus Books. Barcelona, 2014. 279 páginas.

Hace tiempo que el steampunk abandonó las fronteras espacio temporales con las que había nacido como sub género dentro del fantástico, liberándose del «rígido» corsé de su ambientación victoriana y británica y buscando otras épocas y territorios ―sin abandonar del todo los originales, por supuesto―. Incluso se podría decir que dejó un tanto de lado el combustible que le diera aliento, ese «vapor» del que recibiera su nombre, para utilizar otro tipo de propuestas motrices que hacían crecer nuevas ramas dieselpunk, clockpunk…― de ese tronco común que alguien acertadamente convino en llamar retrofuturismo. Ácronos viene de alguna manera a dar cuenta de toda esta evolución, ofreciendo un ramillete de relatos que utilizan toda la parafernalia intrínseca asociada al steampunk, pero atreviéndose a dar un paso más allá, ampliando fronteras temáticas, temporales y geográficas. Una exploración española, quizá no apta para los demasiado «puristas», a todo aquello que puede ofrecer el género ―y no es poco―. Recomendación: adentrarse en sus páginas con la mente abierta, la imaginación despierta y el ansia de aventuras intacta. Como en toda antología, hay cuentos mejores y peores, intrascendentes y fascinantes, tranquilos y arrebatadores, apasionados y reflexivos… ¿Por qué no descubrirlos?

El volumen se abre con La Venus de Great Neck, de S.J. Chambers ―una de las firmas más destacadas del actual steampunk anglosajón―. Después de perder el contacto años atrás, sin razón alguna, un matrimonio invita a una fiesta a sus viejos conocidos, entre ellos al narrador, quien antaño estuviera enamorado de la esposa. Allí, entre extraña parafernalia, descubrirá qué han estado haciendo los últimos doce años. Como otros de los relatos incluidos, se agarra a una definición muy «laxa» de steampunk y su narración es interesante, con el peligro de utilizar los avences científicos de forma inapropiada y fuera de los debidos controles, pero un tanto «fría», algo que se subsana con su revelador final.

Las hermosas Jaradalias, de Gloria T. Dauden, es el relato de dos hermanas gemelas, nacidas con unas malformaciones de los huesos de sus espadas que hacen que sean vendidas por su padre a una feria de monstruos de la que sueñan con huir pilotando el dirigible de su «dueño», el Marqués. Con un final un tanto abierto, deja con ganas de más, sobre todo por la emoción que la autora logra imbuir en el relato con apenas cuatro pinceladas, y por los detalles de un mundo mucho más grande, aunque desdibujado, que se intuyen en el trasfondo

De cómo perdí la cabeza de mi padre, de Eduardo Vaquerizo, es una de las grandes «sorpresas» de la antología. No porque no se esperase la calidad de este autor, ampliamente contrastada, sino por el extremo enfoque del relato. Los límites del steampunk estirados al máximo, haciendo gala de un retrofuturismo space opera repleto de naves espaciales, mecanoides, cabezas cortadas que mantienen su inteligencia en soportes artificiales, ambiciones desatadas, combates y luchas varias, viejos amores y creencias ingenuas. Todo un derroche de imaginativas ideas. Una lástima los incomprensibles defectos que hacen que el relato en primera persona de la protagonista se vea entrecortado, sobre todo en su comienzo, por desconcertantes intervenciones en tercera persona que parecen pertenecer a otra versión del relato y no ser en absoluto intencionadas.

Le sigue El silencio de Edith, de Ángeles Mora, con la enternecedora historia de un hombre que a la muerte de su padre recibe el encargo de encontrar a un viejo colaborador de este. La historia de una joven muda cuyas «sorpresas» se ven venir desde muy lejos pero no dejan de encandilar. Engranajes, tuercas y tornillos… y el arma definitiva. Un hermoso relato que no depara sorpresa alguna, pero se lee con deleite.

Bajo la linterna, de Héctor Gómez Herrero, es otra muestra de steampunk situado en un futuro indeterminado que bordea la distopía. Tras una hecatombe atómica los restos de la humanidad viven en las partes altas de los rascacielos de una reconstruida ciudad, unidos unos a otros por una red de puentes y pasarelas: La ciudad se encuentra dividida en distritos autosuficientes, pero regidos todos por el gobierno del distrito uno, entre los que solo unos pocos pueden desplazarse. La revolución se está gestando en las sombras, bajo la inmisericorde luz que antaño los ingenieros pusieron en el cielo, contra la excesiva burocracia y opresión. Intenso, romántico, agobiante en ocasiones, y dramático en su desenlace, este relato es un canto a la libertad y a la aceptación del «otro», del diferente.

Con, seguramente, la ambientación más estrictamente victoriana de todo el volumen, ¿Estás ahí?, de Cristina Puig, es una no demasiado original historia de espiritismo potenciado por máquinas mecánicas. Un intento de «racionalizar» lo paranormal poco convincente. ¿Terror? Tampoco. Un cuento fallido.

En cambio Disparos en la niebla, de Pedro Moscatel, es todo un acierto. Se trata de un muy irónico relato que juega con el multiverso y sus posibilidades con un hombre desplazado de su propio mundo. Interesante, muy bien escrito y narrado. Una advertencia sobre los tratos a ciegas con el «diablo» y ―una vez más― sobre jugar con la tecnología sin comprenderla del todo. Tiene una cadencia reposada, perfecta para llevar a los lectores al giro final donde el relato adquiere toda su dolorosa ―e irónica, como ya comentaba― dimensión.

En Laya, Josué Ramos acerca el género a territorio y referentes españoles ―ese cuerpo de la benemérita― con, quizás, uno de los relatos más «clásicos» o que más se adapta a lo que se entiende por un steampunk «canónico» con, a un mismo tiempo, elementos radicalmente diferenciadores. Una historia que, a pesar de sentirse «completa», se antoja también como un capítulo o una parte de algo mucho más grande, con un trasfondo muy trabajado e interesante. Un enfrentamiento a bordo de un buque flotante donde se dirimirán antiguas deudas y afrentas. Ucronía en plena regla.

En Un residuo de humanidad, de Luis Carbajales, los lectores van a encontrar el típico, que no tópico, relato que basa su «bondad» en la sorpresa final. Intenso y acertadamente breve, con un giro que cierra de manera brutal la historia de un guardia mecanoide que mantiene una parte de su anterior mente humana. Acción, un tenso enfrentamiento y una dramática revelación final.

En Jinetes de fuego, Laura López Alfranca presenta un mundo francamente atractivo, donde han «vuelto» los dragones y en Gran Bretaña son utilizados para un brutal espectáculo deportivo. La historia se sustenta de manera muy atractiva sobre la especial relación que se establece entre jinetes y dragones, y en la situación socio-política que se desarrolla a su alrededor, pero el cambio de rumbo cerca del final lo convierte en una lectura frustrante e inconclusa. Debería haber sido más trabajado para encontrar esa versión más satisfactoria que se intuye en potencia.

Elección envenenada, de Rafael González, narrado en clave del diario bélico perteneciente a un oficial del ejército británico, es un relato donde magia y ciencia se entremezclan en una historia de enfrentamientos coloniales contra los persas francamente sorprendente. Sin duda, otro más de los que dan ganas de conocer en mayor profundidad el mundo en que se desarrolla esta aventura. Implantes, armas fascinantes, ¿magia o ciencia negra?… Ampliando fronteras.

La revolución de los hermanos Serdán, de Paulo César Ramírez, como su propio título indica, es la narración de la revolución que una familia desea comenzar. Basado en la histórica revolución mexícana, lo cierto es que, aunque adecuados, los elementos steampunk están metidos un tanto con calzador, siendo en realidad innecesarios para el desarrollo de la trama, convirtiéndose en mera tramoya. El relato no carece de cierto interés y está bien escrito, pero se alarga demasiado para la poca anécdota que ofrece.

Quattromilla Miglia, de José Ramón Vázquez, es otro de los relatos de la antología que traen una ambientación futura y post apocalíptica. Con una aire de lánguida decadencia terminal muy bien transmitida, una pareja recorre Europa de Oeste a Este a bordo de un Bugatti visitando los estériles terrenos dejados por la catástrofe causada por la Bomba. Un relato dotado de un toque de optimista tristeza en una ambientación muy oscura, mientras se muestra la disipación a la que se entrega la pareja adentrándose en los restos que la destrucción y la radicación han dejado en el Yermo. Tan breve como emotivo.

Casi alcanzado el final el lector se encuentra con Retrópolis, de Concepción Perea, una de las «joyas» de la antología. Con un sabor nostálgico y evocador, recupera la época del fin de los grandes exploradores y pioneros, siempre soñando con alcanzar una frontera lejana una gesta imposible, cuando sin embargo ya todo parece descubierto, cuando las grandes hazañas y aventuras tocan a su fin con todo el planeta cartografiado. Pero todavía queda una última meta más allá del horizonte, todavía falta alcanzar la mítica ciudad de Retrópolis, un lugar al que si algún explorador ha llegado ninguno ha vuelto para narrarlo.

Cierra el volumen Te hemos seguido, de Rodolfo Martínez. Un relato que tiene más bien poco de steampunk pero que se «redime» con el brillante homenaje de la frase final. Corto e intenso, con una desasosegante segunda persona que interpela directamente al lector, baja el telón de Ácronos vol. 2 con una sensación de satisfacción.

Historias que destacan por su gran variedad, temática, estilística y de enfoque, amparadas todas bajo el cada vez más amplio paraguas del steampunk o retrofuturismo. Truculentas, de aventuras, con toques de humor o pinceladas de terror, bélicas, space opera, conspiranoicas, ucrónicas, distópicas, románticas, postapocalípticas… Todas con unas tecnologías diferentes de las actuales, fascinantes, llamativas, imaginativas, un tanto ingenuas en ocasiones, con poleas, tuercas y engranajes, con mecanismos de relojería, con implantes mecánicos en cuerpos humanos y con autómatas plenamente funcionales...

Como mayor «defecto», un pequeño tirón de orejas a la editorial por una maquetación ―lo siento, es deformación profesional― que presenta demasiadas líneas huérfanas y, sobre todo, viudas, que hubieran demandado una corrección que las evitase para propiciar una lectura todavía más agradable. Un defecto, no obstante, muy perdonable y que en nada empaña al contenido de esta recopilación. Y es que Ácronos, antología steampunk vol. 2, da fe de que éste es un género de presente y futuro, que ya no necesita mirar al pasado para encontrarse. Uno de los mayores elogios que se pueden dedicar al volumen es decir que muchas de sus historias dejan con ganas de asistir a nuevas aventuras basadas en los mundos aquí creados o en los personajes que los pueblan. Ojalá sea el caso.