sábado, 12 de abril de 2014

Reseña: Tu nombre después de la lluvia

Tu nombre después de la lluvia.

Victoria Álvarez.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Lumen. Barcelona, 2014. 581 páginas.

Tercera novela de la autora, tras Hojas de dedalera y Las eternas, donde confirma que ha dejado de ser una joven promesa literaria para convertirse en una patente realidad literaria. Pero, ¿se puede escribir novela gótica «romántica», de calidad y perfectamente adaptada al gusto del siglo XXI, desde nuestro suelo patrio? Después de la lectura de Tu nombre después de la lluvia la respuesta es un rotundo sí. Novela gótica fiel a las características de las novelas decimonónicas de hace dos siglos, incluida la localización y ambientación anglosajona, pero que se deja seducir por multitud de influencias, y protagonizada por unos personajes que atrapan por su humanidad. Es, cierto, una historia de fantasmas, de leyendas y criaturas sobrenaturales del folklore irlandés, pero donde casi se podría afirmar que el tema paranormal ―tratado en todo momento con extrema sutileza― es casi una excusa, un impulso de la acción, más que el centro de la misma. Lo sobrenatural reviste gran importancia, sí, pero en momento alguno se sobrepone sobre el resto de elementos de la trama, a la intriga y el misterio, los crímenes y romances, las investigaciones, traiciones y desvelos.

El prólogo de la novela ya es en sí mismo toda una declaración de intenciones: Una noche tormentosa, un castillo decrépito y aislado al borde de un acantilado, un mar tempestuoso, una criatura sobrenatural, intuida entre la copiosa lluvia, de la que alguien huye, una muerte poco natural. Todo lo que viene a continuación es consecuencia directa de esta ominosa y lúgubre introducción; aunque, sin embargo, el lector luego descubrirá que el origen de la historia en realidad se remonta a siglos atrás, hasta las sombras de la Edad Media, a los mitos y leyendas que acompañan a los ancestrales clanes irlandeses.

Pero la narración en sí comienza en 1903, en plena época eduardiana. En Egipto, el vividor Lionel Lennox, haciéndose pasar por arqueólogo, sufre un duro revés tras profanar la tumba de una desconocida princesa. En Oxford, el joven Oliver Saunders languidece en sus tareas académicas en su pequeño cuartucho del Balliol college. Y a bordo de un tren, el profesor Alexander Quills vuelve a su hogar desde Londres, donde ha impartido una serie de conferencias sobre, principalmente, las máquinas que ha inventado para comunicarse con el espíritu de los muertos de una forma científica. Los tres tienen una historia común: comparten su amor por las nuevas «ciencias» paranormales, tan de moda en ciertos círculos sociales de la Inglaterra de principios del siglo XX, volcándose en la publicación de su periódico Dreaming Spires. En pos de conseguir una impactante historia que salve su publicación del ostracismo y la ruina, los tres se desplazarán hasta el pueblecito de Kilcurling, en Irlanda, buscando confirmar una carta que les avisa de la presencia de una banshee ―«perteneciente» al clan O’Laoire que habita desde tiempos ancestrales Maor Cladaich― que tiene aterrorizada a toda la población. Y es allí, en las bellas y evocadoras tierras irlandesas, llenas de secretos, leyendas, misterios y criaturas míticas, donde va a desarrollarse el grueso de la narración.

La autora ante una de las localizaciones
de la novela
Los capítulos iniciales del libro, alternando entre cada uno de los tres protagonistas principales, sirven como necesaria presentación, tomándose su necesario tiempo, desenrredándose con mimo y cuidado, hasta que la aventura se desplaza a Irlanda y la trama no da ya respiro, ya que, sin ser en absoluto una acción frenética ―aunque momentos los haya―, los personajes que se van introduciendo, los tétricos sucesos que van teniendo lugar, las investigaciones y descubrimientos, los giros y revelaciones, las traiciones y muertes inesperadas ―aunque algunas no tanto― mantienen la atención hasta el mismo final, creando una creciente sensación de suspense. Cuando los tres amigos lleguen a Maor Cladaich se irán dando cuenta que hay mucho más de lo que esperaban detrás de la historia de la muerte causada por el llanto de la banshee y no dudarán en implicarse a fondo en el esclarecimiento del misterio ―y en algunas ramificaciones inesperadas―.

Uno de los aciertos de la novela es, sin duda, su protagonismo compartido por esos tres hombres de personalidad tan antagónica como complementaria. Algo que le permite a la autora reflejar la situación desde muy diferentes puntos de vista. Personajes de alguna manera de mimbres tópicos: Alexander, la sensatez y el liderazgo; el maduro profesor, viudo y curtido por la vida, guía y ejemplo para sus jóvenes amigos. Lionel, el arrojo, imprudencia y desparpajo; el encantador aventurero mujeriego y vividor y un tanto fanfarrón. Oliver, la inocencia, candidez y romanticismo; el muchacho soñador con más ideas románticas sobre la vida que bagaje real en su haber. Pero Álvarez los transforma, les da vida y consigue que los lectores se preocupen por ellos, que sufran, disfruten y se alarmen con ellos. Cada uno tiene su faceta exclusiva que potencia a los demás. Todos complementarios para formar un conjunto ideal.

Mas, aunque soy consciente que aquí voy a estar en franca minoría y reconociendo que es un personaje muy bien conseguido, debo decir que Lionel me parece francamente detestable. Un hombre sin principios quien, por sus acciones ―o inacciones― dejándose llevar por su propio satisfación, se convierte en el auténtico culpable de buena parte de la tragedia que va a acontecer después, desencadenando retribuciones que una frase a tiempo seguramente hubiera evitado. Es obvio que algo así debe figurar en el «haber» de la autora, al conseguir unos personajes tan bien plasmados que producen este tipo de reacciones casi podríamos decir que viscerales en sus lectores.

Y es que incluso el elenco de secundarios, se podría decir que igualmente «tópicos» en su inicio, termina por destacar y llegar al corazón del lector. La viuda encerrada en su mansión, la otra viuda que rumia su desconsuelo ante la injusticia de la muerte de su marido, la joven trágica que carga con un peso que no le corresponde, la criada que sueña elevarse por encima de su condición y alejarse de su triste y anodina vida, los lugareños llenos de supersticiones y recelos, el rico estadounidense, el hombre que busca elevar su estatus para conseguir la mano de su amada, la misteriosa mujer de «negocios» ―¡Stirling, qué gran personaje!―… Cada uno de ellos, entre otros más, aporta algo a la trama. Todos suman para hacer una narración compacta, firme y coherente.

Como un agradable guiño, Álvarez hasta se permite la inclusión de un pequeño cameo o referencia a cierto personaje de una novela anterior, muy relacionado con el mundillo espiritista, que sin duda agradará a sus lectores fieles; dando la impresión, además, de que se encuentran ante la construcción de un universo particular de la autora.

Otro de los puntos fuertes de Tu nombre después de la lluvia es su perfecta ambientación y plasmación literaria. La autora da muestra, sin avasallar queriendo demostrar la enorme documentación manejada, del gran conocimiento que posee de la época retratada: el vestuario, la joyería y complementos femeninos, las ciudades y sus edificios, las costumbres y las diferencias sociales, la vida académica, el gusto por el espiritismo y otras prácticas paranormales de una parte de la sociedad británica… Es así una novela muy realista, aún a pesar de la temática paranormal con la que juega al despiste en ocasiones y de ciertas licencias, sobre todo cerca del final, que tensan un tanto la credulidad del lector sin llegar a romperla.

Pero todo esto no serviría de nada si detrás no hubiese un poderoso y bien plasmado argumento; una historia que atrapa, interesa, emociona e intriga. Cabe decir que, a pesar de la cuidada y un tanto tenebrosa ambientación, de ciertas pinceladas un tanto oscuras, de posibles fantasmas y apariciones, de la persistente lluvia y los cielos tormentosos, no es ésta una novela de terror, ni es su intención o está destinada a causar miedo. Hay situaciones muy inquietantes y momentos de gran tensión, pero predomina el sentido de un ―clásico― romanticismo lúgubre sobre los elementos de horror. Prima la intriga sobre lo siniestro. El misterio sobre lo sórdido. La tristeza sobre lo horrible. E incluso las muertes se encuentran retratadas de forma delicada, no explícitamente gráfica, sino insertadas con acierto y falta de crudeza ―aún a pesar de lo macabro de alguna de ellas―. Una trágica historia de amores, afanes y muertes, de sueños, secretos y traiciones que se desvelan a través de los siglos.

Es ésta una obra con una enorme capacidad para atrapar la atención, con descripciones tan vívidas que realmente transportan al escenario, ya sea en Oxford o en Kilcurling, con unos personajes que se ganan el amor o el odio. La autora hace gala de un estilo muy depurado, elegante y cuidado, que hace sencillo lo complicado y favorece una lectura muy agradable y fluida, llena de impactantes y muy visuales imágenes que se aparecen con franca claridad ante los ojos del lector. Va plagando la narración de pistas que sólo al final adquieren su auténtica dimensión. Un final, perfectamente cerrado, que, sin embargo, deja entreabierta en su epílogo una puerta para una posible continuación.

Álvarez ha evolucionado desde sus obras anteriores, se ha despojado de cierto artificio innecesario, ha integrado mejor la documentación en el escenario dejando a un lado descripciones superfluas… En definitiva, ha conseguido una novela prácticamente redonda tanto en lo temático como en lo estilístico, fiel constatación de lo que sus anteriores novelas ya prometían. Los diferentes elementos se funden sin fisuras en la trama en un ejercicio de perfecto equilibrio: la intriga y el misterio, la tensión y el romance ―y el romanticismo―, la investigación y el costumbrismo, el lenguaje y los paisajes, los crímenes y los amores, lo real y lo sobrenatural, las envidias y los odios, el humor y la tragedia, las leyendas y lo mundano, el suspense y la acción… en un todo perfectamente armónico en que ninguna parte de adueña del relato por encima de las demás, Es así una obra que demuestra una encomiable madurez aún a pesar de la juventud de su autora, Una obra más «adulta» que las dos anteriores, mucho más completa, compleja y ambiciosa tanto a nivel argumental como estilístico.

Tu nombre después de la lluvia es una novela heredera de todo el romanticismo victoriano, de las novelas decimonónicas, de las historias de fantasmas, de misterio y de mansiones, o castillos, encantadas... actualizadas eso sí a la forma de narrar de nuestros días, y que no defraudará a quien disfrute de este género.

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Reseña de otras obras de la autora: