sábado, 24 de mayo de 2014

Reseña: Empaquetados

Empaquetados.

Varios autores.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Sportula. Gijón, 2014. Edición digital (epub). 247 páginas.

El pasado día de San Jorge, día del libro, la editorial Sportula tuvo un singular detalle con sus lectores. Con la «facilidad» de distribución que le permite el formato digital, reunió en un volumen especial a catorce de los autores que han publicado o van a publicar próximamente alguna obra, ya sea novela o relato en alguna antología, dentro de la editorial, cada uno representado por uno de sus cuentos, y la ofreció en descarga gratuita como tarjeta de presentación de la tarea que viene realizando desde hace un tiempo. La ocasión perfecta para conocer el estilo y temática de estos escritores ―y la filosofía de la editorial―, picotear un poco y decidir si hacerse con alguno de sus libros «mayores». Ciencia ficción, space opera, fantasía épica, ucronía ―¿distopía?―, humor, surrealismo, drama... los relatos incluidos en Empaquetados dan cuenta de una enorme variedad de temas, enfoques, registros y estilos dentro del fantástico español, la misma variedad que se puede encontrar en el catálogo de Sportula.

Abre el volumen Otro día perfecto, de Juan Miguel Aguilera. Se trata de un cuento muy breve, un microrrelato en realidad, sobre el que pudiera ser el último hombre sobre la Tierra. Con un tono crepuscular y nostálgico, y un final decididamente triste, Aguilera consigue encerrar en tan pocas palabras una profunda carga de emoción y transmitirla al lector con un toque ecológico un tanto pesimista.

Le sigue Honor sobre ruedas, de Gabriel Bermúdez Castillo. En el año 2163, una pareja avanza con su coche por unos parajes desiertos hasta detenerse ante el río Jalón. Parecen estar huyendo de algo o de alguien que pondrá fin a su romance. Un romance que se antoja un tanto extraño, y pronto el lector sabrá el porqué. Es este un cuento sobre el final de una era y sobre un hombre que se resiste a dejarla atrás. Un hombre que conduce un coche con su «amada» al lado, escapando de aquellos que quieren terminar con su sueño y su idilio, aunquesu final esté ya «escrito». Bermúdez Castillo ofrece una reflexión, no carente de ironía, sobre nuestro propio presente derrochador de recursos energéticos y lo poco que se piensa en el futuro, escrito con oficio y buenas maneras.

Héroe y sombra, de Pablo Bueno, es una fantasía bastante estándar, con un estilo de diálogos excesivamente grandilocuentes que parecen querer dar un tono «elevado» a la narración. Landárem es el héroe de la historia, un árbitro que dejó el Monasterio, donde lo adiestraron, antes de seguir estudiando para inquisidor pensando que ya no podían enseñarle nada más que no pudiera aprender viviendo la vida. Y, en efecto, va de pueblo en pueblo desfaciendo entuertos y recibiendo grandes alabanzas y agradecimientos, hasta que, no podía ser de otra manera, se enfrenta a la horma de su zapato en la forma de un ser retorcido y poderoso. Demasiado predecible con el enfrentamiento entre el héroe y el malvado con un supuesto final sorprendente  que, con un cierto bagaje lector a las espaldas, no sorprende en absoluto.

A continuación, El pacto de la niebla, de Víctor Conde, aunque inexplicablemente no se encuentre acreditado en el índice del volumen ―ah, los hados de la maquetación―, es, sin duda, uno de los platos fuertes de la antología. Un gran cuento épico que versa sobre los sucesos que dan lugar a la escritura de un particular cantar de gesta que nunca va a ser cantado. Lejos del territorio experimental de otras de sus obras, Conde hace gala de gran lirismo en un cuento tan poético como épicamente poderoso. El territorio de Drakengaard se ha levantado en armas, y el narrador en primera persona, Ruffel el Bardo, se enfrenta a la composición de una Edda que glose los terribles y sangrientos acontecimientos que, sin duda, van a tener lugar, la noble gesta de Olaf, rey de los neurios. y su amada princesa Ivanna. Hermoso y trágico, sin duda

El carrusel de Calcuta, de Santiago García Albás, puede resultar un tanto decepcionante si se han leído las obras del autor publicadas por Sportula, con un cuento que basa todo su encanto en cierto humor absurdo insertado en la charla entre dos antiguos agentes secretos que se cuentan anécdotas la final de su carrera. Nitín Kapoor, cuando era oficial de la policía hindú, tuvo que enfrentarse a un caso de lo más estrafalario, con, no podía ser menos por el escenario, una vaca por medio y un sospechoso de rasgos demasiado comunes como para ser fácilmente identificable. Es un relato suficientemente divertido, dentro del surrealismo de la propuesta, pero que por eso mismo debe encontrar al lector en una adecuada disposición.

Con Una canica en la palmera, de Rafael Marín, el lector se encuentra ante uno de los «pesos pesados» del volumen, con un relato aparecido ya en anteriores antologías, merecedor del Premio Ignotus al mejor relato fantástico español del año 2000, y que ofrece uno de esos particulares homenajes que el autor suele dedicar de vez en cuando a su Cádiz natal. Con un ambiente encantado que rememora con acierto un importante suceso del pasado de la ciudad, el relato es un canto de amor por la infancia que no ha de volver, de nostalgia por unos tiempos quizá más sencillos, con menos prisas, con unos juegos y unos hábitos que no costaban un duro y entretenían en comunidad mucho más de lo que pueda hacer ahora cualquier «comunidad virtual». Se ha quedado, tal vez, un poco desfasado en cuanto a las referencias temporales de la protagonista; las películas y programas citados pertenecen, obviamente, al momento en que se escribió el cuento y a ello hay que retrotraerse. Una gran aportación para quien no haya tenido la fortuna de leerlo con anterioridad.

Con El pastor de naves, Felicidad Martínez sigue haciéndose a pasos agigantados un hueco en las letras del fantástico patrio. Un relato aparentemente sencillo que oculta sin embargo un profundo fondo sobre el destino ineludible de un muchacho arrancado de su familia para ser educado como el futuro pastor de naves de la colonia planetaria de la que es oriundo. La autora transmite el desarraigo, la confusión que la situación produce en un niño, «condenado» por una enfermedad que lo convierte en improductivo para la colonia, que ve como su única forma de relación es la agresión. Con ropaje de space opera Martínez ofrece su reflexión sobre el valor de las personas tomadas como «recursos productivos», cuando su servicio debe dar más dividendos que los costes que conllevan su pervivencia; y sobre la incomunicación que lleva al enfrentamiento cuando se niega el diálogo. Un cuento que es más de lo que aparenta.

En la mente de Dios, de Rodolfo Martínez, es uno de los relatos que componen la antología Vintage ’62: Marilyn y otros monstruos, seleccionada por Alejandro Castroguer para la propia editorial. El autor plantea cómo en la mente de Dios las posibilidades son prácticamente infinitas y puede suceder todo lo que sí tuvo lugar, pero también todo lo que en realidad no sucedió. Un relato muy breve cargado de lirismo, de ironía y de cierta rabia, teñida de resignación. La muerte es inevitable, entonces ¿para qué soñar una cosa distinta?

Cambiando de temática, Una mañana mejor (versión del escritor), de Manuel Miyares, es una curiosa muestra de ciencia ficción surrealista. Se trata de una versión revisada con tres palabras extras de la historia de una expedición parte en busca de un nuevo planeta, dejando atrás una Tierra donde el agua se ha puesto en huelga, el viento sólo cubre servicios mínimos y las frutas protagonizan sangrientos piquetes sindicales. El diario de uno de los componentes de la expedición da cuenta de un primer ―y extraño, muy extraño― contacto alienígena que termina con un homenaje a cierta película inolvidable. Estrafalario y muy difícil de clasificar, puede causar tanto admiración como rechazo.

Memoria de la melancolía, de Carmen Moreno, es uno de esos relatos, duros y tristes, que dejan al lector con un nudo en la garganta. Un retrato demoledor de la pérdida de los recuerdos, de la rabia contra el olvido que se va infiltrando insidiosamente y sin avisar en la mente haciendo que uno mismo no se reconozca. Emotivo, triste y singularmente bello.

Ahora que somos pájaros, de Daniel Pérez Navarro, es tan cotidianamente extraño como evocativo. Con una prosa que cautiva y produce unas sensaciones inquietantes sin saber por qué, el autor desgrana la historia de Ángel cuando vuelve a su pueblo en contestación a la llamada de su hermano Salvador avisándole de que su madre se encuentra en las últimas. Se inicia una huida hacia adelante que se retuerce sobre sus propios pasos, terrible e inexplicable, hacia ese lugar donde llenar un vacío difícil de explicar. Un relato enigmático cargado de metáfora.

En Consultorio radiofónico del licenciado César Poco Antero, de Antonio Romero, el lector va a encontrar una divertida, aunque intrascendente, sucesión de, en efecto, consultas a un «experto» a cada cual más disparatada y delirante, rozando el humor socarrón y absurdo.
Virtual, de Domingo Santos, es un relato muy breve con el especial homenaje del autor a los Mitos de Cthulhu en clave de ciencia ficción. Interesante aunque sepa a poco.

Y el volumen se cierra con Bajo estrellas feroces, de Eduardo Vaquerizo, quizá el mejor de sus relatos ―y los hay buenos de verdad―. Situada en el mismo universo ucrónico de sus novelas Danza de tinieblas y Memoria de tinieblas, el lector se va a encontrar con la subyugante y peculiar historia de la relación a través de los años que se establece entre Alonso que Quijana, miembro del Real Cuerpo de Caballeros Aéreos, y Shaila Allobar, una joven indómita e independiente, perteneciente a una familia asociada a la incipiente aeronáutica, mientras siguen caminos divergentes y que culmina en el norte de África con una búsqueda al límite y uno de esos finales que dejan en vilo. Cargada de inteligentes referencias a nuestra propia historia y jugando al equívoco ucrónico se trata, indudablemente, del broche perfecto.