domingo, 22 de junio de 2014

Reseña: El don del lobo

El don del lobo.

Anne Rice.

Reseña de: Jamie M.

Ediciones B. Col. B de Bolsillo. Barcelona, 2014. Título original: The Wolf Gift. Traducción: Rosa Borrás. 506 páginas.

Tras un tiempo alejada de las criaturas fantásticas, fruto de su “rapto religioso”, Anne Rice vuelve con este libro a introducirse en los caminos del romántico paranormal poniendo el foco, tras vampiros y brujas (y alguna momia, algún fantasma, algún ángel y demonio...), en los licántropos o, como ella y su protagonista parecen preferir, el “lobo hombre”, también conocidos aquí como morfodinámicos. Pero, no podía ser de otra manera, la autora ofrece aquí una historia un tanto alejada de los tópcios recurrentes dentro del sub género, con un poquito de terror gótico, sí, y un mucho de intento de renovación o vuelta de tuerca al monstruo bestial por antonomasia. Una historia con amplias repercusiones morales y éticas en torno a la naturaleza de la “bestia”, de la violencia, de la justicia ciega, el complejo de Peter Pan, el crecimiento personal y ciertas fantasías adolescentes. Una historia que navega entre lo ingenuo, lo brutal, lo sensual y erótico, lo místico, lo mítico y lo legendario. Una historia “nueva” pero cuyas raíces pueden rastrearse con facilidad hasta cuentos como Caperucita Roja o La Bella y la bestia (y otros clásicos europeos adecuadamente citados en el texto) con un componente, obviamente, mucho más adulto.

Reuben Golding es un joven periodista inmerso en realizar un reportaje sobre una vieja mansión situada en Mendocino, en la costa norte de California, cuya heredera ha decidido poner a la venta. Ya de entrada el lugar, y la heredera, le enamoran al punto de decidir hacerse con la propiedad (algo que puede hacer gracias a un generoso fideicomiso) y, aún a pesar de tener novia formal, ya de paso con la mujer. Pero la tragedia les golpea inesperadamente y, mientras pasan la noche en la mansión, son atacados y Reuben resulta mordido por una bestia a la que no llega a ver, dejándole seriamente herido. Durante su recuperación, se da cuenta que su cuerpo, y su mente, están sufriendo una serie de inexplicables cambios. Pronto las consecuencias van a dar un giro radical a su vida. Sus sentidos se agudizan, su cuerpo se transforma y adquiere la “habilidad” de escuchar las voces de los inocentes que sufren algún ataque y puede oler la maldad en el aire, sintiéndose impelido a defenderlos y repartir “justicia” entre los malvados. Fuerza y rapidez sobrehumanas, práctica inmortalidad, factor de curación acelerada, sentidos hiperdesarrollados, tendencia a castigar a los criminales… ¿Verdad que suena a superhéroe?

En una historia que, efectivamente, casi se puede considerar más afín al género superheroico, en la línea de un violento Punisher o un Wolverine que es “el mejor en lo que hace” (aunque nadie espere mallas, uniformes o disfraces), que a la fantasía urbana al uso, Reuben es un hombre lobo atípico y que, sin duda, difiere bastante del “canon” más ampliamente aceptado. Conservando la propia conciencia e inteligencia en todo momento de su transformación (una transformación que no depende del albur de la luna), nunca se convierte en un cuadrúpedo completo, sino que se encuentra a medio camino entre el hombre y el lobo, aunque corra muy deprisa a cuatro patas y sea capaz de dar unos saltos prodigiosos. Lleno de un hambre feroz, se muestra sin embargo compasivo, sobre todo con los que sufren. No duda en matar, pero su forma de impartir justicia entre los malvados es algo que le llena de dudas (y sí, sé que la frase es enormemente irónica). Cual vigilante nocturno, escondiendo su identidad del público, de la prensa y de la policía que le buscan con diferentes intenciones y motivos, él es un justiciero que se debate entre el bien que está haciendo, las vidas que está salvando, y la brutal forma de ejercerlo, las vidas que está quitando. Además es enormemente atractivo (tanto como humano como, al parecer, en su forma “lupina”). En efecto, pues, lo que le ha sucedido no termina de ser una maldición, sino un auténtico don.

La autora echa mano de un estilo puntilloso y descriptivo, muy arquitectónico, fácil de seguir a pesar de cierto barroquismo formal, y cargado de su habitual sensualidad, que viene a demostrar que “quien tuvo retuvo” y que todavía conserva las claves para entretener a sus lectores. Con la acción repartida entre el área de San Francisco y el distante Mendocino, Rice ha creado allí una auténtica mansión gótica, con habitaciones secretas, pasadizos, salas ocultas, puertas escondidas, pasillos tenebrosos, fachadas recargadas y una historia antigua con su puntito de misterio (entre los cuales las circunstancias de la desaparición tiempo atrás de su dueño original no es el de menos) rodeada de acantilados y maravillosos bosques de inmensas secuoyas por donde corretear en libertad bajo las brumosas lluvias. La pena (o la frustración del lector) es que no termina de explotar a fondo todas las posibilidades que le brinda semejante mansión, sino que se queda en exceso tan solo en el decorado, centrándose más en otros aspectos del relato.

Entre enfrentamientos, rescates, asesinatos, huidas, crujir de huesos, sangre derramada, vísceras devoradas, revolcones antológicos y alguna que otra “comida de coco” por parte del protagonista y de alguno de sus familiares, de alguna manera parece que a Reuben todo se le pone demasiado fácil, demasiado sencillo, sobre todo en sus escarceos amorosos, alguno de ellos totalmente inverosímil (si este fuera el cuento clásico, Caperucita, paseando por el bosque en pijama de franela, invitaría al lobo a su casa y a su cama sin conocerlo y sin tenerle miedo). Y es que, contra lo que pudiera antojarse, todo termina saliéndole bien, incluso en los momentos en que más la caga, y la vida le sonríe incluso cuando peor se le ponen las circunstancias. Así es difícil crear ningún tipo de tensión por sus muchos sufrimientos y tribulaciones. Todos sus problemas de pareja se solucionan de forma harto civilizada, todos (o casi todos, tampoco es cuestión de exagerar) sus errores se corrigen sin apenas su intervención y sin “penalización” posterior. Antes y después de ser mordido y de descubrir en qué se ha convertido vive en un mundo de ricos con unas preocupaciones vitales con las que no es sencillo empatizar. Rice, eso sí, introduce con habilidad el contraste entre ese mundo opulento alejado de las preocupaciones más mundanas, al que cualquiera quisiera aspirar, y la violencia desatada de los más depravados entre los humanos: violadores, secuestradores de niños, asesinos, homófobos...

Rice deja traslucir también el conflicto religioso en el que ella misma se encuentra inmersa, siendo uno de sus principales personajes secundarios un sacerdote católico, hermano del protagonista, a través del cual la autora da voz a sus propias inquietudes: su creencia en la existencia de un Dios creador por un lado junto a la tolerancia hacia ciertos temas como la homosexualidad, el aborto o la libertad sexual por otro. La lucha entre el bestial placer que Reuben siente en su transformación, la liberación de restricciones morales que le supone su forma “lupina”, y los remordimientos del “humano” por las muertes y el sufrimiento causado, sirven también a la autora para plantear una definición de “dios” realmente amplia donde dar cabida a sus propias inquietudes.

Quizá se nota en exceso, a pesar de ser un libro independiente y perfectamente cerrado con todos los cabos atados y bien atados, que de alguna manera se trata de una entrega de presentación de una nueva serie. El largo “epílogo” del tramo final, tras el cierre de las principales tramas, con la explicación condensada de toda la mística, la cosmología y la génesis y origen de la raza de los morfodinámicos, es claro ejemplo de ello. Falto de puntual tensión dramática, alargado innecesariamente para relatar algo que se podía haber incluido con más delicadeza en vez de en una larga conversación - coloquio - charla explicativa donde se inserta una ingente cantidad de datos, se antoja de alguna manera un necesario peaje para enfrentar el segundo tomo libre de cualquier atadura que limitase su acción. Son estos unos momentos un tanto morosos y lentos, aunque no exentos en absoluto de interés, con largas disquisiciones (repetidas además en varios pasajes del libro) casi filosóficas sobre la naturaleza del lobo y la lucha entre el Bien y el Mal, que además conllevan la sensación de que ciertos personajes, entre ellos el propio Reuben, se comportan muy por encima de su edad y de sus supuestos conocimientos.

Pero también es cierto que El don del lobo presenta intrigantes posibilidades para el futuro, tanto si Rice se decide a explorar en profundidad el pasado, con las sugerentes cuestiones abiertas en torno a las aventuras de Nideck y sus compañeros de visicitudes, como hacia el devenir que le espera al nuevo lobo-hombre, el legado recibido y todo lo que le queda por descubrir de su nueva naturaleza, camino que parece ser el elegido con la publicación de la segunda entrega, The Wolves of Midwinter.

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Reseña de otras obras de la autora:

1 comentario:

Angela Ruiz dijo...

¡Hola!
Me gusta mucho vuestro blog, y por tanto quiero nominaros a los Premios Dardo, ¡espero que os animéis!

http://taleshunters.blogspot.com.es/2014/06/estamos-nominadas-los-premios-dardo.html

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