miércoles, 11 de junio de 2014

Reseña: La Era de Huesos

La Era de Huesos.

Samantha Shannon.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Fantascy. Barcelona, 2014. Título original: The Bone Season. Traducción: Gemma Rovira Ortega. 524 páginas.

El debut literario de Samantha Shannon tiene la virtud de haber tomado en sus manos multitud de subgéneros fantásticos, algunos de ellos muy de boga actualmente, refundiéndolos de forma inteligente para ofrecer un interesante futuro ucrónico, una realidad paralela que se despliega desde las páginas del libro con una fuerza irreprimible. Con un principio que rezuma inevitablemente distopía bajo una vestidura de fantasía urbana, la trama paulatinamente va virando hacia los misterios dimensionales y la aventura oscura y apocalíptica, incluyendo cierto toque «vampírico» y un romanticismo gótico que hacen que la novela haya sido enmarcada en las filas de la literatura juvenil, es de suponer por la edad de su protagonista, 19 años, y por su cercanía a ciertas corrientes del New Adult actual, más que porque realmente sea ese su público objetivo, siendo un libro que cualquiera pudiera disfrutar, aunque también es cierto que se echa en falta algún personaje «adulto» realmente determinante que consiga algo de empatía en un lector más «maduro». La novela triunfa sin duda como presentación del mundo, del escenario y de unos personajes con mucho que decir y, aunque muestra ciertos errores del escritor novel, lo cierto es que se convierte en una más que satisfactoria lectura una vez que el lector se hace con la cadencia del relato.

Londres, año 2059. Han pasado doscientos años desde que, en un evento todavía no demasiado claro, aunque incluye ciertas referencias a una una posible sesión de espiritismo promovida por de Eduardo VII y que no tuvo un final demasiado afortunado, los dones mentales o poderes psíquicos, derivados del éter, se extendieron por el mundo, causando bastante «rechazo» y convirtiendo como consecuencia de ciertos horrendos crímenes toda actividad paranormal en ilegal. Desde entonces ciertos gobiernos han adquirido cierto matiz autocrático y totalitario, agrupando con diversas ciudades «cerradas» repartidas por Europa bajo una autoridad llamada Scion que pone especial énfasis en perseguir a cualquier clarividente. Si no tienes habilidades psíquicas no tienes nada que temer y tu existencia puede ser, y suele ser, tranquila y pacífica, casi idílica; pero ay de tí si demuestras el menor asomo de clarividencia.

Narrado en primera persona, todo el relato es visto a través de los ojos de Paige Mahoney, una «criminal» psíquica enfrentada al sistema, inteligente, valiente, apasionada, impulsiva y decidida, que sobrevive lo mejor que puede en un mundo peligroso para los que son como ella. A sus 19 años, es miembro de una de las más importantes bandas del hampa de Scion Londres, los Siete Sellos, un grupo de delincuentes con habilidades paranormales que dominan el submundo de uno de los más importates sectores de la ciudad. Paige es capaz de hacer que su espíritu abandone su cuerpo para explorar el éter, las mentes y los «onirosajes» de las personas que la rodean hasta una cierta distancia. No es una existencia fácil, engañando a su padre sobre sus ocupaciones, fingiendo que trabaja en un bar de oxígeno, y manteniéndose lejos de las garras del gobierno, pero ella es relativamente feliz. Sin embargo, el destino le juega una mala pasada y tras ciertas vicisitudes va a ser trasladada a una ciudad penal, Sheol I, que nadie parece conocer y donde descubrirá que la realidad es todavía mucho más complicada de lo que pudiera pensarse.

Scion no gobierna en Sheol, sino una especie de casta guerrera, con cierto componente mitológico, que reciben el nombre de refaítas. Ella y otros prisioneros, todos clarividentes, pertenecen a la XX Era de Huesos, «reclutados» forzosamente para enfrentarse a unos enemigos más allá de lo que podían imaginar, los Emim, o convertirse en meros esclavos al servicio de sus «nuevos» amos. Si la joven quiere sobrevivir a una complicada relación deberá aprender a marchas forzadas el alcance real de sus poderes y decidir si está dispuesta a llegar hasta el fondo para combatir la injusticia, la tiranía y a la nueva amenaza, bastante aterradora, que acaba de conocer, o se limitará a sobrevivir y conseguir su libertad personal.

Shannon plantea un mundo con una ambientación mezcla de modernidad, sobre todo en la parte londinense, y de una deliciosa «decadencia» victoriana, donde la vida en Sheol es una muestra de ello. El recinto penal es una ciudad ―y el lector avispado enseguida descubrirá de cúal se trata con solo echar una mirada al plano que abre el libro― llena de bellos edificios antiguos, iluminados con luz de velas, convertidos en residencias de unos amos que visten ropajes antiguos, y que conviven sin embargo con la miseria de los que no han conseguido, o no han querido, alcanzar un puesto en las filas de los «guerreros».

El ritmo peca de cierta morosidad en ocasiones, debido sobre todo al exceso de información que la autora quiere presentar a sus lectores de la forma más inmediata. El mundo que ha creado es complejo y profundo, lleno de ricos matices que ir descubriendo, y de una nomenclatura y una jerga adaptada a ello que puede sorprender ―y también «distanciar»― de inicio a los menos avezados, siendo ese su acierto y a la vez su fallo al introducir el escenario y a los muchos personajes que pululan por el mismo ―por cierto, gran labor de la traductora ante términos que se antojan a priori con cierta dificultad para adaptarlos al español―. A pesar de ciertos estallidos frenéticos, muy bien narrados, de lucha, persecuciones y enfrentamientos, la novela no da una predominancia a la acción por la acción, sino que la atención se conquista con las muchas revelaciones, y algún que otro intrigante giro, que ese mundo ofrece continuamente. Algo que obliga a vadear ciertos problemas de sobreexposición en la primera mitad del libro o ciertos errores de principiante, como que en ciertas ocasiones los diálogos se conviertan en mero vehículo de trasmisión de información, ralentizando la narración y resultando forzados y poco naturales ―sobre todo cuando participan los refaítas―, para alcanzar toda la diversión de la segunda, con un final «apoteósico» que difícilmente deja indiferente..

Es cierto que existe un glosario al final del volumen donde se pueden resolver algunas de las dudas que la nueva terminología plantea, pero mi recomendación es echar mano del mismo lo mínimo posible, pues aunque quizá de entrada no quede claro lo que es un amaurótico, un mimetocapo o un onirosaje, lo mejor es que el propio relato lo vaya desvelando a su debido tiempo, sin cortar la concentración ni interrumpir la lectura. Todo queda explicado, de eso no tengáis duda. Sí que se puede consultar de entrada el diagrama que al principio del libro desgrana Los siete órdenes de la clarividencia, aunque, al igual que con el argot empleado, sólo cuando la trama avanza muchos de ellos empiezan a cobrar importancia y su significado termina entendiéndose por sí mismo sin necesidad de más apoyo.

Se puede considerar que gran parte de los caminos por los que discurre la aventura no son precisamente novedosos o algo que quienes lleven abundantes lecturas a sus espaldas no hayan transitado y reconocido en un momento u otro bajo otras formas y modelos. Pero Shannon conduce a sus lectores por ellos con mano firme, con elegancia y buen pulso, construyendo algo original con los mimbres de la literatura para adultos-jóvenes del momento, combinando con acierto los elementos y dotándolos de mucha fuerza, sin abusar de los tópicos ―aunque no pueda sustraerse del todo a ellos―, planteando además un romance «atípico» y difícil de aceptar, sobre todo por quienes resultan ser los implicados, pero sugerentemente plasmado aunque tenga algo de deuda con Jane Eyre.

Tal vez, más cercana a lo que se entiende o se vende actualmente como distopía, La Era de Huesos no busque tanto el hacer pensar a su lectores, como sí que sucedía con sus «hermanas mayores», como el entretenerlos con una inteligente y meditada aventura. Pero eso no quita que ciertos temas eternos también se desprendan de sus páginas, desde la denuncia de los totalitarismos o de cierto tipo de esclavitud moderna, de un sistema de castas invisible pero presente, hasta esa invitación a la empatía y ternura por los que sufren, por los discriminados y por los diferentes. La lucha por la libertad y la entrega desinteresada por unos principios superiores planea sobre un escapismo con cierto sustrato reflexivo.

Resulta obvio que, a pesar de un cierre bastante satisfactorio, con un cliffhanger no demasiado brusco, la cosa no termina aquí, que queda mucho por descubrir. No se sabe si dará para la siete novelas que la autora ha anunciado que podrían componer la saga, pero desde luego el escenario y los personajes creados tienen todavía mucho que decir. Hay mucho espacio por explorar, muchos protagonistas en los que profundizar y todo un mundo, ―o dos― por descubrir. Un interesante debut al que las comparaciones al que le están sometiendo, en realidad, no le hacen demasiado favor, elevando o distrayendo las expectativas de los lectores hacia niveles con los que ciertamente no compite, o no debiera competir, todavía. Es una buena primera novela, atractiva, sugerente e interesante, una promesa de futuro, que debe ser disfrutada por sí misma y no porque la publicidad diga que se trata de la nueva ****** o la sitúe por encima de la famosa saga ******. Sus propios méritos así lo invitan y sabe defenderse sola. Ahora solo cabe esperar que lo que venga a continuación, la ya anunciada The Mime Order, libre de las ataduras inherentes a una primera novela y al inicio de una serie, no recaiga en ciertos fallos de la presente y sea todavía mejor.