lunes, 18 de agosto de 2014

Reseña: Los lobos del invierno

Los lobos del invierno.
El don del lobo 2.

Anne Rice.

Reseña de: Jamie M.

Ediciones B. Col. La Trama. Título original: The Wolves of Midwinter. Traducción: Javier Guerrero. 446 páginas. 

Segunda entrega, tras El don del lobo (de la que es continuación directa) de la más reciente serie “sobrenatural” de la autora de Crónicas vampíricas, dedicada en esta ocasión a su particular visión e interpretación de la licantropía. Y eso que el omnipresente elemento sobrenatural parece aquí, más que el centro, la excusa necesaria para narrar el tipo de historia que ahora interesa a Rice; una historia más centrada en profundizar en ciertas ideas morales, en las relaciones de grupo y familiares, en la celebración de la amistad, en la interacción humana o el peso de la tradición antes que en la brutal plasmación de la esperable actuación de los licántropos en su cuasi superheroica labor justiciera (aunque la “cacería” en latinoamérica y otras escenas truculentas debería dejar más que satisfechos a los amantes de la sangre y las emociones fuertes). Lo cierto es que hay a lo largo del grueso de la obra más exposición que confrontación. Es así una novela casi costumbrista en su descripción del devenir de los hechos, en el día a día del grupo de lobos-hombres presentados en la anterior novela y que aquí se revelan como una auténtica familia (con todo lo que ello conlleva). Aunque haberla hayla no es esta una novela de acción desatada, sino algo más intimista. Una novela detallista hasta el extremo que, salvo episodios muy concretos, no entra en los peligros del mundo paranormal y sus criaturas hasta ya avanzada su segunda mitad, donde adquiere un nuevo ritmo e interés.

De inicio, mientras un Ruben Golding recién salido de la ordalía del descubrimiento de su nueva condición se centra en encontrar el equilibrio entre su nueva vida y los restos de la antigua, los fastuosos preparativos de una gran fiesta de Navidad, conmemorando también el solsticio de invierno, a celebrarse en Nideck Point, la impresionante mansión donde, tras los eventos de la primera entrega, se aloja el joven periodista junto a sus nuevos mentores (Félix, Margon, Thibault y  Sergei) y su “púpilo” Stuart, se llevan la parte del león del arranque de la novela.

Sólo la presencia de un “espíritu”, una entidad residual que de alguna manera viene a atormentar la existencia de Ruben con una súplica silenciosa a la que no puede dar respuesta y el importante “cambio” en su relación con Laura debido a una decisión tomada por ella alteran la idílica estampa de Nideck Point. Entre la felicidad y alegría del momento se cuelan una ominosa e implorante aparición cargada de malos presagios que llena de zozobra el alma del joven licántropo por un lado, y una nueva variable en la ecuación amorosa que le lleva a cuestionar la fuerza y sinceridad de sus sentimientos por otro. Rice plasma a la perfección esa sensación de abatimiento, de catástrofe inminente, que poco a poco va transmitiéndose a los lectores. Es en esa atmósfera que va creando la autora donde se muestra el fuerte de su prosa, ya que la trama hasta pasada la maravillosa fiesta es bastante "mundana".

Empieza con el, sangriento, rescate de una niña pequeña de manos de un sádico secuestrador, pero después la acción deja paso a la pausada y profusa descripción de todos los preparativos de la fiesta y de la celebración en sí misma, con amorosa dedicación a los detalles (la decoración, las invitaciones, los prolegómenos, las diversiones preparadas, los invitados, las vestimentas, las viandas…). Es de notar que nada de todo este idílico comienzo y posteriores acontecimientos serían posibles si los protagonistas no se movieran en un mundo de riqueza apabullante, donde ciertas decisiones son más sencillas de tomar ante la certidumbre de que nada va a faltarles. Así, a pesar de puntuales momentos más oscuros o inquietantes, es palpable el optimismo que respira toda la obra, un sentimiento de esperanza ciertamente renovador, que augura que siempre brilla una luz en la más profunda oscuridad, una certeza de que al final la bondad prevalecerá frente a todos los males. 

Rice escribe un libro cuyo tema principal es la familia, la biológica y la que cada uno elige para vivir con ella, sean cuales sean los lazos que los unen, condensando en los diálogos y actuaciones de sus personajes profundas discusiones y cuestiones filosóficas sobre la vida y la muerte, sobre la aceptación de uno mismo, sobre la tolerancia, las creencias personales, la ética y aquellas difusas zonas donde el bien y el mal no son fácilmente definibles y las posibilidades se sumergen en un abanico de tonalidades grises, y sobre las relaciones con los demás, sobre el amor y sobre las contradicciones intrínsecas al ser humano. 

Incide también de manera importante en la educación de los jóvenes lobo-hombres, en la iniciación de los secretos de su nueva condición, en el valor las tradiciones que han ido modelando su comportamiento a lo largo de los siglos (con especial hincapié en aquellas otras que siguen los humanos “normales”), en la moralidad y supuesta ética que subyace bajo sus actos, en los rituales de los morfodinámicos, arrastrados desde tiempos inmemoriales, como su particular forma de celebrar el solsticio de invierno; las complicadas relaciones con otros de los suyos o los mitos propios que han ido creciendo en torno a su existencia. 

De esta manera, muchos secretos salen a la luz, así como el conocimiento de la existencia de otros seres sobrenaturales. Y, además de un agradecido y coherente crecimiento en la profundidad de caracterización de los personajes ya conocidos (espléndido el tratamiento de Jim, el hermano sacerdote de Ruben, y la realista forma de enfrentar sus dudas, su pasado y las nuevas circunstancias de su vida), la autora introduce nuevos “actores” en la trama, como esa suerte de espíritus o elementales de la naturaleza, las gentes del bosque, capaces de comunicarse tanto con los vivos como con los muertos, ejerciendo un necesario papel de intermediarios entre ambos mundos, o esa rama europea de los morfodinámicos, con ideas propias y antagónicas con los actuales residentes de Nideck Point, y que van a llenar de tensión el amistoso ambiente de la mansión, creando incluso ciertas tiranteces entre sus habitantes.

Y superada no sin ciertos escollos la celebración más "mundana" de la Navidad se presenta el momento de la celebración “pagana” de los licántropos, y es entonces el momento de las peleas entre las facciones que interpretan de diferente manera lo que debería ser la manera correcta de actuar de los morfodinámicos, hay un sumergirse en el mundo espiritual con el intento de descubrir las motivaciones del fantasma que atormenta a Ruben, hay luchas y “banquetes”, y mucha discusión sobre lo que significa la familia, una paternidad inesperada y, por supuesto, como es habitual Rice no renuncia a incluir un alto componente erótico no convencional, sexo no exento de culpabilidad, de deseo, equívoco y bestialidad.

Los lobos del invierno es un libro que muy posiblemente no hace justicia a todas las enigmáticas promesas con las que se cerraba el anterior, demasiado lastrado por la vida cotidiana de los lobos-hombres y sus vidas opulentas, dejando demasiado de lado la vertiente oscura y aterradora de sus tendencias justicieras, pero que no obstante se lee con mucho agrado. Es, sin duda, entretenido e intrigante, y la adecuada y atmosférica prosa de Rice fluye sin problemas, leyéndose bastante rápido, aunque dejando la impresión, sobre todo cuando se asiste a la segunda parte del libro y se constatan las emocionantes posibilidades de la trama, de que podía haber sido todavía mejor, aunque al menos tiene la virtud de dejar con hambre para la, posible, tercera entrega.

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Reseña de otras obras de la autora: