martes, 7 de abril de 2015

Reseña: La República Pneumática

La República Pneumática.
I. Baile de serpientes.

J. Valor Montero.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Fantascy. Barcelona, 2015. 460 páginas.

Es esta una ucronía que presenta la historia de la Roma clásica de manera muy diferente a cómo sucedió en la realidad de nuestra línea temporal. Una Roma, más bien una BarcelonaBarcinomagna—, en clave steampunk latino —alejado de todo victorianismo— donde los adelantos tecnológicos se sucedieron mucho antes que en nuestra realidad gracias a la aplicación práctica de las máquinas de vapor diseñadas por Herón de Alejandría. Cabe remarcar, antes de que el lector inadvertido se sumerja en su lectura, que deben tenerse en cuenta un par de detalles nimios pero importantes: se trata de la primera entrega de una serie y tiene un claro aire de literatura juvenil. Eso sí, se trata efectivamente de una novela cargada de aventuras con un protagonista adolescente, pero que no rehuye en absoluto la crítica social y la sólida construcción del mundo romanizado que sirve de escenario. Los trenes se han desarrollado ya en el siglo III y ello, unido a otros avances como los dirigibles, ha permitido al Imperio Romano expandirse por gran cantidad de territorios llegando a compartir fronteras con el Imperio Chino, un indeseado vecino con el que se ha alcanzado un inestable equilibrio y una frágil paz ante las ansias expansionistas de ciertos poderosos personajes que, ante la gran superioridad tecnológica y militar romanas, desean seguir ampliando sus fronteras a costa de sus también poderosos vecinos. El conflicto está servido.

Diseños en 3D de Laura Llimós
Marcus Novus es un joven que, sin comerlo ni beberlo, se va a ver envuelto en medio de una conspiración que podría marcar un nuevo rumbo para el Imperio. Inopinadamente, se verá embarcado en un viaje iniciático, de aprendizaje, maduración y crecimiento que cambiará su vida para siempre. Un aparente asesinato que ha llevado injustamente a su padre a la carcel precipita la partida de Marcus desde Caesaragusta hacia Barcinomagna, sin saber lo que allí le espera. El joven, acompañado casi siempre del pequeño autómata Hoc, un gladiador de juguete con el que comparte sus pensamientos —y de esa manera, también con el lector—, se verá envuelto en toda una serie de arriesgadas peripecias que forjarán su carácter en un camino de maduración que le llevará a encontrar una peculiar maestra, a perderla y tener que sobrevivir en las calles de la urbe, y a hallar el refugio de un poderoso benefactor junto al que luchará para impedir el triunfo de una conspiración que podría hacer descarrilar el destino del Imperio. Es cierto que el autor no deja tópico sin tocar, y es en el mundo creado para plasmarlos todos ellos donde realmente destaca con fuerza, haciendo que se perdonen ciertos detalles —desde la filosofía de Karate Kid a la picaresca y dura supervivencia callejera puramente dickensiana— que no por manidos y usados dejan de ser adecuados y, ciertamente, entretenidos dentro de este contexto.

Más allá de la aventura, la intriga y la conspiración que atraparán ya de por sí la atención de cualquier lector —siendo ese, por supuesto, el principal motivo del relato—, el steampunk de Valor Montero presenta una auténtica Revolución Industrial, en la más sucia y contaminante de sus acepciones, con cielos grises cargados de humo y cenizas provenientes de las florecientes fábricas, masas de trabajadores insatisfechos, movimientos que luchan contra la injusticia, y gobernantes que solo sirven al poder económico.... Un steampunk que, más allá de autómatas, dirigibles e inventivas armas pneumáticas que marcan una muy atractiva estética, posee una soterrada, pero nada escondida, vertiente social, haciendo hincapié en temas de profundo calado como el desarraigo de la inmigración, la esclavitud, el patriotismo mal entendido, los prejuicios raciales —el odio al extranjero, al diferente—, la pobreza y las desigualdades económicas y laborales, el papel de la mujer en la sociedad, los enfrentamientos religiosos y políticos… Presentando diferentes filosofías, ejemplarizadas en los violentos luditas y en los seguidores de la pacífica Via Virtutis, que se enfrentan al status quo —representado por el xenófobo movimiento de los Verdaderos Romanos— partiendo de una misma base, queriendo mejorar la situación social del pueblo, pero con un enfoque diametralmente opuesto

La Barcino de Valor cobra un especial protagonismo en toda la trama, sus diferentes barrios, sus edificios singulares, sus habitantes... Saliendo de la mano de un arquitecto parece inevitable que la narración se recree en aspectos singulares de la ciudad imaginada, que se antoja especialmente bien diseñada, aunque en ocasiones con un detallismo innecesario para la trama al entrar en una excesiva, y en ocasiones redundante, profundidad descriptiva. Una auténtica especulación en torno al desarrollo y crecimiento de la ciudad sobre las bases que las nuevas tecnologías permiten y, casi, obligan. De sus calles, sus vicinae y su ampliatio, de la distribución de la población según su riqueza, de la crueldad de sus barrios pobres, de la ampulosidad de los salones del poder...

Valor hace gala de una prosa adecuada, agradable, ágil, amena y fluida, aunque la novela peca de cierta falta de ritmo en algunos pasajes. Junto al acierto de los escenarios, de la creación del mundo, a toda una estética steampunk profundamente latina, y a una historia imaginativa e intrigante, entretenimiento puro, la narración tan pronto se acelera como se remansa, tanto le da por correr, se emociona —y emociona al lector— dejando algunos detalles en el aire, como se centra en describir ciertos pasajes al nivel de auténtica disección. El autor ha creado un mundo muy interesante y le puede al ansia de mostrarlo en toda su plenitud, de no dejarse nada en el tintero, y a un mismo tiempo ha imaginado una excelente trama a la que quiere explotar cuanto antes, poniendo al lector en situación de forma algo apresurada. Cierto es que conforme avanza la novela y la acción se va centrando más interés va despertando la misma. Es de esperar que, con algo más de experiencia y libre ya de las debidas presentaciones de personajes principales y escenario, este ritmo aleatorio, encuentre una mejor definición en la próxima entrega, esa a la que en su mismo cierre este Baile de serpientes le abre el camino.