viernes, 24 de abril de 2015

Reseña: La traición de Roma

La traición de Roma.
La Trilogía de Roma, libro III.

Santiago Posteguillo.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. B de Bolsillo. Barcelona, 2014. 872 páginas.

En el momento de mayor poder y celebridad de Publio Cornelio Escipión, tras la gran victoria en la batalla de Zama frente a los cartagineses, se estaban sentando ya en Roma las bases de su caída. Cártago había sido vencida, pero no arrasada como algunos senadores habrían deseado, y voces maledicentes seguían atacando a la familia de los escipiones por actos reales y ficticios. Posteguillo ofrece en este último volumen de su Trilogía de Roma las postreras andanzas de los dos grandes generales, y de las personas que más cercanas estuvieran a ellos, que tanto respeto habían levantado el uno en el otro, en un periodo difícil para ambos. Uno victorioso, demasiado henchido de orgullo y rodeado de envidias y conspiraciones que a la postre marcarían su destino. El otro derrotado y, aún contando con el apoyo de su pueblo, abandonado por sus gobernantes y forzado a marchar en busca de otros horizontes y otros dirigentes. Y mientras tanto, en el Mediterráneo Oriental las ambiciones de un nuevo monarca, heredero de las posesiones del gran Alejandro, crecen con el ansia de recuperar la grandeza y los dominios de aquel Imperio. Con pulso firme el autor desgrana los acontecimientos, los enfrentamientos y las traiciones que llevaron al final de las vidas de unos hombres que habrían de escribir algunas de las páginas más apasionantes de la Historia Clásica, brindando a los lectores, tal y como merecía, un cierre muy emotivo para este apasionante relato histórico.

Sin renunciar en absoluto a la épica de las batallas, lo cierto es que la orientación de la presente adquiere un tinte mucho más «político» que la de sus dos novelas predecesoras, debido sobre todo a las maniobras de los enemigos de los escipiones en los estamentos del gobierno de Roma para conseguir su caída. Tras el regreso y la celebración del duramente ganado Triunfo, el relato se encamina hacia la decisiva batalla de Magnolia, donde los dos antiguos enemigos, Publio Cornelio Escipión y Aníbal Barca, volverían a encontrarse, aunque ninguno de los dos estuviera en su mejor momento precisamente. Después del monumental enfrentamiento, que por un lado sentaría las bases de la futura geopolítica de todo el área y por otro daría pie a las primeras grietas en la figura del admirado general romano, la segunda mitad de la novela traslada el escenario principal a la propia ciudad de Roma y se centra más en los juicios del Senado, las maniobras y los discursos de las diferentes facciones de senadores, el juego de los cónsules, los censores, los tribunos de la plebe y el resto de cargos electos. Sin olvidar, desde luego, a algunos otros de los protagonistas principales, que no participan directamente en esta historia, como la declinante huída hacia delante del propio Aníbal, prestando sus servicios a gobernantes cada vez más ínfimos y poco merecedores de su lealtad y genio militar hasta soportar su traición final.
El autor echa mano de unas supuestas memorias de Publio Cornelio Escipión para situar todo el contexto y dar un mayor sentimiento y cercanía al relato, dotando al personaje de una mayor humanidad y realismo, con su soberbia y sus errores propiciados por un orgullo alentado npor sus indiscutibles éxitos. A través de las páginas va surgiendo un vívido fresco que refleja la relación nada fácil que mantenía con sus hijos, algo mejor con Cornelia Mayor, de enorme amor, pero poca comprensión con Cornelia Menor, y de inmensa rigidez y exigencia con Publio, y con su esposa Emilia Tercia, firme apoyo aún en los peores momentos que habían de llegar para la convivencia familiar. La entrega de su hermano Lucio. La inquebrantable amistad de Cayo Lelio, fiel hasta el final, en los buenos y en los malos tiempos. El creciente odio y las sibilinas maniobras de Marco Porcio Catón, siempre en el supuesto bien de Roma. El ascenso político y las dudas ante alguna de las decisiones que debe tomar de Tiberio Sempronio Graco, quien sin desearlo se verá en medio del enfrentamiento, debiendo tomar difíciles decisiones que incluso afectarán a sus intereses sentimentales. La ambivalente fidelidad del autor teatral Tito Macio Plauto, dividido entre su desprecio por las clases nobles y su admiración y reconocimiento hacia Escipión. Las ansias de grandeza del rey Antíoco III de Siria, señor de todos los reinos del Imperio seleúcida, quien desea emular las conquistas de Alejandro sin poseer su genio táctico ni sus consejeros; algo que propiciará las envidias entre su hijo Seleuco y su sobrino Antípatro, cargadas de tensiones y de decisiones en provecho propio. El abandono por parte de Cartago de Aníbal, su mejor general, obligado por sus propios dirigentes, y su periplo hacia el este en busca de una nueva batalla que revitalice las glorias de antaño. La lealtad de Maharbal, acompañando a Aníbal en su exilio. Las vivencias de la antigua esclava Netikerty y del hijo  que tuviera con Cayo Lelio, Jepri, en un decadente y amenazado Egipto. Las andanzas de la esclava Areté, quien tanta cercanía tuviera en los años finales con Publio Cornelio…
Grandes pasiones, grandes luchas, hechos inolvidables en el escenario de un Mediterráneo que veía alzarse un poder que lo dominaría durante siglos. Conspiraciones, mentiras y medias verdades, ira, soberbia, orgullo y arrepentimiento, amor, amistad y odio imperecederos, y no una traición, sino muchas. Un enorme fresco, con gran coralidad de personajes, que Posteguillo desvela con una voz cada vez más firme, madura y reconocible, manteniendo un perfecto equilibrio entre los momentos dramáticos que se van sucediendo y consiguiendo sostener el interés del lector sin decaimiento a lo largo de todo el volumen. Aunando rigor histórico y entretenimiento puro, el autor invita a una implicación directa con los personajes, tanto los históricos como aquellos ficticios creados para la obra, rellenando huecos en blanco y añadiendo ciertas escenas de cosecha propia que muy bien podrían haber tenido lugar realmente, aunque no haya quedado constancia escrita de las mismas. Poco a poco la acción bélica va dejando paso a una narración más emotiva, crepuscular, conforme se acerca el final de la vida de unos hombres tan importantes que de alguna manera marca también el final de una época, como bien se refleja en el melancólico epílogo y las notas finales del autor.

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