lunes, 4 de mayo de 2015

Reseña: Mariposas del Oeste, y otros relatos

Mariposas del Oeste, y otros relatos.

VV.AA. Ed. Mariano Villarreal.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Sportula. Col. Nova Fantástica # 1. Gijón, 2015. Edición digital (epub). 311 páginas.

Mariano Villarreal, cerebro seleccionador tras las antologías Terra Nova, de las cuales se han publicado tres hasta el momento —una en Sportula y dos en Fantascy—, inicia una nueva aventura —aunque casi se la podría considerar un retorno a los orígenes junto a Sportula— como antologista de una colección con intención periódica y dedicada a publicar algunos de los mejores relatos de Literatura Fantástica —en cualquiera de sus vertientes— autóctonos y extranjeros. Mariposas del Oeste recoge así once relatos, de otros tantos autores, escritos todos ellos en esta ocasión en español —ya hay anunciado un segundo volumen, A la deriva en el mar de las lluvias y otros relatos, dedicado todo él a traducciones—. Y, aún antes de empezar siquiera, debo reconocer que tengo cierto dilema con esta reseña. Si bien la calidad literaria de todos los autores es bastante indiscutible, yendo del más que correcto al excelente, la cuestión temática es harina de otro costal, pudiéndose intuir un cansino aroma de «revanchismo» en sus textos, un proselitismo anti religioso —anti católico principalmente— que desborda las fobias de los autores y que se hace algo tedioso —para mí por lo menos— por reiterativo y por no venir siquiera a cuento en muchas ocasiones en el contexto de lo que se está narrando. Además, fruto de la un tanto desacertada elección del orden de los relatos, se produce una cierta repetición de lugares comunes en algunos cuentos que terminan restando originalidad y variedad al conjunto del volumen. Un volumen que, a pesar de lo que pudieran dejar traslucir las palabras anteriores, merece ser leído, degustado con calma y, si se tercia, incluso debatido. Mucho contenido social y político, mucha crítica solapada, cierta transgresión, temas polémicos y algunas propuestas realmente interesantes conforman una antología donde reina lo fantástico en todas sus vertientes, con cierta preeminencia para el horror, tanto físico como psíquico.

Tras la Presentación a cargo del antologista, Mariano Villarreal, donde glosa sus razones para adentrarse en esta nueva aventura y sus intenciones para con la colección, el volumen se abre propiamente con Dad al César…, de Eduardo Vaquerizo, donde, en medio de una suerte de reclusión forzosa, un antiguo sacerdote se las arregla para dar una serie de entrevistas a un periodista a través de las que saldrá a la luz el estado de la Iglesia, sus «malvadas» acciones y su «genial» idea para dominar el mundo o, al menos, garantizarse su continuidad por los siglos de los siglos. Por desgracia, se puede considerar este como uno de los relatos menos conseguidos de un, por otra parte, estupendo autor. El problema es, de inicio, que la idea o medida en la que se sustenta buena parte de la trama se antoja francamente imposible de implantar, no por temas científicos o tecnológicos, sino por la mera reticencia de buena parte de la humanidad a dejarse convencer de llevarla a cabo. Y luego la cosa no es que vaya a mejor. Un cuento que intenta ser profundo, tratando preocupantes temas de hondo calado y tristemente de actualidad, pero que solo recicla viejas ideas ampliamente utilizadas con anterioridad sin entrar realmente en el horror de los mismos.

A continuación Gloria a Dios en las alturas, de Rafael Marín, es el segundo cuento de su serie Ora Pro Nobis, cuya primera entrega, Llena eres de gracia, apareció en la antología del autor Piel de fantasma publicada por Grupo AJEC. Ora Pro Nobis es el brazo armado ―y super secreto― del Vaticano. Sus componentes, Ángela de Ory, Nero y Falconi, forman el trío ejecutor de la Iglesia contra el Maligno en cualquiera de sus encarnaciones. En esta ocasión se desplazan a cumplir su misión divina al pueblo de Hyrcus, donde el tiempo parece haberse detenido. Como se suele decir, el Infierno se desata, y todo termina en medio de sangre. Marín consigue retratar a la perfección la contradicción de la defensa del Bien mediante las armas del Mal, en ese eterno enfrentamiento en que las víctimas siguen siendo los inocentes de ambos «bandos» y del hastío de unos defensores de la Iglesia que ya no parecen creer en el Dios al que están encomendados. Con el reconocido buen hacer del autor, con esa prosa maravillosa que atrapa la atención, el relato sabe a poco, apenas un delicioso aperitivo a la espera de un plato más «fuerte».

Le sigue el muy indiferente Zona de penumbra, de David Roas, donde, en una visita a la Cusco actual, pasado y presente se mezclan para desconcertar al protagonista con una presencia ominosa y una denuncia de pasadas atrocidades. El autor no se priva de lanzar sus pullas, de refilón pero sin venir a cuento, contra la Iglesia Católica, en un relato muy breve y especialmente olvidable.

Por suerte, enseguida da paso a El niño de las estrellas, donde David Jasso presenta a un enigmático individuo que mantiene secuestrada a una mujer embarazada con la que supuestamente va a engendrar al niño de las estrellas, el hijo del cielo que habrá de enfrentarse a una nueva encarnación del mal. Cuarto relato y cuarta incursión con tintes o referencias cristianas, pero, eso sí, un maravilloso relato en esta ocasión, cargado de tensión y angustia en uno de esos ambientes cerrados que tan bien se le dan al autor. Estremecedor y con un giro final sobresaliente, Jasso es un maestro en eso de reflejar la miseria humana.

Mediante la ucronía, Bultzatu, de Ekaitz Ortega, lleva al lector a asistir a cómo, tras el final de la Guerra Civil, los nazis invadieron la Península Ibérica con la aquiescencia del bando vencedor, trayendo con ellos todavía más miseria al oprimido pueblo de Euzkadi. Mucho tiempo después un equipo de reporteros franceses entrevistan a un superviviente de la resistencia vasca sobre su experiencia en aquellos años. Una ucronía en la que se ven demasiado las filias y fobias del autor, y en al que hay momentos en que parece un panfleto o un intento de convencer de su punto de vista primando sobre el relato en sí mismo. Con una buena base y ciertas ideas muy interesantes —¿Hasta dónde se puede llegar para defender los ideales? ¿Va antes la familia que el bien común? ¿De qué sirven las banderas?...—, peca de un desarrollo lento e irregular, algo monótono, que lo convierte en una lectura demasiado larga para la controvertida —y contradictoria— moraleja que encierra.

La bestia humana de Birkenau, de Sergio Mars, encierra una historia mucho mejor y más satisfactoria que la anterior, pero que, irónicamente, se ve penalizada por su inclusión justo detrás de aquella a pesar de ser radicalmente diferente. El autor presenta un nuevo relato de los horrores nazis, también mediante el formato de entrevista a un testigo superviviente de los hechos a narrar. En este caso, en 1969, un periodista llega a un aislado paraje montañoso del Norte de España donde espera encontrar a un superviviente del campo de prisioneros de Auschwitz-Birkenau buscando la confirmación de ciertos «rumores» sobre terribles experimentos realizados allí a cargo del infame doctor Mengele y, en especial, sobre los resultados de uno de ellos en concreto. Los abismos de la naturaleza humana, el terror y el mal que se pueden causar sin necesidad de buscar monstruos sobrenaturales, y el coste de lo que se hace para sobrevivir. Impactante, doloroso, cínico y emotivo, no deja indiferente.
Y con ese buen sabor de boca se llega a El último piquicorto, de Marián Womack, el mejor relato de toda la antología, sin duda alguna. Una historia de tintes ecológicos catastrofistas, con el fin del mundo en el horizonte, pero tratado con un humor muy británico que hace que la reflexión «entre» mucho mejor sin ocultar su terrible mensaje. En la campiña inglesa una bióloga cree haber oteado una cría de piquicorto cuando ya se creía extinta la especie. Buscará la ayuda de un par de colegas para intentar capturarla. Un intrigante planteamiento, el juego de confusiones que se establece entre los protagonistas y mucha ironía convierten en una delicia su lectura, aún a pesar del tétrico mensaje que en realidad encierra. Sobresaliente.

En la lotería del reparto de posiciones Di «hola» de parte de Gwydion, de María Angulo y Steve Redwood, tiene la suerte de no haber caído a continuación de El niño de las estrellas, relato con el que comparte más de un punto en común, pero difiere en planteamiento, trama y desarrollo. En un lóbrego sótano una mujer permanece atada a una cama, donde es torturada con extraña meticulosidad por su secuestrador, quien alterna el dolor con ciertos cuidados paliativos. La mujer no puede entenderlo, pero todo tiene una razón. Un muy intenso relato con un cierre un tanto sorprendente. El peso de las creencias en las decisiones vitales que se toman, la hipocresía inherente al ser humano, el derecho de los padres sobre la vida de sus hijos, los ocultos designios del corazón y la mente, y, una vez más, el «retrógrado» catolicismo como parte del leit motiv catalizador de la historia.

El traductor de Dios, de Javier Castañeda de la Torre, presenta una ucrónica realidad alternativa donde la cabalísitca judía es la ciencia dominante en buena parte del mundo, en contraposición al álgebra de los árabes, y las cosas funcionan mediante el descubrimiento, combinación y permutación de la escritura de su «nombre divino», que encierra también su función. En un mundo castigado por una terrible plaga de resonancias bíblicas, el protagonista, Judá, se embarcará en la peligrosa búsqueda del nombre de Yahvé por amor a su mujer e hijo no nato. Imaginativa, emotiva y terrible, con una curiosa reflexión final sobre el poder «creador» del ser humano que encierra toda una defensa de la «evasión», es una historia sobre la naturaleza humana, sobre los prejuicios, sobre la difícil convivencia de las diferentes creencias, sobre el camino científico, y sobre el amor y las impensables acciones que mueve a realizar. Entretenida y conmovedora.

Cierra el volumen el relato que le da título, Mariposas del Oeste, de Elaine Vilar Madruga. Un cuento bastante inclasificable, poético y estremecedor, que versa sobre una niña que es elegida para «servir» al «Dios» al que deben presentarse todas las Hijas del Oeste. Entre la ciencia ficción post apocalíptica, el terror y la fantasía, navega por aguas turbulentas con lírica belleza y cierta vacuidad entre la denuncia del papel y la indefensión de las mujeres en la sociedad y la muestra de los horrores a los que aboca cualquier conflicto a gran escala.

Un volumen irregular, con ciertos altibajos, que logra sobrepasar con nota el aprobado y al que, sinceramente, creo que merece la pena darle una oportunidad. Si se consigue dejar a un lado el cansancio que ya provocan —o simplemente se comparten— las filias y fobias anticlericales aparentemente inherentes a un buen número de escritores hispanos —un secreto a voces que llegó incluso a ser tema de una mesa redonda en alguna HispaCon— es de suponer que se disfrutará mucho más. Lo cierto es que el peso de los buenos relatos decanta la balanza a su favor frente a los «indiferentes» o menos buenos —pues tampoco podría calificar a ninguno de abiertamente malo—. Ahora solo queda esperar a la segunda entrega de la colección, A la deriva en el mar de las lluvias, con su a priori excelente selección de autores extranjeros, y a todas las que, ojalá sean muchas, vengan después.

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Reseña de otras obras relacionadas:

Sergio Mars:
    La mirada de Pegaso.
    La ley del trueno.