jueves, 5 de noviembre de 2015

Reseña: Los que sueñan

Los que sueñan.

Elio Quiroga.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Minotauro. Col. M. Barcelona, 2015. 431 páginas.

Esta novela, galardonada con el XII Premio Minotauro, empieza como una historia de terror de ambiente agobiante a caballo entre la «casa encantada» y el horror cósmico, para embarcarse después en una ciencia ficción que llega a mezclar lo apocalíptico, la space opera y las teorías cuánticas aplicadas al campo informático para terminar incorporando puntualmente, incluso, algunos elementos totalmente fantásticos y algo chocantes dentro de un relato con una fuerte coherencia interna hasta entonces. Elio Quiroga es una autor ampliamente fogueado en las tareas de la escritura, tanto de guiones —de cine y de comic— como de novelas, así que el oficio se le nota a la hora de afrontar la trama con diversos enfoques, niveles, puntos de vista y técnicas narrativas, con un carácter enormemente visual y cinético. Es una historia que va creciendo de lo más intimista a lo más desatado, que trata multitud de temas con una mirada despiadada, cruel incluso, aventurando un futuro, a pesar de ciertas promesas de vida eterna, más bien poco atractivo. Computadoras cuánticas, existencias en mundos virtuales a la carta, guerras de religión a nivel planetario, personajes desfasados, dilemas éticos y morales, la muerte como un camino para seguir viviendo...

El matrimonio formado por Dante y Dana vive, junto a su hijo Justin, en una gran «cabaña» en un paradisiaco emplazamiento en la ladera de un valle enclavado entre montañas. El idílico ambiente también se refleja en la familia, que vive una vida de ensueño disfrutando de la paz y tranquilidad del lugar, aislado pero no exento de todas las ventajas que pueda aportar la civilización tecnológica, como la enseñanza online mediante dispositivos móviles del niño o las mejores instalaciones que se pueda imaginar para los mayores. Pero una mañana Justin despierta gritando y a partir de entonces comienza a sufrir inquietantes pesadillas, al tiempo que Dante descubre una sombra, una inexplicable fisura que parece eludir la observación, en una esquina del techo de la cocina. Y toda la felicidad y la armonía comienzan a venirse abajo.

Dividida en tres parte, es en la segunda donde la historia se desliza decididamente en esa ciencia ficción que ya apuntaban ciertos detalles de la anterior. Quiroga embarca entonces a los lectores en una trama casi de suspense ambientada en un mundo que camina a marchas forzadas hacia su final. Tras una devastadora guerra que ha arrasado con buena parte de las ciudades y mientras más y más personas vuelcan su personalidad en Alpha, un programa que ofrece «cielos» artificiales a la medida de cada usuario, la Tierra avanza precipitadamente hacia la despoblación. En una ciudad de San Francisco en estado ruinoso, semiabandonada, y cada vez más peligrosa, Dante tendrá que lidiar con diversos fantasmas de su pasado, como el recuerdo de aquello que creó junto a sus compañeros Caín Grey y Dana Schufftan, habiéndose embarcado en una misión que le obsesiona al punto de convertirlo en un individuo antisocial incapaz de relacionarse de forma «normal» con el resto de la gente y un adicto a ciertas sustancias estupefacientes de nuevo cuño.

El planeta se sumerge en un dilema de fácil respuesta, pero terribles consecuencias. ¿Quién quiere arrastrarse por su penosa existencia cuando puede acceder fácilmente a una existencia superior, sin dolores ni enfermedades ni preocupaciones? ¿Sigue siendo la misma persona? ¿Qué sucede cuando ya no hay vuelta atrás? ¿Quién pagará por todo ello?  Un tema polémico, pues para digitalizar a la persona, para que pueda integrarse a su existencia virtual, la misma debe morir en su cuerpo físico, pues sino el proceso no puede completarse. Además, no todos pueden financiarse el proceso, debiendo resignarse con opciones más limitadas o ilegales. Los ricos seguirán disfrutando de sus grandes privilegios, mientras el común de los hasta ahora «mortales» deben conformarse con entornos estandarizados y sencillos. La novela avanza en un crescendo de la acción, que va aumentando en gran escala desde una intriga casi individual a una space opera desatada de carácter poco menos que bélico. Mientras Dante va desenredando su plan, ajeno a todo lo que no sea cumplir sus anhelos, la dominación del mundo, o de sus restos, está en juego, y las grandes religiones no están por la labor de dejar que sean las otras las que se hagan con la supremacía sobre las escasas almas que van quedando sobre la faz de la Tierra. El fanatismo y el terrorismo, unidos de la mano, destrozan un planeta que ya estaba al borde del abismo. Pero, ¿qué pasaría entonces si los cielos artificiales no fueran tan seguros como Alpha siempre había prometido, si la Humanidad siguiera siendo tan poco fiable como ha sido hasta ahora? Suspense y acción van de la mano consiguiendo atrapar el interés del lector.

Con varios cambios de enfoque y de estilos, de tiempo verbal o de punto de vista sin aviso, y un ritmo, cuando el autor no se embarca en explicaciones demasiado directas, sostenido y atractivo, la trama transcurre bajo un vívido ambiente claustrofóbico y oscuro, de un palpable pesimismo adecuadamente deprimente, de fin del mundo conocido. Destila una absoluta falta de esperanza en el futuro hacia el que se encamina la humanidad, dominada por una suerte de capitalismo con una empresa que hace lo que sea para vender su producto, para convertirse en hegemónica, y en unas religiones que han pasado a convertirse en parte del problema y no de la solución, llevando al extremo la «guerra santa». El conflicto está servido.

Lástima que uno de los «villanos» elegidos, con esa manía perenne del fantástico español de reflejar en sus libros todas sus fobias hacia la misma —aunque reconozco que esto es un hartazgo personal—, sea la Iglesia Católica, y encima con unos representantes retratados aquí cual malos de opereta, rozando incluso la parodia, que no añaden precisamente credibilidad al conjunto, sino más bien al contrario, sobre todo cuando sirve de excusa para introducir una serie de elementos totalmente fantásticos e increíbles —lo que se oculta en los más recónditos sótanos del Vaticano— que rompen de manera radical con una narración que hasta el momento discurría por caminos bastante adecuados e interesantes dentro de la «coherencia» científica interna con guiños incluso al hard —aún a pesar las más extremas de las teorías—. Como parte del trasfondo hubiera estado más que justificado, pero el protagonismo obtenido resulta desmedido y poco verosímil, aunque entiendo que haya lectores que vayan a gozar con el particular retrato que el autor realiza de la odiada y maligna Iglesia.

Pero si de algo «peca» Quiroga es de ofrecer de forma en ocasiones un tanto forzada parte de la información que sustenta las teorías necesarias para que todo la trama se sostenga, para poder desarrollar las realidades virtuales o justificar el punto de no retorno en que se encuentra su mundo. En un momento dado el autor, significándolo además mediante el color gris de las páginas, introduce a modo de ensayo escrito por el propio Dante, quien se pone a releerlo en la menos ocurrente de las situaciones, un profuso y largo —demasiado largo— texto donde vierte todas las teorías en las que se sustenta la trama en cuanto a temas de astronomía, cuántica, sociedad, religión, genética, evolución, el tiempo, la naturaleza del yo, la mente, computación,... Más allá del homenaje que Quiroga parece ofrecer a John Updike, con citas y comentarios de su novela La versión de Roger, se antoja que se trata de un innecesario ejercicio —el propio autor ofrece en una nota al pie la posibilidad de saltarse su lectura sin más como algo totalmente prescindible—, que peca de redundante, pues muchas cosas ya se habían explicado mucho más satisfactoriamente dentro de la propia narración, que va contra la máxima en la teoría literaria de «mostrar, no contar», y que además corta la acción en un momento de tensión creciente. No carece de interés, en absoluto, pero quizá no era el lugar para incluirlo dada su densidad.

Los que sueñan es un relato que se crece en sus giros y sorpresas —algunas de las cuales llega a adquirir un carácter desmesurado y espectacular—, que apunta un negro futuro dominado por el desarrollo de la computación cuántica y aplicaciones como el volcado de cerebros. Guarda un difícil equilibrio entre la reflexión existencialista, los dilemas éticos y morales planteados por el «volcado» de conciencias, y la acción más desatada y explosiva, tanto a nivel de individuos como de tropas de choque; y alterna momentos un tanto áridos con otros cargados de introspección y con escenas realmente frenéticas y emocionantes. Teoría cuántica, computación, amores perdidos, drogas de diseño, religiones desquiciadas, traiciones imposibles de olvidar, venganza, locura, ambición, transhumanismo, vida más allá de la muerte... La promesa de felicidad eterna no sale gratis y siempre hubo una serpiente en el Jardín del Edén.

2 comentarios:

Jaime Ariza dijo...

Hola!! este es un libro que me llamó la atención cuando lo vi entre las novedades de la editorial, asi que seguro que lo lea, ademas me gusta esa mezcla de generos. Gracias por la reseña
Por cierto, acabo de descubrir tu blog, y ya te sigo y te invito a visitar mi blog
Un abrazo

Santi dijo...

Hola, Jaime.

Gracias a ti por pasarte a comentar. Me alegro de que la reseña te haya servido, para eso las hacemos ;-) La verdad es que es un libro muy curioso, con los "pros" ganando a los "contras".

Ya me he pasado por tu blog, me ha gustado y lo he enlazado en el nuestro para que nuestros visitantes puedan verlo.

Saludos.
Santi.