jueves, 14 de abril de 2016

Reseña: La saga de Hrolf Kraki

La saga de Hrolf Kraki.

Poul Anderson.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Alianza editorial. Col. Runas Ciencia ficción y fantasía. Madrid, 2016. Título original: Hrolf Kraki's Saga. Traducción: Lorenzo Martín del Burgo. 309 páginas.
Las sagas nórdicas han sido fuente de continua e inagotable inspiración para los autores de Literatura Fantástica, ya fuera a la hora de crear sus propios mundos o de recrear otros ya existentes. Publicada originalmente en 1973 —en español en 1993 en la colección Última Thule de Anaya—, al dar forma a su historia Anderson reunió materiales de las antiguas sagas nórdicas para «reconstruir» y actualizar a un lenguaje moderno, aunque respetando un agradable tono arcaizante y un tanto grandilocuente —en el buen sentido— procedente del material original, la historia de uno de los grandes héroes míticos de Dinamarca, el rey Hrolf Kraki, quien llegaría a unificar los distintos reinos y condados daneses bajo su dominio. El relato recoge las vidas y hechos de sus antepasados, sus parientes cercanos, sus guerreros más leales y sobresalientes, y sus enemigos acérrimos. Refleja sin tapujos unos tiempos duros y violentos, llenos de actos luctuosos, de sanguinarios combates, de enfrentamientos fratricidas, de guerreros míticos, de batallas heroicas y matanzas sin sentido, de amor, lujuria, violaciones e incesto, de pillaje, de familias enfrentadas, de rivalidades imperecederas, venganzas espurias y ambiciones desmedidas…, ofreciendo un relato cargado tanto de la épica más sublime como del más brutal patetismo, de heroísmo y de traición, de bondad y perfidia, de leyendas, magia, brujería, misticismo, y de la forja de un reino que supondría un momento de paz que Odín no podía llegar a permitir que se prolongase en el tiempo.
Con la acción situada en torno a principios del siglo VI, los dispersos y fragmentados textos en que se basa Anderson para sostener la historia se suponen escritos en torno a los siglos XI a XII recogiendo la tradición oral y las leyendas de los pueblos eslavos, emparentando la narración con otros cantos conocidos como puedan ser las Eddas o el Beowulf —con la que comparte algunos de los personajes, incluido su protagonista que llega a aparecer aquí nombrado con el nombre de Bjovulf—, siendo antecedente incluso de algunas tradiciones artúricas con las que comparte más de una característica. Para unificarlo todo y justificar de alguna manera el tono y el contexto un tanto mítico y cargado de supersticiones, el autor echa mano del recurso de hacer que el relato venga de boca de Gunnvor, esposa de Eyvind el Rojo, un soldado que gozaba de la confianza y amistad del rey británico Aethelstan, a quien se lo narra en las largas noches de invierno mucho tiempo después de que acaecieran los hechos y el tiempo los dotará de toda una pátina de leyenda; aunque hay un momento en que el propio autor parece olvidarse un tanto de ello dejando de introducir en el texto las interpelaciones y reflexiones de la «narradora» que sí se dan al principio.
Así, echando mano de muy diversas fuentes, como bien explica en la introducción, el volumen se estructura en torno a una serie de historias interrelacionadas que se van sucediendo y emparentando hasta desembocar en la del propio Hrolf Kraki y la unificación de Dinamarca bajo su dominio. El protagonismo va a recaer de esta manera en diversos parientes y guerreros cercanos que condujeron, bien como aliados bien como enemigos, a su reinado. El rey Halfdan y su malvado hermano Frodhi, su enfrentamiento fratricida y el fruto de sus escarceos. Los hijos de Halfdan, Hroar y Helgi, su nacimiento, su infortunio, su «exilio» forzoso y su retorno. El héroe tuerto Svipdag y su lucha contra los berserkir. La lujuriosa locura de Helgi y sus funestas, o no tanto, consecuencias. La reina Olof, el desventurado alumbramiento de su hija Yrsa y todo lo que habría de traer. El poderoso Bjarki y la bestial maldición heredada de su padre. La vengativa, envidiosa y rencosoa Skuld y el poder terrible de su brujería... Son tan sólo unos pocos de los implicados en el devenir del destino que llevaría al reinado de Hrolf Kraki, a la reunión de doce grandes héroes en torno suyo, a la unificación del reino, y a la aciaga y épica batalla con la que habría de culminar sangrientamente su saga.
Una saga que es un auténtico y enardecedor cantar de gesta, en el que Anderson doblega su propio estilo a la historia que está narrando, dotándola de una cadencia narrativa declamativa y guardando un impecable equilibrio entre la escritura actual y el ritmo y musicalidad de los cantos antiguos, acercando así a los lectores el relato original de una forma totalmente moderna —de hecho, y a pesar de los más de 40 años pasados desde su primera publicación, su intensidad, fuerza, crudeza, intriga, heroismo y violencia no desmerecen en absoluto en comparación a autores de moda hoy en día como puedan ser Abercrombie o Martin—. Junto al relato más épico, Anderson dedica también una buena parte del texto a reflejar las costumbres y el modo de vida de sus protagonistas en privado y en público, de sus festividades, sus creencias, sus ritos funerarios, sus construcciones y viviendas, del folclore, las armas, el comercio, la agricultura, la piratería, el conocimiento de las estaciones..., detalles con los que, aunque no sea su objetivo primario en absoluto, consigue dotar al trasfondo de insospechada profundidad e interés historiográfico más allá de la abundancia de sangrientos combates que salpican sus páginas.
Y es que Anderson, fiel a sus fuentes y a la forma de entender el mundo de la época en que se sitúa la acción, tampoco busca ceñirse ni atarse a un estricto rigor histórico ni edulcorar la epopeya, y no duda tampoco en mantener en el texto como hechos «ciertos» algunos eventos y seres de carácter más fantástico tan característicos de las sagas nórdicas —profecías, maldiciones, espadas mágicas, brujería; dioses, elfos y cambiaformas...— que, no obstante, casan a la perfección con la cosmología que manejan los protagonistas. El mundo de Hrolf Kraki y sus guerreros es un mundo duro y peligroso, inmisericorde, donde la vida vale poco, la lealtad es difícil de mantener, la ley se impone mediante la espada, los fuertes cogen lo que quieren, las mujeres y los débiles deben aprender a usar sus propias «armas» o a ser usados sin miramientos, donde el valor y el honor son moneda de cambio, las relaciones familiares no son siempre de lo más cordiales, y donde la superstición se hace realidad y creencia ya que las explicaciones a hechos para ellos incomprensibles sólo pueden venir de la acción de la mano de los dioses.
Como detalle anecdótico, en la interesante introducción al libro, donde el autor da cuenta de los antecedentes reales y legendarios, de las fragmentarias fuentes literarias y mitológicas a las que echase mano para su reconstrucción de la saga, también parece querer marcar distancias frente a El Señor de los Anillos —tan de moda entonces como ahora—, aunque lo cierto es que el texto de Anderson, por estructura, enfoque y espíritu, debiera ser más bien confrontado con los relatos que aparecen en El Silmarillion —aunque, por supuesto, por entonces éste no había sido todavía publicado—, con los que comparte un tono mucho más cercano y donde se pueden llegar a apreciar de verdad en toda su amplitud las abundantes influencias de las sagas nórdicas que Tolkien haría suyas.
La saga de Hrolf Kraki que «reconstruye» Poul Anderson es en realidad la saga de sus guerreros, a través de los cuales la personalidad y actos del rey se verán retratados. De hecho, el punto de vista narrativo personal de Hrolf Kraki apenas aparece como tal, en un papel «protagonista», hasta casi el final del volumen, y su figura se va construyendo a través de los ojos y las hechos de quienes apuntalan su historia, muchas veces incluso con la acción temporal y geográficamente lejos de la localización del propio rey. Es así esta una historia coral, rica, llena de matices, de subtramas y manos-de-serpiente; intensa, directa —sin florituras ni añadidos innecesarios—, violenta, poética y cruenta, mítica y legendaria, grandiosa, épica, nostálgica y dolorosa. Todo un acierto por parte de Runas la recuperación de esta obra en un momento en que lo nórdico parece estar obteniendo un interés creciente. Decir que es recomendable es quedarse corto.

4 comentarios:

Mangrii dijo...

Hola :) Justo es mi siguiente lectura, y le tengo muchas ganas. Quiero ver como Anderson me sumerge en esa Dinamarca vikinga, con esa documentación que todos coincidís que tiene y una historia que se lee en un suspiro. Espero disfrutarla mucho. Un abrazo^^

Santi dijo...

Es cierto que tiene mucha documentación, pero Anderson la introduce de forma muy acertada y sutil, sin que casi se de uno cuenta hasta que "mira" hacia atrás y descubre la cantidad de cosas sobre esa cultura que el autor ha metido en el relato.

Espero que lo disfrutes y no te decepcione con las expectativas tan altas ;-)

Saludos.

Anónimo dijo...

Por qué dices que se permiten TODOS los comentarios? Todavía no hablas de mí. Ni para insultarme.....

Santiago dijo...

Este es precisamente uno de esos comentarios que, por ampararse en el anonimato y no aportar nada de interés, se valoran más bien poco, invitando a dejarlo sin contestación.

La absurda contradicción que encierra, sin embargo, me lleva a preguntarme cómo podría hablar de alguien, o incluso insultarle, sin saber de quién se trata. En fin...

Saludos