lunes, 12 de junio de 2017

Reseña: La quinta estación

La quinta estación.
Trilogía de la Tierra Fragmentada, volumen I.

N.K. Jemisin.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Ediciones B. Col. Nova. Barcelona, 2017. Título original: The Fifth Season. Traducción: David Tejera Expósito. 446 páginas.

El mundo de la Quietud, el mundo que construye Jemisin para desarrollar esta particular aventura, está construido sobre la opresión y sobre el temor, sobre la injusticia y el miedo,sobre cadenas auto impuestas. Así que lo primero que hace la autora, casi antes de entrar en las diferentes tramas, es romperlo todo y presentar el final del mundo. Así comienzan las buenas historias, con sorpresa y drama. La novela y sus diferentes hilos se sustentan sobre el cambio del status quo, sobre la ruptura con lo anterior y sobre las consecuencias que esto acarrea, algunas más desastrosas que otras. Se trata de una historia de supervivencia a través del cambio de paradigma. ¿Ciencia ficción? ¿Fantasía? ¿Importa en realidad? La autora presenta un mundo repleto de preguntas, pero que conforme van produciéndose algunas respuestas se va descubriendo cargado de coherencia y de lógica interna. Incluso se podría intuir que se trata de nuestro propio mundo en un futuro remoto. Pero, ¿seres que dominan los elementos, que desencadenan o atan la furia de los volcanes a su voluntad? ¿Magia o, tal vez, ciencia inexplicable —e inexplicada—? En el fondo no importa, de verdad, no importa. Porque la historia, y vaya si hay una historia, va de otra cosa. No precisamente de escapismo. Y es maravilloso descubrirlo.

En el Prólogo un hombre, acompañado de una mujer que no termina de parecer del todo una mujer, rompe una parte de su enemigo, y ese enemigo no es otro que el Padre Tierra. Esa ruptura causa un cataclismo que desencadenará la peor quinta Estación nunca recordada: El fin del mundo. Entonces las tramas se dividen para seguir las desventuras de tres mujeres, una madura, una niña y una joven. Ninguna lo tiene fácil. Todas tienen que hacer frente a sus particulares retos. Y las tres tienen que luchar contra un mundo que no las acepta y que las fuerza a hacer aquello que no desean. Como bien se dice en un momento dado, también hay lapsos de tranquilidad y felicidad, pero en el fondo son el enfrentamiento, el miedo y el dolor los que mueven las historias. Aquí no es distinto. Y por eso el relato se centra en las partes menos dichosas; en la tragedia.

La Quietud
La Quietud, un supercontinente que antaño fuera varios y que volverá a serlo, el escenario donde transcurre la acción, es un lugar de condiciones metereológicas extremas, siempre amenazado por los continuos movimientos sísmicos, erupciones volcánicas, terremotos y tsumanis. Movimientos provocados por el Padre Tierra que, se dice, odia a los humanos y no cesa de intentar eliminarlos de su piel. Los humanos han evolucionado para poder «sesapinar» la naturaleza de la roca y sus vibraciones mediante una glándula especial para ello. Y unos unos cuantos, los orogenes, nacen dotados con la habilidad de controlar los movimientos tectónicos, consiguiendo atenuar, incluso detener, sus efectos demoledores, redistribuyendo la energía elemental de la tierra, aunque también podrían desatarla causando grandes destrozos. Por ello, pese a sus acciones encaminadas a disminuir la destrucción, son despreciados como monstruos por el resto de humanos, los «táticos», que ven en ellos algo tan innatural y amenazante que despierta en ellos miedo y odio, no dudando de calificarlos con el despectivo nombre de orogratas. Bajo la amenaza de ser expulsados de las comus o simplemente ser asesinados, se fundó hace mucho tiempo el Fulcro, un lugar donde bajo la tutela de los Guardianes, quienes les enseñan a controlar sus poderes, los orogenes se entrenan para servir y ayudar como meros instrumentos al servicio del imperio de Sanze en nombre de la estabilidad. No son sino una suerte de esclavos con privilegios que se pusieron así mismos el yugo de la esclavitud en pos de la supervivencia.

Las tramas de La quinta estación llevan al lector a tres etapas del fin del mundo, tres momentos cuya relación pronto se hace evidente, pero que tarda en desvelarse. Tres mujeres orogénicas enfrentadas al dolor y la pérdida, al final de su propio mundo que da lugar a una nueva etapa. Essun, la mayor, que ha vivido en la clandestinidad con su condición de orogén escondida al resto de su comu, incluso de su marido, el asesino de su hijo, debe abandonarla ahora mientras el mundo se hace pedazos a su alrededor, mientras la impulsan a medias la esperanza y el deseo de venganza. El relato se inicia así, yendo a lo personal, con el narrador utilizando una segunda persona para contarle a Essun su propia historia, y quizá la de las otras dos mujeres, convirtiéndolo en algo íntimo y cercano. Con ella el lector asistirá a los primeros estertores del mundo, a las primeras consecuencias del devastador desastre.

Las otras dos historias, en un periodo indeterminado que se sabe anterior al cataclismo, son las de Damaya, una niña que debe dejar su hogar, donde no es demasiado querida por otra parte, para ser instruida en el Fulcro, y a través de cuyas vivencias el lector se internará en el aprendizaje y dominio de sus «dones», en la convivencia con otros orogenes, y en los entresijos y misterios del lugar. Y la de Sienita, la joven tetranillada al servicio del Fulcro que es enviada a cumplir la misión de liberar un puerto marítimo del coral que impide la navegación en el mismo, una misión que implica cumplir con alguna de las obligaciones nada agradables de su condición; a través de sus vivencias la autora va a ir asentando las bases de buena parte de la sociedad y de las costumbres de la Quietud. Las tres dotan de una enorme carga emocional al relato. Y eso por no hablar de Alabastro o de Hoa, de Tonkee o de Innon, o de tantos otros personajes que dan profundidad al relato.

Jemisin hace un magnífico ejercicio al presentar su mundo sin atosigar con toda clase de datos al lector. Apenas existe exposición directa y todo se va revelando a través de la acción, de las vivencias y relaciones de las protagonistas, de su particular descubrimiento de un mundo que de alguna manera empiezan a descubrir también ellas. Se guarda muchos secretos, pero es en bien de la historia. Deja caer detalles, ciertos indicios de cosas que se intuye van a ser importantes, pero que no se terminan resolviendo en este volumen —como la presencia de esos obeliscos que flotan en el cielo, el destino de la civitusta que los construyó o la relación que tienen con los orogenes—, y sólo poco a poco se van uniendo los puntos. A la hora de enfrentar la lectura lo mejor es dejarse llevar, sumergirse en el relato sin buscar en todo momento las claves del mismo, conscientes de que la autora va a llevar el barco a buen puerto.

Así ante la vista del lector se va pintando un continente repleto de reliquias y ruinas de civitustas pasadas, de maravillas olvidadas ante la necesidad inmediata, de comubundos y comepiedras… Y es que el de la Quietud es un mundo construido con mimo, donde predominan los humanos de piel oscura porque las zonas que darían lugar a pieles más pálidas son las más inestables y, por tanto, las menos pobladas y con menos ascendencia sobre el resto de comus, o donde las caderas anchas de una mujer son vistas como un rasgo deseable, de enorme belleza, en una sociedad dependiente al extremo de la fertilidad —incluso una de las siete castas al uso en que se divide cada pueblo, la de los sementales, está dedicada precisamente a mantener saludables las líneas de sangre—. Es un mundo práctico construido sin embargo sobre la injusticia y la crueldad. Un lugar donde los orogenes son sometidos y explotados de la peor manera, sin tener en cuenta sus deseos ni preferencias; usados como herramientas sin libertad alguna. Donde determinadas mujeres deben enfrentar, y aceptar sin rechistar, el horror de ser forzadas a procrear sin elección alguna. Donde el destino de cada uno se encuentra prácticamente marcado desde el nacimiento. Donde la opresión e insidiosos racismos —o clasismos— están a la orden del día. Donde la Historia, incluso estando grabada en piedra, puede ser modificada en beneficio del poder...

Se le puede achacar, aunque también es algo que podría explicarse por la idiosincrasia del mundo, que todos los pueblos por los que van pasando los protagonistas, las sociedades presentadas, resultan demasiado similares, demasiado homogéneos. Se intuye que ha existido una fuerte mezcla de procedencias, de razas, promovida desde los poderes fácticos siguiendo lo escrito en el litoacervo —el saber de eras anteriores transmitido a través de las generaciones y que prepara para la llegada de las quintas estaciones— y que gran parte de las comus, las mayores al menos, se sitúan a lo largo de la zona ecuatorial, pero aún así en un continente que no deja de ser inmenso se antoja que debería existir una mayor diferenciación de sociedades y pensamientos. Un pero muy menor en el conjunto de la obra, también es cierto.

una obra muy agradable de leer gracias a la buena edición de Nova y en la que, como se podrá apreciar por los «palabros» utilizados a lo largo de toda la reseña, no se puede dejar la ocasión de ofrecer un aplauso para el traductor y su traducción que consigue, dentro de la extrañeza de los nuevos términos acuñados, una grata inmersión en la lectura.

Cuando el mundo termina es la hora de forjar algo nuevo. La quinta estación, primera entrega de trilogía, es una apabullante aventura que atesora, perfectamente integrada y lejos de cualquier demagogia o intento de aleccionamiento, una poderosa carga de denuncia. Búsqueda y forja de la identidad, incluso al final de una vida; violencia, opresión, rigidez y estancamiento social, racismo y persecución; viajes, aprendizaje, romance, muerte, desolación… Una historia que mantiene un ritmo sostenido hasta alcanzar un final con un cliffhanger de tal magnitud que deja con inmensas ansias de que Nova publique ya mismo su continuación. Después de todo, el final de una historia no es más que el comienzo de otra.

5 comentarios:

Javi R dijo...

Muy buena reseña como siempre.

A pesar del hype que acompaña a esta novela, lo cierto es que a mi me ha sorprendido de forma positiva.

Muy buen worldbuilding, personajes sólidos y una historia bien hilvanada.

De lo mejor dentro de la fantasía en este año.

Saludos

Santiago dijo...

Hola, Javi.

Yo antes de leerla intenté aislarme de todas las expectativas. De hecho hasta después de subir la mía no he leído ninguna de las muchas reseñas que circulan por ahí. Desde luego, ya había visto muchas recomendaciones, así que me resultó casi imposible ir inmaculado a la lectura, pero merece la pena dejarse sorprender.

Como apuntas, todo el conjunto de la novela resulta de lo más sólido y currado. Muy interesante

Saludos
Santi

Mangrii dijo...

Otra reseña más para este libro al que le tengo muchas ganas, pero que quiero dedicar su lectura en un momento en el que pueda disfrutar de ella a fondo y salga un poco de este letargo lector que me lleva la vida laboral veraniega. Un abrazo^^

Rul T. dijo...

Coincido con Mangrii, otra reseña más que incrementa las ganas de leer ese libro. Esperemos que se dé la oportunidad.

Saludos!

Santiago dijo...

Muy buenas a ambos.

Esta novela merece encontrar el hueco adecuado para leerla. No se puede hacer a matacaballo, sino dedicándole la debida atención. Y es una lectura que recompensa con creces el tiempo invertido.

Saludos