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viernes, 11 de octubre de 2013

Reseña: Clementine

Clementine.
El siglo mecánico 2.

Cherie Priest.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La Factoría de Ideas. Col. Solaris ficción # 172. Madrid, 2013. Título original: Clementine. Traducción: Laura Rodríguez Gómez. 223 páginas.

En Boneshaker Cherie Priest construyó un interesante y, al menos de «fondo», muy amplio escenario de carácter steampunk retrofuturista del que apenas exploraba una minúscula parte en dicha obra al centrarse, «tan sólo», en ciertos sucesos en torno a la ciudad de Seattle. En Clementine, a pesar de su brevedad, la autora extiende el territorio de la acción mostrando nuevas zonas de esos EE.UU. alternativos todavía inmersos en la Guerra de Secesión en 1880; y lo hace, básicamente, mediante el relato de una intensa persecución ―¿o más bien, dos?― llena de enfrentamientos entre dirigibles, peleas y tiroteos salvajes, espionaje, ladrones, contrabandistas, soldados, grandes armas, y cierta intriga y suspense sobre el cargamento de la Clementine y su destino. La brevedad de la novela impide la dispersión de temas, la prolijidad de descripciones o la aparición de un gran número de personajes, pero, en las dos tramas que desarrolla, el entretenimiento y el suspense están garantizados desde el «choque» inicial, ya que esa acción desenfrenada va a ser el común devenir del resto de la novela.

El capitán Croggon Beauregard Hainey, uno de los secundarios de la obra precedente se convierte aquí en uno de los protagonistas, es un antiguo esclavo fugitivo y en la actualidad pirata aéreo que se «hizo» en su momento con la propiedad de la Cuervo libre y que ahora, acompañado de su tripulación de sólo dos hombres, Lamar y Simeon, han de iniciar la violenta persecución de aquellos que se la han robado bajo las órdenes del pelirrojo Felton Brink, quien la ha rebautizado como Clementine y viaja, en teoría, en dirección a Lexington, Kentucky, con un misterioso cargamento a bordo. Pero tras su pista se encuentra también la antigua actriz y espía confederada y ahora miembro de la Agencia Nacional de Detectives Pinkerton, Maria Isabellla Boyd, quien como primera misión debe localizar y proteger hasta su destino el citado cargamento, y de paso si se tercia capturar o matar al antiguo esclavo impidiendo su objetivo de recuperar el dirigible robado. Dos líneas que van alternándose los capítulos de la novela hasta que, inevitablemente destinadas a chocar, se encuentren de forma explosiva ―aunque no tanto sorprendente―.

El misterioso cargamento de la nave, cuyo transporte urgente es el auténtico motivo del robo de la Cuervo libre dando origen así a la persecución, sirve como acicate para la acción, al tiempo que mantiene el interés del lector, siempre pendiente de qué pudiera tratarse y del porqué de su extraordinaria importancia. Se produce así una persecución que tiene su inicio en Seattle, en las cercanías del Pacífico, cruza sobre las Rocosas y les lleva por los cielos de Kansas; Missouri y Kentucky. Paralelamente, otra se inicia en Chicago, avanza rápidamente a bordo de un ingenioso aparatito, e «intercepta» o converge con la primera. Y entonces saltan chispas ―más todavía de las que venían saltando desde el principio de la novela―. Ambas, como se ve, abarcan un buen pedazo de territorio, aunque lo cierto es que el lector llega a contemplar más bien poco de las ciudades y lugares que van dejando atrás los implicados y sí, en cambio, bastante de sus cielos, insinuando mucho, pero describiendo en profundidad más bien poco.

Hay cierta ambigüedad moral en ambos personajes principales, envueltos en tiempos de guerra y decididos a hacer cualquier cosa necesaria para alcanzar sus objetivos. La muerte de todos aquellos que se cruzan en sus caminos no es un problema, sino un obstáculo a quitar de en medio, aunque sea a ráfagas de una Rattler bien engrasada.

Mientras el antiguo esclavo no tiene más motivación que recuperar lo que considera suyo ―quizá como símbolo de su duramente adquirida libertad―, al precio que sea y sin importar quien se interponga en su camino, hasta el punto de masacrar vilmente a aquellos que solo intentan impedir un robo, Maria, en su nuevo papel como agente de la Pinkerton se debate entre unas viejas lealtades sudistas por las que se siente traicionada y abandonada, su contrato con su nuevo jefe, a sueldo de la Unión, y un particular sentido de la justicia que la impulsará a interpretar sus órdenes con cierta mano izquierda, y que podría sumirla en cierto «conflicto de intereses»..

Cabe decir que el personaje de Maria Isabella Boyd está basado en un personaje histórico, de mismo nombre, qunie, en efecto, trabajó como espía para la Confederación y que Priest ha adornado para adaptarlo a las necesidades de su relato.


En la parte más steampunk, es de reseñar que la autora parece saber muy bien cómo son y qué características peculiares poseen cada uno de los dirigibles que aparecen en el relato. Sin embargo, hay cierta falta de definición en su descripción, ya que el lector no termina nunca de recibir una impresión detallada de los mismos, sino algo muy general, lo imprescindible para situar la acción ―como la impresionante escena de la cabina giratoria―. Como otro de los frutos de la brevedad de la obra y de esa especie de indifinición, a su vez, la caracterización de todos los personajes «secundarios» ―todos los que aparecen aparte de Hainey y Boyd―, aunque efectivos en su papel de apoyo o de confrontación, son despachados en un par de esbozos que quizá, sobre todo en alguno de ellos como el Dr. Smeeks, Ossian Steen, Felton brink, Lamar y Simeon, Algernon Rice… hubiera sido muy de agradecer que se hubiera profundizado un tanto.

Priest incluye como fondo algunas pinceladas críticas sobre la presencia de las mujeres en ciertos estamentos habitualmente reservados a los hombres, sobre la esclavitud ―y el racismo implícito― o sobre la ética en tiempos de guerra, que no obstante no ocultan, ni lo intentan, que ésta es una novela corta de pura aventura. Sencilla, divertida, emocionante e irónica, Clementine es entretenimiento de ritmo rápido y dinámico que cumple sin problemas con lo que promete y no se ve penalizado por su breve longitud, sino antes todo lo contrario ―alargar la novela seguramente la habría hecho más lenta―, permitiéndole ir directamente al meollo sin consideraciones ni añadidos supérfluos, contando la historia en su justa medida.

Con respecto a la anterior novela, cabe decir que Clementine es un libro de lectura prácticamente independiente, con pequeños puntos de contacto con BonshakerHainey, su tripulación y su nave Cuervo libre; crípticas referencias al Dr. Minnericht y los sucesos de Seattle…― con la que comparte «mundo», que hacen que, aunque no sea imprescindible haberla leído para disfrutar de esta, no deja de ser recomendable para obtener la visión «completa» del mundo que la autora está desarrollando. Y nuevas aventuras se atisban en el horizonte, ya que La Factoría ha anunciado la futura publicación de la siguiente novela ―larga― de la serie, Dreadnought.

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Reseña de otras obras de la autora:

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