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domingo, 24 de noviembre de 2013

Reseña: Brave Story 2. La Torre del Destino

Brave Story 2.
La Torre del Destino.

Miyuki Miyabe.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Quaterni ediciones. Madrid, 2013. Título original: ブレイブ・ストーリー. Traducción: Eva González Rosales. 377 páginas.

Este segundo volumen continúa justo donde habían quedado en la entrega anterior las andanzas del «Viajero» Wataru a través de las tierras de Visión en su búsqueda de completar el Sigilo, la llave que le permitirá acceder a la Torre del Destino. Para ello, el niño debe hacerse con las cuatro gemas que todavía le faltan por encontrar, y alcanzar la torre para obtener así el deseo que anida en su corazón. Al finalizar el anterior volumen, el niño era consciente de que uno de los dos Viajeros, Mitsusu o él, debía ser sacrificado al finalizar uno de ellos su misión, imbuyendo así a la narración de gran premura y emoción, haciéndole debatirse entre la búsqueda de su propio bien o el de los habitantes de Visión. Esta segunda parte ahonda en la exploración del mundo creado para la ocasión, visitando numerosas localizaciones nuevas y superando diversas pruebas, mientras prende la mecha de la guerra y la insurrección a su alrededor. A través de una historia, como ya comentaba en la reseña de Un nuevo viajero, muy emparentada en la idea con La historia interminable de Ende —un joven que viaja a un mundo fantástico creado por su propia imaginación y que depende de sus acciones para sobrevivir—, el relato sobresale por la manera de enfocar ciertos temas, más habituales en la literatura para adultos que en una infantil-juvenil como la que nos ocupa, de una forma tan entretenida como didáctica.

Es el deseo de Wataru de volver a reunir a su familia lo que le pondrá en el camino de tales pruebas; sin embargo, su grandeza radica en la fuerza y la decisión para dejar a un lado sus propios anhelos para ayudar en lo que pueda a los demás. Y es que no puede dejar pasar la injusticia, ni evitar responder a la llamada del deber y lo «correcto», cuando se crucen inopinadamente en su camino. A través de momentos felices y momentos tristes, acompañado de fieles amigos que van a hacer todo lo posible por ayudarle de forma desinteresada en su viaje por unas tierras cada vez más convulsas, deberá decidir si le importa más su propio deseo que el bien de todos los habitantes de Visión. Un lugar que, como bien se indicaba, es creado por la imaginación del propio Wataru —y, en paralelo, de su compañero y rival Mitsuru—, de modo que todo lo que allí existe es de algún modo la encarnación del mundo interior del niño. Así, la autora pone sobre el tapete la enorme dicotomía de su alma, donde de forma natural —e inevitable— tanto cabe el amor como el odio.
Los prejuicios raciales, muchas veces inconscientes; el abuso del poder sobre los débiles, que siempre encuentra quienes se enfrenten a él; las guerras, los conflictos, los enfrentamientos y la violencia en general que se esconde incluso en las acciones de quienes buscan activamente de la paz; la religión con todo lo bueno y lo malo que contiene y ofrece… son partes del alma de Wataru —y de muchos de los lectores de la obra— que deben ser «ordenadas» si desea alcanzar sus auténticos objetivos. Miyabe ofrece una lectura llena de claroscuros, evitando la tópica lucha entre el Bien y el Mal, y revelando que nadie es perfecto ni está libre de sus propias sombras interiores en su intento de actuar de la forma más correcta. Y lo hace con una envoltura de aventuras juveniles llenas de acción y criaturas sorprendentes bastante refrescante. Cierto es que a lo largo de la narración se producen ciertos altibajos y que la forma de conseguir algunas de las gemas es un tanto «torpe» o precipitada, pero supongo que ya era un libro suficientemente largo como para «perderse» en más disquisiciones secundarias.

Y es dentro del tono de aventuras precisamente, en la diferencia en la forma de enfocar sus misiones entre Wataru y Mitsuru, donde se plantea el auténtico dilema ético y moral que implica la consecución de sus tareas. Donde uno tan sólo ve herramientas que usar en su camino sin importar el coste entre los que le rodean, el otro no deja de desviarse de sus propios deseos para hacer frente al bien de los demás. Ambos deben reunir las cinco gemas para que la «diosa» les conceda el auténtico deseo de su corazón, y las diferencias entre uno y otro se van haciendo más y más evidentes conforme avanzan por unas tierras cada vez más convulsas. Pero eso no quiere decir necesariamente que la elección de uno sea más correcta o adecuada que la otra, no hay juicios morales aquí más allá de la evidente simpatía que despierta quien ayuda a los demás sacrificando sus propios anhelos, y la condena de quien utiliza a quienes le rodean como meros vehículos de sus deseos. El desenlace final, con el «ganador» de tan sorprendente duelo, da buena cuenta de ello.
Brave Story, La Torre del Destino, se desarrolla al modo de los videojuegos en los que de alguna manera se inspira el protagonista. Wataru y Mitsuru deben ir completando y superando etapas o niveles, consiguiendo las gemas y compitiendo entre ellos hasta lograr el objetivo final. Pero para la autora es evidente que es más importante el camino, las vivencias, que la meta. El lector asiste así a un viaje de crecimiento, de autoconocimiento, de aceptación y exploración emocional. Cada cual ha de aceptar la oscuridad que lleva dentro como una parte indisoluble de la propia vida para poder edificar sobre ello una mejoría y poder avanzar hacia adelante. Miyabe carga sobre los hombros del niño, porque está convencida de su fuerza interior, la resolución del conflicto existente dentro de su familia de un modo ciertamente dramático dado su edad, pero que refleja con mucha coherencia la realidad de tantos niños que deben luchar contra los sentimientos tan terrible y contradictorios producidos por el divorcio de sus padres, independientemente de sus causas o motivos. Al final, el viaje de Wataru es un peligroso e intenso viaje de sanación, pero no de los demás, sino de sí mismo. Y quién sabe si podrá triunfar en tan difícil tarea. ¿Mucho para un libro infantil-juvenil? Según nuestros estándares occidentales es muy posible que sí, pero tampoco está de más cierta profundidad en las reflexiones que provoca, independientemente de la edad a la que esté destinada la obra.

Como apunte final de la reseña, que poco tiene que ver con la historia que se narra en la novela, cabe decir que es una auténtica lástima que junto a la magnífica —y habitual en la editorial por otra parte— presentación y factura del libro, se una un grave fallo de maquetación, o en su revisión en todo caso, que no ha corregido la inclusión de un número ciertamente inusitado de palabras con sílabas mal cortadas por guiones al final de línea y que, por acumulación, llegan a resultar bastante molestas para la lectura. Una triste «anécdota» para el disfrute de esta atractiva aventura.
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Reseña de otras obras de la autora:

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