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jueves, 28 de enero de 2010

Reseña: Día de perros

Día de perros.
David Jasso.
Reseña de: Jamie M.
Hegemon Ediciones. Zaragoza, 2008. 269 páginas.
Premio Ignotus 2009 a la mejor novela de género fantástico en los premios concedidos en la pasada HispaCon de Huesca, una magnífica excusa para animarse a leerla, hay que reconocer que es algo difícil adscribir Día de perros en alguna de sus categorías. Tiene un poco, poquito, de ciencia ficción o ficción especulativa al situar la acción unos años en el futuro en el momento de su publicación, en una Zaragoza post-Expo fácilmente reconocible, aunque sin anticipar, no obstante, la actual crisis económica. Fantasía, entendida como elementos sobrenaturales, mágicos o extraños que se salen de nuestra cotidianidad, no he encontrado yo nada especialmente remarcable. Y terror, la especialidad hasta el momento de Jasso, tampoco es que haya mucho terror, sino más bien lo que el lector va a encontrarse es una realista historia con una creciente tensión que situaría la novela en la clasificación de thriller psicológico o de novela de suspense ―y de este si que hay bastante― de muy alta calidad, eso sí.
Como les sucede a los protagonistas, es fácil cometer un error que marque toda tu vida, sobre todo cuando eres un adolescente y estás aburrido y sin ideas de cómo emplear tu tiempo libre, cuando la chica de la que estás enamorado no te corresponde y cuando tus padres te usan como arma arrojadiza en su divorcio. Así, una calurosa tarde en el parque tomando la sombra debajo de un pino puede convertirse en una terrible aventura con catastróficas consecuencias. Eso es lo que les sucederá al protagonista de la novela, que escribe los hechos como terapia aconsejado por su propio psicólogo, y a su amigo Miguel, el cual, como no tienen nada mejor que hacer y para sacarse un dinerillo para pagarse unas cervezas e invitar a algo a sus amigas, decide raptar a un perro y esperar a que ofrezcan una recompensa a quien lo encuentre para devolverlo y así cobrar la misma. Dicho y hecho. Sin embargo, a partir de ese momento nada saldrá como esperaban, y ellos y su pandilla se verán envueltos en una huida hacia adelante donde cada vez las cosas se irán liando más y más con la intervención de los amos del perrito y de un “buen samaritano” que se ofrecerá a estos a buscar al supuestamente perdido can.
Relatado en primera persona cuando la acción sigue a los adolescentes y en tercera cuando los focos recaen sobre los dueños del perro, Jorge y Cristina, el relato avanza con una rapidez demoledora subiendo la tensión dramática a cada paso que avanzan unos y otros hacia su confluencia. Todo transcurre en una única tarde plagada de errores y de decisiones equivocadas. Anticipando desde la misma introducción el final trágico de la aventura, el buen hacer de la prosa de Jasso consigue dotar a una historia aparentemente trivial de una emoción cada vez mayor, haciendo que el lector no quiera soltar el libro hasta saber qué sucede a continuación. La lectura es muy fluida y amena, y si bien enseguida viene a la mente la idea de que un adolescente, sobre todo en las circunstancias del narrador, se supone que no escribiría de esa manera, con esas imágenes, descripciones y muestras de sentimientos, todo queda perfectamente explicado al final, lo cual es muy de agradecer.
Jasso ha conseguido retratar perfectamente la personalidad de estos jóvenes un tanto desorientados, dotándolos de una profundidad y un realismo admirables, con continuas referencias a sus gustos, a sus modas, a su pasotismo existencial y a su vocabulario que dotan de enorme credibilidad a la narración; al tiempo que en la parte en tercera persona consigue crear una enorme empatía con el dolor y sufrimiento de los amos del chucho, sobre todo de Cristina, una mujer que sufre de obesidad mórbida, que ve como desaparece una de pocas cosas que dan felicidad a su vida y que siente el rapto como una amenaza a su propia cordura. El deseo de su marido de protegerla, de hacerla feliz a cualquier precio, le llevará a contemplar cualquier posibilidad para recuperar al perro, incluso aquellas que le lleven a cruzar la línea de lo correcto. Lo que empezó como una simple travesura, una especie de broma sin gracia pero sin auténtica malicia, se convierte página a página en una persecución implacable que terminará en lágrimas y sangre.
Día de perros es un libro que, con una apariencia de simplicidad ―al fin y al cabo la historia no puede ser más sencilla― esconde en sus páginas importantes temas sobre los que pensar y reflexionar. Sobre el amor, la desesperanza, los sentimientos de los jóvenes y de los mayores, que muchas veces parecen tan distanciados y pronto descubre uno que nos son tan diferentes ni buscan cosas tan distintas; sobre el desarraigo, sobre la problemática familiar, el divorcio y sus consecuencias entre aquellos que, sin comerlo ni beberlo, se ven metidos en medio de un campo de batalla cuando no son directamente usados como munición que dispararse entre los cónyuges de la pareja rota; sobre la dificultad de mantener una comunicación real, abierta y honesta en estos tiempos en que todos estamos conectados a todos y cuantos más aparatitos tenemos más nos aislamos; sobre el amor a los animales y como el mismo puede trascender al amor entre la personas, muchas veces llegando a reemplazar a las relaciones con el resto del mundo; sobre la forma que tenemos de vernos a nosotros mismos que pocas veces coincide con cómo nos ven los demás, sobre como nos juzgamos con más dureza y a la vez más indulgencia que a los que nos rodean; sobre la soledad y el aislamiento que acarrea ser diferente al ideal de la sociedad, más aún cuando esa diferencia se ve como un defecto, en este caso la obesidad, y no como un acto de rebeldía; sobre la amistad, demasiado incondicional en ocasiones, y las cosas que nos hace hacer muchas veces contra nuestro mejor criterio.
Dotado de un ritmo trepidante, que no da reposo, con unas imágenes muy visuales, casi cinematográficas ―se nota que Jasso trabaja en el sector audiovisual―, Día de perros consigue atrapar en una espiral descendente al lector, haciéndole, a través de su eficaz prosa del autor, espectador de excepción de cómo el guijarro que ha sido lanzado se va convirtiendo sin remedio en avalancha, y asistiendo impotente, esclavo de la intriga, a la carrera que avanza imparable hacia un final que se intuye dramático y catastrófico ―como un tren que corre sin frenos, que sabes que va a descarrilar y aún así esperas contra todo pronóstico que encuentre una vía lateral donde detenerse y evitar la tragedia―. Un final, además, con un epílogo que tiene la virtud de modificar todo lo narrado, cambiando todo lo que creíamos saber y dándole un nuevo significado más impactante aún si cabe a todo lo que se nos ha contado, una mayor profundidad, e invitando a una relectura a la luz del nuevo y sorprendente enfoque.
Aunque el propio Jasso reconoce que en principio la novela iba a estar dirigida hacia un público situado principalmente en la franja de «jóvenes – adultos», los derroteros y los componentes algo más duros por los que pronto se embarca la acción, junto al buen hacer del autor, eleva la categoría y la hace destinada a que cualquier amante del misterio y la intriga, tenga la edad que tenga, puede verse atraído por su lectura y salga satisfecho de la misma. El libro es de fácil y rápida lectura, lo cual no le quita ningún mérito, sino que se lo añade en estos tiempos de mamotretos. De hecho, considero que tiene la longitud perfecta para la historia que se narra. Menos páginas seguramente le hubieran restado profundidad a la historia y a los personajes, y más páginas hubieran alargando innecesariamente la trama, difuminado, sin duda, su intensidad. Tal como está consigue mantener en todo momento la tensión creciente, sin decaer ni disminuir, hasta el impactante y, sí, a pesar de todo, inesperado final. Que nadie te lo cuente.
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Reseña de otras obras del autor:
 

2 comentarios:

  1. Jo, Jamie, gracias por la reseña. Escríbeme y dime quién eres porque quiero conocerte y pagarte un caña. Qué menos.

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  2. No, David, gracias a tí por escribir este pedazo novela.

    Ya tengo ganas de que se ponga a la venta "Feral" y poder leerla.

    Y ya veremos qué podemos hacer con lo de la caña ;-)

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