lunes, 7 de febrero de 2011

Reseña: Feral

Feral.

David Jasso.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Equipo Sirius. Transversal. Madrid, 2010. 294 páginas.

Lejos del planeta Tierra, Runa es una colonia minera donde la joven Marea se enfrenta a un futuro perfectamente estructurado, cómodo, aunque sin demasiadas opciones. Las empresa encargada de las prospecciones, Minerspace, ha dotado las instalaciones de gran número de comodidades, pero no deja de ser una existencia aislada lejos, muy lejos del planeta natal, donde las salidas y distracciones se encuentran todas dentro del mismo entorno restringido. No hay mucho en lo que un adolescente pueda invertir su tiempo. De hecho, la máxima preocupación de Marea es la manera de seducir a Nilo, el chico que le gusta, para que se de por aludido de sus intenciones y recibir así su primer beso. Pero su planes van a sufrir un giro trágico cuando la colonia minera reciba un amenazador mensaje proveniente de una raza alienígena que se dirige hacia el lugar: todos los habitantes del lugar van a ser exterminados.

Una civilización galáctica, los ferales, que da culto a la muerte y cuyo único propósito aparente de su existencia es la erradicación de toda vida inteligente que despunte en el inmenso cosmos. Y cuanto más cruel y sangrienta sea la forma de conseguir sus fines más realizados se sentirán; pues para que el enfrentamiento sea digno, para sentir que su tarea está bien realizada, las presas deben ofrecer una lucha decidida, una resistencia valerosa, deben responder al ataque con todo lo que tengan a su alcance. Sin embargo, los ferales juegan con ventaja ya que su tecnología parece estar muy por encima de la humana. Cuando finalmente su nave se pose en el hangar de Runa, los habitantes de la colonia pronto se darán cuenta de que cualquier resistencia es inútil y solo les quedará morir con la mayor dignidad posible.

Feral, una mezcla de Alien, el Octavo pasajero, Aliens ―y es inevitable pensar en la colonia devastada donde llegan Ripley y sus marines―, Predator, Atmósfera Cero o un buen número de las películas de Carpenter entre otras ―y todas las referencias cinematográficas son absolutamente intencionadas visto el estilo narrativo del autor― es acción pura, tensión dramática más que terror, horror, una profunda inquietud, desasosiego... Tras un comienzo más descriptivo, sentando las bases de la colonia y presentando a alguno de sus habitantes, la narración pronto entra en una frenética lucha por la supervivencia, puntuada con breves espacios de calma en la metódica tarea de los ferales, aprovechados por el autor para dar las pertinentes explicaciones sobre lo que está sucediendo y las intenciones de la mayor parte de los protagonistas. El movimiento continuo, las persecuciones y enfrentamientos, dan un ritmo acelerado y tenso mientras afloran los sufrimientos y miedos de los humanos ante la inmisericorde misión de los ferales.

Es curioso enfrentar el concepto de una raza que quiere exterminar a todas las demás y, una vez cumplida su sagrada misión, inmolarse ella misma, y donde la noción del psicópata, del enfermo, el pervertido, es la de aquel individuo que desea «salvar» a las víctimas en vez de nadar en su sangre. No se puede juzgar a los ferales desde la moralidad humana, pues su concepto del bien es totalmente opuesto al nuestro. Ellos están inmersos en una misión casi «sagrada» donde la muerte es el fin deseable y la vida tan solo un error que debe ser subsanado.

Lo terrible será contemplar cómo en medio de la crueldad y la falta de misericordia de los ferales, existen humanos capaces de cometer las mayores atrocidades sobre sus propios congéneres sin la excusa de la falta de empatía alienígena. El hombre siempre ha sido un lobo para el hombre, y mientras algunos se convierten en héroes por sus acciones en pos de salvar a otros humanos, los hay que dejarán desatada su auténtica y rastrera naturaleza, liberando la bestia interior y bajando a un pozo moral donde prevalecen sus instintos por encima del bien común o los lazos humanos, y donde harán cualquier cosa para sobrevivir incluso antes de verse auténticamente amenazados. Es en ese personaje que traiciona todo lo humano, ruin y manipulador, capaz de las peores transgresiones, y en la compañía Minerspace, siempre en busca de beneficios al coste que sean, donde el relato se convierte en reflexión moral mostrando la faceta más oscura de la Humanidad, aquella parte de nosotros que prefiere subyugar a los congéneres, ponerse por encima de todos, antes que convivir en plan de igualdad con ellos. La demostración palpable de que los monstruos ya viven entre nosotros, sin necesidad de buscarse un enemigo exterior para enfrentar el horror de la deshumanización absoluta.

Marea, frente a la aniquilación se convierte en la voz de la supervivencia, el irracional impulso de aguantar un día, una hora, un minuto más respirando pese al dolor, el sufrimienbto y la convicción del inevitable fin, a la rebelión que se niega a ver la absoluta ausencia de futuro, de salidas y busca ayudar con todas sus limitaciones a la supervivencia de aquellos que la rodean, que han convivido con ella, conocidos o no... Es ella la imagen de la Humanidad solidaria, compasiva, misericordiosa; la cara amable frente al terror y que, sin embargo, termina convirtiéndose en máscara hierática que oculta el miedo interior contra el que es muy difícil luchar: El fin de los sueños, de las esperanzas, del amor; algo que solo deja cenizas en el corazón ante la única respuesta que se puede ofrecer a los ferales y sus creaciones: violencia frente a violencia, violencia irracional, cruel, sangrienta, deshumanizada, mucho más allá de las lágrimas y de la empatía.

Es una lástima que la prosa de Jasso se muestre en esta ocasión menos depurada que en sus obras anteriores, La silla y Día de perros; más apresurada y falta de tensión en algunos momentos ―algo que debiera haber sido especialmente cuidado en el género en que se mueve con tanta maestría―. El narrador omnisciente es por momentos demasiado reiterativo, demasiado machacón con circunstancias ya conocidas o anticipadas sin necesidad de continuos recordatorios. La falta de una cohesión estilística, de una unidad narrativa contribuye además a crear en la mente del lector la sensación de una prosa poco pulida, apresurada, con bruscos cambios de tono, de sensibilidad y, al parecer, de objetivo. Parece que Jasso no haya encontrado una «voz» homogénea con la que relatar su historia, una coherencia y unidad estilística que diera consistencia a la narración.

Hay ciertos diálogos ―y mira que ese es precisamente uno de los fuertes del autor― que chirrían en el oído, que resultan impostados y falsos, faltos de vida, de fluidez y de credibilidad. Por otro lado, comete errores que una relectura hubiera subsanado fácilmente, como repetir en varias ocasiones una misma palabra dentro de un párrafo sin intenciones aliterativas ni como recurso literario. Pequeños detalles que lastran la lectura, pequeñas chinitas en el camino del lector que sin sacarle del mismo si limitan el disfrute.

Junto a una buena tarea para crear la tensión necesaria para acompañar esta historia, superada con nota la creación de la atmósfera opresiva, el temor a los alienígenas, el desasosiego de protagonistas y lectores, el suspense en definitiva, Jasso no acierta, sin embargo, en parte de la ambientación de ciencia ficción, tanto en el escenario en que discurre la acción, esa colonia minera que nunca se muestra en profundidad para que el lector pueda hacerse una idea cabal de su «geografía», como en la descripción de esa futura Humanidad que, salvo por algo de tecnojerga y la aparición de ciertos gadgets pesudotecnológicos, es en todo prácticamente igual a la actual, o en la «génesis» de esos mutantes que han de enfrentarse a los ferales en un reto digno y que se antoja muy poco «trabajado», sin base científica. Y no es que abogue en absoluto porque el autor debiera haber convertido la narración en ciencia ficción hard, pero, aceptando que los ferales poseen tecnologías muy superiores ―e incluso incomprensibles (¿alguien ha mentado a Clarke?)― a las humanas, Jasso debería al menos haberle dado una capa de barniz al trasfondo que impidiese ver las costuras del relato.

Tal y como se ha ofrecido el libro parece obvio que su objetivo era llegar a un público joven ávido de sensaciones y sin demasiada ansia analítica. La «profundidad» del escenario, sin duda, no es lo que importaba o buscaba el autor, sino que se sirve de ello como excusa para mostrar el deshumanizado enfrentamiento, la tensión y la lucha en un lugar del que no se puede escapar y donde no se puede esperar la salvación, el abismo psicológico al que se ven abocados los protagonistas y la respuesta que cada uno, sobre todo Marea, encuentra en su interior. Y hay que reconocer que Feral eso sí que lo consigue con nota, ofreciendo una serie B chorreante de sangre y de emociones hormonales. Lástima que ―como buena serie B, por otra parte― la novela haya sido castigada con una portada y una presentación tan poco atractivas. Entretenimiento puro y duro, sin más complicaciones; si fuera una película no dudaría en denominarla «palomitera».Y es que en la colonia minera Runa, nadie podrá dejar de oír los gritos.

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Reseña de otras obras del autor:


2 comentarios:

Javier dijo...

Totalmente de acuerdo con la reseña; has clavado todas las sensaciones que yo tuve mientras la leía, sobre todo el tema de los mutantes, cuyo proceso de trasformación no se me hizo "real" en ningún momento.

A pesar de la horrorosa portada, me compré el libro porque había disfrutado bastante con "Día de perros" ("La silla" no la he leído, a pesar de que estuve a punto de comprarla con esta), y lo cierto es que, aun habiéndome gustado, me dio la impresión de que le faltaba algo indefinible que no terminaba de hacerla una obra "redonda". Entretenida sí, pero...

Yago dijo...

Hola, Javier, y gracias por tus comentarios.

A mí el tema de la trasformación de los mutantes también se me hizo algo cuesta arriba. Con lo fácil que hubiera sido decir que les inoculaban adn de alguna de las razas alienígenas exterminadas anteriormente o algo similar, no sé; así se queda en una buena idea poco trabajada.

El tema de la portada es difícl de entender, cuando el mismo cartel que anunciaba su publicación (la tercera ilustración de la reseña) es más atractivo que la finalmente elegida.

Y de "La silla", no dudes en comprarlo, sobre todo ahora que está reeditado, pues es un libro que merece la pena. Tensión en estado puro.

Saludos