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jueves, 21 de octubre de 2010

Reseña: Sinsajo

Sinsajo.
Los juegos del hambre 3.

Suzanne Collins.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Molino. Barcelona, 2010. Título original: Mockingjay. Traducción: Pilar Ramírez Tello. 422 páginas.

Antes de empezar a leer este libro, sería muy recomendable que quien no haya leído Los juegos del hambre y En llamas lo hiciera y solo entonces volver aquí a seguir leyendo esta reseña. Justo al termino de la anterior, Katniss Everdeen, la protagonista principal de la serie, había sido rescatada in extremis de los 75 Juegos del Hambre, tercer Vasallaje de los Veinticinco, por enviados del, supuestamente, erradicado Distrito 13, mientras su compañero Peeta quedaba atrás, abandonado en manos de Panem. La acción de Sinsajo comienza muy poco tiempo después de ese punto, cuando Katniss, y el lector con ella, asiste a las terribles consecuencias que tal suceso ha supuesto. A partir de ese momento, de una forma bastante reticente ―como sucediera en las anteriores entregas― se verá inmersa en el centro de la acción bélica del Distrito 13 contra Capitolio. Poco a poco sus inquietudes le harán implicarse de forma activa, a pesar de todo lo que le dicta la mente y el corazón. Así, los rebeldes desean que asuma el papel del Sinsajo, el símbolo de su lucha contra el gobierno de Panem, utilizándola como imagen propagandística ante el resto de distritos para conseguir la adhesión de estos a la rebelión.

Con el corazón dividido entre el cautivo Peeta y el combativo Gale ―que ha terminado también en el Distrito 13, uniéndose fervientemente a la lucha―, la joven que harta de tanto enfrentamiento y tanta muerte tan solo deseaba que le dejasen en paz debe tomar partido en la guerra a pesar de que siente en lo más íntimo que no se le está contando toda la verdad, que no es sino un mero instrumento en manos de quienes buscan derrocar al presidente Snow a cualquier precio después de tantos años de totalitarismo y abusos de poder. Inevitablemente se verá inmersa en lo más crudo de la contienda, un enfrentamiento total con la amenaza nuclear flotando sobre los dos bandos, y tendrá que asistir a alguno de los mayores horrores de los que es capaz el ser humano. Katniss de forma inevitable va a darse cuenta de que ella no es sino un peón en manos de otros, que realemente nunca ha sido dueña de su destino, lo que no le impedirá luchar con todas sus fuerzas por los suyos y por lo que cree correcto, se equivoque o no.

Es este un libro oscuro, más adulto quizá que los anteriores, como si la autora pensase que sus lectores han crecido mientras seguían a Katniss a través de todas sus ordalías y solo ahora pudieran hacer frente a la verdadera oscuridad, a la crueldad definitiva, al dolor de la guerra y de la pérdida, al sentimiento de saber que han jugado contigo y tener que plegarte a designios ajenos para no perder lo que más quieres en el mundo y aún así perderlo. Sinsajo es un libro sin duda duro, que no esconde lo peor del ser humano, sino que lo saca a la luz con una claridad diseccionadora, mostrando la fragilidad del alma humana, lo fácil que es romperla, en todos los sentidos y como algunos son capaces de cualquier cosa, cualquier atrocidad para mantener sus privilegios y que se cumpla su voluntad. Todos los personajes sufren, todos son cambiados por las circunstancias que les tocan vivir, todos contemplan el horror, son partícipes del mismo, y deben tomar sus decisiones, incluso aunque sean erradas, y seguir viviendo con las consecuencias que de ello se derive.

Katniss debe enfrentarse a todo lo que ha hecho para sobrevivir hasta el momento y a las represalias que cree derivadas de sus actos, tiene que asumir y aceptar su sentimiento de culpabilidad, tiene que asimilar que tras todo lo sufrido no hay un auténtico hogar al que volver, que las cosas nunca podrán volver a ser como eran antes de los Juegos; como un combatiente que abandona el campo de batalla cargado de estrés, se encierra en sí misma, huye a esconderse en los armarios para intentar negar su realidad, una existencia de la que no puede escapar a riesgo de perder lo poco que le queda. Y cuando finalmente se pone en pie es para darse cuenta que la pesadilla continúa, que debe seguir combatiendo y que si consigue sobrevivir a la guerra muy posiblemente lo único que le quedará será recomponer los pedazos y tratar de seguir adelante mientras intenta descubrir un nuevo yo. Cuando se ha descendido a los Infiernos, ¿es posible volver a ascender? ¿Se puede conseguir la independencia cuando siempre se ha dependido o se ha sido juguete de otros? Cuando has visto los oscuros entresijos del poder, el feo rostro de la manipulación, ¿es lícito renunciar a ejercerlo y querer ser feliz? Cuando has visto todo el horror, ¿puede alguien reprocharte querer darle la espalda y buscar algo de paz? ¿Y dónde se sitúa la incierta línea entre la venganza y la justicia?

La novela se cuestiona en todo momento la «razón» de las guerras, la moralidad de utilizar todas las armas que se tienen a mano con el objetivo de vencer y erradicar al enemigo sin importar el precio que se deba pagar y quién deba pagarlo, el trozo de alma que se deba dejar atrás, por las tácticas y tretas utilizadas para conseguirlo. El Distrito 13 ha pasado 75 años en la clandestinidad, sobreviviendo con sus propios y escasos recursos, y eso ha dejado una huella indeleble en sus habitantes, en su forma de pensar y actuar, y tendrá sus consecuencias en la manera de afrontar el conflicto y del pensamiento de cómo debe ser el futuro.

Es cierto que, supongo que por su inicial carácter de novela juvenil de la serie, las escenas bélicas son retratadas con una cierta falta de realismo un tanto anticlimático. Más parece que el lector está asistiendo a un videojuego, con una serie de «pruebas» a ser superadas, que a una auténtica acción de guerra. Los combates no están plasmados con excesiva verosimilitud ―lo que tampoco les quita emoción― y el desarrollo de la guerra se siente algo artificial, pero supongo que la intención de la autora no era ofrecer tanto un relato bélico coherente ―al fin y al cabo para algo ha elegido el maquillaje ciencia ficcinionero―, sino provocar la reflexión sobre tan comprometido tema mediante una narración amena y cautivadora. De todas maneras, Sinsajo es la más violenta de las tres novelas ―al menos por la cantidad de los implicados y por un par de acciones tácticas realmente sangrientas donde las muertes, en vez de producirse de una a una como en los Juegos, afectan a grandes grupos de personas―, alcanzando un nivel que busca denunciar los abusos y el absurdo de la guerra, del uso de la violencia, en cualquiera de sus facetas.

Se resuelve de manera paralela, por fin, con un desarrollo un tanto sorpresivo el triángulo amoroso planteado anteriormente, aunque no sea el tema central de la novela en momento alguno. Creado para dar cierta tensión a las relaciones de la protagonista, las cosas se le pondrán difíciles a Katniss en esta ocasión, con Peeta lejos de ella, sabiendo que lo están utilizando en su contra, torturándolo para hacerle daño a ella, y sin saber si volverá a verlo en persona de nuevo, al tiempo que Gale se encuentra inmerso en la maquinaría bélica del Distrito 13, firmemente implicado en la guerra, y puede perderlo en cualquier misión. Las relaciones son tensas, y los sentimientos de Katniss siguen siendo tan confusos como lo eran antes; al fin y al cabo, los quiere a los dos por distintos motivos y cada uno de ellos le aporta cosas muy diferentes a su vida. A lo largo de la novela el tema se irá polarizando, de manera que el lector puede intuir fácilmente cuál será la elección de la protagonista, aunque no sospeche cómo podrá llevarla a cabo. Desde luego es un tema muy bien tratado en toda la serie, que fluye de una forma muy natural y que añade un punto de tensión e interés dentro del tono general de amenaza de muerte ―en los Juegos y en la guerra― que domina los tres libros.

Maneja Collins de manera perfecta el «tempo» de la narración, ofreciendo las revelaciones pausadamente, terminando cada capítulo con un cliffhanger que carga de tensión la lectura, entregando a los lectores un mensaje anti belicista y anti totalitario tan perfectamente integrado en la narración que en ningún momento se siente una intención didáctica en la novela. Y a pesar de la oscuridad, del dolor o la violencia que impregnan el texto, no se resiste la autora a ofrecer una flor entre las cenizas, a dejar un resquicio a la esperanza, al triunfo del anhelo humano por la paz y la convivencia. Un cierre perfecto a una trilogía «juvenil» ciertamente agradable y recomendable que de alguna manera se sale de lo típico y lo tópico al tiempo que juega con todo ello.

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Reseña de otras obras de la autora:


Los juegos del hambre.

En llamas. Los juegos del hambre 2.


sábado, 6 de marzo de 2010

Reseña: En llamas

En llamas.
Los juegos del hambre 2.

Suzanne Collins.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Molino. Barcelona, 2010. Titulo original: Catching Fire. Traducción: Pilar Ramírez Tello. 487 páginas.

Si todavía no se ha leído la anterior Los juegos del hambre, es importante proceder a su lectura antes de hacer lo propio con esta reseña que, además, podría desvelar datos de esa primera entrega. Y es que En llamas se inicia poco después de que finalizara la anterior, con Katniss y Peeta instalados todo lo confortablemente que se permiten a si mismos en sus mansiones de vencedores apartados de la extrema pobreza del Distrito 12. Ellos han accedido a una vida superior que realmente no pueden disfrutar porque las cosas a su alrededor están cada vez peor.

Han vuelto a casa victoriosos, sí, y han conseguido conservar la vida ambos gracias a su triquiñuela. Pero Katniss pronto va a descubrir que los focos no se han alejado de ella y que su futuro no se presenta precisamente halagüeño. Por un lado recibirá la visita del presidente Snow, que siente que la joven se ha burlado del gobierno y que la amenaza con hacer desaparecer a todos sus seres queridos si no muestra su sumisión a Capitolio, demostrando que su historia con Peeta se trata de «amor verdadero» y no una rebelión contra el régimen establecido; y por otro deberá prepararse para el “Tour de la Victoria” que les va a llevará a recorrer el resto de distritos y los convertirá en auténticos personajes públicos.

El libro se divide en tres partes totalmente diferenciadas: el propio viaje por los distritos, donde Katniss y Peeta serán testigos de la brutalidad del gobierno y descubrirán un soterrado sentimiento de rebelión entre sus conciudadanos, incluyendo algunos conatos de disturbio violentamente cortados de raíz; los preparativos, entrevistas y entrenamientos para la celebración de los 75ª Juegos del Hambre, el tercer Vasallaje de las Veinticinco, por los que se pasa de forma más breve que en la anterior; y una nueva versión de los juegos propiamente dichos, con muchas sorpresas y donde en esta ocasión más parece que en vez de matarse entre los participantes es el entorno de la Arena el que está encargado de acabar con ellos.

En llamas arrastra muchos de los problemas inherentes asociados de ser el segundo volumen de una trilogía. Habitualmente el primer libro sirve para presentar el mundo y los personajes, para establecer las bases sobre las que se va a mover la acción. El tercero se suele reservar para la resolución, el gran y espectacular final. El segundo, el de “en medio”, sirve como transito entre los otros dos, para hacer avanzar la trama y dejar colocadas las «piezas» de cara al gran final, sin por otro lado renunciar a su propia integridad como una historia completa. Es muy fácil que una segunda parte no alcance las cotas de la primera, pero Collins ha conseguido un libro muy digno, con un ritmo más pausado posiblemente, pero lleno de emoción, con un difícil equilibrio entre acción, violencia, romance, revelaciones, heroísmo, horror, desesperanza, reflexión y mucha humanidad.

Al final del libro anterior, quedaba en el lector la sensación de que en el que nos ocupa la atención iba a recaer mayoritariamente sobre el triángulo Katniss-Peeta-Gale, pero nada más lejos de la realidad. De hecho el lector se encuentra con una protagonista que parece estar evitando el tema, sin decidirse y soslayando de alguna manera a ambos, sin hablar de sus sentimientos. Gale prácticamente no aparece y es solo a través de las palabras de Katniss sobre los encuentros que ha tenido con él, nunca tomando voz directamente, lo que hace al lector distanciarse bastante del personaje, que parece rendirse ante los sentimientos sin duda ambiguos de la joven. Es tan solo cuando ella siente que va a perderlos ambos cuando los deja aflorar y se cuestiona sus reacciones. Katniss se presenta en esta novela mucho más madura en ciertas parcelas, pero no en la sentimental, donde la indecisión la atenaza y la obliga a pegar unos bandazos que desconciertan a sus pretendientes. La mirada que lanza sobre el mundo que la rodea es mucho más analítica, más realista, reaccionando ante el horror gubernamental pero sin saber muy bien cómo. Sin embargo en asuntos del corazón se encuentra paralizada, sin poder elegir, como una adolescente normal y corriente que ve en peligro a sus seres queridos dependiendo de sus decisiones.

El malestar que ya existía en los distritos obtiene un punto focal como consecuencia de la victoria conjunta de Katniss y Peeta en los juegos. Se han convertido en un símbolo, sobre todo ella con su «sinsajo», y se van a encontrar en el centro de unos hechos que no han provocado conscientemente, que de hecho han intentado evitar y que sin embargo les van a arrastrar contra su propia voluntad de forma imparable. Hay en En llamas una mayor profundidad política, un mayor análisis de la situación, una toma de postura ante las injusticias del gobierno totalitario sobre los distritos, ante la justificación de una rebelión violenta, de la lucha contra la opresión; pero se encuentra sumergido justo bajo la superficie de la acción sin convertirse en “protagonista”, de forma que en ningún momento se hace estridente, demagógico o aleccionador.

Katniss ha tenido que madurar a marchas forzadas, pero en el momento definitivo, cuando se le pide una reacción parece quedarse cortada, indecisa, y son otros los que tienen que sacarle las castañas del fuego. En ese sentido parece ir a remolque durante gran parte del libro, dependiendo en exceso de las personas que la rodean, evitando tomar decisiones que puedan llevar a consecuencias terribles, tratando de nadar y guardar la ropa en un mundo que le pide que elija bando, que de la cara y que ponga sobre sus hombros el manto del liderazgo, ya que se ha convertido en un símbolo para muchas personas. En todo momento intenta evitar el enfrentamiento; sigue siendo la chica fuerte y decidida de la primera novela, pero en esta ocasión se encuentra muy confusa sobre todo lo que la rodea, tanto en el plano sentimental como en los pasos a seguir en lo político. Sabe que va a hacer cualquier cosa para mantener con vida y a salvo a sus seres queridos, pero no sabe cuál es el camino para hacerlo, si plegarse a los deseos de Capitolio o abrazar la rebelión. Una difícil decisión en todo caso, entre sus seres queridos y el resto de habitantes de Panem.

Además, en esta ocasión, al verse libre de la necesidad de establecer las bases del mundo en que se desarrolla la trama, la autora puede profundizar más en la personalidad de sus protagonistas, y uno de los que aparece bajo una nueva luz es Haymitch, al que el lector irá conociendo un poco mejor, llegando a comprender cómo y porqué ha llegado a ser el borracho algo iracundo que es. La vida que ha llevado desde que ganara los Juegos sale a relucir y borra ciertas sombras que arrastraba en su personalidad, ganando una profundidad que se agradece. También en la relación que se establece con los estilistas y modistos que Capitolio pone a su disposición de los jóvenes, viendo todo desde una óptica radicalmente diferente, aprovecha Collins para mostrar los desequilibrios entre unos y otros, haciendo incapíe sobre el despilfarro de los capitolinos que ―muy a la romana― vomitan la comida para seguir pudiendo disfrutar de más manjares mientras el hambre es una constante en los distritos. Se muestra además mucho más descarnadamente la violencia ejercida sobre los ciudadanos, la represión se hace terriblemente evidente, deshumanizadora, irracional, cuando le toca de cerca a los protagonistas, a sus familiares y amigos, a sus conocidos y vecinos.

Collins consigue mantener el ritmo y la tensión a pesar de que inicialemente se antoja que la decisión de ofrecer unos nuevos juegos pudiera ser algo anticlimática o repetitiva. Por suerte, el nuevo paso por Capitolio es bastante breve y la arena de los juegos lo suficientemente diferente de lo ya visto como para mantener un interés álgido y no perder la atención del lector. El hecho de que esta vez parezca que se tiene que luchar más contra la propia arena que contra los otros tributos implica también un cambio que lleva a estar preguntándose en todo momento qué es lo que vendrá a continuación, llevando implícito el mensaje de que siempre es mejor la colaboración que el individualismo. La sorpresa de descubrir el mundo en que se desarrolla la trama ha desaparecido, así que lo importante es conocer más en una narración llena de giros interesantes. De cierta forma, el nivel de emoción se traslada de un plano físico a algo más psicológico, profundizando en la mente de Katniss, en sus sentimientos, sus conflictos internos ―e indecisiones―, sobre todo en la primera parte, y en las reacciones que tiene ante lo que está viviendo en la segunda, donde se encuentra la mayoría de la acción de la novela.

En llamas muy posiblemente no adquiere la misma dimensión y originalidad de su predecesora, pero es una muy digna y emocionante continuación ―sobre todo, como decía, para tratarse de un segundo volumen de tránsito hacia el tercero―. Hay un crecimiento en ella, un paso adelante hacia la resolución de la explosiva situación en Panem, una toma de postura que, cerrada la narración con ese no por esperado menos impactante clifhanger, abre el paso a la tercera y última novela, que se publicará en verano en inglés y que esperemos no se demore demasiado en obtener su correspondiente edición en nuestro país.

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Reseña de otras obras de la autora:


Los juegos del hambre.

Sinsajo. Los juegos del hambre 3.



jueves, 15 de octubre de 2009

Reseña: Los juegos del hambre

Los juegos del hambre.

Suzanne Collins.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Molino (RBA Libros). Barcelona, 2009. Título original: The Hunger Games. Traducción: Pilar Ramírez Tello. 396 páginas.

En ocasiones la originalidad de una novela no se encuentra tanto en lo que se cuenta sino en cómo se cuenta. Los juegos del hambre es una distopía en la que vernos exageradamente reflejados. Es la historia de lo que viene después de un gran desastre: en una fecha futura inconcreta los EE.UU. fueron devastados por un conjunto de desastres naturales, inundaciones, hambrunas, desórdenes sociales, guerras… y sobre las ruinas posteriores se levantó la nación de Panem, con una todopoderosa y tiránica ciudad central llamada Capitolio que rige los destinos de doce distritos productivos, aunque antaño fueron trece, pero el decimotercero fue arrasado como castigo por rebelarse contra ese dominio y como ejemplo para los demás. Como parte de ese castigo, los doce restantes deben enviar a dos “tributos”, chico y chica, para participar en los «Juegos del Hambre», un sangriento «reality show» retransmitido por televisión en el que los 24 jóvenes se enfrentarán a muerte hasta que solo quede uno vivo. Mientras el ganador recibirá una vida de lujo por encima de la miseria imperante en los distritos, los perdedores no sobreviven. Katniss será, junto con Peeta, la designada como tributo del empobrecido distrito 12. A través de los ojos de la joven, en primera persona y en tiempo presente, el lector asiste a una historia de profunda deshumanización e, irónicamente, a una lección de amistad. Ni Katniss ni Peeta creen sinceramente que puedan ganar, pero pondrán todo su empeño en el intento sabiendo que al final, como mínimo, uno de los dos no llegará a la “meta”.

Desde el mito griego de Teseo y el Minotauro de Creta, donde Atenas debía de sacrificar anualmente a 14 de sus jóvenes como pago para garantizar su tranquilidad, hasta la hiperviolenta Battle Royale, enfrentamiento estudiantil en que solo puede quedar uno, del escritor japonés Koushun Takami —novela trasformada luego en manga y un par de películas—, pasando por las novelas de Richard Bachman (seudónimo de Stephen King) El fugitivo (The Running Man) —con una película de mismo título en el que Arnold Schwarzenegger hacía precisamente de un “concursante” en un reality show televisivo en el que los participantes debían enfrentarse hasta la muerte— o La larga marcha (The Long Walk), la idea desde luego no se antoja en absoluto novedosa. De esta manera, el interés del lector radica en descubrir los derroteros por los que la autora ha decidido llevarla, que es precisamente donde se encuentra el acierto de esta primera novela de lo que se ha anunciado como una trilogía dedicada a Panem.

El libro está claramente dirigido hacia un público “joven-adulto” y eso se nota bastante en el tratamiento de temas como, por ejemplo, la sexualidad, intuida, pero apenas tratada, o, especialmente, en la forma de mostrar la violencia. Dada la particular temática del libro parece obvio que la narración se va a ver vista salpicada de combates y fallecimientos; sin embargo, a pesar de las cámaras que retransmiten en directo los juegos y que las muertes violentas se suceden una tras otra, ninguna de ellas se muestra más que de forma indirecta a los ojos del lector, evitando así los detalles y descripciones más escabrosos y sangrientos.

En este contexto, Katniss es un personaje muy bien construido y plasmado. Una mezcla de contrastes con la que el joven lector puede empatizar y sentirse identificado (desde la lejanía del escenario, claro). Es una adolescente hábil y agradable, capaz de los mayores sacrificios por el bienestar de sus seres queridos, que se hace simpática desde un principio por su comportamiento a pesar de sus imperfecciones y limitaciones, pero que también se muestra fría y calculadora cuando su supervivencia entra en juego, muy capaz de sentir y provocar odio, de hacer daño, con una veta manipuladora atemperada no obstante por una naturaleza básicamente bondadosa. Como cualquier adolescente, en una edad difícil y en unas circunstancias extremas, es un cúmulo de contradicciones, llena de rechazo y desprecio hacia los capitolinos, sintiéndose sin embargo en cierta forma halagada por el trato recibido —desde estilistas a entrenadores personales— como preparación al “show”. Katniss de esa forma no solo luchará por la victoria, por su supervivencia, sino también por la aprobación de los que la rodean y del mismo público al que odia. Es un personaje muy logrado y el mayor acierto de la novela. Inmersa sin opciones en medio de una sociedad totalmente fracturada entre los obsesionados por la riqueza, la celebridad y el poder —los habitantes de Capitolio— y los cuasi esclavos productivos de los distritos —sobre los que penden otros terribles castigos como se muestra en esa sirviente a la que han arrancado la lengua por intentar huir—, Katniss se sumergerá casi sin querer en el frenesí de los medios de comunicación, dejándose llevar pos sus consejeros y llegando a utilizar todas las armas a su alcance para ganarse el favor del público y los patrocinadores —que pueden hacer mucho más llevaderos los combates en la Arena—.

Los juegos del hambre es así una novela violenta no solo en el plano físico, del mata o muere, sino también en el psíquico, mostrando a la perfección el proceso por el que los tributos van perdiendo su propia humanidad conforme va reduciéndose su número y los combates se alargan sin mostrar ningún tipo de piedad. De hecho, existen distritos que entrenan durante toda su vida a sus tributos para vencer a toda costa, ganando mejores prerrogativas si lo consiguen, y se unen así en el pozo, junto a los ricos capitalinos, de los que irónicamente parecen haber perdido su humanidad hace ya mucho tiempo, disfrutando tan solo con el sufrimiento ajeno retransmitido en directo por la televisión.

A lo largo de la novela el lector asiste primero a la presentación de Katniss, a la selección de los tributos, a la preparación y entrenamiento para los combates, para entrar posteriormente a fondo en los juegos del título, donde la narración se dispara, mostrando un mundo extraño y familiar a un tiempo. Entre todo ello queda un pequeño hueco para el romance y los equívocos amorosos, dentro de una historia marcada sobre todo por el suspense y la acción, con la tensión de las estrategias de los diferentes tributos marcando el ritmo. De fondo muchos temas interesantes, como la doblegación y aborregamiento de las masas por los medios de comunicación o su control por parte de los gobiernos; las muestras apenas vislumbradas de un futuro tecnológicamente avanzado con la manipulación genética de ciertos animales y depredadores; el reflejo de hechos pasados de nuestra propia Historia, de ciertas jerarquías de poblaciones dominadas colaborando con los opresores para mantener el estatus (¿los afrancesados con Napoleón o el colaboracionismo con los nazis en la II Guerra Mundial?) o esa dominación de una “minoría” poderosa sobre zonas o países satélites (¿la antigua URSS?); la naturaleza dual del ser humano, capaz de lo mejor y lo peor de un momento a otro, con una innata y cruel tendencia a la propia supervivencia caiga quien caiga unida a una innegable capacidad de sacrificio que llega a poner la vida de otros por encima de la de uno mismo; o cómo el oropel y las atenciones pueden llegar a cegar y a cambiar a una persona o de cómo las privaciones pueden llevar a valorar mucho más las pequeñas cosas que ofrece la vida…

Al final, mientras avanza la acción, al estar narrada en primera persona, el lector espera, e intuye fácilmente, que Katniss sobrevivirá a la ordalía; lo importante entonces es descubrir el cómo lo hace o lo que tendrá que pagar a cambio de su vida y si el precio no será excesivo. ¿Podrá Katniss pasar por la experiencia con su alma intacta o tendrá que dejar retazos de sí misma por el camino? Habrá que esperar al siguiente libro, Catching Fire, para descubrirlo.

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Reseña de otras obras de la autora:

En llamas. Los juegos del hambre 2.

Sinsajo. Los juegos del hambre 3.