Hablamos de todo aquello que nos interesa, sobre todo Literatura y sobre todo Fantástica. Lo nuestro son reseñas, no crítica literaria. Sólo razonamos nuestras opiniones, subjetivas y particulares, de lo que nos gusta y de lo que no.
miércoles, 1 de julio de 2020
Reseña: ¡Oh, Josefina!
jueves, 21 de marzo de 2019
Reseña: Howard P. Lovecraft: El escritor de las tinieblas
Texto: Alex Nikolavitch.
viernes, 8 de junio de 2018
Reseña: El don de la fiebre
domingo, 28 de junio de 2015
Reseña: Love in Vain
Love in Vain.sábado, 23 de junio de 2012
Reseña: Vintage '62
miércoles, 18 de agosto de 2010
Reseña: El sueño de Galileo
Kim Stanley Robinson.
Reseña de: Santiago Gª Sólans.
Minotauro. Barcelona, 2010. Título original: Galileo's Dream. Traducción: Manuel Mata. 539 páginas.
Dos historias muy entrelazadas y con Galileo como protagonista. Dos terceras partes del libro versan sobre la biografía novelada de Galileo Galilei, a partir de 1609 desde sus años docentes en Venecia cuando vivía en Padua, pasando por su traslado a Florencia bajo el mecenazgo de los Medici, recreando todo el proceso al que le sometió el Santo Oficio y terminando con su muerte. El otro tercio, el relato de ciencia ficción propiamente dicha dentro de la narración, es donde el lector debe poner más de su parte, pues tras ser contactado por un misterioso visitante que le pone tras la pista del descubrimiento de su telescopio, la acción trascurre en el año 3020 en las lunas de Júpiter colonizadas por la humanidad y a las que Galileo es transportado por medios «prolépticos» y «analépticos» ―aquí es donde hay que aceptarlo todo, suspender la incredulidad o dejar la novela― en calidad de «primer científico de la Historia» para tomar parte como supuesto experto en una discusión que se está desarrollando en torno a ciertas facciones de las distintas lunas: los europeanos quieren explorar las profundidades de los océanos cubiertos de hielo de Europa, mientras un grupo de ganimedieanos se opone aludiendo a ciertas amenazas indeterminadas que podrían causar una gran catástrofe. Está claro que algo se oculta en aquellas profundidades, y Galileo, arrastrado por las circunstancias, por los conocimientos que van proporcionándole una y otra facción ―muy adelantados, obviamente, respecto a su propio tiempo― y por los comportamientos de los diversos implicados deberá elegir bando, tomando partido por una de las posturas, aunque casi siempre sin poder real de decisión, mero peón de los intereses de los implicados.
Robinson va enlazando una historia con la otra de forma impecable, haciendo que los hechos de una trama vaya modificando la otra, aunque al dar a entender que la influencia del viajero del futuro inspira y dirige la línea de investigación de Galileo, sugiriendo que sin esa intervención los caminos del científico hubieran ido por otros derroteros, parece rebajar su mérito. De alguna manera le roba a Galileo parte de su genio, sugiriendo que sin esos atisbos del futuro sus estudios podrían haber sido bien distintos e incluso no haberse centrado en el telescopio y las lunas de Júpiter y por tanto no haber apoyado la versión del sistema coperniquiano del mundo.
La parte histórica es sin duda muy interesante, lidiando con la idea de evitar la muerte de Galileo en la hoguera tal como le han vaticinado sus «amigos» del futuro, quienes le han comunicado que está destinado a convertirse en el «mártir de la ciencia», es muy interesante observar como todos los esfuerzos del sabio para defender sus hallazgos al tiempo que trata de evitar un destino funesto parecen sin embargo acercarle cada vez más al mismo. Como las profecías autocumplidas, que en el intento de evitarlas llevan implícito su propio desarrollo, cada viaje de Galileo a Roma, cada carta de exculpación, cada defensa del sistema coperniquiano del universo, cada intento de publicar sus libros parecen acercarle más y más a su juicio por herejía y a su predestinado aciago final. Para todo aquel que conozca mínimamente la biografía del Galileo de nuestro mundo ―y es que esta es una historia de realidades cuánticas― encuentra el interés en ver cómo la realidad de la novela va confluyendo hacia la nuestra ―coincidente en todo, salvo en esos destellos futuros― y si al final terminan por superponerse o no.
La caracterización que Robinson hace de Galileo, apoyándose en muchas de las cartas escritas y recibidas por él, es ciertamente brillante y muy realista. Expone su conflictiva y explosiva personalidad en un momento de plenitud de su vida que empieza ya a avanzar hacia su final. Lleno de achaques, pero poseedor todavía de una privilegiada mente, Galileo es mostrado como un hombre lleno de contradicciones, mujeriego, bebedor, atado a sus pasiones, enfermizo, iracundo, con propensión a fuertes estallidos de violencia sobre todo cuando la frustración le agobia, cabezota y odioso en ocasiones, generoso reticente al mantener a un buen número de parientes improductivos bajo su ala ―contradictorio al extremo de hacer ingresar a sus dos hijas en un convento de clarisas pobres donde pasarán enormes penurias que él intentará mitigar ayudando a todo el convento al tiempo que mantiene a la familia de su hermano músico ausente siempre de su hogar―, lleno de curiosidad, impulsivo, terriblemente falto de tacto, vanidoso... Imperfecto, en definitiva, con muchos defectos como cada hijo de vecino, pero con una mente preclara que le hacía destacar sobre el resto de sus contemporáneos ―con un par de excepciones, tal vez―.
Es, sin duda, en el retrato de esa época, perfectamente documentada, en un momento en que la ciencia como tal estaba naciendo, donde se encuentra el fuerte de la novela. A pesar de que algunos pasajes se sienten algo acartonados, fallando la novelización ante el didactismo, con una clara falta de ritmo ―al seguir mes a mes la vida de Galileo hay acontecimientos que sin aportar nada a la trama consiguen ralentizarla en exceso―, lo cierto es que se sigue con mucho interés, descubriendo una persona que destaca por su humanidad, con sus enormes fallos que de alguna manera intenta compensar a lo largo de toda su vida, mientras su ego y vanidad ―muchas veces bien justificadas― le alejan de los cercanos. A lo largo de las páginas de la novela se respira la vida de la época renacentista, llena de grandes luces pero también de muchas sombras, de intrigas políticas y religiosas ―con los grandes reinos en conflicto luchando cada cual por imponer su predominio terrenal sobre la Iglesia, con los protestantes asentándose en el Norte de Europa y la amenaza de un mayor cisma flotando en el ambiente, con las diferentes órdenes religiosas tratando de hacerse con el poder vaticano...― Robinson muestra el cómo fueron seguramente los poderes terrenales y no los divinos los que «condenaron» a Galileo, quien en todo momento intentó explicar que la doctrina católica en modo alguno entraba en contradicción con sus nuevos descubrimientos ―«Dios es un matemático», decía al ir descubriendo las maravillas de la Creación― salvo en la mente e interpretación interesada de ciertos personajes poderosos que tan solo buscaban prolongar sus propias prerrogativas, tomando como excusa la lucha entre ptolomeicos y coperniquianos para resolver cuestiones que nada tenían en realidad que ver con el debate científico y filosófico que Galileo planteaba.
En la parte del futuro, que se antoja mucho más descompensada que la histórica, no termina de funcionar la excusa de Galileo como árbitro o asesor de la disputa científica visto que desde un buen principio ninguno de los implicados le escucha realmente y que sus conocimientos científicos de ese futuro y la comprensión de la situación geopolítica del lugar son, obviamente, muy limitados. La auténtica razón, pues ―más allá del deseo del autor de contar con Galileo como testigo e hilo conductor hacia el lector al que explicar esa sociedad futura, planteando ante él el debate sobre lo que debiera hacerse ante la posibilidad de contactar con una inteligencia superior a la humana―, queda en las sombras. El rápido paso a segundo plano de Ganímedes ―el desconocido que aborda a Galileo para «darle» la idea del telescopio y le «traslada» en sus primeros viajes a las lunas de Júpiter― para entregar el protagonismo de esta parte del relato a Hera, una especie de «policía» que intenta evitar los desmanes de los ganimedeanos en un papel que no llega nunca a estar demasiado claro, o a Aurora, una mujer con la inteligencia aumentada artificialmente que le guiará a través de los conocimientos científicos e históricos que han tenido lugar desde el lejano siglo XVII, no hace sino añadir confusión a las motivaciones para llevar a Galileo a tan lejana época.
Finalmente, y como no podía ser de otra manera al haber elegido a este personaje como protagonista, El sueño de Galileo se centra fundamentalmente ―sobre todo en su parte más biográfica― en la relación entre ciencia y religión. ¿Son en verdad tan incompatibles? ¿Necesita la ciencia tener sus mártires para conseguir respetabilidad? ¿Lleva camino la ciencia de convertirse en la nueva religión? Como segundo tema importante aparece el debate sobre cómo debería reaccionar la Humanidad ante un posible contacto con otras inteligencias; debate que motiva buena parte de la acción de la novela. Y tras estos, multitud de otros pequeños temas: la colonización humana del Sistema Solar, el precio a pagar ―en la vida personal― por dedicarse a la investigación, las relaciones familiares y cómo el hijo repite los pecados del padre, la intolerancia en cualquier parcela de la vida, cómo el paso del tiempo cambia la manera de ver de las cosas, la teoría cuántica de múltiples realidades, las múltiples formas como funciona la memoria, el propio viaje espacio temporal...
Como sucede con alguno de los últimos libros del autor, la novela se hace algo larga y pesada por momentos, poco ágil en las descripciones y sin excesiva tensión en los momentos de más acción, prolijo en las explicaciones científicas ―sobre todo cuando entra en la parte que más parece interesarle de las teorías del espacio-tiempo de diez dimensiones donde desata su vena más hard― y terriblemente atractivo en el retrato de la vida de Galileo y la época tan convulsa que le tocó vivir. Muy superior, sin duda, en la parte histórica sobre la de ciencia ficción, peca de los excesos habituales de Robinson, pero consigue atrapar la atención a pesar de todo. Interesante y reflexivo, quizá excesivamente ambicioso, El sueño de Galileo es un libro que propone multitud de temas y teorías de interés diverso que tal vez hubieran debido ser podadas debidamente para no dispersar demasiado la atención del lector. Muy posiblemente si solo hubiera novelado la vida de Galileo, Robinson hubiera conseguido una novela tan o más interesante que la que nos ocupa; una novela, sin embargo que se deja leer con agrado, con más aciertos que fallos y que ayuda a conocer como persona más que como personaje a uno de los padres de la ciencia. Desde luego, darle una oportunidad y leerlo, aunque en determinados momentos se haga demasiado «largo», no es ninguna pérdida de tiempo.
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Reseñas de otras obras del autor:
domingo, 1 de noviembre de 2009
Reseña: Leonor de Aquitania
Régine Pernoud.
Reseña de: Amandil.
Acantilado. Barcelona, 2009. Título original: Aliénor d'Aquitanie. Traducción: Isabel de Riquer. 332 páginas.
La editorial Ac
Lo cierto es que esta biografía, en su momento, fue rompedora con todo lo estipulado hasta ese momento por la historiografía tradicional ya que combatía por igual los prejuicios dominantes que definían la Edad Media como una etapa oscura y decadente, y los que recaían sobre Leonor y la tachaban de frívola, libertina y extremadamente sujeta a bajas pasiones. De hecho, Pernoud, en el prólogo, nos confiesa que hasta que no accedió a las fuentes primarias, siempre había basado sus valoraciones sobre esta reina en función de lo que "decían los demás de ella". En cambio, al investigar y documentarse para esta biografía descubrió (con evidente y placentera sorpresa) que, en realidad, tras la máscara construida sobre Leonor, se ocultaba una mujer de calidad humana excepcional, con la grandeza de una reina sensata y que siempre supo enfrentarse a sus enemigos con tal defender sus derechos y los de sus hijos, además de para preservar el reino levantado junto con Enrique II Plantagenet frente a la codicia de los reyes de Francia.
Como en cualquier biografía de un personaje medieval una parte sustancial de la vida de Leonor quedó reflejada en documentos laterales que, si bien no aportan datos concretos sobre la protagonista, si que permiten conocer sus aparentes motivaciones, sus gustos y costumbres e incluso, en muchos casos, sus sentimientos. Cartas, inventarios, tratados, donaciones, poemas, canciones, anales... en todos ellos ha buscado la autora, y de ellos ha extraído la información con la que elaborar la reconstrucción de una vida. De este modo, la labor de la historiadora es la de verdadera intérprete de los "huecos" que quedan allí dónde por medio de otras fuentes no alcanza el conocimiento objetivo. Pernoud, sin embargo, evita en todo momento convertirse en hagiógrafa (o crítica) de la reina, dejando claro que ella no irá más allá de lo que la documentación exponga (por ejemplo en temas tan pintorescos como la pretendida homosexualidad de Luis VII, primer marido de Leonor, o la relación del mismo género entre su hijo Ricardo y Felipe Augusto, se limita a citar textualmente lo que decían las fuentes coetáneas, sin elucubrar sobre esto aquello).
Al mismo tiempo, y con una maestría propia de una historiadora del elevadísimo nivel de la autora, queda perfectamente insertada la vida de Leonor en su tiempo, mostrándose de un modo sencillo todos aquellos aspectos externos que el lector debe conocer, aunque sea someramente, para entender mejor los acontecimientos que la reina vivió así como los objetivos que se marcó. No queda ceñido el relato a un sólo nivel (la vida en sí) sino que se engarza en los movimientos políticos, religiosos y culturales que agitaban la Cristiandad entre mediados del siglo XII y principios del XIII. Así, vemos a Leonor involucrada en las Cruzadas tras la pérdida de Jerusalén, las tensiones con el Sacro Imperio Romano Germánico, las luchas intestinas entre el rey de Francia y sus vasallos, el surgimiento del "imperio Plantagenet", los problemas conyugales entre Leonor y Enrique II, la guerra entre Enrique y sus hijos, las traiciones entre los hijos de la reina, la muerte de Santo Tomás Becket, las alianzas matrimoniales con Sajonia, Flandes, Navarra y Castilla, el auge de los trovadores del langued'oc, el surgir de la caballería, los primeros y más profundos pasos del mito artúrico... y en todos esos sucesos, la omnipresente figura de Leonor, desde su jovial y casi idílica juventud hasta su madurez como madre y, sobre todo, como reina, ejemplificada en su última cabalgada, con ochenta años, hasta Burgos para llevar a su nieta Blanca de Castilla, hija de su hija Leonor y del rey Alfonso VIII, hasta París para desposarla con el heredero del trono francés, el futuro Luis VIII de Francia (recomendada en este punto la lectura de otra de las grandes biografías realizadas por Régine Pernoud, Blanca de Castilla, la gran reina de la Europa medieval). Por lo tanto, además de conocer a la que fuera reina de Francia e Inglaterra asistimos al despliegue de la mayor parte de los grandes momentos históricos que tuvieron lugar entre los años 1120 y 1200 d.C.¿Qué más se puede pedir a un libro no muy extenso y espléndidamente armado? Pues hay algo más: la capacidad que la autora muestra desde el principio para dotar al relato de un ritmo intenso que se une a la evocadora manera de contar las cosas. La lectura, que podría ser aburrida o demasiado espesa, es ligera y cercana al estilo novelesco por momento, haciendo que al interés histórico en sí se venga a unir el deseo generado por los giros y "suspenses" de la biografía de Leonor. Utilizando una mezcla de descripciones casi teatrales en lo visual (los paisajes, los ropajes, las viandas, los combates) y en la presentación de los protagonistas del drama (su aspecto, su personalidad, incluso algunos diálogos), parece que asistimos a un representación en la que la autora, como una voz en off, nos va desgranando el argumento en el que se suceden las escenas.
En definitiva, Leonor de Aquitania cumple perfectamente el objetivo de ser una biografía que rompe con los prejuicios anteriores , con el añadido de que puede ser, perfectamente, tomado como una somera introducción a la historia de la Edad Media en el siglo XII desde una perspectiva mucho más luminosa que la tradicional de oscurantismo y podredumbre.
martes, 18 de noviembre de 2008
Reseña: La noche quedó atrás
Jan Valtin/Richard Krebs.
Reseña de: Amandil.
Seix Barral - Círculo de Lectores, Barcelona, 2008. Título original: Out of the night. Traducción: Julio Bernal. 794 páginas.
La noche quedó atrás ha sido presentado desde su publicación en 1941 como un alegato contra los totalitarismos de toda índole y a favor de la libertad del individuo. Ese modo de resumir la obra aunque no anda desencaminado no refleja realmente lo que Jan Valtin quiso mostrar al mundo por medio de esta autobiografía. Es una crítica despiadada contra el totalitarismo, cierto, pero además es un documento imprescindible para desmontar desde su misma raíz muchas de las mentiras y falacias creadas desde el poderoso aparato propagandista de la URSS desde los años veinte hasta la mismísima caída del bloque oriental en la década de los noventa del pasado siglo.La obra se desarrolla en dos planos paralelos y que, en ocasiones se entremezclan. Por una parte el meramente histórico, en el que se nos narran los hechos en los que el protagonista fue parte integrante como revolucionario alemán al servicio del Partido Comunista y del Komintern (nombre adoptado por la Tercera Internacional o Internacional Comunista). Por otra se nos muestran aspectos privados, no vinculados con su activismo político, como su amor por el mar, sus deseos de ser capitán de un carguero, su enamoramiento y su deseo de formar una familia en unos tiempos poco favorables a ello. Estos van a ser los dos motores que moveran todo el relato desde sus orígenes en 1918 hasta su abrupto final al huir de las garras de la GPU (el servicio secreto soviético, antecesor del celebérrimo KGB) en 1938. Y serán los puntos dónde ambos planos colisionen dónde el lector asistirá a los más profundos y terribles momentos de angustía del autor. Lugares de la obra dónde el protagonista deberá decidir entre él mismo y sus anhelos vitales o mantenerse firme atado a sus ideales revolucionarios y a la ciega obediencia a los dictados del partido.
Es importante señalar que muchos de los detractores de la obra de Valtin (pseudónimo de Richard Krebs) han remarcado que es imposible que el autor protagonizase o participase en todos los eventos que jalonan las páginas del libro e incluso que conociese en persona a la gran cantidad de personalidades que cita. También se ha acusado al libro de exagerar las partes negativas del comunismo internacional y de haber tratado de dañar conscientemente y con maledicencia la imagen de la URSS tras haber desertado de las filas del Komintern huyendo a EE.UU. (en opinión de intelectuales de corte comunista). En definitiva se ha querido tachar esta autobiografía de pura propaganda anti-comunista, evitando de un plumazo entrar a valorar si los hechos narrados (muchos de ellos auténticos actos terroristas) fueron o no reales tal y como son descritos con todo detalle en el libro. Pero no entraremos aquí a valorar la precisión histórica o la exacta verosimilitud de lo que el autor desgrana. Quede, pues, como aviso a navegantes.
El relato comienza con un joven Valtin, asistiendo en septiembre de 1918 al motín de la Armada alemana con base en Bremen. Allí, con apenas catorce años, e imbuido del cansancio propio de todo el país tras cuatro años de guerra, se une a las filas de las Juventudes Espartaquistas y, comienza una carrera como revolucionario que le llevará a integrarse en el Partido Comunista Alemán. Tras haber servido lealmente y con gran valor en los convulsos momentos que siguieron a la caída del Kaiser y el advenimiento de la República de Weimar, Valtin es integrado en la sección marítima del Komintern (en ese momento el organismo "internacional" pero en manos soviéticas encargado de expandir la revolución proletaria por todo el mundo) y comienza su periplo como correo, organizador y líder agitador por puertos de medio mundo. Entonces su fervor sinceramente revolucionario le hace creer que se puede exportar la experiencia rusa por los cinco continentes y no duda en anteponer la dictadura del proletariado a cualquier otra consideración de índole personal o "egoista" y "pequeñoburguesa".El relato esta lleno de momentos de duda en los que la natural tendencia a la rebeldía de Valtin le hacen plantearse seriamente si está obrando correctamente o si realmente está trabajando a favor de la revolución mundial. Especialmente cuando, según va ganando experiencia y va ascendiendo en el escalafón, es testigo directo de como desde las filas comunistas se comienza a atacar a los denominados "falsos revolucionarios" o directamente traidores, entre los que se incluyen a los anarquistas (enemigos del estado proletario), los troskistas (enemigos de la verdadera naturaleza del movimiento bolchevique) y, finalmente, a los socialistas (dominados por su esencia burguesa y faltos de agallas para llegar a la verdadera revolución). El protagonista asiste, lleno de temores y fijando su voluntad a la necesidad de creer que "el partido no se puede equivocar" y que "lo más importante es la revolución comunista", a momentos en los que debe aceptar la muerte de sinceros comunistas, desviados de la hortodoxia fijada en cada momento desde Moscú, obligándose a creer que, realmente, "se lo merecían". Huelga decir que Valtin, finalmente, será engullido por el Urano comunista.
El libro, desde este punto de vista histórico, se divide en tres partes bien diferenciadas.
La primera remarca los inicios revolucionarios y el deseo de hacer real el sueño de llevar a todo el planeta la revolución comunista que puso fin tanto al régimen de los Zares como al posterior gobierno menchevique en Rusia. Es la parte más idealista del relato y en la que el autor más cómodo se siente ya que muestra la etapa "romántica" de su militancia. Es aquí dónde descubrimos los modos de trabajo del Komintern, las redes que tegió a lo largo de los siete mares y como la mayor parte de las actividades comunistas comienzan a enforcarse desde la perspectiva, no de la revolución mundial, sino de servir a los intereses estratégicos de la URSS.
La segunda se centra en los años finales de la democracia en Alemania y la lucha para hacer caer la República de Weimar, aliándose para ello con los pujantes nazis de Adolf Hitler. Desgrana Valtin como ambos movimientos coinciden en su aborrecimiento por la democracia y no dudan en unir sus fuerzas (figurada y literalmente) para desestabilizar el sistema desde dentro y destruir al Partido Socialista Alemán y al Zentrum (el conglomerado político que incluía a católicos, conservadores y liberales), para, posteriormente luchar entre ellos por el control de Alemania y la instauración de un regimen comunista o nacionalsocialista. Simultaneamente se nos seguirán mostrando, en una especie de paréntesis, sus actividades en el extranjero (Francia, Reino Unido, Bélgica, Suecia, Dinamarca, Holanda) y como comienza a obrarse el cambio en el Komintern de la mano de la figura de Stalin. Ya no se persigue ningún tipo de movimiento mundial sino simple y llanamente servir a la URSS como extensiones de sus ejércitos. La GPU, hasta entonces relativamente ajena al Apparat político internacionalista, pasa a controlar el movimiento, comenzando las purgas, asesinatos, desapariciones y "destierros a Siberia" que se convertirían en lo habitual en años posteriores.
Finalmente, la tercera se centra en los años de lucha desde la clandestinidad contra el victorioso nazismo en Alemania. Es la parte del libro más oscura y en la que con más claridad se muestran las auténticas cloacas tanto del comunismo como del nazismo. Valtin no ahorra detalles a la hora de describir sus terribles jornadas de interrogatorios a manos de la Gestapo y como, siguiendo órdenes del Komintern, finge rendirse y reconocer la "verdad" del régimen de Hitler para unirse a las filas nazis como un agente doble. Pero tampoco oculta los manejos de los líderes del partido para servir a Stalin sacrificando para ello a quien hiciese falta en todo momento. Es en esta parte final cuando se ve en toda su crudeza como cualquier atisbo de romanticismo o idealismo ha sido borrado de todos los niveles del Komintern y del comunismo en general. Valtin describe claramente como desde Moscú se da la orden de cambiar de estrategia en el escenario internacional, aliándose ahora sí con los socialistas en los conocidos como Frentes Populares para, posteriormente, infilitrarse y terminar por controlar por completo el "frente obrero" (cita expresamente los casos francés y español), destruyendo en ese momento a todo aquél considerado "peligroso" por los agentes de la GPU. Se puede decir, en definitiva, que el autor destapa tanto el salvajismo nazi como el comunista, reconociendo que formó parte de aquello movido en todo momento por la "lealtad a la causa y al partido" aunque tuviese que taparse la nariz en más de una ocasión.El libro concluye, a modo de epílogo, con la descripción de su caída en desgracia en el Komintern al enfrentarse abiertamente con el máximo líder alemán al servicio de Stalin y que será, durante todo el relato, algo así como el tercer personaje en importancia tras el propio Valtin y Firelei. Nos referimos a Ernst Wollweber quien pasará de ser el primer líder revolucionario alemán en 1918 al sanguinario jefe comunista que no dudará en entregar a los nazis a todos aquellos camaradas que pudiesen hacerle sombra dentro del Partido Comunista.
Pero al inicio de esta reseña se remarcó que el libro se movía en dos niveles distintos. El segundo, el personal, está protagonizado por la relación amorosa entre Valtin y la joven Firelei. De su relación realmente romántica y leal, rompiendo la dinámica del "amor" de puerto y prostitutas de buen corazón y simpatizantes con el comunismo, surgirán las mayores dudas contra la obra revolucionaria del autor. Firelei no es comunista, de hecho es apolítica. Se nos muestra como una mujer alegre y jovial, tremendamente vital y movida por impulsos emanados de su naturaleza bondadosa y propensa a perdonar y dar segundas oportunidades a todo el mundo. Es una idealista a su modo, pero en las antípodas del estricto sentimiento del deber proletario de Valtin. Cosnciente de las injusticias del mundo pero deseosa de cambiar las cosas de otro modo. Es una auténtica fuerza luminosa frente a gris mundo de dónde proviene el autor.
Este contraste entre el luchador y la "doncella" dara pie a una historia de amor que, por momentos, está a punto de dar al traste con las más profundas convicciones revolucionarias del protagonista. Ante la fuerza del proletariado se opone, como surgido de la nada, el amor hacia Firelei y su oferta de fundar una familia, tener hijos, y vivir apaciblemente disfrutando de los momentos que una existencia tranquila y predecible. La duda se instala por unos instantes en las que son, a mi juicio, las páginas más reveladoras del libro ya que muestran el verdadero dilema que toda persona inmersa en una "causa" se plantea antes o después: ¿Mi vida o la causa?
Finalmente, la lealtad al Partido se impone y será Firelei la que se vea arrastrada a una vida de revolucionaria contra su voluntad aunque, movida por su amor por Valtin, asumirá su nuevo papel intentando ser útil, engañándose a sí misma y tratando de convencer a su pareja (más adelante marido) para que lo abandone todo a la menor oportunidad. Su situación se verá embrollada con el nacimiento de su hijo coincidente con la victoria nazi en Alemania y el pase a la clandestinidad del Partido Comunista. Y será entonces cuando, realmente, las dudas se instalarán definitivamente en el protagonista ya que comienza a anteponer su mujer y su hijo al partido y sus consignas y, finalmente, será esta la causa de su desesperada ruptura con el Komintern y una revolución en la que hacía años que había dejado de creer.
En definitiva asistimos durante las casi ochocientas páginas del libro tanto a una lección de Historia como a un relato de intriga, acción, luchas políticas, dsengaño ideológico y amor condenado. Pero con la gravedad y la certeza de que no es una obra de ficción sino una sucesión de hechos reales que nos plantan, sin anestesía de ningún tipo, ante acontecimientos que desnudan la realidad "revolucionaria" de un tiempo no tan lejano. Es imposible quedar indiferente ante esta obra y lo que en ella se cuenta.


miércoles, 12 de diciembre de 2007
Reseña: J.R.R. Tolkien. Una biografía.
En 1977 apareció en el mercado la primera (y hasta la fecha) única biografía oficial de J.R.R. Tolkien realizada con el apoyo explícito de la familia del autor inglés a través de Cristopher Tolkien. Con ella se ofrecía al gran público una no muy extensa narración que venía a cubrir una de las grandes carencias en torno al famoso autor inglés: la historia de su propia vida.Aunque ya existía una biografía no autorizada redactada por Daniel Grotta dos años antes, la expectación en torno a la que contaba con el beneplácito expreso de la familia Tolkien se vio ampliamente satisfecha cuando Carpenter terminó su trabajo.
A lo largo de las casi 300 páginas divididas en ocho partes, el biógrafo intentaba mostrar de un modo somero y sencillo las distintas etapas en la vida del profesor, desde su turbulenta infancia hasta su esplendorosa madurez. Para poder llevar a cabo esta labor se apoyó en un acceso privilegiado (y hasta hoy jamás repetido por ningún otro estudioso) a la correspondencia y los archivos personales de Tolkien, a sus diarios íntimos y a los comentarios minuciosos de sus más allegados (en especial sus cuatro hijos y su editor Rayner Unwin). Toda la información así recabada, junto con mucha otra proveniente de la universidad de Oxford y de Marquette, le sirvió para reconstruir un minucioso retrato de los aspectos más íntimos del autor junto con algunos otros más públicos y notorios.
Si bien cualquier obra biográfica (y más una supervisada por los herederos de la persona objeto del estudio) tiende a ensalzar virtudes y camuflar (en parte) defectos no por ello se ha de ofrecer una visión deformada o manipulada de la realidad. Carpenter parece conseguir que el Tolkien que describe encaje perfectamente con el Tolkien "esperado" por sus muchos fans, dando la sensación, a ratos, de que hay algo detrás que no se ha querido mostrar por temor a salirse del guión. Esto, por supuesto, es una sensación y no una realidad palpable, pero ahí está.
La descripción general nos presenta a una persona tremendamente marcada por el sacrificio y muerte de su madre, viuda desde muy joven. El biógrafo incide constantemente en que este hecho marcó especialmente a Tolkien y le confirió hasta su muerte una personalidad tendente a la depresión, el pesimismo y la excesiva dedicación a su religiosas católica. Durante toda la obra se nos repite por activa y por pasiva que los momentos de alegría y diversión en su vida eran, en realidad, breves chispas de luz en un alma más bien lúgubre y hasta cierto punto desesperada. Y sobre esta premisa se construye toda la biografía.
A este esqueleto se le añade, por supuesto, una parte casi hagiográfica relacionada con su inusitado amor por las lenguas y su invención, que rellena la parte central de todo el estudio, convirtiendo la existencia de Tolkien en una sucesión ininterrumpida de creaciones (o "sub-creaciones", como el mismo autor inglés dirá) mientras corrige exámenes, da clases en Oxford y se pelea consigo mismo para poder presentar ante los editores un manuscrito terminado y listo para ser publicado.
Otros aspectos destacados por Carpenter son las manías del profesor de Oxford, entre las que señala su perfeccionismo salvaje (que le llevará a re-escribir constantemente sus relatos y trabajos académicos), su obsesiva religiosidad (que es descrita como la causante de muchas de sus depresiones), su costumbre de fundar y pertenecer a clubs (T.C.B.S., Coaleaters, Viking Society, Los Inklings) o su capacidad para "descubrir" las cosas sobre las que escribía (en vez de "inventarlas"). Además se nos señala en repetidas ocasiones, como para no olvidarlo y saber que vara de medir tiene que utilizar el lector, que era ultra conservador, monárquico, contrario a la democracia universal, clasista y británico hasta la médula (cosas estas que si se leen las Cartas, también publicadas por Planeta-Minotauro, quedan muy matizadas y en algunos casos hasta contradichas por el propio Tolkien).
En definitiva, esta biografía nos presenta un cuadro general, sencillo y bastante ameno, en el que situar la vida de la persona que escribió El Hobbit y El Señor de los Anillos y otros muchos textos que formaron su especial mitología. Se pretende con ello dar información adicional (pero muy matizada y extremadamente dirigida, aunque no por ello menos relevante o reveladora) a cualquier lector dispuesto a profundizar en la vida del autor inglés, situando a Tolkien en su contexto y señalando aquellos aspectos de su vida que más pudieron destacar a la hora de realizar su obra literaria.
La lectura se complementa de manera eficaz con las ya citadas Cartas y con otras biografías como la de Joseph Pearce (desde una perspectiva católica), la de Michael White (desde una perspectiva mucho más amplia y haciendo menos hincapié en las fuentes familiares) o la del español Eduardo Segura (en este caso más introductoria que otra cosa, pero por eso mismo muy indicativa de los aspectos más destacables).



