Reseña de: Santiago
Gª Soláns.
Plataforma
Neo.Barcelona, 2014. 375 páginas.
Sin poder definir a ciencia cierta en qué
grado «pertenece» la novela a cada uno de sus autores, sin poder
encontrar la «fisura» que indique de forma inequívoca que la misma
se encuentra escrita a cuatro manos, ni qué partes, qué elementos o
ideas, qué palabras provienen de cada uno, tan sólo se puede
afirmar que ambos han realizado una gran labor. El fin de los
sueños es una decidida declaración de amor a la imaginación
más desatada, al poder de los soñadores de cambiar su entorno, a la
fantasía en todos sus frentes. Es una novela de múltiples géneros,
desde el juvenil distópico hasta la ciencia ficción post
catastrofista, pasando por la intriga, la aventura desenfadada y el
tétrico horror ―que se adueña por momentos de la trama con la
poderosa imaginería habitual en los libros de Cotrina―. Es
también una advertencia contra los avances científicos a cualquier
precio y sin control, una reivindicación del valor del individuo
frente a la opresión totalitaria y una llamada de atención sobre el
poder de los sueños cuando uno se permite ―o le permiten―
soñarlos.
