Adrian Tchaikovsky.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Alethé. Madrid, 2019. Título original: Spiderlight. Traducción: Alexander Páez. 326 páginas.
¿Cuáles son los elementos imprescindibles para escribir una novela de fantasía épica al uso? Un enfrentamiento entre el Bien y el Mal, la Luz y la Oscuridad, un grupo de aventureros de diversas y complementarias habilidades —de esos que parecen sacados directamente de un juego de rol: clérigo, paladín, guerrero, hechicero, ladrón…—, una profecía, un dilema moral, una misión, un enemigo implacable, unos despiadados sicarios dispuestos a dar su vida por su señor, un viaje y una búsqueda… ¿No se ha leído algo así unas cuantas veces ya? Pues todo esto y mucho más aglutina Tchaikovsky en esta historia, dándole eso sí la vuelta a los tropos e ideas preconcebidas, tiñiendolos de irónico humor y destrozando cualquier cliché que se le ponga por delante. Sin caer en la parodia, aunque bordeándola sin rubor, su ironía y la intención desmitificadora resultan evidentes, siempre desde el respeto de quien ama profundamente el género. Con una historia que se toma en serio a sí misma el autor disecciona la fantasía épica, o buena parte de la misma, examina todos sus lugares comunes, todas las fórmulas repetidas una y otra vez, y les da la vuelta sin misericordia ni piedad, con mucho humor sin ser propiamente un libro humorístico. Casi podría hablarse más bien de una tragicomedia. El autor usa las expectativas del lector de género, todo su bagaje literario, para llevarle allá donde desea y luego quitarle el suelo de debajo de los pies, demostrándole que las apariencias una vez más engañan.



