Hablamos de todo aquello que nos interesa, sobre todo Literatura y sobre todo Fantástica. Lo nuestro son reseñas, no crítica literaria. Sólo razonamos nuestras opiniones, subjetivas y particulares, de lo que nos gusta y de lo que no.
lunes, 1 de junio de 2020
Reseña: La cólera
lunes, 13 de noviembre de 2017
Reseña: Mitos nórdicos
jueves, 17 de agosto de 2017
Reseña: Mitología nórdica
martes, 10 de febrero de 2015
Reseña: La tercera cara de la Luna
viernes, 3 de agosto de 2012
Reseña: Joe Golem y la Ciudad Sumergida
sábado, 23 de junio de 2012
Reseña: Vintage '62
viernes, 11 de noviembre de 2011
Reseña: Thor
Thor.sábado, 23 de mayo de 2009
Redifusión: Olympo
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Olympo.
Dan Simmons.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Olympo I: La guerra. Zeta bolsillo. Col. Nova. Barcelona, 2009. Título original: Olympos. Traducción: Rafael Marín Trechera. 420 páginas.
Olympo II: La caída. Zeta bolsillo. Col. Nova. Barcelona, 2009. Título original: Olympos. Traducción: Rafael Marín Trechera. 480 páginas.
Es imposible hacer una reseña de Olympo sin hacer referencia a su predecesora: Ilión, y por lo tanto es muy posible que a lo largo de esta reseña se me escape algún spoiler de ésta. Debo reconocer que, aunque me gustó mucho, Ilión también me decepcionó un tanto, no estaba a la altura de lo que esperaba. Leído ya Olympo, su lectura me ha confirmado la impresión que tuve al terminar de leer el anterior libro, que simplemente se trataba de una mera, y larga, introducción para éste que nos ocupa ahora. Simmons se había de alguna manera limitado a ir presentando a los personajes y había ido colocándolos en posición para dar el pistoletazo de salida de esta impresionante narración épica que es Olympo.
En efecto, preparados y dispuestos ya los protagonistas donde Simmons los quería, el libro es una sucesión de aventuras, revelaciones, descubrimientos y peripecias que no han de dejar indiferente al lector. El de Olympo sí que es Simmons en estado puro, en estado de gracia, con ese toque maestro al que nos acostumbró con Hyperion.
La narración, dejado ya atrás el seguimiento de la guerra de Troya que no por menos interesante no dejaba de ser algo tedioso, se centra por un lado en la guerra de griegos, troyanos y moravecs contra los supuestos dioses: posthumanos que con su mal uso de la tecnología del teletransporte cuántico estaban poniendo en peligro la misma existencia del sistema solar y de todos los que en él habitan; y por otro, continuamos asistiendo al brusco despertar de los “humanos antiguos” de su existencia idílica sobre
Simmons echa mano de los amplios recursos narrativos que ya había demostrado en obras anteriores para mantener la atención sobre un buen número de personajes sin que el interés, la emoción o la tensión decaigan en ningún momento, sea la trama que sea la de que se ocupe en ese momento, ya sea en la superficie de Marte o en su alto Olimpo, en
Todas las preguntas, los muchos misterios que se habían planteado en Ilión se van desvelando poco a poco a lo largo de estas páginas, deparando muchas sorpresas inesperadas y muchas vueltas de tuerca magníficamente justificadas.
Utiliza Simmons, además, dos de sus temas más queridos. Por un lado nos encontramos con el desarrollo de la teleportación, tema que ya fuera central en Hyperion y, sobre todo, en su continuación, Endymion, y que aquí obtiene una importancia vital para la trama, casi se podría decir que convirtiéndose en el motor de la misma, y sin la cual el libro no hubiera podido existir. Nos encontramos con varios tipos, desde el “faxeado” de los humanos antiguos hasta el TCear de los posthumanos (abriendo caminos cuánticos para trasportarse de un lugar o tiempo a otro). El uso de esta tecnología, motivo que impulsó a los moravecs a viajar hasta Marte y ahora hasta
Por otro lado, nos encontramos, aunque con una menor relevancia aparente, con otro de los temas recurrentes en Simmons: la crítica a cualquier manifestación del fanatismo religioso; esta vez ejemplarizado en la cerrazón mental del mundo musulmán en genérico. Es un tema que se manifiesta mucho menos a lo largo de la narración, no ocupa tanto lugar, pero se demuestra tan vital o más que el teletransporte para configurar ese mundo futuro al que el autor aboca a la humanidad. Un mundo que luchará por la supervivencia al enfrentarse a la inmensa amenaza que puede llevar a la extinción de la propia especie humana.
Y junto a ello, multitud de detalles más, como no podía ser menos con Simmons, incluidos ciertos descensos a la metafísica, o la enorme cantidad de referencias literarias que van soltando los protagonistas o que están hábilmente entretejidas con la trama: desde la muy evidente Iliada a otra ingente cantidad de clásicos helenos hasta la muy mencionada En busca del tiempo perdido de Proust o la repetidas veces citada La tempestad de Shakespeare. Cabe decir, sin embargo, que el lector lego en estas lecturas disfrutará igualmente con la obra, pues su conocimiento no es en absoluto necesario para comprender la trama y cuando sí lo es, viene convenientemente explicado.
viernes, 9 de febrero de 2007
Reseña: Olympo
Dan Simmons.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Olympo I: La guerra. Ediciones B. Col. Nova nº 194. Barcelona, 2006. Título original: Olympos. Traducción: Rafael Marín Trechera. 415 páginas.
Olympo II: La caída. Ediciones B. Col. Nova nº 195. Barcelona, 2006. Título original: Olympos. Traducción: Rafael Marín Trechera. 475 páginas.
Es imposible hacer una reseña de Olympo sin hacer referencia a su predecesora: Ilión, y por lo tanto es muy posible que a lo largo de esta reseña se me escape algún spoiler de ésta. Debo reconocer que, aunque me gustó mucho, Ilión también me decepcionó un tanto, no estaba a la altura de lo que esperaba. Leído ya Olympo, su lectura me ha confirmado la impresión que tuve al terminar de leer el anterior libro, que simplemente se trataba de una mera, y larga, introducción para éste que nos ocupa ahora. Simmons se había de alguna manera limitado a ir presentando a los personajes y había ido colocándolos en posición para dar el pistoletazo de salida de esta impresionante narración épica que es Olympo.
En efecto, preparados y dispuestos ya los protagonistas donde Simmons los quería, el libro es una sucesión de aventuras, revelaciones, descubrimientos y peripecias que no han de dejar indiferente al lector. El de Olympo sí que es Simmons en estado puro, en estado de gracia, con ese toque maestro al que nos acostumbró con Hyperion.
La narración, dejado ya atrás el seguimiento de la guerra de Troya que no por menos interesante no dejaba de ser algo tedioso, se centra por un lado en la guerra de griegos, troyanos y moravecs contra los supuestos dioses: posthumanos que con su mal uso de la tecnología del teletransporte cuántico estaban poniendo en peligro la misma existencia del sistema solar y de todos los que en él habitan; y por otro, continuamos asistiendo al brusco despertar de los “humanos antiguos” de su existencia idílica sobre
Simmons echa mano de los amplios recursos narrativos que ya había demostrado en obras anteriores para mantener la atención sobre un buen número de personajes sin que el interés, la emoción o la tensión decaigan en ningún momento, sea la trama que sea la de que se ocupe en ese momento, ya sea en la superficie de Marte o en su alto Olimpo, en
Todas las preguntas, los muchos misterios que se habían planteado en Ilión se van desvelando poco a poco a lo largo de estas páginas, deparando muchas sorpresas inesperadas y muchas vueltas de tuerca magníficamente justificadas.
Utiliza Simmons, además, dos de sus temas más queridos. Por un lado nos encontramos con el desarrollo de la teleportación, tema que ya fuera central en Hyperion y, sobre todo, en su continuación, Endymion, y que aquí obtiene una importancia vital para la trama, casi se podría decir que convirtiéndose en el motor de la misma, y sin la cual el libro no hubiera podido existir. Nos encontramos con varios tipos, desde el “faxeado” de los humanos antiguos hasta el TCear de los posthumanos (abriendo caminos cuánticos para trasportarse de un lugar o tiempo a otro). El uso de esta tecnología, motivo que impulsó a los moravecs a viajar hasta Marte y ahora hasta
Por otro lado, nos encontramos, aunque con una menor relevancia aparente, con otro de los temas recurrentes en Simmons: la crítica a cualquier manifestación del fanatismo religioso; esta vez ejemplarizado en la cerrazón mental del mundo musulmán en genérico. Es un tema que se manifiesta mucho menos a lo largo de la narración, no ocupa tanto lugar, pero se demuestra tan vital o más que el teletransporte para configurar ese mundo futuro al que el autor aboca a la humanidad. Un mundo que luchará por la supervivencia al enfrentarse a la inmensa amenaza que puede llevar a la extinción de la propia especie humana.
Y junto a ello, multitud de detalles más, como no podía ser menos con Simmons, incluidos ciertos descensos a la metafísica, o la enorme cantidad de referencias literarias que van soltando los protagonistas o que están hábilmente entretejidas con la trama: desde la muy evidente Iliada a otra ingente cantidad de clásicos helenos hasta la muy mencionada En busca del tiempo perdido de Proust o la repetidas veces citada La tempestad de Shakespeare. Cabe decir, sin embargo, que el lector lego en estas lecturas disfrutará igualmente con la obra, pues su conocimiento no es en absoluto necesario para comprender la trama y cuando sí lo es, viene convenientemente explicado.
Al final, como también es habitual, quedan unos cuantos flecos sueltos (algunos muy gordos) en un final que, a pesar de dejar todo bastante bien atado, deja abierto el futuro para (¿quién sabe?) una posible continuación como ya hiciera con Hyperion al prolongarlo en los libros de Endymion. Quizá no hay tanto dónde agarrarse aquí, pero yo no me opondría en absoluto. He disfrutado mucho con la lectura de Olympo, esta vez Simmons no me ha defraudado en absoluto.
sábado, 27 de enero de 2007
Reseña: Los hijos de Anansi
Neil Gaiman.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Roca editorial. Barcelona, 2006. Título original: Anansi Boys. Traducción: Mónica Faerna. 379 páginas.
No sé si calificarlo como un libro de humor, pero lo cierto es que el lector permanece con una sonrisa en su boca durante, casi, toda su lectura. Me atrevo a decir que me ha parecido el mejor libro de Gaiman, muy por encima del American Gods con el que se supone que comparte universo, aunque no personajes. Los hijos de Anansi es mucho más “redondo”, tiene muchos menos tiempos muertos, si es que tiene alguno, está mejor estructurado y es más contenido, menos dado a los excesos, que aquel. Tal vez en American Gods Gaiman intentó meter demasiado, había mucho material, mucha imaginación, y ello le produjo un exceso de páginas y de secundarios que a veces no aparecían más que para poner en palabras alguna de las fascinantes ideas de Gaiman y que no terminaban de casar a la perfección, produciendo importantes bajones en la narración. En Los hijos de Anansi no se produce este fenómeno, la trama está mucho más centrada en su propia historia y los personajes que aparecen tienen todos su importancia para la misma; no hay nada superfluo. Tal vez, dirán algunos, se debe a que esta es una historia más simple que aquella, pero yo tampoco lo creo; es simplemente que el autor ha encontrado una forma mejor de contarla sin irse tanto por las ramas (que también se va, es cierto. Vamos, ¡es Gaiman! ¿Qué sería de él sin todas esas historias paralelas?).
Nos encontramos en esta novela a un Gaiman amante de los cuentos y se le nota. Contra todo lo que pueda parecer esta es una historia de amor: la del autor por las palabras, por las historias, por el intramundo que contienen. El universo tan sólo es un cuento (o una canción) que se está contando ahora mismo, mientras se desarrolla; una telaraña donde cada hilo se toca con los demás y forma una red perfecta donde todo está relacionado. Y en esa telaraña se mueve el torpe y acomplejado Gordo Charlie Nancy, junto a su no poco confusa novia Rosie, cuando se entera de que su padre, al que no veía por ciertas desavenencias familiares desde hace un montón de años, ha fallecido. Y es en el funeral de su progenitor donde su vida dará un vuelco para, literalmente, no volver a ser jamás la misma. Desde el momento en que se entera de que su padre era Anansi, el dios araña de los mitos africanos y de que tiene un hermano del que no recuerda absolutamente nada, su existencia dará un giro insospechado, al menos para él, del que no habrá vuelta posible.
Gaiman utiliza, a la hora de seguir a Gordo Charlie en sus periplos, abundantes y diversos recursos narrativos, hasta el punto de hablar a veces con el propio lector o de intercalar una serie de cuentos o anécdotas de Anansi que nos permitirán ir comprendiendo mejor la personalidad de los protagonistas, conocer algunos de los motivos que los llevan a actuar como actúan o, simplemente, dar rienda suelta a su imaginación regalándonos algunas de las páginas más bellas y divertidas de la narración.
Lo que nos lleva al tono empleado para contarnos lo que va sucediendo. No es tanto que sea una novela de humor sino de que tiene un corte humorístico. Me ha recordado poderosamente a P.G. Wodehouse en una forma de narrar en que la gracia parte de lo narrado, de la situación en sí, y no de un chiste en concreto. Es, no sé si me explico, más simpático que divertido, que provoca (más allá de que también haya momentos de absoluta tensión que narrados de otra manera podrían haber llevado a una buena novela de terror) que se lea en todo momento con una sonrisa, pero sin impulsar en absoluto a la carcajada (no es ese tipo de humor). Es un humor amable, no explosivo.
La historia de los dos hermanos es, además, una historia de crecimiento personal, de autoconocimiento. Es, de alguna manera, un viaje iniciático, y no sólo para Gordo Charlie, el protagonista principal, sino también para algunos de los que le acompañan (genial el personaje del otro “hermano”, Araña; aunque a veces le den a uno ganas de partirle la cara).
Pero es, sobre todo, una novela del propio Gaiman, en la que da rienda suelta a su particular mundo, mezcla de mitos, historias antiguas y extrañas, magia corriente y oscuras referencias literarias y culturales, y que recuerda de forma poderosa las cotas más altas de su The Sandman, con su particular mundo onírico donde residen los mitos y donde todo es posible. Gaiman agita su personal coctelera y nos sirve una historia que no deja indiferente, mezcla de muchas cosas, muchas referencias, muchos ingredientes que se unen de forma magistral, sin fisuras. Como diría Tolkien: historias como esta crecen del humus de la mente, de todo lo que se ha visto y leído…
Mención aparte merece, y ya sé que a veces soy monotemático, la sinopsis de contraportada. En el caso que nos ocupa la misma parece escrita por alguien que ha oído campanas sobre de qué va el libro o que le han contado por encima el argumento, pero no lo ha leído en absoluto; y comete errores de bulto. Pero bueno, con no leerla (la sinopsis, se entiende) hasta terminado el libro es más que suficiente, ¿no?
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Otras reseñas de obras del autor:
Coraline.El cementerio sin lápidas y otras historias negras.





