viernes, 11 de noviembre de 2011

Reseña: Thor

Thor.

Kenneth Branagh.

Reseña de: Amandil.

Paramount Pictures - Marvel Studios (2011) 115 minutos.

Llevar al cine películas de superhéroes siempre tiene sus riesgos. Especialmente cuando los personajes a trasladar del papel al celuloide podrían llegar a parecer ridículos o directamente estúpidos. Con X-Men dieron en el clavo al recaracterizar la vestimenta de Lobezno y el resto, anulando así la posibilidad de que los mutantes pareciesen vestidos como los Power Ranger o, peor aún, como si llevasen pijamas ajustados. Y desde ese éxito (porque, aunque no guste este género, hay que reconocer que el resultado es muy aceptable) todas las películas han seguido la misma estela en lo que a la apariencia del héroe se trata. Han quedado superados los tiempos del Superman de Christoper Reeve o del ultracutre Capitán América de Albert Pyun.

Así que ahora la cuestión ya no es tanto la apariencia de los protagonistas sino la adaptación de sus circunstancias y aventuras a la gran pantalla. Lo complejo es dar el salto de un público que acepta el idioma de los comics a un público que prefiere el del cine. ¿Logra Thor dar ese salto? ¿Es una película que rompe el esquema que se plasmó durante años en el tebeo para amoldarse a las palomitas y el blockbuster? ¿Es una película que puede ser disfrutada por el público que no ha leído los comics?

La respuesta es que sí. Y por tres razones distintas:

Primera. La trama es sencilla, entretenida y llena de topicazos, lo cual le garantiza una enorme facilidad para empatizar con el público. Los buenos son muy buenos, el malo es muy malo, la chica es muy guapa y el héroe es perfecto. Paradojicamente, Kenneth Branagh (el director) ha optado por dotar a la historia de un maravilloso aire shakesperiano y entre tanta simpleza argumental (los celos entre hermanos, la traición de la sangre y el aprendizaje del héroe -nada nuevo bajo el sol-) brota un sentimiento de tragedia. No es que eso haga de Thor una película de arte y ensayo pero, al menos, sirve para dotar de una mayor enjundia a una trama bastante predecible. Merece especial atención como se relaciona la parte mitológica con un giro de ciencia ficción para justificar el ser de los asgardianos, que no son dioses, estrictamente, sino una especie de supercivilización ultra-avanzada y longeva que, en comparación con las cagarrutillas humanas son, pues eso, dioses mitológicos. Además (y sin ser yo un lector muy avezado de los comics de Thor) en la trama hay algunos puntos que han sido rescatados de la ingente producción de la Marvel logrando un relato coherente y fácil de seguir que combina de un modo razonablemente atractivo la mitología con la aventura moderna.

Segunda. La ambientación está muy cuidada en todos sus aspectos, al menos la referida a Asgard y el reino de los hielos. La parte que sucede en la Tierra, en una especie de pueblo situado en los Monegros pero de EE.UU. (y que canta a escenario de película de western: calles desiertas, edificios de cartoné, horizontes planos), es más floja y da sensación de estar desubicada en una película de héroes, dioses y efectos digitales a mansalva. Pese a ello, es interesante comprobar que el contraste entre la parte "mítica" de la película y esta otra más cercana, resalta precisamente el lado más elevado y magnífico de la narración. Digamos que por medio de la comparación se establece una clara dicotomía argumental que mejora sustancialmente el efecto final de la historia: Thor el magnífico queda en la ensoñadora Asgard y Jane queda en la paupérrima Tierra, pendientes de poder reencontrarse algún día. Que emotivo, creo que voy a llorar.

Tercera. Es una película preludio, de enganche y presentación de un personaje llamado a extenderse en la película coral Los Vengadores. Al final, casi estás más atento a los guiños a esa nueva producción en ciernes que a la trama propiamente dicha. Los guiños al mundo Marvel vuelven a estar presentes, por supuesto, aunque sólo alcance de los seguidores de los comics: vemos al futuro Ojo de Halcón (Jeremy Renner), sale Stan Lee, hay una mención a la compañía Stark, tenemos nuevamente a ESCUDO (Shield) como elemento aglutinador (el agente Coulson -Clark Glegg- debería lograr un premio por salir en todas las películas Marvel). Por otra parte, como ya decía, esta película es el inicio de las andadura del dios del trueno en la gran pantalla. Desconozco si, al final, se valdrá por sí mismo y podrá disfrutar de una línea de producción propia al estilo de la de Iron Man o Spider Man, o es un personaje abocado a ser miembro de un grupo. 

En cualquier caso, hay que reconocer que el esfuerzo realizado en Thor parece querer marcar unas ciertas diferencias con el resto de superhéroes de la saga. Por un lado, el elenco de actores destaca especialmente por la incorporación de un peso pesado como Anthony Hopkins, en el papel de Odin, la reconocida y joven Natalie Portman, como la vulnerable Jane, y un prodigioso Tom Hiddleston en el papel del complejo Loki. Además,  para saber crear un producto diferenciado el director Kenneth Branagh ha  optado por dar rienda suelta al lado trágico en una combinación elegante y muy aceptable con la inevitable concesión al espectáculo y la violencia propia de una película de super héroes con perfil familiar. Así, el espectador asiste a un duelo interpretativo (del que se descuelga Chris Hemsworh, que a ratos parece sencillamente "un chico guapo que daba el perfil físico buscado... ¡y poco más!") entre Loki y el resto de personajes. Asimismo, esta película no se separa de la tendencia del mundo Marvel de usar los temas mitológicos occidentales (greco-latino, nórdico y judeo-cristiano) adaptándolos a su público sin pudor de ningún tipo. Entroncando, en cierto modo, a Thor y Hércules con Spider-Man y el Capitán América se dota a la fantasía de los superhéroes americanos de unas raíces culturales milenarias. Y la mezcla que vemos en esta película, paradójicamente, ¡funciona! (aunque haya que hacerse un poco los locos al ver a Heimdall interpretado por Idris Elba).

En definitiva, Thor consigue lo que se propone: presenta a un nuevo miembro de la saga Marvel, abre el trasfondo global a Asgard, introduce a un nuevo malo, Loki, que promete ser un puñetero de mucho cuidado, entretiene al espectador, juega con la mitología por medio de un evocador mundo propio de la ciencia ficción y deja una buena sensación pasadas las dos horas de metraje. No creo que se le pueda pedir más.



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