El maltrato siempre deja cicatrices por mucho que se crea se ha dejado atrás. Y no es la menor un mal gestionado y totalmente injusto sentido de culpabilidad, que lleva a la víctima a responsabilizarse de temas que no le corresponden. Martin construye un relato de engañosa apariencia, muy simple en lo narrativo y terriblemente complejo en sus profundidades psicológicas y reflexivas. A caballo de una ciencia ficción híbrida con el weird y el terror, de un realismo crudo en el que de repente se impone un elemento ajeno, la autora ofrece una historia sobre los monstruos que se ven y aquellos —mucho peores— que permanecen ocultos tras sus máscaras de seres humanos funcionales. Una historia intimista de amor extraño, que versa sobre el maltrato y las víctimas, el abuso, la infidelidad, la resignación y el estrés post traumático, sobre la pérdida y la muerte, sobre la reconstrucción de una vida que no termina de dejar atrás el recuerdo de su calvario, sobre el derecho al placer sin remordimientos, y sobre encarar el futuro con optimismo. Una narración que fluye por multitud de corrientes subterráneas, sugerente, plena de seducción y un toque de erotismo, que no oculta el horror de una lacra a erradicar.
