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jueves, 16 de enero de 2020

Reseña: Por qué me comí a padre

Por qué me comí a padre.

Roy Lewis.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Gigamesh. Col. Gigamesh Breve. Barcelona, 2017. Título original: The Evolution Man, or How I Ate My Father. Traducción: Raquel Marqués. Ilustración de portada: Enrique Corominas. páginas.

El Día del Libro 2017 la editorial Gigamesh repartió esta novela corta, tan divertida como recomendable, como ejemplar promocional con la compra de otros de sus títulos. Ahora tiene el acierto de recuperarla para su remozada colección Gigamesh Breve en una interesante edición en tapa dura. Publicada originalmente en 1960 y situando la narración en un divertido y algo anacrónico en cuanto a ciertos comportamientos, pensamientos y uso del lenguaje, Pleistoceno, la obra presenta una irónica visión de la llegada del progreso tecnológico y social a una tribu prehistórica, y de los hitos que marcan a partir de ese momento la evolución de los homínidos, empezando con la domesticación del fuego, con todas las consecuencias que ese hecho destacado trae asociadas, y que de alguna manera inicia el arduo camino para convertir a los humanos en la especie dominante del planeta. De forma muy divertida e irreverente, con una «ciencia ficción» de carácter antropológico, el autor no deja de cuestionar muchos de los planteamientos de la sociedad de mediados del siglo XX que todavía siguen de lo más vigentes hoy en día.

miércoles, 26 de julio de 2017

Reseña: Por qué me comí a padre

Por qué me comí a padre.

Roy Lewis.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Gigamesh. Barcelona, 2017. Título original: The Evolution Man, or How I Ate My Father. Traducción: Raquel Marqués. 117 páginas.

El presente libro fue repartido como ejemplar promocional del Día del Libro 2017, por lo que no sé hasta qué punto será fácil encontrarlo pasada dicha fecha, pero lo cierto es que se trata de una novela corta tan divertida como recomendable, así que quien tenga la oportunidad de conseguirla que no dude demasiado. Publicada originalmente en 1960 y situando la narración en un divertido y algo anacrónico en cuanto a ciertos comportamientos, pensamientos y uso del lenguaje, Pleistoceno, la obra presenta una irónica visión de la llegada del progreso tecnológico y social a una tribu prehistórica, y de los hitos que marcan a partir de ese momento la evolución de los homínidos, empezando con la domesticación del fuego, con todas las consecuencias que ese hecho destacado trae asociadas, y que de alguna manera inicia el arduo camino para convertir a los humanos en la especie dominante del planeta. De forma muy divertida e irreverente, con una «ciencia ficción» de carácter antropológico, el autor no deja de cuestionar muchos de los planteamientos de la sociedad de mediados del siglo XX que todavía siguen de lo más vigente hoy en día.

lunes, 17 de julio de 2017

Reseña: Avatares de un escarabajo pelotero

Avatares de un escarabajo pelotero.

Sergio Gaut vel Hartman.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

La máquina que hace Ping! Col. Incontinencia Suma # 2. Castellón, 2017. 122 páginas.

De un tiempo a esta parte parece estar teniendo lugar un muy agradable revival del formato de la novela corta. Una apuesta impulsada en su mayoría, en nuestro país, por editoriales independientes y de relativo nuevo cuño que están rescatando del pasado un soporte que antaño llegó a gozar de tanta popularidad como el de los bolsilibros, con un tamaño y longitud muy adecuado para contar historias que no requieren de alargamientos innecesarios y que tan bien se adapta a las historias de género fantástico en el que solemos movernos. Tal es el caso de la joven editorial castellonense La máquina que hace Ping! y su colección Incontinencia Suma, de la cual el libro que nos ocupa, de un autor con muchas tablas en esto del fantástico, es su segunda entrega. Un volumen de pequeño tamaño pero muy cuidado en sus detalles, desde la rústica con solapas de la cubierta a detalles como la separación entre capítulos señalada por un creciente número de siluetas de escarabajos sobre una página en blanco. Siluetas, por otra parte, que ya debieran dar una pequeña idea de los derroteros por los que va a discurrir esta narración «heredera» directa de La metamorfosis de Kafka, aunque también de algunas obras de Unamuno, de Valle-Inclán o de los Hermanos Marx. Una delirante narración, divertida y dramática, a caballo de la parodia, la sátira, el surrealismo, la fantasía y la ciencia ficción, repleta de homenajes, muchos evidentes, otros no tanto —y todos aquellos que se escaparán al no advertido…—, con diversos niveles de lectura, y que juega con la metaficción o la ruptura de la cuarta pared —el techo  más bien— para reflexionar sobre la percepción de la vida, la muerte, la historia, la política, la filosofía, la literatura, la creación artística, el humor y tantas otras cosas que parece imposible haberlas encajado en tan pocas páginas. ¿Descacharrante, reza la contraportada? Sí, sin duda, pero también unas cuantas cosas más… Un libro tan extraño que, contra mi costumbre, me ha resultado imposible no destripar unos pequeños detalles de su ¿argumento? Así que aconsejo adentrarse con precaución en la lectura de esta reseña.

lunes, 20 de marzo de 2017

Jurgen o la comedia de la justicia

Jurgen o la comedia de la justicia.

James Branch Cabell.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Defausta editorial. Col. otros mundos. Madrid, 2017. Título original: Jurgen. A Comedy of Justice and Taboo. Traducción: Susana Prieto Mori. 381 páginas.

Sátira social o, como diría Chesterton, comedia alegórica publicada originalmente en 1919, férreamente criticada en su momento tanto por las ideas expuestas como por el comportamiento implícita, y también inocentemente desde la óptica de hoy, lascivo e irreverente de la propuesta. De apariencia inofensiva, lo que es una serie de romances bastante castos en la superficie, recubiertos de la ironía del autor, se desvelan como encuentros  y situaciones más que sugerentes. Nada es explícito, pero lo implícito abarca un amplio abanico de posibilidades. Autor seminal de la Literatura Fantástica, cuya influencia y admiración es reconocida por escritores de la altura de Mark Twain, Jack Vance, Poul Anderson, Michael Moorcock, Neil Gaiman, Scott Fitzgerald o Ursula K. LeGuin, une una prodigiosa erudición a una prosa preciosista y elegante y un irónico sentido del humor, mordaz incluso en algunas ocasiones. Jurgen o la comedia de la justicia, perteneciente —de forma independiente— al ciclo conocido como la Biografía de la vida de Manuel, cuyas historias se ubican en la imaginaria región del sur de Francia llamada Poictesme, no es sino un viaje en busca del sentido de la existencia humana, sobre todo en su juventud, buceando en buena parte de las filosofías y valores morales occidentales y asiáticos, para descartar la mayoría con cierto desdén y mucha de la citada irreverencia. Un viaje por países fabulosos, legendarios, mitológicos, que permiten al protagonista gozar del romance medieval, de cuyos clichés Cabell se burla sin rubor, y del ascenso en la escala social con una reveladora mirada satírica sobre la, nunca mentada, sociedad y cultura de los EE.UU. de principios del Siglo XX.

lunes, 18 de enero de 2010

Reseña: La princesa prometida

La princesa prometida.

William Goldman
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Reseña de: Amandil.

Martínez Roca, Barcelona 1999. Título original: The princess bride. Traducción: Celia Filipetto. 252 páginas.

Cuando William Goldman (guionista de cine y televisón reconocido con múltiples premios como los celebérrimos Oscars) escribió en 1973 La princesa prometida probablemente no era consciente de que estaba creando una novela de aventuras llamada a ser un clásico. En su ánimo más bien estaría el escribir un relato cómico, bastante cínico en ocasiones, en el que bajo el pretexto de volcar algunas experiencias personales, narraba un bello cuento romántico que tendría como principal argumento la lucha de dos personajes arquetípicos, Westley y Buttercup, en pos de su porción de Amor Verdadero.

Al ser un relato pretendidamente tópico no faltarán los malos "modélicos", encarnados en las figuras del Conde Rugen, el Príncipe Humperdinck y el taimado siciliano Vizzini; los compañeros de los buenos, como el popular Íñigo Montoya, el forzudo Fezik y Max Milagros, los duelos a espada, las persecuciones, los juegos de inteligencia, los animales fantásticos, las peleas absolutamente desequilibradas a favor de los malos y la eterna lucha entre el bien y el mal. En definitiva La princesa prometida lo tiene todo. Hasta una película tan atractiva como el libro y guionizada por el mismo autor.

La historia es bien sencilla:

El libro preferido de William Goldman es un libro que nunca leyó. O, mejor dicho, es un libro que le leyó su padre cuando era niño y que él nunca leyó por sí mismo. Se trata del clásico de la literatura de Florín, La princesa prometida, escrito por S. Morgenstern, y que es un compendio de aventuras y amoríos. Así que ¿qué mejor regalo de cumpleaños para su propio hijo que un ejemplar de aquella obra? Sin embargo, para su decepción, en su hijo no parece despertarse la misma pasión que él vivió cuando se lo leyó su padre. ¿Cómo es eso posible? Sencillo. Su padre le leyó sólo las partes del libro que contenían cosas "entretenidas", saltándose aquellas aburridas y completamente ajenas a los gustos de un niño. Contrariado por el descubrimiento Goldman decide "reescribir" una versión "breve" que sólo incluya la historia que le contó su padre en la lejana infancia... Esa versión breve es la que da cuerpo al libro.

En ella la atractiva Buttercup y el mozo de cuadras de su casa, Westley, se enamoran perdidamente. Debido a la pobreza el buen mozo decide viajar a América para hacer fortuna y así poder empezar una vida junto a su amada. Pero en su viaje se cruza el terrible pirata Roberts y todo el mundo sabe que nunca hace prisioneros. Buttercup, finalmente, pese a estar destrozada por la noticia se ve empujada a aceptar casarse con el príncipe de Florín, Humperdinck, quien, en realidad pretende asesinar a su joven prometida para acusar del crimen al país vecino, Guilder, y empezar una guerra contra ellos. Para lograr su objetivo contrata los servicios de un grupo formado por el espadachín español Íniño Montoya, el gigantesto luchador turco Fezik y el inteligente y malvado siciliano Vizzini. Todo parece ir de maravilla hasta que se cruza en el camino de los maleantes un misterioso "hombre de negro" que parece empeñado en liberar a Buttercup...

La narración escrita por Goldman se caracteriza por un estilo cómico y sencillo en el que el lector se siente en todo momento atrapado por una trepidante acción y una trama amable, muy entretenida y bien llevada, que parece beber del modo cinematográfico más que del literario. Abundan las imágenes de fácil descripción y muy evocadoras (los Acantilados de la Locura, el Zoo de la Muerte, la historia de Íñigo, las aventuras del pirata Roberts, la hilarante intervención de Max Milagros) que resaltan en todo momento la vis cómica y ágil que impregna absolutamente todo el relato. Además, utilizando el truco de insertar comentarios del propio autor en cursiva, añadiendo anécdotas ajenas a la historia, valoraciones intrascendentes pero divertidas y críticas bastante cínicas a lo que va contando, se desarrolla una especie de doble lectura paralela (la de las aventuras de Buttercup y Westley y las ocurrencias de Goldman en su "resescritura" del clásico de Florín) que enriquece la novela y añade un cierto toque de esperpento genial al conjunto.

En definitiva, La princesa prometida, es uno de esos libros que se pueden leer perfectamente sin necesidad de ser seguidor acérrimo del género fantástico ya que es, en realidad, una obra cómica que bebe de los elementos comunes a muchos libros de aventuras de espadachines clásicas. Su ritmo, su estilo y, sobre todo, lo amena que es la lectura, hacen que pase en un suspiro y que se tengan ganas de leer más o, en su defecto, releer la obrita cada cierto tiempo recordando el buen sabor de boca que deja y lo divertida que llega a ser por momentos.

Indispensable.

lunes, 29 de octubre de 2007

Reseña: El hombre que fue Jueves

El hombre que fue Jueves.

G.K. Chesterton.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Valdemar. Col. El Club Diógenes # 140. Madrid, 2006 (4ª edición). Título original: The Man Who Was Thursday. Traducción: José Rafael Hernández Arias. 311 páginas.

Sin duda, una pequeña gran joya. Una obra por la que no han pasado en absoluto mal los años y cuyo mensaje sigue siendo igual de interesante hoy que en el momento en que fue escrita. Es cierto que, por lo que sé, a más de uno se le ha atragantado ese críptico capítulo final en que la historia se resuelve con una vuelta de tuerca más que metafísica; pero eso no impide que, leído con las debidas claves, su vigencia siga plenamente presente. Afortunadamente en la edición que nos ocupa (Valdemar, el Club Diógenes) la novela viene acompañada de un interesante y esclarecedor (quizá en exceso) prólogo a cargo de José Rafael Hernández Arias y de tres relatos/ensayos que sirven para ahondar en las motivaciones de Chesterton como persona y escritor, y que pueden proyectar algo de luz sobre muchas de las claves para entender correctamente el enfoque, la filosofía y el mensaje que se esconden dentro de la entretenida trama de El hombre que fue Jueves.

La novela, con una escritura brillante, detallista y llena de matices, parte de una trama policial en la que el personaje principal, Gabriel Syme, luego conocido como Jueves, tendrá que infiltrarse en una peligrosa conspiración anarquista y evitar los tenebrosos propósitos de su maquiavélico líder, un hombre tan sólo conocido como Domingo, verdadero protagonista en la sombra de la novela. Cargada de un humor cáustico y brillante, muchas veces irónico y no exento de cierta negrura, las aventuras, y desventuras, de Syme son una continua huida hacia adelante en un enfrentamiento de voluntades e inteligencias en el que no todo, o más bien nada, es realmente lo que parece.

La trama se lee en dos niveles, aunque es en todo momento (salvo quizá en ese sorprendente último capítulo) la trama policíaca la que prima sobre el resto de elementos de la narración. Jueves, con una suerte de dispares aliados que irán sumándosele, o abandonándolo, por el camino, habrá de perseguir y enfrentarse a las fuerzas del mal personificadas en la enorme figura de Domingo con todas las armas que encuentre a su paso, sin dar nunca nada por sentado, pues la perfidia de su adversario es capaz de confundir al más pintado. Muchas veces el lector asiste a lo narrado como si de una comedia de enredo se tratase, un juego de equívocos en el que el autor va colocando a los personajes en las situaciones más inverosímiles y difíciles para, muchas veces, tener que retroceder antes de poder avanzar. No se puede nunca dar nada por sentado, pues los giros se suceden con una lógica endemoniada y una coherencia muchas veces sorprendente.

En un segundo plano más profundo, camuflado casi hasta el final aunque siempre presente, el lector es testigo de una búsqueda sin duda metafísica en la que el autor vuelca todas sus creencias sin convertirse en dogmático en momento alguno, dejando en cada instante caer pinceladas y detalles que han de conducir al lector atento hasta esa revelación final contra la que algunos se estrellan, motivo por el cual reniegan de este libro. En ningún caso esta lectura, podríamos decir que religiosa, se sobrepone a la acción policíaca, a las peripecias detectivescas y a las aventuras llenas de humor en las que se encuentra embarcado Symes-Jueves, pero está presente en todo momento como un telón de fondo que nos muestra un tapiz más rico en cada página de la novela.

Entre medias de ambos planos, entremezclándose de manera intrincada, hay mucho más que descubrir: desde la crítica política y social contra los movimientos filosóficos que empezaban a extenderse por el mundo en aquel entonces, y que todavía hoy venimos arrastrando, hasta el eterno enfrentamiento entre el Bien y el Mal, curiosamente difusos a veces. No en vano el propio autor dio en llamar “comedia alegórica” a su obra.

Hace ya unos cuantos años, en el HispaCon de Barcelona de 1991, tuve la fortuna de compartir una comida con unos pocos amigos y con Terry Pratchett y su hija, comida en que, entre otras muchas cosas, Pratchett nos confesó que su novela favorita era precisamente esta que nos ocupa. No sé si seguirá siéndolo ahora, pero no me extrañaría. El humor que destila cada capítulo es algo que la hermana con el creador de Mundodisco, aunque sea un humor y una forma de narrar total, casi se podría decir que frontalmente, diferente. Confieso avergonzado que para mí Chesterton era una asignatura pendiente, a pesar de las muchas recomendaciones que me habían llegado, pero puedo asegurar que ahora que he comenzado con él no será ésta la última novela que lea del autor; en absoluto, creo que me queda mucho Chesterton en el futuro. El hombre que fue Jueves es, desde luego, una novela para disfrutar y para releer, para ir a la busca y captura de todos los matices que el autor supo imbuir en ella y que pienso es imposible captar en un primer vistazo. Una gozada, ya digo, ojala hubiese muchos más libros como este.