viernes, 5 de octubre de 2007

Reseña: Kingmaker

Kingmaker

Don Turnbull & Mick Uhl

Reseña de: Amandil

Avalon Hill 1976

De 2 a 6 jugadores. Duración media de una partida 4 horas.

Kingmaker es uno de los juegos clásicos de la primera etapa de la firma americana Avalon Hill. Aunque actualmente está descatalogado es relativamente fácil conseguir un ejemplar de cualquiera de sus cuatro ediciones (una de ellas británica y de bastante peor calidad) por un precio muy bajo.

El juego nos traslada al siglo XV inglés durante la conocida como Guerra de las Rosas entre los York y los Lancaster. Los jugadores representan facciones nobiliarias en su lucha por controlar a alguno de los miembros de las dos familias y conseguir que sea coronado único Rey de Inglaterra. Para ello no basta con la intención ya que hay que eliminar por completo a la familia rival (si apuestas por los York debes liquidar a los pretendientes Lancaster y viceversa) y además debes tener en tu poder al miembro de la familia de más edad ya que sólo él (o ella) puede ser coronado.

Para lograr este objetivo cada jugador recibe al principio de la partida una serie de cartas entre las que podrá obtener nobles, títulos, cargos públicos, vasallaje de ciudades, barcos, mercenarios y obispados. Cada turno recibirá otra carta de este grupo y podrá de ese modo ir reforzando su facción aunque también deberá revelar una carta de "evento" (distintas a las anteriores) en la que podrá tener lugar alguna circunstancia que puede ser beneficiosa o terriblemente perjudicial para cualquier jugador (desde tormentas en el mar, hasta embajadas del Papa, pasando por incursiones escocesas o por brotes de peste e diversas ciudades).

Las inevitables batallas se pueden resolver siguiendo dos sistemas (básico y avanzado) y son terriblemente sangrientas, pudiendo cambiar el rumbo de la partida en un solo enfrentamiento, además de ser caldo de cultivo para traiciones y engaños. Exactamente igual que cuando se convoca el Parlamento y se reparten los cargos, títulos y propiedades que nadie haya podido reclamar (o que haya perdido el bando derrotado en una batalla), las votaciones a dos vueltas (en las Cámaras de los Lores y los Comunes) consiguen extrañas alianzas que no suelen durar más allá del fin del propio Parlamento.

Kingmaker es un juego que no facilita en absoluto que se produzcan dos partidas iguales. Las puede haber muy cortas (si la fortuna se alía con un jugador) o muy largas si no existe ninguna fuerza hegemónica ni "alianzas inquebrantables". Además el sistema de juego es muy sencillo y simple (las reglas no superan las seis páginas en inglés) y permite combinar las reglas básicas con algunas o todas las reglas avanzadas. Obviamente las partidas ganan mucho al introducir las variantes avanzadas, tanto en realismo como en diversión.

Finalmente la presentación del juego apenas ha variado en los casi treinta años que ha estado en el mercado. Avalon Hill cambió la portada exterior tres veces pero mantuvo la calidad gráfica y material. No así con la versión británica del juego, en la que el mapa era un puzle de cartón muy fino y combado que se rompía al poco de empezar a darle uso.

Kingmaker, en defintiva, es un juego muy ameno, rápido y entretenido que, siguiendo el principio de Avalon Hill, instruye mientras divierte.