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sábado, 2 de septiembre de 2017

Reseña: Tres enanos y pico

Tres enanos y pico. 

Ángel Sanchidrián.

Reseña de: Amandil.

Editorial Planeta. Barcelona, 2017. 477 páginas.

En su primer asalto al género fantástico desde una perspectiva meramente cómica, Ángel Sanchidrián, mundialmente conocido por sus Sinopsis de cine en Facebook y posteriormente en un libro publicado por Poe Books, opta por adentrarse en la fantasía utilizando un estilo paródico y muy ágil.

La novela nos presenta a un joven, Wifo Medroso, el cual consigue una beca para estudiar la cultura de los enanos de la ciudad de Villa Trifulcas. Pese a la oposición de su madre, a fin de cuentas la señora Ramona ya sufrió la pérdida de su esposo por motivos relacionados con los estudios y el conocimiento, el enfermizo muchacho parte en un viaje que será de todo menos aburrido.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Reseña: Una noche de perros

Una noche de perros

Hugh Laurie

Reseña de: Amandil

Editorial Planeta, Barcelona, 2007. Título original: The Gun Sheller. Traducción: Alberto Coscarelli. 317 páginas.

Es muy probable, de hecho es casi seguro, que este libro no habría visto la luz en el mercado hispanohablante de no ser por la creciente popularidad de que goza su autor, el británico Hugh Laurie, desde que se enfundó en la piel del personaje televisivo Gregory House. Así que, en un primer vistazo, nos encontramos ante un mero oportunismo mercantil de la editorial Planeta, promocionado descaradamente sobre la imagen del médico cojo (nótese en la portada la hábil introducción de los elementos distintivos de House: la moto, la pose y el bastón -¿o es la pata de la motocicleta?-), a fin de cuentas el libro se publicó originalmente en 1996.

Pero hay que aclarar antes de proseguir, que la novela no es un episodio de esa serie de televisión. Ni que tampoco la ha escrito el ácido y cínico doctor. De hecho quien busque algo de House en el libro se va a llevar una decepción considerable porque el relato es, en realidad, una historia de espías protagonizada por una mercenario (o guardaespaldas, o matón, o ex-militar, o algo así) y escrita con ese toque cómico que parece que sólo los británicos son capaces de imprimir.

Dicho queda. Que no haya confusiones ni decepciones. Lo repito por si acaso: ESTE LIBRO NO ESTÁ RELACIONADO CON LA SERIE HOUSE.

Aclarado este asunto, prosigamos.

El título elegido en la edición en español (Una noche de perros) sigue la tradición, fuertemente asentada en el cine, de divergir lo más posible con el original (The Gun Sheller), probablemente para marcar distancias o tratar de sorprender al lector evitando dar pistas sobre el argumento de la novela. No hay otra explicación posible. Salvo la ya mencionada de confundir al seguidor habitual de House confiando que se compre la novela por proximidad temática. De hecho es muy probable que en la editorial creyesen que el nombre de Hugh Laurie, así sin más, no movería las ventas ni la décima parte que una clara, rotunda y falseada vinculación con su personaje televisivo.

Así que, partiendo del título original traducido libremente (El vendedor de armas) se puede decir que la novela se desarrolla en ese oscuro ambiente en el que se entremezcla el tráfico de armas, el terrorismo, los intereses económicos inconfesables y la (en ocasiones) ambivalente actuación de los servicios secretos de países democráticos. Pero a diferencia de otros autores del género como John le Carré o Frederick Forsyth, Lauire opta por un tono más desenfadado, cercano en ocasiones a la sátira, como quien cuenta una anécdota a un grupo de amigos, consiguiendo de ese modo un relato divertido y ágil que engancha desde la primera página y no te suelta hasta el final (un tanto traído por los pelos, por cierto).

La acción comienza con el protagonista, Thomas Lang, peleando con un tipo que pretende matar a una damisela en apuros, Sara Woolf, pero que, en realidad, estaba intentando protegerla... y ahí la trama empieza a enredarse. House se ve involucrado sin quererlo... Perdón, Lang se ve involucrado en una operación antiterrorista que le convertirá, sin él quererlo, en el centro de un conflicto entre traficantes de armas, servicios secretos, hombres celosos y terroristas,, en la que aparecen una y otra vez múltiples referencias a "el Graduado" (no la película, sino un nuevo tipo de arma) al mismo tiempo que intenta convencerse a sí mismo de que no está enamorado de Sara. En el ínterin surgen una serie de personajes que parecen ilustrar una suerte de muestrario de tipos curiosos que se mueven con soltura en este mundillo de armas, negocios y espías.

Destaca entre todos ellos Solomon, una especie de cruce entre monje saolín y estatua de sal que viene y va por el libro como un fantasma con licencia para pasar de una página a otra sin mayor problema y sin justificar, en ningún caso, qué le confiere su habilidad para estar en los lugares más insospechados (¿es un superagente británico u otra cosa?).

Lo cierto es que no se puede desvelar mucho más de la trama porque cualquier dato adicional revelaría demasiado y se vería drásticamente reducida la diversión que produce la lectura ya que se basa, en buena medida, en los giros inesperados y las revelaciones asombrosas que tanto el protagonista como el lector irán encontrando según avance la lectura. Una noche de perros, desde esa perspectiva, es un relato corto venido a más donde el atractivo de la lectura descansa con más fuerza en el estilo que en el argumento; saber cual será la siguiente ocurrencia del autor se puede convertir en un motor paralelo a la trama (entretenida, bien llevada, sin demasiados vacíos y sí algunos Deus ex machina pasables).

Así que, en definitiva, Hugh Laurie se nos descubre en este libro en su faceta de escritor cómico, mediante una trama sencilla y entretenida que le permite liberar un torrente de humor británico al tiempo que hace una incursión sin pena ni gloria en el género del suspense y el espionaje.

martes, 8 de julio de 2008

Reseña: El significado de la noche

El significado de la noche

Michael Cox

Reseña de: Amandil

Editorial Planeta-Círculo de Lectores. Barcelona, 2007. Título original: The Meaning of Night. Traducción: Alberto Coscarelli. 694 páginas.

Las novelas que giran en torno a un "misterio", ya sea un asesinato, un terrible secreto o un robo magistral e inexplicable, por ejemplo, siempre se enfrentan a un problema: conseguir mantener las expectativas del lector cuando se llega al desenlace.

Si ese desenlace es sorprendente se podrán perdonar algunos "atajos" que el autor haya podido tomar durante el desarrollo de la historia. En cambio, si el resultado final "se ve venir" (el tradicional "el asesino es el mayordomo") o simplemente es una bobada, entonces incluso las mejores virtudes del relato se pueden venir abajo y quedar olvidadas ante un final excesivamente predecible.

En El significado de la noche nos acercamos, a mi pesar, más a la segunda opción que a la primera. La historia mantiene un nivel muy elevado (tanto de estilo como de originalidad) hasta que encara el final (aproximadamente a 150 páginas de la conclusión), momento en el que, de repente, todo el buen arte de Michael Cox se viene abajo en un giro predecible y demasiado tópico (el recurso al engaño entre los amantes) que arrastra tras de sí los grandes momentos del libro.

La sensación que queda al final, por lo tanto, es la de que se ha leído una espléndida oportunidad perdida. Uno de tantos "buenos principios y malos finales". Y es muy molesto porque el libro es muy ameno y se ve, claramente, que el autor ha dedicado muchísimo tiempo a documentarse y ha tratado con mimo todos los detalles que rodean el relato. Además acaricia diversos géneros novelescos (histórico, romántico, de intriga, de misterio) con una maestría encomiable al tiempo que permite al lector dar un paseo por la Inglaterra victoriana de un modo creíble y enriquecedor.

El libro se presenta como un trabajo académico y de recopilación de un editor inglés sobre unos manuscritos de mediados del siglo XIX de un autor desconocido. Tras estudiarlos y tratar de descubrir quien es el autor y a qué personajes "históricos" reales hace referencia, se le da forma de libro ordenándolos cronológicamente.

En estos textos se conoce una historia que se centra en un personaje central, Edward Glyver o Glapthorn, quien descubre que sus verdaderos padres , los Duport, no se corresponden con aquellos que le criaron, sino que formaban parte de la alta sociedad victoriana. Debido a un evento concreto, que se desvela en la parte final del libro y que es uno de los puntos débiles de la historia, el protagonista se vio apartado de una vida de lujo y esplendor en la que poder desplegar sus gustos filológicos y su amor por las artes, siendo criado por una mujer de clase media y creyendo que su padre es un marinero borracho y sucio que murió cuando el niño apenas tenía cinco años. Para colmo de males aparece en escena su "némesis", Phoebus Rainsford Daunt, en la figura de un individuo engreído, petulante y manipulador que, por una serie de azares del destino (y en especial los maquiavélicos designios de su madrastra) se coloca en la posición que Edward debería haber ocupado si hubiese permanecido entre su verdadera familia.

Pero la vida del protagonista, que pese a la adversidad estaba llamada a ser un cúmulo de éxitos y reconocimientos gracias a su perspicacia, su inteligencia y sus múltiples dones, se ve abocada a la mediocridad por culpa de Phoebus, que se convertirá con el tiempo en su única obsesión, a la que querrá destruir de un modo u otro (y no le faltarán buenas razones para ello, según va descubriendo el lector página tras página). Mientras se prepara para consumar su venganza, en la que espera demostrar su verdadera naturaleza y arrebatarle los lujos inmerecidos a su rival, trabaja como "resuelve problemas" (una especie de Señor Lobo como el de la película Pulp Fiction, pero con flema inglesa) para un prestigioso bufete de abogados londinense.

La madeja viene a enrollarse aún más con la irrupción de Emily Carteret, la mujer de la que se enamora el protagonista, dedicando su habitual meticulosidad a conquistarla en medio de un trágico suceso que viene a añadir al relato una pizca de "historia de detectives", mientras el lector asiste a la que será la gran revelación de la trama... y que resulta ser un fiasco.

Entre tanto podemos disfrutar de la maravillosa recreación de una época y una sociedad que Michael Cox expone con solvencia y muy buen estilo, consiguiendo que aspectos desconocidos para el lector ajeno a los usos británicos y los datos históricos, quede atrapado en el atractivo de la era victoriana y esa combinación magistral (que recuerda a Dickens y Conan Doyle) en algunas descripciones de la mole londinense y su papel de corazón del mundo.

En cualquier caso, y aunque he de reconocer que el estilo de la novela es muy atractivo y su redacción (y traducción) es plenamente satisfactoria, el hecho de que la "sorpresa" se vea venir reduce considerablemente la sensación de satisfacción al terminar de leer el libro. Pese a ello invito a leer El singnificado de la noche para disfrutar de una inmersión refrescante en una época fascinante, acompañado de un personaje tan interesante como desconcertante en algunos momentos.


miércoles, 12 de diciembre de 2007

Reseña: J.R.R. Tolkien. Una biografía.

J.R.R. Tolkien. Una biografía.

Humphrey Carpenter

Reseña de: Amandil

Planeta. Colección Minotauro. Barcelona 1990. Título original: J.R.R. Tolkien. A biography. Traducción: Carlos Peralta. 295 páginas.

En 1977 apareció en el mercado la primera (y hasta la fecha) única biografía oficial de J.R.R. Tolkien realizada con el apoyo explícito de la familia del autor inglés a través de Cristopher Tolkien. Con ella se ofrecía al gran público una no muy extensa narración que venía a cubrir una de las grandes carencias en torno al famoso autor inglés: la historia de su propia vida.

Aunque ya existía una biografía no autorizada redactada por Daniel Grotta dos años antes, la expectación en torno a la que contaba con el beneplácito expreso de la familia Tolkien se vio ampliamente satisfecha cuando Carpenter terminó su trabajo.

A lo largo de las casi 300 páginas divididas en ocho partes, el biógrafo intentaba mostrar de un modo somero y sencillo las distintas etapas en la vida del profesor, desde su turbulenta infancia hasta su esplendorosa madurez. Para poder llevar a cabo esta labor se apoyó en un acceso privilegiado (y hasta hoy jamás repetido por ningún otro estudioso) a la correspondencia y los archivos personales de Tolkien, a sus diarios íntimos y a los comentarios minuciosos de sus más allegados (en especial sus cuatro hijos y su editor Rayner Unwin). Toda la información así recabada, junto con mucha otra proveniente de la universidad de Oxford y de Marquette, le sirvió para reconstruir un minucioso retrato de los aspectos más íntimos del autor junto con algunos otros más públicos y notorios.

Si bien cualquier obra biográfica (y más una supervisada por los herederos de la persona objeto del estudio) tiende a ensalzar virtudes y camuflar (en parte) defectos no por ello se ha de ofrecer una visión deformada o manipulada de la realidad. Carpenter parece conseguir que el Tolkien que describe encaje perfectamente con el Tolkien "esperado" por sus muchos fans, dando la sensación, a ratos, de que hay algo detrás que no se ha querido mostrar por temor a salirse del guión. Esto, por supuesto, es una sensación y no una realidad palpable, pero ahí está.

La descripción general nos presenta a una persona tremendamente marcada por el sacrificio y muerte de su madre, viuda desde muy joven. El biógrafo incide constantemente en que este hecho marcó especialmente a Tolkien y le confirió hasta su muerte una personalidad tendente a la depresión, el pesimismo y la excesiva dedicación a su religiosas católica. Durante toda la obra se nos repite por activa y por pasiva que los momentos de alegría y diversión en su vida eran, en realidad, breves chispas de luz en un alma más bien lúgubre y hasta cierto punto desesperada. Y sobre esta premisa se construye toda la biografía.

A este esqueleto se le añade, por supuesto, una parte casi hagiográfica relacionada con su inusitado amor por las lenguas y su invención, que rellena la parte central de todo el estudio, convirtiendo la existencia de Tolkien en una sucesión ininterrumpida de creaciones (o "sub-creaciones", como el mismo autor inglés dirá) mientras corrige exámenes, da clases en Oxford y se pelea consigo mismo para poder presentar ante los editores un manuscrito terminado y listo para ser publicado.

Otros aspectos destacados por Carpenter son las manías del profesor de Oxford, entre las que señala su perfeccionismo salvaje (que le llevará a re-escribir constantemente sus relatos y trabajos académicos), su obsesiva religiosidad (que es descrita como la causante de muchas de sus depresiones), su costumbre de fundar y pertenecer a clubs (T.C.B.S., Coaleaters, Viking Society, Los Inklings) o su capacidad para "descubrir" las cosas sobre las que escribía (en vez de "inventarlas"). Además se nos señala en repetidas ocasiones, como para no olvidarlo y saber que vara de medir tiene que utilizar el lector, que era ultra conservador, monárquico, contrario a la democracia universal, clasista y británico hasta la médula (cosas estas que si se leen las Cartas, también publicadas por Planeta-Minotauro, quedan muy matizadas y en algunos casos hasta contradichas por el propio Tolkien).

En definitiva, esta biografía nos presenta un cuadro general, sencillo y bastante ameno, en el que situar la vida de la persona que escribió El Hobbit y El Señor de los Anillos y otros muchos textos que formaron su especial mitología. Se pretende con ello dar información adicional (pero muy matizada y extremadamente dirigida, aunque no por ello menos relevante o reveladora) a cualquier lector dispuesto a profundizar en la vida del autor inglés, situando a Tolkien en su contexto y señalando aquellos aspectos de su vida que más pudieron destacar a la hora de realizar su obra literaria.

La lectura se complementa de manera eficaz con las ya citadas Cartas y con otras biografías como la de Joseph Pearce (desde una perspectiva católica), la de Michael White (desde una perspectiva mucho más amplia y haciendo menos hincapié en las fuentes familiares) o la del español Eduardo Segura (en este caso más introductoria que otra cosa, pero por eso mismo muy indicativa de los aspectos más destacables).

martes, 24 de abril de 2007

Reseña: Wicked

Wicked. Memorias de una bruja mala.

Gregory Maguire.

Reseña de: Santiago Gª Soláns.

Planeta Internacional. Barcelona, 2007. Título original: Wicked, the life and times of the wicked witch of the west. Traducción: Claudia Conde. 508 páginas.

Antes que nada, para los que no estén advertidos, como fue mi caso, y para los que después de leer la sinopsis de contraportada no hayan caído en el detalle (hay muy pocas pistas, la verdad), este es un libro que se desarrolla en el mágico mundo de Oz y que prepara de algún modo la llegada de Dorothy al mismo para su crucial enfrentamiento con la Malvada Bruja del Oeste.

La narración se enmarca dentro de una corriente, que últimamente se está poniendo de moda, de revisar la historia previa para tratar de demostrar que no todo es como se nos ha contado, reivindicando muchas veces las figuras de los “malos” como las víctimas inocentes de quienes escriben la Historia. En este caso, la obra en cuestión a revisar es El mago de Oz y la figura a ensalzar es la Malvada Bruja del Oeste. Asistiremos al desarrollo de toda su vida, desde su nacimiento, su dura infancia, su aleccionadora juventud, su combativa madurez y su desgraciada muerte (no destripo nada, al fin y al cabo quien más quien menos ha visto la película, ¿no?). El caso es que la figura de Elphaba, la niña que más tarde será llamada a convertirse en la Bruja, se nos presenta como un juguete en manos del destino, predestinada a convertirse en el arquetipo malvado por el que es mundialmente conocida gracias a los libros de L. Frank Baum, a pesar de su buen corazón y sus acciones a favor de la justicia y el bien social.

En una azarosa vida que la llevará de una punta a la otra del país de Oz, a través de sus muy diferentes regiones y conociendo a multitud de gentes a cual más especial, asistiremos a su crecimiento como persona, a los momentos decisivos que irán conformando su imagen y a los actos que terminarán colocándola en el lugar en el que todos la conocimos. El autor no parece dar oportunidad al libre albedrío y mediante las figuras de un enano y una vieja que aparecen recurrentemente en la trama conduce a la protagonista hasta su inevitable final. No se puede luchar contra un destino que ya está escrito, parece decirnos Maguire, pero sí matizar la visión que historias anteriores han dado sobre los caídos.

Y es que la Malvada Bruja no era tan malvada. Todo lo contrario. Las circunstancias se confabularon para que el mundo tuviera esa visión de ella, pero nada más lejos de la realidad. A lo largo de las páginas iremos conociendo la verdadera personalidad de Elphaba, miembro de una familia cuando menos disfuncional, aislada y ridiculizada por los demás debido al tono verde de su piel, activista por los derechos de los Animales (animales dotados de conciencia y habla), defensora de la justicia, contraria al régimen dictatorial del Mago y empujada al fin por las circunstancias a asumir el rol que la Historia le tenía reservado desde un principio como la mala del cuento.

Dejando de lado lo que pueda parecernos esta corriente de reescritura de los clásicos (¿es que estos autores no tienen acaso ideas nuevas?) la novela se deja leer bastante bien, aunque peca de cierta pesadez en algunas ocasiones. El intento de convertir el enfrentamiento entre la bruja y el mago en una cuestión política, lleva a Maguire a perderse en divagaciones morales, sociales y políticas de escasa entidad dentro del contexto en el que son narradas y que poco ayudan en la trama dada la imposibilidad de modificar lo que ha de venir. Sean cuales sean las acciones de Elphaba tan sólo servirán para acercarla más a su papel de bruja malvada, así que toda discusión se antoja superflua, además de a veces tediosa.

El mundo es el que ya conocemos, con su Camino de Baldosas Amarillas, su Ciudad Esmeralda, sus Munchkins, sus Animales parlantes y sus hombres mecánicos entre otras maravillas. Las peripecias serán muchas y variadas y tratarán de cambiar la percepción previa que el lector podría llevar consigo sobre la protagonista. Lo que sucede es que el autor la pinta por un lado demasiado ambigua, demasiado cambiante y, por otro, la existencia de un destino que se nos muestra inevitable lastra en exceso el desarrollo de la trama. Hay demasiados elementos forzados, demasiados personajes que tan sólo llevan a justificar que se cumpla lo escrito. En ningún momento da la impresión de que Elphaba pueda escapar a su “maldición”, de que ni siquiera lo desee, y así la cosa no termina de resultar “creíble”. ¿Otra ocasión desperdiciada? ¿Quién lo sabe?