sábado, 2 de octubre de 2021

Reseña: Sostener el cielo

Sostener el cielo.

Cixin Liu.

Reseña de: Santiago Gª Solans.

Nova. Barcelona, 2021. Título original: 擎天. Traducción: Javier Altayó. Ilustración de cubierta: Chris Shamwana. 387 páginas.

Sostener el cielo recoge once relatos, algunos casi novelettes, escritos entre 1999 y 2017. Relatos muy característicos de la obra de Cixin Liu, repletos de fascinantes ideas, de prospectiva, grandiosas estructuras y megaconstrucciones, y un desmesurado sentido de la maravilla junto a cierto distanciamiento o desapego narrativo, con un exceso expositivo que trabaja en detrimento de la caracterización de sus personajes. Historias de dimensiones grandiosas, que se extienden en el tiempo y en el espacio. Primeros contactos con civilizaciones alienígenas, tecnologías destinadas a salvar el devenir energético que bien podrían convertirse en una condena, memorias colectivas, vistazos a futuros lejanos, «viajes» en el tiempo, estructuras descomunales, artistas a nivel galáctico, el colapso del universo... Historias imaginativas e inteligentes que invitan a pensar y a reflexionar, a cuestionar el mundo que nos rodea y el futuro que nos espera.

Comienza el volumen con El maestro de la aldea, una historia de aprendizaje, de respeto, de amor al conocimiento, de sacrificio y de salvación en todos sus sentidos. En una remota y atrasada aldea china un maestro utiliza las últimas fuerzas que le quedan, los últimos momentos de su vida, en entregar el máximo de sus conocimientos a sus alumnos, huérfanos, mientras una civilización galáctica inmersa en una larga guerra que recién termina decide el destino de nuestro pequeño rincón de la galaxia. Si encuentran inteligencia de determinado nivel salvarán a la especie en cuestión, si no condenarán todo el sector para que sus antiguos enemigos no puedan volver a amenazarlos. Conmovedora en la figura de ese maestro que lo entrega todo por sus pupilos y un tanto forzada en el encaje galáctico de la historia el mensaje positivo resulta cautivador en variadas formas. Una mezcla entre costumbrismo chino, destapando las miserias y pobreza de la sociedad china que vive alejada de las grandes urbes, del poco valor otorgado a la labor de los maestros rurales y del difícil acceso a los estudios para los desfavorecidos, y de una space opera galáctica que enfrenta a civilizaciones separadas por su evolución.

Le sigue la también grandiosa, en términos temporales,
Migración en el tiempo en la que una parte de la humanidad, obligada por la falta de recursos que empieza a ser acuciante en la Tierra, decide entrar en hibernación para esperar mejores tiempos. Pero en su primer despertar, 120 años en el futuro, parece que esos tiempos tardarán mucho en llegar. De salto en salto, el autor retrata sin demasiado optimismo —¿o quizá haya un rayo de esperanza al final del tiempo?— el devenir de la humanidad y del planeta, entre deslumbrantes avances tecnológicos, arriesgadas inmersiones mentales y cambios radicales. El planeta no necesita a la humanidad, el planeta seguirá ahí cuando la vida lo haya abandonado, así que los únicos que deben preocuparse son los propios humanos. Como otras de sus historias, tiene el handicap de no explicar cómo se van a mantener funcionales ciertas estructuras con el paso y el abandono de los siglos. Un relato triste, filosófico y reflexivo.

En 1 de abril de 2018 una nueva tecnología permite alargar la vida hasta un par de centenares de años, pero resulta económicamente solo asequible para los muy ricos. Un empleado medita si merece la pena desfalcar a la empresa y pasar años en la cárcel si con el dinero obtenido puede pagarse el tratamiento y, aun cuando sea capturado y condenado, cuando salga todavía le quedarán muchos años de vida por delante. O si merece la pena obtener una larga vida pero perder el amor por el camino. Dilemas difíciles de dilucidar. Una muestra de la cada vez más amplia brecha entre los pocos ricos y los muchos pobres, y los abismos a los que la desesperación o la pura envidia abocan. Y un aviso de los peligros de confiar y convertir toda la economía y las finanzas en meros bytes acumulados en soportes que quizá no sean tan fiables como se confía.

La futura crisis energética y de los combustibles muestra su cara más peligrosa en Fuego en la tierra, cuando un ingeniero, hijo de un minero fallecido como consecuencia de su prolongado trabajo en la mina, cree haber imaginado un sistema para aprovechar los recursos carboníferos del subsuelo sin poner en riesgo a los trabajadores de la mina. Claro que toda tecnología tiene sus riesgos, sobre todo cuando juegas con la naturaleza y su impredecible comportamiento. A veces las mejores intenciones y las ambiciones benevolentes conducen a destinos irreparables. El autor consigue imbuir el relato de una atmósfera de cierta nostalgia y de continuo presentimiento del desastre. Un desastre anunciado al que Liu da la vuelta ofreciendo un giro que sube con mucho el nivel de la historia. Es tanto una denuncia de las lamentables condiciones laborales de ciertos sectores productivos como de los peligros de implementar las nuevas tecnologías sin los debidos cortafuegos y controles. Si bien loss beneficios pueden resultar evidentes, las prisas nunca suelen ser beneficiosas.

Desde el lejano Big Bang el universo se encuentra en una fase de expansión, pero ¿se mantendrá así eternamente o llegará un momento en que el fenómeno se de la vuelta? En Contracción se podría encontrar una de las respuestas a tal cuestión. Las implicaciones de una reversión en la expansión del universo podrían ser tan dramáticas como divertidas.

En
Espejo el gobierno persigue de forma insistente a un hombre que parece no solo conocer el futuro sino poder describir cualquier escena del presente en cualquier parte del globo. Una sugerente aplicación de la teoría de supercuerdas le permite crear modelos de universos enteros, a nivel atómico, convirtiéndolo en un espectador omnisciente que puede observar al detalle toda la historia de cada mundo, de cada individuo, terminando con la privacidad y con todo aquello que los humanos hacen en las sombras. Una denuncia de la vigilancia constante, de la continua injerencia en la vida de los individuos. Y también una muestra de lo peligroso y decepcionante que puede llegar a ser la transparencia absoluta, el saber todo de todos. Una sociedad sin secretos a nivel individual es una sociedad condenada a la autodestrucción. Muy curioso e inquietante de alguna manera.

Mientras se preparan los primeros compases de un concierto que ha de cerrar la sesión final de la ONU, condenada a la disolución dada su total inoperancia, en Himno a la alegría se presenta un giro inesperado para los asistentes, gobernantes de muchas de las naciones de la Tierra.Tendrán la oportunidad de escuchar la música del cosmos recolectada por una entidad galáctica que va a visitar la Tierra y ofrecer una conmovedora interpretación a la que se unirá la humanidad. Una vez más la credulidad se ve entorpecida por unos personajes que demuestran unos conocimientos científicos muy alejados de su esfera —presidentes y primeros ministros que parecen licenciados en astrofísica y otras ciencias variadas—, pero la fuerza y optimismo de la imagen, resultante, la música como vehículo de unión entre las personas, llega a resultar inspiradora y refrescante.

Perturbaciones de barrera en todas las frecuencias resulta ser una curiosa historia de corte militar, una ucronía que enfrenta a Rusia con la OTAN —o viceversa— en un inmenso despliegue de armamento de última generación y en el que cobran especial relevancia las herramientas de contramedidas para interceptar las señales que guían sus componentes electrónicos. Una guerra librada en diversos frentes y de la que depende el signo político y económico del futuro de la humanidad —o de una buena parte de ella—, a la par que uUn homenaje al pueblo y la literatura rusas, que según parece fue de gran influencia en la formación del autor. Un relato que encierra, además, una insospechada historia de amor y de sacrificio desinteresado.

El futuro de la humanidad se presenta aciago en
El mar de los sueños tras la visita a nuestro planeta de un artista de hielo venido del espacio. Un artista que realiza sus obras a un nivel enorme y que consigue enfrentar el arte a la vida. Una fábula ecológica que, dentro de la deprimente situación a la que se ve abocada la Tierra, demuestra un optimismo difícil de sustentar en nuestra realidad. Una constante de las obras de Liu es la idea de que ante una amenaza global los países se unirían para ofrecer una respuesta conjunta en la que invertirían todos sus esfuerzos y recursos, y si bien narrativamente el cuento resulta muy interesante, a nivel intelectual se hace difícil de creer.
Con un escenario realmente imaginativo, loco, fascinante y atractivo, una Tierra hueca debido a los actos de cierta raza de dinosaurios invasores que mantienen a los humanos como alimento, en La Nube de la Poesía Liu hace una nueva defensa del arte y la creatividad humana. Un desafío poético que es también un alegato por la permanencia y resiliencia del «alma» humana, cuya esencia e inteligencia quizá no pueda nunca ser reemplazada por la fuerza bruta de la tecnología. Una esencia, no obstante, que no es salvo un parpadeo en la inmensidad del cosmos. La belleza se enfrenta al intento de su repetición maquinal y se revela que la copia no encierra el mismo valor.

Cierra el volumen la hermosa y melancólica El pensador. Dos personas, relacionadas de forma tangencial por cierto fenómeno astrológico, van a verse impelidos a encontrarse en determinados momentos a lo largo de su vida, siempre bajo el centelleo de las estrellas. El paso del tiempo marca sus vidas, mostrando lo que es y lo que pudo haber sido. Las vidas son cortas, trágicamente breves, pero la maravilla de la conciencia siempre puede encerrar hermosas sorpresas. Hay que estar atento para no dejarlas pasar inadvertidamente.

Ciencia ficción en estado puro, prospectiva, especulación, literatura de ideas, emociones más grandes que el tiempo, el porvenir de la humanidad en la balanza, reflexiones sobre el amor, sobre la guerra, sobre el arte, la ética, la ecología, la vida y la muerte, y el ser humano en su más amplia definición. Liu explora el encaje de la humanidad, de las personas individuales, en el universo, y su presencia resulta ser una mera mota en la inmensidad del espacio y el tiempo.

Reseña de otras obras del autor: El problema de los tres cuerpos.

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