La casa del callejón.
David Mitchell.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Literatura Random House. Barcelona, 2017. Título original: Slade House. Traducción: Laura Salas Rodríguez. 223 páginas.
Una historia de casa encantada, de fantasmas atrapados más allá de la muerte de su alma o de unos seductores vampiros quizá, que en manos de Mitchell no va a resultar en absoluto tan simple como pudiera sonar, incluido el origen de la novela como un relato nacido en Twitter, una cualidad que da a toda la novela un cierto aire experimental. El autor va a hacer adentrarse a sus personajes, y con ellos a los lectores, por su particular madriguera de conejo adentrándolos en el imposible territorio desconocido donde se sitúa Slade House, una mansión a la que se accede a través de un pequeño portón de hierro negro empotrado en una anodina tapia de ladrillo que delimita uno de los lados de un todavía más anodino callejón. El despliegue visual y de voces narrativas es simplemente impresionante, construyendo una historia en apariencia sencilla que poco a poco se va rellenando de detalles singulares, de recovecos insospechados y de una maldad egoista e insondable. Misterio sobrenatural, vidas truncadas, juegos de espejos, designios malignos, esperanzas equívocas y horror vital en una casa embrujada que parece situada fuera del tiempo.
