Paolo Bacigalupi.
Reseña de: Santiago Gª Soláns.
Fantascy. Barcelona, 2016. Título original: The Water Knife. Traducción: Manuel de los Reyes. 540 páginas.
En El cazador de tamariscos —incluido en la antología del autor La bomba número seis y otros relatos— Bacigalupi presentaba unos sedientos EE.UU. en un futuro cercano en que las guerras por el agua empezaban a cobrarse sus primeras víctimas y donde el estado de California hacia efectivos su parte de «derechos» históricos sobre la cuenca del río Colorado, firmados entre siete estados en un tratado de 1922, dejando a los habitantes de las riberas sin acceso a sus aguas. En Cuchillo de agua el autor va a ampliar la premisa, introduciendo nuevos actores y una escala mucho mayor en el drama de la lucha por el líquido elemento contra la desertización y el abandono de los territorios, llevándola a una altura mucho mayor. Una vez más, el autor incide en el mensaje medioambiental en que se sustentan buena parte de sus novelas —por no decir todas—, y lo hace con el ropaje noir de un thriller de suspense greenpunk donde la búsqueda del recurrente McGuffin enredará a los protagonistas en una espiral creciente de violencia y malas prácticas con una complicada, sino imposible, salida.
